lunes, 21 de noviembre de 2016

LA HEY

SKULL & COMB (2016)

Siempre me ha resultado fácil escribir sobre la música de este proyecto del toledano Diego Rodríguez y estoy seguro que esta vez no va a ser menos, solo que me va a embriagar a ratos la tristeza porque va a ser el primero de sus discos que posteo a sabiendas de que es posible que esta historia haya llegado a su fin, tal como anunció en las redes sociales el propio artista con el lanzamiento de un recopilatorio que resume lo más significativo de estos dos años de incesante actividad. Sin duda nos ha saciado con su proliferación, dejando a disposición de escucha gratuita en su bandcamp la friolera de nueve álbumes y la compilación mentada unas líneas más arriba que por cierto viene con tema inédito de propina, así que supongo que es un consuelo bueno ante la añoranza. Me propuse al inicio de su trayectoria, la cual me dio a conocer él mismo, que dedicaría una entrada a todo lo que fuera sacando, sin fechas obligadas, simplemente dejando un espacio de tiempo prolongado que me permitiera empaparme a tope del contenido, y en esa idea he dado cabida a tres de ellos hasta el momento ('Vamtcaänp', 'Vojvodina' y 'Ahora después') y hoy toca el cuarto a raíz de esta nostalgia que empieza a avecinarse y por mi intención de rendirle tributo como Dios manda. Había pensado en escribir sobre '14-16', pero tenía tantas ganas de destacar este fabuloso 'Skull & comb', que en esas estamos. sin orden ni coartada, como de costumbre. No obstante tampoco tiene mucho sentido dar preferencia a su más reciente obra si a fin de cuentas digo que voy a poner poco a poco todo su material por aquí.

Dos años ha durado la aventura y la verdad es que ha dado mucho de si, no nos podemos quejar sus seguidores. Nos ha ido contentando con material renovado  cada pocos meses y nos ha regalado algunas versiones memorables para la posteridad. Ha conseguido que su obra suene personal como pocas y haciendo alarde de humildad se ha mantenido fiel a su fijación por crear y compartir sin esperar nada a cambio, como hacen solo los grandes, los que van sobrados de talento y no sacan pecho por ello. Queda la espina de verle trasladar al directo parte de las ochenta piezas que han visto la luz en este tiempo, pero albergamos la esperanza de que tras este descanso se anime a retomar el proyecto o nos sorprenda con un nuevo alter-ego que deje espacio a la recuperación de estas joyas que nos han quedado grabadas a fuego en el corazón, íntimas, accesibles, luminosas la mayor de las veces y compuestas desde el alma ya sea con humor explícito, con desnudez emocional o con fina ironía. El noveno y último de sus álbumes es un viaje repleto de elementos y vivencias que picotea en diversos estilos pero siempre con el indie-rock como telón de fondo.

El manchego dio una vuelta de tuerca a su propuesta no tanto en lo instrumental, que ha ido siempre en constante progreso, como en lo que se refiere a las letras, que en esta ocasión son interpretadas en inglés en su práctica totalidad (exceptuando una licencia que se toma con el idioma del país vecino). Aquí presentó diez canciones como diez soles, cargadas de personalidad en individual y de magia nostálgica en su conceptualidad, puesto que de alguna manera este es un disco que trata de rendir homenaje a todas esas bandas que le han ido marcando. De hecho, algunas de esas formaciones como Nirvana, Dinosaur Jr, Broken Social Scene, dEUS, Mercury Rev, Swell, Lou Reed, Yo La Tengo, Jane's Addiction, Death Cab For Cutie, The Breeders y R.E.M. son mencionadas directa o indirectamente a lo largo del minutaje, con lo que el contenido tiene un marcado acento noventero. Pasajes hipnóticos, estribillos pegadizos, dosis de humor en su justa medida, distorsión bien aplicada, acordes limpios de finalidad lo-fi...ingredientes que reinan habitualmente en el mensaje de La Hey, pero que aquí cobran una nueva dimensión redondeada con las imágenes elegidas para los vídeos que realizó en su momento para la presentación de las pistas, una idea formidable que complemente una labor audiovisual encomiable.

El cañón sonoro carga munición y comienza a eclosionar suavemente con la "A", una instrumental preciosa con sintetizadores espaciales y un ritmo constante de batería que a golpe de baqueta abren surcos para que entre el resplandor de esa guitarra vitaminada, y continúa con otras maravillas como "Kevin Arnold", que coge su título prestado del personaje principal de esa generacional serie estadounidense llamada 'Aquellos maravillosos años', con el que muchos crecimos a la par y que sobre un compás nocturno de mística abrumadora nos muestra su lado más elegante, "94' record", que a mi parecer se amorra al maternal pezón Pavement (que extraño ha sonado eso), la que quizá sea su banda de cabecera, una exquisita pista de deambular moderado, penetrante y melódicamente depurada, puesto que sus estrofas son interpretadas de una manera aguerrida pero relajada, "Bogdó", sin duda uno de sus mejores cortes ni que sea porque reune todas sus señas de identidad, y en la que se luce con el francés de refinamiento alpargatero, fino, poderoso y endiabladamente gracioso, rematando la guasa citando a cierto político turbio de la corruptela nacional, "Desert of fog", oscura pero esperanzadora tonada de nítido desarrollo que puede recordar a los Pedro The Lion más reposados (o por lo menos a mi me vienen a la memoria), "Unhappy blackout people", a la que si ponemos un poquito de aquí y un poquito de allá podría encajar en el ideario de The Flaming Lips por ese tentempié psicodélico que nos brinda, "St. Peter the bird", breve extracto ambiental con pajaricos y naturaleza acompañando un riff lejano que nos traslada mentalmente a parajes salvajes, "Kettle and pot", tal vez la mejor del lote (o no! a gustos, porque a mi me encantan todas y no puedo anteponer ninguna), una canción de infinidad de matices, robusta, envolvente, "Zurich is stained", descomunal relectura de los anteriormente mentados Pavement, que a mi juicio supera con creces la original en ese traslado al universo Neil Young o más bien al de sus discípulos Built To Spill, una de esas pequeñas maravillas que ponen la piel de gallina y te hacen admirar más la capacidad del artista capaz de transformar algo loable en algo superior, y "Over", bajada de telón brillante a este estupendo trabajo que en poco más de media hora colma de buenas sensaciones al oyente.

El fiera de la Vega del Tajo, se volvió a currar esto a solas como mandan los cánones, pero contó con la colaboración puntual de Mer Regueiro en las voces de 'Bogdó', y utilizó un sampler de "Los bikers" de los chilenos Dënver para la caja de batería. Dejo un enlace de YoTube a los imperdibles vídeos que acompañan al disco y otro al bandcamp del disco, desde donde podréis acceder al resto de su discografía.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLDOVzE9X3N0eNGXcu9x5mfg7ljrsCzI9F

https://soylahey.bandcamp.com/album/skull-and-comb

lunes, 31 de octubre de 2016

DEVENDRA BANHART

WHAT WILL WE BE (2009)

Me costó muchísimo conectar con la propuesta de este artista de Houston (Texas), de hecho no entendía porque recibía tantos halagos por parte de prensa y público, incluso me molestaba que fuera tan popular y venerado a sabiendas de que a veces se comportaba como un impresentable en algunos de sus directos tal como informaban algunos medios que sin embargo le seguían riendo las gracias y poniéndolo por las nubes. Para mi entraba dentro de ese paquete de compositores díscolos entorno a los que se generaba un aura de ceguera incomprensible, tal como pasaba con Amy Winehouse, de la que nunca dejaré de reconocer que fue muy grande a la hora de crear e interpretar en el estudio, pero jamás alabaré su actitud en vivo al igual que otros muchos que ahora no me vienen a la cabeza pero que hacen un flaco favor los pobres músicos y vocalistas que en su línea sonora se parten el lomo intentando trasladar con pasión y compromiso su discurso al escenario. Supongo que encontrarlo hasta en la sopa tampoco ayudo a paliar mi animadversión por este figura. Aparecía en discos de Antony & The Johnsons, Xiu Xiu y Beck, colaboraba con Leonard Cohen, Joanna Newsom, Natalia Lafourcade, grupos como Vetiver, CocoRosie o Little Joy, saltaban a la fama solo por venir apadrinados por él, artistas del nivel de Fab Moretti y Michael Gira de Swans y Angels Of Light, aparecían en sus discos, y para colmo ocupaba titulares en revistas del corazón por su relación con la actriz Natalie Portman, a la que un servidor tenía en un pedestal por aquellos tiempos. Claro, así me era imposible no tenerlo aborrecido, pero pasado ese auge, cuando el personal dejó de prestarle tantísima atención, me dio por buscar sus álbumes y dedicarle unas escuchas dejando aparcados esos infundados prejuicios. Sin duda me había perdido algo muy bueno.

Criado en el seno de una familia hippie que seguía a un maestro espiritual llamado Prem Rawat, y que fue el causante de que pusieran tan peculiar nombre de pila a nuestro protagonista del post de hoy (Devendra es sinónimo de Indra, el dios del cielo, relámpago, trueno y lluvia de la mitología hindú), poco después, tras el divorcio de sus padres emigró con su madre a Sudamérica y más tarde se instaló en Los Angeles (California) con catorce años de edad, encontrando de este modo un lugar idóneo para desarrollar su talento. No fue de inmediato puesto que tras su breve estancia en el San Francisco Art Institute, se volvió a trasladar en busca de un mejor aprendizaje. El destino fue lejano, nada menos que París (Francia) y allí en una de las más avanzadas urbes del viejo continente, construyó sus primeras grabaciones con un cuatro pistas y un contestador telefónico antes de ser invitado por el dueño de un local para actuar en un evento de bandas y artistas noveles asociados al indie-rock y de ahí a abrir un concierto de Sonic Youth. Disfrutó su estancia pero en Otoño volvió a su hogar y empezó a mover su propuesta por distintas salas y bares californianas hasta que un día el azar quiso que se cruzara en su camino Siobhan Duffy, esposa de Michael Gira que se acercó a conversar con él y que tras recibir una maqueta con sus canciones se las llevó a su marido que quedó asombrado y lo fichó enseguida para su sello Young God Records. Ahí creció como intérprete y se hizo un nombre antes de firmar por XL Recordings y que llegara la fama suficiente como para fundar su propia discográfica Gnomonsong a medias con Andy Cabic, líder de los antes mentados Vetiver. Lo demás es redundancia pura y dura. Se ha labrado una reputación intachable con los años y está considerado uno de los grandes del folk americano de los últimos veinte años.

