viernes, 14 de junio de 2013

DARKER MY LOVE

ALIVE AS YOU ARE (2010)

Si a lo largo de la historia de la música ha existido un nombre referencial básico a la hora de asociar sonidos dentro del pop y el rock, ese ha sido siempre The Beatles. Si bien es cierto que hay infinidad de bandas del pasado que han influenciado a un buen puñado de formaciones actuales, los de Liverpool (Inglaterra), aparecen siempre mentados en las reseñas sobre todo grupo que navegue entre esos estilos añadiendo un cierto sabor añejo a sus composiciones. Su esencia permanece intacta con el paso de los años y nadie puede negar que sus creaciones siguen muy presentes en la actualidad. Podríamos mentar un inabarcable número no solo de artistas, sino también de géneros que han partido de su influjo. Luego, claro está, cada uno de sus adeptos es capaz de crear algo totalmente distinto en ejecución, pero en los cimientos de su imaginario latirá el corazón de esas melodías adictivas o esos desarrollos que tan pronto sonaban lisérgicos como accesibles. Sin embargo, lo que quiero resaltar con esta introducción es la importancia del lado oscuro, alucinógeno y enrevesado de estos míticos músicos, que sirvió para fortalecer los vínculos del panorama presente con la psicodelia. No deja de ser cierto que dentro de ese intrínseco estilo hay ilustres pioneros, probablemente más fieles y encaminados a los parámetros del efecto ácido de dicha vertiente, pero quizás si dividimos en dos partes ese universo, encontraremos a Pink Floyd, Jefferson Airplane o Greateful Dead en posters que colgaban de las paredes de las habitaciones de los miembros de Tame Impala, The Black Angels o Crappled Black Phoenix, de la misma manera que veremos a The Yardbirds, The Beach Boys o los inicialmente mentados autores del famoso 'White album', en la discografía casera de los componentes de Bardo Pond, Spiritualized, The Stone Roses, Mgmt, Blitzen Trapper o nuestros protagonistas de la entrada de hoy, Darker My Love.

En la sonoridad de este quinteto de Los Angeles (California), hay mucho del espíritu del añorado cuarteto británico, es indudable, pero también podemos encontrar en ella todos los ingredientes necesarios para englobar su propuesta dentro de lo que se ha dado en llamar en los últimos tiempos, Americana. Su fuente de inspiración proviene del genuino sabor de la música de raíz de su país, sobretodo del que se paladeaba en las décadas de los 60's y 70's, aunque vaya por delante que su ideario se puede definir como contemporáneo. Sus tres discos editados hasta la fecha no siempre han ido en esa dirección, puesto que sus primeras entregas eran más densas y oscuras (para que os hagáis una idea, en la onda de los primeros Black Rebel Motorcycle Club), pero en la actualidad han acabado dando prioridad a la calidez y la fácil digestión, priorizando la armonía y los buenos juegos vocales. También en su ópera prima publicada en pequeño formato se decantaron en parte por esa línea compositiva ni que fuera con ligeros escarceos, chocando frontalmente con los orígenes de cada uno de sus instrumentistas, que antes de entrar en este bravo pero confortable proyecto, daban el do de pecho en otras historias bastante más corrosivas.

Y es que a pesar de no llevar ni diez años de trayectoria común, su escuadra está curtida en mi batallas, pues sus fundadores surgieron de reputados de la escena hardcore punk como The Distillers y The Nerve Agents, y el resto del núcleo está compuesto por un par de ex de la reputada banda post-punk, The Fall, y el antiguo batería de esa bomba de relojería llamada The Brian Jonestown Massacre. Un granado currículum vitae antesala de la calidad ofrecida en su material, que colma todos sus propósitos en este 'Alive as you are', que pasa por ser de momento su último álbum. En él borran definitvamente de un plumazo todo rastro de su contundencia mental para regalarse un viaje por la belleza sónica, sin espacio para la potencia abrasiva de sus comienzos en otras historias y dotando su mensaje de primorosidad folk, al compás de todas esas corrientes alternas que os comentaba al inicio de este escrito. Esa proliferación estilística y ese carácter ecléctico les ha llevado a girar con combos tan dispares entre si como lo son Band Of Horses, White Lies, Delta Spirit, The Warlocks, A Place To Bury Strangers, The Strange Boys y Asobi Seksu.

Dejarse seducir por las diez canciones que se cuentan en este trabajo de los californianos, me parece una idea magnifica para cerrar esta semana, así que si no lo habéis hecho ya, os invito a paladear maravillas como la inicial "Backseat", que supone la mejor prueba para dar fe a lo que digo, porque tiene mucho sabor beatleniano y también se deduce un halo glam setentero la mar de gustoso a la par que su estribillo tiene deudas con el punk-rock angelino de los 80's, algo que también se vislumbra en la genial "Split minute", en la que parece que T-Rex y David Bowie se cojan de las manos para echarse un baile edulcorado hasta la fantasía, justo antes de que enciendan la maquinaria para destrozar las hipótesis con la carnosa "18the street shuffle", en algún lugar entre la épica de Hawkwind y el stoner primitivo de Blue Cheer, puro homenaje a los grandes dinosaurios del progresivo psicotrópico, la deliciosa "New America", con la que pueden venir muchísimas cosas a la cabeza y no necesariamente alejadas en época, hasta me atrevería a decir que en algún instante la voz y los coros me traen a la memoria algún corte de Blur y Super Furry Animals, la fragilidad acústica de "Rain party", que sorprende por su tranquilidad y su aura fraternal, la eléctrica y marchosa "Maple day getaway", un tema que siempre escogería para formar parte de la banda sonora de una road movie, pues al oirla uno piensa en el rock sureño, unas carreteras de rectas infinitas y montes abrasados por el sol y que también tiene un fuerte apego con el alt-country de Nashville (Tennesse), la excitante "Trail the line", que si me dicen que la escribieron y musicalizaron Teenage Fanclub para luego cedérsela a ellos, lo creo que pies juntillas, la romática "June bloom", donde el órgano asume el protagonismo junto a la melodía, la abrumadora "Dear author", que se distingue por su vitalidad y su guiño a su alma sixtie de casta inglesa, "Aovely game", garagera pero asumible para el paladar del buen amante del pop, con un ritmo que no cesa, sin caer en la monotonía, y "Cry on me woman", dulce despedida de poso lento pero plagado de matices acogedores.

En resumen, un disco magistral al que estoy bastante enganchado hoy (ya llevo tres escuchas consecutivas y nunca suelo machacar tanto nada en tan poco rato), y que tan pronto puede evocar todo eso como la presencia de unos Fleet Foxes hasta las cejas de gingseng, el reflejo de Moby Grape y el psych pop de San Francisco (California), donde por cierto, se grabó. Tim Pressley (que ha colaborado con Ty Segall y lidera también White Fence, su divertimento en solitario), Rob Barbato, Wil Canzoneri, Jared Everett y Dan Allaire, forma esta banda cuyo nombre proviene de un corte de los grandiosos T.S.O.L. En esta obra participaron además, Joe Goldmark, Moira Little, Leonard Edmonson y la ex-pareja sentimental de Connor Oberst (voz de Bright Eyes, entre otros) y mita de Azure Ray, Maria Taylor.


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