viernes, 1 de abril de 2011

HAYDEN

ELK-LAKE SERENADE (1996)

Paradojas de la vida, busqué este disco hasta la extenuación por diversas tiendas del centro de la ciudad sin el más mínimo éxito, hasta que un día sin pretenderlo dí con él. Bueno, a decir verdad no fue en concreto este álbum el que buscaba con ahínco, sino cualquiera de este artista canadiense, ya que me apetecía mucho escuchar algo completo de él tras quedarme prendado de una canción suya que aparecía en los créditos del debut como director de Steven Buscemi, 'Trees lounge' (aquí traducida incomprensiblemente como 'Una última copa'). Aquel tema compuesto para la ocasión y que llevaba por nombre el mismo título que la película en cuestión, me encantó por su sonido noventero y aquel deje a Dinosaur Jr. tan bien adaptado a su propia esencia estilística, y por ello pensé que sería genial escuchar algo más, motivo por el cual tomé la decisión de adquirir alguno de sus discos, porque por aquel entonces (corría el año 96) era imposible dar con alguno de sus singles en las fm's y mucho menos buscar por la red, puesto que aquí ni había llegado la posiblidad de contar con conexión a internet. Pues bien, cuando ya me había olvidado totalmente de su existencia, pasados muchos años, encontré su sexto disco en mitad de la nada, en uno de esos cajones repletos de cd's olvidados en oferta y criando polvo, y eso que era un lanzamiento en novedad castigado en ese rincón de la tienda en el mismo año de su edición. Cuando lo ví allí abrí los ojos como Malcolm McDowell en la mítica escena de la tortura en pantalla panorámica que pudimos ver en 'La naranja mecánica' y lo cogí raúdo y veloz como con miedo a que alguien se adelantará, una soberana tontería porque tendría narices que hubiera pasado eso después de estar ahí muerto de asco tanto tiempo el pobre. Fue una ganga porque cuando llegué a casa, lo abrí y le dí a reproducir, me sentí muy satisfecho de haberlo tenido tanto tiempo en mi mente, a pesar de que quizás su sonido había sufrido un visible cambio en virtud de un reposado discurso country-folk de corte acústico que a mí me supo igualmente a gloria. Un par de años después de aquel suceso pude completar parte de su discografía gracias a la vieja 'mula' y comprobé que solo en su debut había un ligero rastro de grunge y rock alternativo y que en el resto de sus trabajos se decantó por un mensaje musical concreto que en esta sexta obra llegó a lo más alto. Nunca supe mucho de él, salvo que ejérció de telonero de The National en una de sus últimas giras por nuestro país, pero poco importa ya que lo que cuenta en la trayectoria de este músico de Thornhill (Ontario), es su capacidad para hacer disfrutar de un buen rato con sus interesantes canciones. Ocho largos y cuatro Ep's avalan una carrera discreta en reconocimiento pero lustrosa en brillo, con piezas tan reconfortantes como las que componen este 'Elk-lake serenade', título que viene a ser un homenaje a la calma que encontró en su juventud en la comunidad del mismo nombre, un municipio en realidad, que pertenece a la provincia de James, en el distrito de Timiskaming. A destacar de esta colección de joyas, la inicial "Wide eyes", un violín y un piano masajeando cada nota vocal en una pista que encajaría bien en el ideario de Will Oldham, Bill Callahan o Songs:Ohia, la sensacional "Home by saturday", mi favorita del lote por su estribillo triunfador y su cálida prontitud alt-country, la tierna "Woody", que parece extraída de una banda sonora de género road movie cualquiera, con esa armónia resplandeciente y esas estrofas cargadas de emoción folkie, y que te deja pensando en que es una lástima que sea tan corta, pues apenas llega a los dos minutos de duración, la profunda "This summer", donde desnuda su alma y nos conmueve a base de sensibilidad interior, la más rítmica y animada "Hollywood ending", que podría gustar tanto a los seguidores de Wilco como de Centro-Matic por su elasticidad coral y su sobriedad instrumental de corazón indie-rock apegado a la tradición de raíz americana, la tristona "Killbear", dulzura acústica para una historia taciturna flotando sobre una delicada sección de cuerda, la primaveral "Don't get down", una de esas canciones que uno se imagina cantando con un grupo de amigos en una playa aislada del mundanal ruido, mientras va amaneciendo, degustando un buen vino o si se prefiere una buena dosis de café servida desde un termo, la sobresaliente "My wife", subiendo la adrenalina para acercarse al rock de guitarras potentes sin desmarcarse un ápice de su identidad pero modernizándose al adaptar otros estilos a su propuesta, y "1939", acariciando los acordes hasta hacerlos cómplices de nuestra calma sentimental, en un oasis de aromas idílicos que trae a la memoria a otros grandes artistas de la actualidad como Damien Rice o J.Tillman. Un disco que debería haber puesto a Paul Hayden Desser en el olimpo de los nuevos genios, pero que nunca obtuvo una gran respuesta. Una pena, ojalá lo consiga pronto con futuros lanzamientos.

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