Comparado con alguno de los músicos incluidos en la lista de los que él mismo reconoce como influencia, tales como Caetano Veloso, Marc Bolan, Daniel Johnston, Billie Holiday, Syd Barrett, Manu Chao, Atahualpa Yupanqui, Nick Drake, Axl Rose, Kurt Cobain, Mick Jagger, Nusrat Fateh Ali Khan, Simón Díaz, Vasthi Bunyan, Ali Farka Toure, Arthur Russell, y Travis MacRae, tuvo que cambiar su registro vocal para otorgarle una personalidad y un timbre propios. Su tono se movía en sus inicios entre el falsete y la ambigüedad, pero con el tiempo ganó músculo. En los casi quince años que lleva de carrera lo ha prestado para múltiples proyectos, pero donde de verdad se saborea su verdadero potencial en su material de estudio.

Hoy saldo mi deuda, decidido a escribir sobre el que es el disco que más me convence de su discografía, la cual consta de nueve álbumes de larga duración. 'What will we be' fue el séptimo en su haber y tal vez el que marcó una solidez y una madurez más marcada. Sigue habiendo algo de la fusión sonora que le ha caracterizado desde sus inicios, ese mestizaje o más bien dicho esa fijación por unir lo genuinamente americano con lo latino (su madre nació en Venezuela y él se crió en Caracas, posee doble nacionalidad y domina nuestro idioma) y ese folk asilvestrado de corte bucólico que no le hace ascos al rock psicodélico ni al pop más experimental, pero aquí entona con delicadeza y pierde ese tono gamberro para envolver el ambiente con seda fina. Poco rastro queda de ese sonido lo-fi, pero el resultado es óptimo y muy rico en su diversidad. Su propuesta siempre se ha caracterizado por navegar por una gran cantidad de géneros y por reinventar lo añejo ingeniando nuevas fórmulas pero aquí aún sube un peldaño más en ese escalafón artístico. De ese modo podemos nos deleita con la delicadeza optimista de "Can't help but smiling", un precioso inicio de ritmo templado y luz pop que enamora al oyente antes de dar paso a otra frágil tonada de ternura implícita, la bella "Angelika", que encajaría en el ideario de un Nick Drake apasionado, una brisa fresca que hacía la mitad de su recorrido entorna los ojos en una mirada furtiva a la bossanova y el latin jazz más accesible, justo hasta la llegada casi enlazada de "Baby", mi favorita del lote y la que cierra esta brillante remesa compuesta de tres cortes gigantescos tan distintos entre sí como afines en su lógica, aunque tal vez instrumentalmente el repertorio sigue una línea que se podría identificar como conceptual, pero bueno, esta canción tal como decía es mi predilecta porque lo tiene todo, gancho sonoro, coherencia, una buena letra, unos coros preciosos y un deje al Lou Reed más alegre que la convierte en un hit potencial, de hecho hace poco la podíamos escuchar hasta la saciedad merced a un spot publicitario de una marca alemana de automóviles, y la cosa sigue con "Goin black", de alma sixtie, dócil, progresiva y cercana al viejo alt-country de Gram Parsons, "First song for b", que va unida a la obviamente continuista "Last song for b", que cambia el piano por la acústica y a Rufus Wainwright por Bert Jansch como espejo en el que mirarse, "16th & Valencia, Roxy Music", entre la música disco setentera y el glam de T-Rex, una gozada bailable de sencillo tarareo que se pega como una lapa, y que también guarda similitudes con The Strokes y Franz Ferdinand, "Rats", rockera e imponente, en algún lugar entre Deep Purple y Jefferson Airplane, "Brindo", la única pista interpretada integramente en español, con su marcado acento venezolano, cálida, depurada, intimista y desnuda emocionalmente hablando, "Walilamdzi", enésima gema de exquisita ejecución en la que recuerda ligeramente a Harry Nilsson, y la festiva "Foolin", que finiquita por todo lo alto un trabajo redondo.

Aparte de Devendra Obi Banhart (le pusieron ese segundo nombre en homenaje al personaje de 'Star Wars' Obi-Wan Kenobi, con lo que imagino que sus padres eran unos freakys de tomo y lomo), estuvieron implicados en este flamante 'What will we be', el gran artista brasileño Rodrigo Amarante (miembro también de Los Hermanos y Little Joy), Paul Butler (líder de A Band Of Bees), Noah Georgeson, Greg Rogove, Luckey Remington (ex-componente de The Pleased y Megapuss) y Greg Rogo Ve (habitual batería de Adam Green),

https://www.youtube.com/watch?v=kxGhUH_vuHA

lunes, 10 de octubre de 2016

BRENDAN CANNING

SOMETHING FOR ALL OF US... (2008)

El otro día estuve pensando en la gran cantidad de bandas que hay de mi agrado que dejan mucho espacio de tiempo entre la publicación de un disco y otro o que al menos así están funcionando últimamente. Dentro de esa consigna hay dos grupos, los que han dado señales de vida en los últimos meses saciando mis ganas de escuchar material nuevo por su parte (Los Planetas, Band Of Horses, Big Big Love, Tommingun, José González, Nueva Vulcano...), y las que llevan más de un lustro sin dar señales de vida en cuanto a publicaciones propias se refiere (The PonysPortishead, The Shins, Tool, Fleet Foxes, A Perfect Circle, Bright Eyes...), y es en este último donde se encuentra una de mis favoritas indiscutibles, Broken Social Scene, que desde la salida a mercado de su álbum homónimo y el formidable 'Forgiveness rock record' dejaron pasar un lustro y no contentos con esa canallada llevan un hiato discográfico que se ha prolongado los últimos seis años sin que haya noticias del sucesor del Ep, 'Lo-fi for the dividing nights', publicado meses después del mentado cuarto trabajo del colectivo canadiense. Ante tal tesitura supongo que a los seguidores de artistas con este método no nos queda de otra que vivir de su pasado y acudir a sus viejos plásticos, aunque quizá en mi caso me esté quejando de vicio porque también hay otros combos que me encantan que de un tiempo a esta parte van a disco por año o incluso más (Beach House, Guided By Voices, Bigott, Wilco, The Brian Jonestown Massacre, Deerhunter...) y eso siempre sirve de consuelo. En cualquier caso, en lo que se refiere a BSS, hay que decir en su defensa que ente medias de sus visitas al estudio han dado el do de pecho en sus otros proyectos y de alguna manera han contentado a sus adeptos con el lanzamiento de las obras en solitario de sus dos cabezas visibles, Kevin Drew y Brendan Canning, ejerciendo como banda de apoyo. Del debut de éste último quiero escribir en esta entada.

Segundo y último (por el momento) capítulo de la serie 'Broken Social Scene presents...', estos once cortes del vocalista, músico y compositor de Toronto (Ontario) no se alejan apenas de lo ofrecido con su banda de origen, pero si que brillan con luz propia. El sonido característico fluye en parte por la presencia de todos sus compañeros de grupo, pero la diferencia la marca el hecho de que aquí él se encarga de imponer su criterio a la hora de elaborar. Veterano de la escena indie-rock del país de la hoja de arce, Canning estuvo antes en otras historias tales como Blurtonia, Len, hHead y By Divine Right hasta que se asentó como miembro fijo de la multitudinaria máquina sonora que cubrió su faena aquí, aparte de divertirse a tiempo parcial con Valley Of The Giants y Cookie Duster en los ratos libres que le han dejado las giras y las visitas al estudio de grabación. Hay que decir que este fue su debut oficial, pero desde entonces ha sacado dos álbumes más al mercado, los muy recomendables 'You gots 2 chill' y 'Home wrecking years' que aún está recién salido del horno porque fue puesto en circulación hace menos de dos meses, pero me quedo con este porque la compañía (ausente en las dos siguientes entregas de su discografía como solista) le da un plus inmejorable.

En unos escasos cuarenta y ocho minutos, nuestro protagonista del post de hoy, líquida una labor que ejecuta sin fisuras, de forma ecléctica y efectiva, comenzando por la pieza titular del disco, "Something for all of us..., que parece afinar la puntería en sus primeros segundos, poniendo todo en orden y arrancando como el motor de un viejo tractor John Deere en día de labranza, emulando el característico deambular de Broken Social Scene (su sombra planea tan intermitente como inevitable) en la percusión, las guitarras y las base rítmica en general, y con el siempre atractivo timbre vocal del espigado rubiales de poblada barba, que ya nos conquistó cuando asumió el cometido en canciones de su banda madre tan deslumbrantes como "Stars and sons", "Chameleon", una autentica maravilla de esas que van añadiendo matices y elementos sobre la marcha, tranquila, emocional, con los vientos flotando sobre atmósferas paisajísticas de atardeceres prominentes, "Hit the wall", retorno al desgaste de las rasgadas cuerdas y los parches repicados, un cañón rebosante de pólvora electrificada, "Snowballs & icicles", donde se convierte en una suerte de trovador psych-folk de explícita similitud con Elliott Smith, "Churches under the stairs", despertar enérgico tras la obligada parada en el motel de la belleza acústica para reponer fuerzas y desconectar del asfalto, una muestra más de lo bien balanceado que está el repertorio de este álbum, yendo de la paz al furor constantemente, y en la que cede el micro a su colega Kevin Drew, "Antique bull", en la que hay una cesión de responsabilidades vocales, haciéndose cargo su amiga Lisa Lobsinger, para llevarla a un terreno deliciosamente pop pero con unas pinceladas de rock alternativo que recuerdan a las The Breeders más condescendientes, "All the best wooden toys come from Germany", breve corte instrumental de curioso título a medio camino entre Bell Orchestre y K.C. Accidental, "Possible grenade", recobrando el nervio y aproximándose a Roger Waters en el tono melódico, mientras rugen los riffs en un tema que acaba guardando las apariencias con el grunge solo hasta cierto punto, y esa cálida y contemplativa "Take care, look up", en la que sobrevuela el espíritu de Dennis Wilson, cuando desde la discreción brilló al margen de The Beach Boys con el formidable 'Pacific ocean blue'.

El bueno de Brendan estuvo apoyado en el estudio por la práctica totalidad del colectivo Broken Social Scene formado por Ohad Benchetrit (también productor, ingeniero y compositor, además de miembro fijo de Do Make Say Think y colaborador de The Hidden Cameras y Akron/Family entre otros), Jason Collett (con una asentada carrera en solitario y otrora bajista de K.C. Accidental, amén de músico recurrente en discos de Zeus, Bird y Cowboy Junkies), Amy Millan (cara visible de Stars y cuyo nombre aparece en composiciones de Porter Robinson, Gomez, Montag...), Kevin Drew (del que cabe destacar sus dos maravillosos trabajos a solas y su presencia en obras de J Mascis, Chikita Violenta, Feist, Wayne Sleep, k-os...), Sam Goldberg (fijo en Mist y Uncut), Kevin Hearn (desde tiempos inmemoriales en Barenaked Ladies e incorporación de lujo en el último de Violent Femmes), Lisa Lobsinger (cantante de Reverie Sond Revue que aparte ha prestado su delicada voz en material de The Posies y Shad), Liam O'Neill (multiinstrumentista de prestigio reclamado por gente como King Of Leon, Simple Plan o Hayden), Evan Cranley (componente de Stars y presente en álbumes de Metric, The Dears, Black Diamond Day, The Besnard Lakes, The Stills...), Justin Peroff (batería de Buck 65), James Shaw, Elizabeth Powell (antiguo bajista de Mascott y que desde hace años se dedica principalmente a la producción), Chris Seligman (esporádico en Young Galaxy y Hopeful Monster), Andrew Whiteman (líder de Apostle Of Hustle, The Bourbon Tabernacle Choir y Red Tide Rising) y Fionna Stewart (alma mater de Rock Plaza Central). También pasaron por allí otros músicos como Bill Priodle, John La Magna, Julie Penner (violinista de The Weakerthans, The Deadly Snakes y Lullaby Arkestra) y Rebecca Brenner.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLUSRfoOcUe4Zor6rNdglA_12m0hq9bqMu

lunes, 26 de septiembre de 2016

LUCERO

THAT MUCH FURTHER WEST (2003)

Inaugurando el lavado de cara que le ha hecho al blog mi hábil Sra. Esmiz (que tan bonito tiene su 'Soy una pobre granaina'), tras mi larga ausencia del mismo debido a que blogger me había borrado las plantillas (aunque ya le hacía falta porque ya sabéis que a veces es renovarse o morir), he visto acertado recurrir a uno de los discos que más he escuchado este verano. Dí vueltas a cual sería el elegido para comenzar esta segunda etapa ya que se da la coincidencia de que a este cambio de imagen se suma el hecho de que esta humilde bitácora ha superado en esta semana el millón de visitas desde su creación, algo que me descoloca por completo porque supera ampliamente mis expectativas, y aunque me planteé la idea de hacer algo especial para celebrarlo a través de las escritura, me han propuesto hacer una fiesta más adelante en un local en el que se me permitiría pinchar mucha de la música que he ido presentando por aquí y eso hace que vea más lógico seguir con la rutina y dar la murga promocionando ese evento cuando llegue (si se llega a dar el caso finalmente, que del dicho al hecho hay un trecho). Ha pasado más de un mes desde la última vez que eché unas líneas por estos lares y en ese espacio de tiempo he estado por el pueblo exprimiendo como siempre los encantos del ocio y el descanso rural, dando paseos por esos montes que nunca me cansa recorrer, empleando las horas en recuperar viejos discos que hacía siglos no escuchaba y en ver películas en los ratos que no hacía vida social con los amigos y la familia. En la cúspide de todos los instantes musicales ha estado la banda del gran Ben Nichols amenizando el paisaje con este formidable álbum, un trabajo que va enevejeciendo como los buenos vinos en barrica añeja pero perdurable dejando un regusto afrutado y solemne en el paladar.

Los de Memphis (Tennesse), llevan dieciocho años en la brecha sin hacer un gran estruendo pero si el suficiente ruido como para tener una fidedigna legión de seguidores en su país de origen y un elevado número de adeptos en el continente europeo. Once álbumes de estudio y tres en directo en los que han hecho honor a la declaración de intenciones expuesta en sus comienzos cuando dijeron que su música era 'una síntesis del soul, el rock y el country claramente memphisiana', llevan publicados hasta la fecha siendo este 'That much futher west', mi favorito. Sin desmerecer ni uno solo de los trabajos que engrosan su discografía, me quedo particularmente con este, su cuarto lanzamiento, porque su primera etapa es algo más carnosa y primitiva, mezclando punk rock con sonidos de raíz, algo que ha cambiado con los años en beneficio de un sonido más pulcro que incluye una sección de viento y un coro gospel que suenan de lujo, pero es en ese escenario abordado en sus inicios con una producción y una textura más pastoral como mejor han funcionado siempre, al menos en mi humilde opinión.

Alt-country, cow-punk y unas ligeras pinceladas de emocore forjan la fama de una obra que algunos consideran su cumbre, algo a lo que da fe la circunstancia de que fue con la gira de presentación de estas canciones cuando su popularidad aumentó y pasaron de ser una formación que actuaba en muchos locales de su ciudad y unos pocos de los estados colindantes, a presentarse en festivales y salas de costa a costa de la geografía estadounidense. La voz rota de Nichols, la instrumentación adaptada a lo que piden las canciones y unas letras que se marcan como a la piel un tatuaje significativo, hacen de este tratado uno de los grandes imprescindibles del género en lo que llevamos de milenio. Tomando como referentes a Bruce Springsteen, The Replacements o Whiskytown, elaboraron sin embargo un efecto que tiene muchos más que ver con el rock sureño de los primeros Kings Of Leon o con la sencillez folk de los Uncle Tupelo más añejos. Llenas de expansión occidental, arena polvorienta y maravillosas carreteras abiertas donde los sueños cotidianos más alcanzables se pierden en la telaraña del kilometraje obligado y la promesa de un cielo estrellado, imagino este disco como un himno conceptual para todos aquellos que recorren el asfalto para ganarse el pan.

Uno de esos fantásticos cancioneros que se pueden relacionar con la clase obrera aunque solo sea en esencia y no tanto en temática y que contiene piezas tan exquisitas como la que da título al álbum y que sirve para dar el pistoletazo de salida, un bello medio tiempo en algún lugar entre The Hold Steady y The Bottle Rockets, que progresa sobre una línea de guitarra preciosista y unas teclas constantes, "Mine tonight", mi predilecta del lote, donde sacan a relucir esa emotividad noventera que les relaciona de pasada con gente como Samian o Manchester Orchestra, una pista precisa y luminosa a pesar de su melancolía, "Sad and lonely", cálida en su poso tristón, serena en su templanza rasgada, "Across the river", deliciosa, una melodía entregada a la causa y adornada por un órgano y una fragilidad acústica de escaparate estudiadamente engalanado, "The only one", como si The Appleseed Cast hubieran abrazado las leyes de la música de raíz americana en su exposición más ecléctica y evolutiva, "Hate and jealousy", fulgurante en sus primeros compases, desgarradora en su desarrollo, el corte más guitarrero del repertorio, "Joining the army", corazón conutry y querencia folk de finalidad bluesera en la que quizá sea la composición más deudora de su amplia trayecoria, con un violín que recuerda al utilizado en la banda sonora que hizo Angelo Badalamenti para la tierna cinta de David Lynch, 'Una historia verdadera', "Tonight ain't gonna be good", un martillo pilón donde descargan toda su inmediatez punk-rockera trayendo a la memoria al maestro Jason Ringenberg y a sus The Scorchers, y "Tears don't matter much", de estribillo pegadizo y rompedor, armonía contundente y lírica conmovedora.

Empecé la casa por el tejado y llegué antes a la música de Benjamin Nichols en solitario que a la de su grupo merced a la banda sonora de 'Take shelter' (dirigida por su hermano Jeff, que también cuenta con otros títulos tan interesantes como 'Mud', 'Loving' y 'Shotgun stories'), pero una vez empapado de su talento en compañía puede decir que este tipo y sus muchachos son unos figuras y que este trabajo es solo una muestra más de su arte, porque todo luce a un nivel altísimo. Lucero lo formaban en aquel momento, aparte del mentado fundador (que entre múltiples proyectos paralelos, antes estuvo en Red 40, ha compuesto para el rapero A$AP Rocky, fue el productor de 'A perfect place', firmado por Mike Patton de Faith No More, ha colaborado con David Wingo de Ola Podrida creando música para largometrajes y participó en el segundo disco de Obi), Todd Gill, Roy Berry (componenete a su vez del dúo experimental Overjoid y de The Simple Ones), John C. Stubblefield (habitual colaborador de North Mississippi Allstars, John Murray y Clint Wagner, como artista invitado.

https://www.youtube.com/playlist?list=PL69443755B7104D35

martes, 9 de agosto de 2016

PS I LOVE YOU

FOR THOSE WHO STAY (2014)

Antes de emprender la marcha para iniciar las vacaciones veraniegas, me ha venido de gusto escribir una entrada nueva y ante la duda de a que banda dedicarla he llegado a la conclusión de que lo mejor sería hacerlo a la que ha sido la formación que más he escuchado en los días que han transcurrido desde el último post hasta hoy. PS I Love You, han sonado para mis oídos a todo trapo en diversas ocasiones esta última semana. han sido como una pequeña adicción desde que buscando imágenes de no recuerdo que otro grupo, topé con una foto de ellos y leí un breve artículo sobre su música. Me sedujo lo que explicaban a cerca de su sonoridad, rápido fui a su bandcamp a escuchar de primera mano por donde iban los tiros y enseguida conecté con su imaginario, tal vez porque sus obvias influencias me gustan y también porque aún siendo fáciles de ubicar me parecieron bastante genuinos o cuanto menos muy capaces de crear capas que le den un aire fresco y personal a su discurso. Me sorprendió el hecho de que aún llevando en esto más de diez años no sean muy populares al otro lado del charco, pero supongo que son tantas las maravillas que nos llegan de Norteamérica que es imposible que haya espacio para todos. Sin embargo están bajo el amparo de un sello discográfico con solera dentro del mundillo independiente y puede que su suerte cambie de la noche a la mañana porque calidad y atractivo tienen de sobra.

Compañeros en Paper Bag Records de ilustres combos canadienses como Broken Social Scene, The Acorn, The Rural Alberta Advantage, Frog Eyes, Elliott Brood, Magneta Lane, Born Ruffians, The Deadly Snakes, Stars, Uncut o Tokyo Police Club, el dúo de Kingston (Ontario), se ha ido abriendo hueco en su país de orígen con una notable discografía que se compone de tres discos de larga duración, cuatro Ep's y un directo oficial. Moviéndose entre el indie-rock y el noise-pop de alma garagera, el proyecto nació como una aventura en solitario de Paul Saulnier bajo el nombre de Magic Jordan en un claro guiño a sus ídolos baloncestísticos Earvin 'Magic Johnson y Michael Jordan. Originalmente escribía canciones a solas y componía con guitarra, órgano de pedal, y un teclado Casio, pero finalmente hizo una actualización rítmica reclutando al batería Benjamin Nelson para reemplazar con percusión real el irregular rendimiento extraído a una caja de ritmos por la que tenía muy poca confianza. Juntos y ya con la denominación actual de la banda, crearon un sonido que maníaco, atmosférico, brillante, permitiendo que las ondas de melodía fuercen trayectos fulgurantes a través de densas capas de reverberación y ruidos orgánicos.

En este álbum concreto su producto ganó enteros y asimiló mejor su abanico de influencias. El álbum es pura dinamita cacofónica que subvierte en lo tradicional, sin lujos virtuosos en el enfoque noventero de sus guitarras y echando el peso en un doble bombo que ruge como un bofetón embriagador de espectral shoegaze, retroalimentación impulsada y nervioso post-hardcore, para desembocar en un efecto atrapado por los encantos de Sunny Day Real Estate y los The Cure de la época de 'Desintegration'. Dicho esto, para la totalidad de su ambiente textural, elaboraron una losa pop muy bien centrada y la adornaron con una carrocería lo-fi que le da un consejo a los que analizan su mensaje con ojos de maníacos confiteros del pasado, aquellos que tienen a Pixies, Pavement, Weezer y The Jesus And Mary Chain en un altar, porque si bien ese ambiente impregna la mayoría de los procedimientos, incluso cuando ambos músicos tratan de subvertir, su trabajo va más allá del mero cliché. Está claro que planea la sombra de los que se gestaba en aquella década denro del estilo que practican hoy en nuestros días, pero también la voz y las armonías nos llevan a recordar a Arcade Fire, Talking Heads, Wolf Parade y Clap Your Hands Say Yeah!.

'For those who stay', tiene la energía suficiente como para captar nuestra atención durante los treinta y ocho minutos que dura la faena. Nueve canciones trepidantes que al final de su cometido te dejan noqueado y que desde mi humilde punto de vista comienzan a reproducirse por orden de inspiración. Así pues la inicial "In my mind at least", es la más rotunda del álbum. En ella evocan una épica cautivadora cercana al pop maldito de los 80's, manejada por la vinculación entre esa percusión atronadora ejecutada a velocidad terminal y la maraña de guitarras acústicas con gigantescos guantazos de electricidad distorsionada, con Saulnier canalizando con mesura lo que extrae de su interior como si fuera una versión actualizada de Black Francis pisando tierra con firmeza, como si de un predicador de la calle o un animal enjaulado se tratará, un corte que en su melodía puede también traernos a la memoria el delicioso "Sugarcube" de Yo La Tengo en el tratamiento instrumental de su base, o quizás yendo un poco más allá a los impactantes My Vitriol respecto a las formas, luego sigue el ataque despiadado con "Advice", que es como si Band Of Horses, dejaran de sonar pulidos y elegantes dentro de su desbordante heterogeneidad bucólica, y como si estos volvieran a colaborar con J Mascis (tal como han hecho en su último plástico) pero dándole vía libre con las seis cuerdas esta vez, luego un receso con la preciosa "Bad brain day", a la que le dan un sabor folkie emocionante y unas capas sensoriales de un magnetismo sobrecogedor, tanto que se podría decir que esta es la pista más redonda del lote, recuperando la crudeza con el aroma stoner que desprende "Limestone radio", deudora de la cara más accesible de sus paisanos Death From Above 1979, con un estribillo a la vieja usanza, siguiendo con la homónima "For those who stay", la más larga del disco, con ademanes hard-rockeros de tinte progresivo e iluminando con las teclas y esos coros aguerridos, y a continuación un póker de ases para finalizar con honores la obra, formado por la cavernosa "Afraid of the light", perfectamente equilibrada con un pie en el resplandor y otro en la oscuridad, "Friends forever", jovial y desenfadada, más afín a lo que hacen Grouplove que a cualquiera de sus presuntos referentes, pero también inclinada en reverencia inequívocamente a los ritmos y maneras del glam de T-Rex, como lo está "More of the shame" a la destreza ruidista de Dinosaur Jr. un grupo cuyo espíritu resuena a la largo y ancho de estas canciones, y "Hoarders", bestial fusión de elementos en crepitar sonoro. Muy grande.

PS I Love You juega en su denominación con las iniciales de su fundador Paul Saulnier, quien compone el grupo junto a Benjamin Nelson. En el estudio de grabación les acompañaron Tim Bruton (al que podemos encontrar en Diamond Rings, Forest City Lovers y Evening Hymns), Wayne Petti (líder de la recomendable banda de alt-country Cutt The Duke, que habitualmente acompaña a Hayden en los escenarios, y también alma máter de The Hylozoists), y Matt Rogalski.

https://psiloveyouband.bandcamp.com/album/for-those-who-stay-lp

viernes, 29 de julio de 2016

JOIE DE VIVRE

THE NORTH END (2010)

La 'joie de vivre' es una expresión francesa que significa mucho más que su simple traducción literal (alegría de vivir). Es una filosofía que se basa en aceptar la vida con todo lo que ello conlleva, lo bueno, lo malo y lo regular. Esta emoción está en nuestro interior, pero nosotros la buscamos fuera, a través de lo material y dependiendo de nuestra relación con los demás. Eso nos produce ansiedad e insatisfacción, porque raramente la encontramos, así que el lema viene a decir que no hay que agobiarse tanto y dejar que las cosas fluyan. Tal vez en los pequeños placeres de nuestra existencia, podemos ser más convincentes a la hora de aplicarnos dicha consigna. Disfrutamos de un buen plato de comida cuando tenemos hambre sin importar que no le llegue a la altura del betún al que nos hizo nuestra madre o nuestra pareja la noche anterior o al que preparamos nosotros mismos escasas horas antes en un momento de inspiración, gozamos un momento de calma aunque nuestra mente no esté despejada del todo o guardamos buen recuerdo de un viaje que no salió a pedir de boca en cuanto a los flecos, solo por haber desconectado de la rutina y haber visto cosas que nos han llevado al bienestar anímico. Se pueden poner muchos ejemplos de esos gustos mínimos que hacen todo más bella, y por supuesto ahí va incluida la música. Por eso me parece ideal el nombre de este quinteto de Rockford (Illinois).

Se ajusta su sonido a ese deleite que proporcionan los instantes de placer (en este caso auditivo, claro) cotidianos que podemos degustar al reproducir un disco, sin necesidad de que lo que hacen nos parezca único o incomparable. Es en parte lo que tiene el emocore en este nuevo resurgir que vive y que ya quise reivindicar con la entrada anterior dedicada a Dikembe, que sin deslumbrar, entra muy bien de buenas a primeras y se hace accesible a medida que avanza. Joie de Vivre, entrarían en ese saco de renovadores del género que mencioné el otro día, pero afiliados a la cara más melancólica y menos inmediata de esta acepción. Lo suyo estaría más cercano al sadcore de Bedhead, American Football, Mineral (de ellos hacen una relectura de su famoso "Palisade" en sus directos) y Codeine, compartiendo con Football etc, Foxing y Castevet, la corona del llamado 'Midwest emo revival', un movimiento de bandas afines a dicha memorabilia estilística que se concentra en esa zona de los Estados Unidos de América. En los nueve años que llevan batallando, han editado dos lp's, tres Ep's, cinco splits de 7 pulgadas compartidos con gente como Annabel, Prawn, The Reptilian, Sleep Bellum Sonno, The Please & Thank Yous y Empire! Empire! (I Was a Lonely Estate) , un álbum en vivo y otro de rarezas.

Poco se puede averiguar sobre como se conocieron los miembros del grupo, porque decidieron montar este proyecto o que pasos dieron hasta llegar a publicar material, más allá de que hubo diversos cambios en la plantilla en el pasado, así que lo más sensato y prudente es ahondar en lo que nos ofrece su discurso, y más concretamente con motivo de la ocasión, en el que fuera su debut en formato largo, 'The north end'. La compulgida "Summer in New London", abre con calma el telón al son de una trompeta que está presente a lo largo y ancho del disco y que es marca de la casa, uno de sus puntos fuertes y diferenciadores, y mientras el marcado punteo de bajo eléctrico y esos acordes transparentes se enredan con la melodía, la voz resurge en un clamor afligido pero pasional, un gran comienzo que se mantiene equilibrado con "Salt", con el tono tristón del notable instrumento metálico de viento, abrumado por los platos y la distorsión, y el nailon acariciado con tesón, para recitar un texto descorazonador sobre una figura paterna errática, "Sundays", donde los riffs dibujan una armonía grácil y optimista fácil de asimilar, un corte en el que la coralidad hace acto de presencia y en el que la voz palidece en su cambio de registro hacía un prisma abstracto, "Upper deck San Diego", seguramente su composición más celebrada, una bella creación que alcanza un clima sólido y triunfa en su concepción del proceso de la tranquilidad a la intensidad, "Next year will be better", controlando los tiempos al compás de esas notas de la omnipresente trompeta hasta que entra la voz de Lutmer y su destreza con las cuatro cuerdas, "One in the same", pista de deliciosa progresión, que dentro de su oscuridad conserva un mensaje de superación respecto a la ruptura y la añoranza de una valiosa relación perdida, "Praise song", mi favorita del lote, aproximándose a los Sunny Day Real Estate de 'Diary', aunque desprovistos de la energía y el empaque de aquel magistral álbum de los de Seattle (Washington), y "Autumn in New London", que finiquita este primer trabajo cerrando el círculo emprendido en su canción de apertura, desmarcándose de lo ofrecido en el resto del minutaje al mostrarse intimistas sin más instrumentación que una acústica de tierno recorrido.

El vocalista, bajista y fundador Brandon Lutmer junto a Paul Karnatz, Chris Fench, Geoff Scohtt y Steve Kurzac (más tarde sustituidos en la formación por el trompetista Mark Jaeschke, el guitarrista solista Patrick Delehanty, el guitarrista rítmico Warren Franklin y el batería Stewart Oakes, respectivamente) formaban entonces Joie de Vivre con la participación del organista Zach Staas.

https://joiedevivreband.bandcamp.com/album/the-north-end

miércoles, 20 de julio de 2016

DIKEMBE

BROAD SHOULDERS (2012)

Cualquiera que me conozca un poco o que entre por aquí de vez en cuando sabrá que aparte de ser un enfermo del deporte de la canasta, soy también un poco palizas con el tema y me encanta hablar o escribir sobre ello, por eso hoy voy a aprovechar de nuevo la oportunidad como en tantas otras ocasiones he hecho cuando he elegido un grupo con el que puede utilizar algo como coartada. Sigo el basket desde que tengo uso de razón, creo para ser más exactos que desde que me hice una colección de cromos de la ACB y la NBA de un año para otro, aunque no recuerdo cual fue primero pero si que eso desembocó en el seguimiento de los partidos que daban en Televisión Española del campeonato estatal y los encuentros en diferido que ofrecía La 2 de la siempre abrumadora (en el buen sentido) liga estadounidense, dentro del memorable programa 'Cerca de las estrellas' con locución de los inolvidables Ramón Trecet y Esteban Gómez. Seguramente fue en el año 1988, porque tengo fresca en la memoria aquella serie final entre Lakers y Pistons con victoria final de los de Detroit y fue aquel el año que me harté de comer palomitas y alucinar junto a mis padres y mi hermano viendo las maravillas que hacían en el parquet durante la temporada regular monstruos como Dominque Wilkins, Michael Jordan, mi idolatrado 'Magic' Johnson, Alex English, Larry Bird y tantos otros que nos robaban el sueño todos los viernes de madrugada. A partir de ahí, me hice asiduo, hacía flipar a mis compañeros de sexto de E.G.B. recitándoles la plantilla completa de cualquier equipo que me preguntaban ya fuera europeo o americano y llevé a la práctica mi pasión aunque sin destacar demasiado más allá de ponerle corazón a la hora de jugar. Me viene a la memoria lo que me motivaba para mejorar mi capacidad de salto, bastante limitada con el paso del tiempo pero que en la infancia y la adolescencia era bastante respetable. Quería taponar los tiros del rival como lo hacía mi querido Manute Bol y luego como lo hacía otro paisano continental suyo, el también africano Dikembe Mutombo.

Ahí quería yo llegar incluso antes de lo que lo he hecho pero me es inevitable hacer una introducción corta tanto con el baloncesto como con las anécdotas del pasado. La cosa es que me gusta analizar mis gustos y ver que muchas veces evolucionan (o involucionan porque quién soy yo para echar flores a algo mío?) en paralelo, de modo que igual que me fijaba en cierto tipo de jugador en mis años mozos y ahora lo hago en otro bastante distinto, con la música o el cine me ha pasado casi igual, pero eso no evita que todavía me siga emocionando viendo u oyendo que he ido variando en preferencias de ayer a nuestros días. Por eso cuando hace unos meses conocí la propuesta de la banda a la que quiero dedicar unas líneas en este momento, pensé que su nombre era perfecto respecto a lo que significó para mi la existencia del estilo que practican. En fin, que me lió como siempre...el pívot zaireño o mejor dicho congoleño, no era un prodigio en ataque, pero como defensor era un valladar capaz con sus acciones de levantar de sus asientos a los aficionados de Denver Nuggets, Atlanta Hawks, Philadephia 76ers, New Jersey Nets, New York Knicks y Houston Rockets, equipos profesionales en los que militó tras haber cursado estudios y jugado para la Universidad de Georgetown. Pocos jugadores foráneos tuvieron un impacto tan grande como el suyo en las décadas de los 90's y los 00's, y todavía ostenta el honor de haber sido uno de los tipos que más prolongó su carrera, colgando las botas a solo un par de meses de cumplir 43 años. Tal vez por esas razones estos cuatro figurines de Gainesville (Florida), decidieron bautizar con su nombre de pila su proyecto musical rindiéndole tributo a su trayectoria y su carácter icónico.

Un par de años después de que el gigante de 2.18 m decidiera retirarse definitivamente de las canchas, comenzaron su andadura estos muchachos cuyo discurso se mueve entre el indie-rock, el punk-pop y el emocore noventero. Una fecha que seguro recuerdan trepidante porque fue la antesala a su primer lanzamiento discográfico y que además les trajo su primera gira importante como teloneros de You Blew It! y la firma con el sello Tiny Engine Records. Ha pasado un lustro desde entonces y aunque su popularidad apenas ha traspasado fronteras, se van haciendo un nombre poco a poco dentro de lo que está empezando a suponer un resurgir del movimiento de la mano de una serie de formaciones que están pegando fuerte en esta década partiendo de una sonoridad que parecía olvidada. Gente como The Hotelier, Joie de Vivre, Our Sunday Affairs, Signal Midwest o Algernon Cadwallader, entre otros, están recogiendo el testigo que un día dejaron sin relevo inmediato fieras como Sunny Day Real Estate, Cap'n Jazz, Jets To Brazil, Jawbreaker, Joan Of Arc, Texas Is The Reason o Karate, y ahí queda hueco para que estos jabatos aporten su granito de arena. Lo han hecho con este brillante debut que protagoniza el post que estáis leyendo, un segundo álbum llamado 'Mediumship' que suena radiante, y un tercer lanzamiento 'Hail something', que apenas lleva un mes en circulación, pero mejor empezar por la superficie y destacar los encantos de este 'Broad shoulders'.

Citando como principal influencia a Fugazi, presentaron diez pistas que destacan por su ritmo, su velocidad y unos textos mordaces y sarcásticos con los que hacen gala de su contagioso sentido del humor, en títulos largos para canciones cortas que no dejan títere con cabeza, comenzando por "Nothing stuff", que inicia el cometido con una guitarra rasgada de aire melancólico acercándose a aquella estupenda "Song for Kelly Huckaby" de Death Cab For Cutie y cuya melodía sirve de preámbulo introductorio a "Apology not fucking accepted", donde los acordes y la lírica fusionan el math-rock y el emo, siguiendo la estela con "I watch a lot of Jackie Chan movies", un corte más oscuro y con unos riffs bien afilados, que a pesar de su curiosa referencia al actor chino se centra en los temores de sentirse extraño en tu propio hogar, "We could become river rats", algo gritona pero sin estridencias, rápida y fulgurante, creciendo en su parte instrumental final hasta aproximarse al universo Pinback, "I just don't understand what all these kids dig about him", más relajada pero con una base poderosa, una canción de idas y venidas temperamentales, "Not today, Angel", mi favorita del álbum, en la que planea la sombra de Idaho, flirteando con el slowcore a la vez que enciende los pilotos automáticos para orientar su camino a las enseñanzas de todos y cada uno de sus referentes, "I'm goona deck your halls, bub", apabullando al oyente con certeros golpes de percusión y dándole espacio en su comedido núcleo, para llevarlo a la lona de nuevo en el desenlace, y "Sorry i can't stick around", cierre que rompe las leyes internas de su manera de componer porque supera los siete minutos de duración, algo sorprendente en un ideal que apuesta por no pasar de la inmediatez que aporta no excederse en el desarrollo más de ciento ochenta segundos.

Dikembe son Ryan Willems, Randy Reddell, Steven Gray y David Bell. Aparte de los tres citados trabajos de larga duración que han editado hasta ahora, cabe mencionar también sus notables Ep's 'Chicago Bowls', en honor a su equipo favorito de baloncesto (al igual que en el título del disco, los títulos de sus cuatro temas juegan con los nombres de cuatro míticos jugadores de aquella franquicia en sus años de esplendor, Toni Kukoc, Michael Jordan, Scottie Pippen y Luc Longley) y 'Ledge', su disco de rarezas 'Maturity is overrated' y dos splits compartidos, uno con Marietta, Nai Harvest y los antes mencionados You Blew It!, y otro con The Jazz June.

https://dikembe.bandcamp.com/album/broad-shoulders-2

jueves, 7 de julio de 2016

LITTLE JESUS

RÍO SALVAJE (2016)

Abundan ejemplos de bandas que no han superado las expectativas generadas con su primer lanzamiento discográfico y que han caído en la repetición de esquemas o el error de querer desmarcarse tanto en su siguiente asalto de lo ofrecido anteriormente que acaban por sufrir un bajón de popularidad inesperado. Ha pasado con formaciones importantísimas que estaban llamadas a comerse el mundo en las dos últimas décadas, en mayor o menor medida, como por ejemplo The Strokes, The Vines, Arctic Monkeys o Arcade Fire, que sacaron al mercado grandes trabajos pero que para muchos no superaron el listón de lo mostrado en sus óperas primas. Es difícil lograr plasmar un plástico redondo y después brindar algo que lo rebase, pero siempre hay casos y hoy quiero escribir sobre un grupo que ha conseguido desafiar esos obstáculos que se suelen presentar a la hora de mejorar el antecedente. Little Jesus no solo han madurado su discurso, si no que se han reinventado y han llevado a su terreno un imaginario ecléctico que ha dejado a 'Norte' como un lujo superable. Sin hacer un cambio abismal, manteniendo sus señas de identidad pero evolucionando favorablemente para ampliar horizontes que den a su sonido nuevas perspectivas y un grado mayor de pericia instrumental, los aztecas han bordado un traje de múltiples texturas que a mi personalmente me enamoró desde un principio y que me ha ido deslumbrando a cada escucha hasta dejarme noqueado. No solo han logrado burlar la criba crítica si no que además han cubierto de matices inéditos cada rincón de esta obra de consolidación. Bueno, quizá exagero un pelín llevado por la razón de que soy un devoto todo lo que hacen estos muchachos, pero dejad que defienda con argumentos esta formidable 'Río salvaje'.

No puedo obviar el hecho de que su debut supuso en su momento una bocanada de aire fresco para mi y que eso me llevó a seguir la carrera del grupo, interesarme por sus orígenes y seguir su trayectoria, tal como expliqué en las dos anteriores entradas que les dediqué por aquí (las que corresponden a su inolvidables conciertos del Lunario y Heliogàbal). Por esa razón siempre tendrá un valor sentimental incomparable y está entre mis discos favoritos de siempre. Sin embargo en estas semanas recientes a la salida a mercado de su nuevo trabajo, he disfrutado tanto como lo hice en su día con aquella gloriosa puesta de largo con esta colección de canciones que picotean en diversos estilos tales como el pop y el rock en todas sus variantes ya sea hard, progresivo, psicodélico o experimental, la electrónica como recurso de lustre, el funk en su óptica más bailonga e incluso el blues, sin olvidar esos aires tropicales que caracterizaron sus comienzos, aunque esta vez envueltos en tonalidades elásticas que maduran su sonido. Un discurso que reluce en estudio pero que puedo imaginar triunfando por todo lo alto en su traslado al directo, porque son piezas diseñadas para crecer sobre las tablas y que pueden explayarse con la improvisación, pues dan pie a ello. Letras sencillas y empáticas, estribillos pegadizos marca de la casa y la virtud de llevar al oyente a lugares explorados pero sin dejar de hacer fácil la tarea de reconocer que esos terrenos les pertenecen.

El quinteto de la Ciudad de México (México), ha vuelto por sus fueros y lo ha hecho entrando por la puerta grande merced a canciones tan estimulantes como la inicial "Nuevos amigos", en la que ya se pone de manifiesto un salto de calidad importante en su imaginario. La voz de Sant acompañada por el sintetizador de Chimo creando una atmósfera evocadora, es lo que escuchamos en esos minutos segundos del corte de apertura transformándose sobre la marcha en un esperanzador canto optimista con las teclas dirigiéndose al universo Grandaddy y virando el rumbo hacía un ritmo electrónico que incita al movimiento, cuando de repente queda relegado a un segundo plano con la entrada de una base musculosa luciéndose Pony con esa guitarra poderosa, mi tocayo Charls castigando con amor el bajo y Truco aporreando con clase la batería. Luego viene "La magia", un gancho trepidante donde el texto destaca al compás de una línea trepidante que puede recordar ligeramente a The Strokes de 'Room on fire', otra de esas perlas que le llevan a uno a imaginarse rodeado de gente vociferando su melodía mientas la banda la toca bajo un cielo iluminado, "Mala onda", elegida como sencillo de presentación del álbum, inmejorable elección, un tema prolífico, contundente, que recurre al falsete, a un órgano y a unos punteos refrescantes, hasta cerrarse con una parte instrumental prolongada donde se salen literalmente del guión para mutar en una especie de rock band de cinco estrellas como si de una versión desprejuiciada e hispanoparlante de los más recientes Woods o White Denim, se tratara, de la misma manera que se puede decir respecto a The Shins con la preciosa "Ni a bien", una canción coqueta y tierna con un sonoridad muy afín al universo de los de James Mercer, excelente contrapunto a la chispeante "La luna", un trallazo en toda regla que navega entre elementos de la música negra, el post punk juguetón de Devo, el danzar de unos !!! (chk chk chk) y los Gomez de 'In our gun', superando los nueve minutos de duración, la seductora "Golden choice", la cual me vuelve a llevar mentalmente al directo y a verles ejecutar una de esas coreografías ensayadas que tan bien se les dan, en perfecta comunión con el público, una estupenda tonada de poso lento pero cautivador, "Trágame tierra", que por alguna razón me trae a la memoria a Air, y quizá sea porque aún sonando intemporal bebe al igual que las primeras referencias del dúo francés, de aquellas grandes bandas sinfónicas de los 70's tipo Genesis o Emerson, Lake & Palmer, "Nuevo Mexico", una de las composiciones más cercanas a lo ofrecido en 'Norte' con ese latente deje a los también galos Phoenix, la homónima 'Río salvaje', bestial, gigantesca, atronadora en su épica, de herencia tan medieval como folclórica, una de mis favoritas del lote y la primera en el devenir del combo que prescinde de voces en su minutaje, y "TQM", junto a Ximena Sariñana y Elsa Carvajal (conocida por su proyecto Elsa y Elmar), que cierra la faena con broche de oro.

Little Jesus son Santiago Casillas Escobedo, Arturo Vázquez-Vela Montalvo, Carlos Medina, Manolo Sánchez Rucobo y Fernando Bueno. Con su primer lp se comieron medio mundo, visitando varios países y cruzando el charco, incluso su reputación les llevó a ser reclamados para abrir los conciertos de los legendarios The Rolling Stones en su país, y la lógica sigue su curso con este trabajo volverán a cosechar éxitos porque su calidad está fuera de toda duda y con el han dado un paso de gigante en su consagración. Solo espero verlos pronto defender estas canciones en vivo y ya puestos a pedir...que nos regalen una edición especial con temas extras de este sobresaliente 'Río salvaje', tal como hicieron con su antecesor.

spotify:album:5ooYAFLqUJiXfGzjVgG5N0

jueves, 16 de junio de 2016

HANGING VALLEYS

ENDLESS WAVE (2016)

Hay quien asocia según que sonidos con el clima o la época del año o más concretamente con las estaciones, y consume más música de un género o de otro en base al paisaje que se dibuja en determinados momentos vividos en cada fenómeno meteorológico. Me refiero a que es habitual que muchos recurran a discos de poso triste y melancólico en días de lluvia del mismo modo que tiran de álbumes trepidantes y respladecientes en jornadas soleadas y eso tiene toda la lógica del mundo, pero a mi me pasa un poco lo contrario. Por lo general si una mañana, tarde o noche se presenta con leve o intenso aguacero, cielo gris y frío en el ambiente, prefiero buscar el contraste en el reproductor y que suene algo alegre, no sé, tipo power-pop, indie-rock o similar (hay tantas propuestas que levantan el ánimo), y si luce despejada de nubes, radiante de luz y calurosa, suelo abrazar el confort de un buen tratado folk, slowcore o alt-country (también hay muchas otras que incitan a la pesadumbre). De alguna manera me sirve para encontrar un equilibrio, aunque no siempre busco esa confrontación de emociones entre lo visual y lo auditivo porque también hay proyectos que tienen esa condición atemporal que les hace aptos para cualquier momento sin importar lo que te pida el cuerpo, porque siempre se agradece degustarlos. Entre ellos están estos Hanging Valleys que desde hace unas pocas semanas han pasado a ser banda sonora recurrente para un servidor merced al cada vez más excelso colectivo Pedro y El Lobo, que me los dio a conocer formalmente.

No es la primera vez que aparece el nombre de este gran asociación con sede en la Ciudad de México, que se compone de un notable grupo de artistas emergentes, un estudio de grabación y una discográfica independiente (bautizada con la abreviatura PYL Records) y a buen seguro que no será la última, porque desde que hace unos años fueran responsables de organizar el mejor directo que he tenido la suerte de presenciar (el que dieron Big Big Love en el Lunario de la capital azteca), he seguido con interés su evolución, cada día más marcada con visos de extenderse más allá de su radio de acción inicial al haber empezado a colaborar con compositores y bandas internacionales como Low Roar, Luz Elena Mendoza (voz de Y La Bamba y Tiburones), The Go-Rounds, Elizabeth Pixley-Fink y My Empty Phantom, que unidos a talentos locales como Joaquín García & The Local Universe, Gloom o Page Sounds, forman una plantilla de implicados de auténtico lujo Además su actividad no se ha limitado a las tareas de plasmación y han ido creando aparte un ciclo de shows en vivo bajo la denominación Ordinary People, por el que han pasado grandes nombres como The Album Leaf, Alexi Murdoch, Patrick Watson y Balmorhea.

Este trío del barrio londinense de Greenwich (Inglaterra), es otro de los que forman parte del lustroso catálogo de inmersos en iniciativas llevadas a cabo por estos intrépidos melómanos que funcionan más como unos apasionados que como unos empresarios interesados en lucrarse al máximo. Quizá por este último detalle es que todo lo que rodea su ambiente tiene esa pureza tan llamativa que deriva en adicción para el oyente. Con motivo de la visita de estos muchachos para ejercer de teloneros del inimitable Patrick Watson en su presentación en el antes mentado Lunario del Auditorio Nacional, se gestó la idea de grabar en directo en un pequeño bar de la Colonia Roma llamado Departamento (en el cual últimamente están organizando muchas sesiones muy íntimas, en vivo y con público), filmando de paso un vídeo del tema que ha de marcar un antes y un después en el devenir de Thom Byles, el verdadero ideólogo de este proyecto que un principio estaba planteado como un vuelo en solitario. Nacido en el Reino Unido, cursó la preparatoria en el Norte de la Ciudad de México y la existencia de un amigo común hizo posible que los caminos de colectivo y artista se entrelazaran de forma natural. Comenzó bien joven a crear sus propias canciones y pasado un tiempo prudencial decidió llevar a cabo la producción de su primer Ep 'The great outdoors", compuesto por cuatro cortes que se pusieron a la venta en formato físico. En la actualidad no quedan copias disponibles de ese brillante trabajo, pero tenemos la suerte de poder adquirirlas en la bandcamp del grupo aunque separadas como singles. Las firmó con su nombre pero ya forman parte de esta nueva historia que se asienta con "Endless wave", la pista que unas líneas más arriba he definido como punto de inflexión en la trayectoria del vocalista, músico y compositor anglo-mexicano. Atrás quedan los Ep's 'Step into the weather' y 'Things you've done' y los sencillos 'The big freeze', 'Night sky' y 'Puddles', material embrionario eliminado de la red en su firme decisión de hacer borrón y cuenta nueva. Nada queda de aquel imaginario que se rumorea poco tiene que ver con los sonidos que le han motivado a asentar las bases de una banda al uso y lo cierto es que una vez que escuchas lo que proponen Hanging Valleys, carece de importancia saciar la curiosidad de saber como eran aquellas primeras maniobras auditivas.

La sensibilidad instrumental de Mike Phillips y Alexis Meridol, sus nuevos compañeros de correrías, unida a su deslumbrante voz, nos llevan a horizontes afines a Justin Vernon y sus Bon Iver o a la etapa más reciente de Damien Jurado, pero con un toque personal. Un quinteto de depuradas piezas que sirven para dar a conocer a un talento en ciernes que de momento ha comenzado a recoger la recompensa al trabajo bien hecho, siendo recomendados en emisoras radiofónicas de prestigio como la BBC y siendo elegidos para abrir a William Fitzsimmons en su última gira por la Islas Británicas. Si echamos la vista atrás y empezamos la audición en orden cronológico una vez que entremos en el enlace que he adjuntado al final de estas líneas, lo tendremos que hacer iniciando la cosa con "Lighthouse", editada hace algo más de dos años y que ya indicaba el camino a seguir destapando el tarro de esencias, con ese registro vocal que usa el falsete como legítimo recurso y esa instrumentación exquisita que flota sobre una deliciosa cubierta acústica que me atrevería a decir que coge prestados algunos conceptos del dream-pop para la utilización de las atmósferas. Siguiendo la relación espacio-temporal a continuación vendría "Y.O.Y.O. (you're only young once)", que flirtea con el soul en su melodía y que va progresando en ritmo sobre la marcha, una tonada intimista que sin embargo encuentra un halo de emotividad contagiosa en ese tierno estribillo que acompaña una certera percusión que aparece en segundo plano para reverdecer su espíritu bucólico, "The great outdoors", una canción suave, cálida, orgánica, que pide cerrar los ojos para ser sentida por encima de ser simplemente escuchada, poseedora de un efecto envolvente que puede traer a la memoria las composiciones más experimentales de la ópera prima de Volcano Choir, "In your blood", una hiedra sonora en la que el bajo marca la pauta y las estrofas tocan la fibra,y que pasaría por ser posiblemente la mayor creación de Byles hasta la fecha de no ser por el nacimiento de "Endless wave", un manjar de elementos sabrosos donde los beats, los samplers y las guitarras hacen magia adornando la que pasa por ser la piedra angular que ha de liderar esta nueva mutación a conjunto de tres componentes y cuya portada he seleccionado para dar lustre a este post. En resumen, un sobresaliente aperitivo para ir abriendo boca ante lo que venga a partir de aquí.

https://hangingvalleys.bandcamp.com/

lunes, 6 de junio de 2016

BLACK LIPS + MUDHONEY + BRADFORD COX - JORNADA DE CLAUSURA PRIMAVERA SOUND (PLAZA JOAN COROMINES DE BARCELONA) 05/06/16

MY BROTHER THE COW (1995)

Formidable tarde la de ayer en la plaza que da cobijo al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde dentro de la programación del Festival Primavera Sound pudimos presenciar una serie de directos en dos escenarios distintos para dar el carpetazo definitivo a unas jornadas que han traído una afluéncia de público record, al menos en lo que se refiere a los tres días oficiales, es decir, los que ofrecen conciertos en el Fórum con acceso exclusivo a personas con abono o entrada de día. Se dice que han asistido más de doscientas mil almas, pero si sumamos la cantidad de personas que se dieron cita en diversos rincones de la ciudad para ver los recitales que se ofrecían a coste cero, la cifra debe de impresionar todavía más. Por ejemplo en el menú del ''Primavera al Raval' que se ha celebrado durante el fin de semana de Viernes a Domingo en el centro de la capital, se han incluido, entre otros, los nombres de bandas emergentes como los gerundenses Cala Vento, los italianos C+C=Maxigross o los estadounidenses Downtown Boys, y artistas consagrados como el californiano Cass McCombs, el australiano Robert Forster (mitad de The Go-Betweens), los pioneros del dream-pop A.R. Kane, los tinerfeños Pumuky, y los tres grandes que tuve la suerte de ver ayer, Bradford Cox, Mudhoney y Black Lips.

Tenía previsto acercarme al lugar aunque fuera en soledad, pero probé a atraer la atención de los amigos dejando información de esta historia en el grupo del equipo de basket al que pertenezco, y sonó la flauta, porque finalmente dos ellos se animaron a venir. Nico y Jose, fueron perfectos maestros de ceremonia e inmejorable compañía, aunque el primero de ellos y yo, tuvimos que esperar un rato largo al segundo y a su compañera sentimental en el famoso café Zurich anexo a Las Ramblas, un punto de encuentro recurrente para todo ciudadano de esta cosmopolita urbe. El sol abrasador hizo que el trayecto se hiciera largo, pero cuando llegamos, un refrigerio líquido nos refresco el gaznate y nos dio el empuje necesario para abrirnos camino con fuerza hacía un lugar con buena visión para presenciar la actuación de Bradford Cox, líder y vocalista de Deerhunter y Atlas Sound, que muy de vez en cuando actúa bajo su nombre real acompañado de bueno instrumentistas con los que repaso esbozos de canciones dando total espacio a la improvisación, algo que hace que su ofrenda sea muy disfrutable y atraiga los cinco sentidos. Con un look muy veraniego en riguroso lino blanco, el espigado muchacho de Marietta (Georgia), nos regaló tres cortes de larga duración en los que metió todos los ingredientes que iluminan las propuestas de sus proyectos.

Un percusionista con Don de gentes (se dirigió más veces al respetable que el propio Cox), un saxofonista con pinta de haber sido luchador de wrestling, un batería con empaque, un bajista sobrio y un notable guitarrista de acompañamiento, le sirvieron a apoyo sobre las tablas, y aquello sonó impecable en una maraña de efectos, más próximo al shoegaze y el indie-rock actual de lo que encontramos en los discos de sus bandas. Una agradable sorpresa, la verdad, porque yo esperaba algo más íntimo, acústico quizá y con solo él allá arriba, pero lo cierto es que todo lo contrario porque fue un directo al uso pero con mucha energía e intensidad.  Lo mejor fue que rescató la estupenda "Nothing never happened" del 'Microcastle' de sus Deerhunter, para alegría global, y encima lo alargó hasta la extenuación añadiendo capas y más capas. Fue un lujo acabar la faena así y sin darnos cuenta se despejó todo y ya estaban Mudhoney probando sonido, prescindiendo de los habituales 'pipas', con la mayor tranquilidad y sin vitoreos exacerbados por parte de los presentes, quien sabe que fue de los apasionados seguidores del grunge que hace veinte años se sabían las canciones de estos tipos al dedillo y que ahora ni se inmutan al verlos castigar sus utensilios.

En fin, que mas da, yo iba predispuesto a disfrutar la máximo de ellos, decidido a quitarme la espina del 2012, cuando eché a suertes ir a verles íntegramente o ver tan solo un cacho de su actuación en el PS, por coincidir en horario con otros dos ilustres de mi agrado, Mazzy Star y Death Cab For Cutie, y todo quedó en agua de borrajas cuando antes de acabar los de Hope Sandoval me aventuré hasta donde actuaban y solo pude escuchar una triste nota acompañada de un 'goodnight, Barcelona', vamos, que tenía una asignatura pendiente y tenía que resarcirme, y vaya que si lo hice, porque degusté con emoción cada detalle de lo que nos mostraron ayer. Mark Arm, Steve Turner, Dan Peters y Guy Maddison, están en mejor forma que nunca y lo demostraron con un set de algo más de una hora en el que hicieron un repaso a casi toda su discografía (quiero decir que hubo cabida para mínimo un tema de cada uno de sus discos). Sin grandes aspavientos como he dicho antes, comenzaron cuando les dió la gana después de llevar un rato trasteando sus cacharros y lo hicieron con la arrolladora "Get into yours", de su debut hómonino, nada menos, menudo inicio, virgen santa! rescatar un tema de hace veintisiete años era toda una declaración de intenciones y en esas se mantuvieron hasta el final. Sin tregua, pero tras servirse unas copas de vino blanco (que tíos tan finos, elegantes y sibaritas estos Mudhoney, oigan) cayeron "I like it small", de su más reciente obra 'Vanishing point', que es igual de digna que cualquiera de antaño, "Who you drivin' now" y "Broken hands", de su segundo álbum 'Every good boy deserves fudge', "This gift", regreso a sus orígenes que sonó cautivador, "Inside job", uno de los mejores cortes del disco que significa su entrada en el nuevo milenio, es poderoso 'Since we've become translucent', "1995", el tema estrella del brillante 'Brother the cow', uno de sus mejores trabajos y el cual enlazaré al final de esta crónica, "In 'n' out of grace", obviamente sin esa mítica intro que se escucha en la versión de estudio con la voz de Peter Fonda en una escena de 'Wild angels' y que después usarían también Primal Scream en el single "Loaded", pero que puso los sentimientos a flor de piel (al menos los míos) recuperando el esencial Ep 'Superfuzz bigmuff', del que acto seguido rescataron también "No one has", ya con Mark Harm mutando en una versión grunge de Iggy Pop, imitando sus movimientos pero con la camiseta puesta, "Judgement, rage, retribution and thyme", otra perla clásica en su repertorio, "Touch me, i'm sick", la más celebrada por todos, tal vez su buque insignia, y es que esta es la canción que reúne todos los parámetros de su actitud en una ópritca sónica, "I'm now", de 'The lucky ones', salto hacía adelante, puesto que fue una de las pocas licencias que se tomaron respecto a sus referencias más cercanas en el tiempo, y continuaron en esa línea con "The final course", "Chardonnay" y "The only son ofthe widow from nain", de su último trabajo, para despedir con un poco de cordura comercial un bolo extraodinario. Por algo son para muchos la banda más auténtica que surgió de Seattle (Washington) en aquellos años de esplendor alternativo.

Sin mucho tiempo para recuperarse del ciclón punk rockero, tras una breve charla, nos dimos cuenta de que los cuatro cafres de Black Lips ya estaban armando jaleo bajo la carpa. Los de Atlanta (Georgia), no se permitieron respiro alguno y en su hora y pico de gamberro despiporre fueron desfilando un sinfín de cortes de rock garagero directos a la yugular. Ante la atenta mirada de sus familiares (esposas e hijos pequeños), fueron ejecutando con precisión pero anarquía "Sea of blasphemy", encargada de destapar la caja de los truenos, "Modern art", ideal para empezar a bailar e introducirse en su universo, "Family tree", montaña rusa de coralidad con aires western, quizá mi favorita de la banda, "Justice after all", con un Cole Alexander (que actúo el día anterior en el mismo marco con su proyecto paralelo Old King Cole Younger) inquieto dándolo todo en ese medio tiempo tan afín a The Clash, "Dirty hands", esa delicia sixtie que trajo la anécdota de la noche al animarse uno de los miembros del staff del grupo a pedir matrimonio publicamente a su pareja con una respuesta afirmativa como final feliz, "Short fuse", trepidante y seductora, "O Katrina!", posiblemente su canción más emblemática que puso a todo el mundo a cantar, "Drive by buddy", abrazando las leyes del psychobilly de los The Cramps más accesibles, "Drugs", en la que se lo pasaron en grande recitando su esclarecedor texto, "Boys in the wood", tonteando con el blues en su adaptación al directo más de lo que se aprecia en estudio, "Make it", más carnaza festiva, "Not a problem", acercándose más a The Libertines que a los primeros The Strokes, "Stranger", ruda y salvaje, y un póker de piezas viejo y puro rock'n'roll formado por "Stuck in my mind", "Smiling", "Raw meat" y la ¿autobiográfica? "Bad kids", traca final para una velada sensacional. Salimos de allí sonrientes y satisfechos y redondeámos con una visita a un pequeño local donde nos zampamos un panini de salami que no se lo salta un torero. Todo a pedir de boca.

https://www.youtube.com/watch?v=71_5mUxKQzo

sábado, 4 de junio de 2016

SUEDE + GOAT - JORNADA INAUGURAL PRIMAVERA SOUND (FÓRUM DE BARCELONA) 01/06/16

COMMUNE (2014)

Gran tarde-noche la del pasado Miércoles en la inauguración del Primavera Sound 2016, con un cartel atractivo que incluía las actuaciones de Doble Pletina, El Último Vecino, Sr. Chinarro, Goat y Suede en el Parc del Fórum de la Ciudad Condal. El acceso era gratuito y eso permitió que me fuera más fácil atraer la atención de mis amigos Serra, Toni y Nico, que desconocían la mayoría de bandas que formaban parte de la programación pero que se apuntan a un bombardeo si hay visos de pasarlo bien. Fue un acierto por su parte porque pasamos un buen rato a pesar de que tan solo pudimos ver a los dos últimos grupos entre los que he citado unas líneas más arriba, y es que la inoportuna huelga de transporte que está matando estos días a la gente de a pie de este urbe, forzó que un servidor decidiera coger el coche y tuviera que comerse con patatas el tráfico infernal de la ronda. Salimos de mi barrio a eso de las seis menos cuarto con la seguridad de que nos perderíamos el inicio, porque vivimos en la otra punta de la capital, pero no esperábamos estar casi dos horas atrapados en una interminable caravana ni pasar tantos apuros a la hora de aparcar en una zona que no está tan superpoblada como otras, pero bueno, la intención era ver mínimo a los dos reclamos más importantes del menú, el par de formaciones internacionales encargadas de poner el broche de oro a la velada, y por suerte a eso llegamos relajados o casi, porque al entrar al recinto ya se escuchaban las primeras notas de la apertura de Goat, mi obsesión de la jornada.

Al sexteto de Korpilombolo (Suecia), lo tengo en un pedestal desde que mi chica me los dio a conocer con el bestial 'World music', uno de nuestros discos favoritos de lo que llevamos de década, un compendio de sonidos excitantes que fusionan con una puesta en escena deslumbrante, llena de ritmo y color. Había visto como se las gastaban en directo en un vídeo que muestra por completo su presencia en un festival escandinavo (creo). Aluciné al verlo, por su potencia, su parafernalia, su efectividad en ese formato y claro, tenía muchas ganas de verlo por mi mismo, aunque no fue hasta última hora que supe que podría darme el gustazo porque la verdad es que me daba mucha pereza desplazarme hasta allí solo y propuse un poco tarde a la cuadrilla la idea de ir. Posiblemente por esa sensación de la ilusión cumplida me marqué un sprint casi adolescente desde la entrada al escenario y llegué agitado a agenciarme un buen lugar de preferencia casi sin percatarme de que dos de mis colegas se habían quedado atrás en busca de los urinarios. No pasó nada, enseguida nos encontramos y ya metidos en harina nos concentramos en la función, porque lo que nos brindó esta gente no fue un espectáculo musical al uso.

Ataviados con sus largas túnicas y sus máscaras tribales, los nórdicos ejecutaron un set sin tregua que sobrepasó por escasos minutos la hora de duración, pero el hecho de que enlazaran la práctica totalidad de sus canciones y que no mediaran discursos entre medias hizo que todo fuera más intenso. Las danzas de las dos vocalistas del grupo llevaron el peso junto a la pericia instrumental. Todo era magnético, cada detalle tenía su interés, ya fuera el riguroso oscurantismo del bajista o la inmaculada claridad del guitarrista, la imponente espiritualidad de las mentadas cantantes o la contundencia del un batería que en un segundo plano llevaba el compás con soltura, pero lo que de verdad cuajó fue el repertorio

Su afrobeat de tintes psicodélicos, sonó atronador, con esos riffs deudores de Jimi Hendrix y esa esencia heredera del mejor Fela Kuti, convenciendo a propios y extraños defendieron canciones tan grandes como "Words", a la que aplicaron una maquinaria de efectos digna de los más granado del krautrock, "Talk to God", mucho más intensa que su versión de estudio, "Gathering of anciente tribes", mi favorita de la tarde, una pieza que hizo temblar los cimientos y que nos arrancó el alma para dejarnos sin aliento en un baile psicotrópico eterno sin necesidad de recurrir a drogas artificiales, "Let it bleed", un vendaval de energía vocal, "Disco fever", una de las composiciones más fieles a su devoción por las sonoridades africanas, la eléctrica "Run to your mama", soberbia en cuanto al tempo, deslizando las baquetas sobre los parches y estirando las notas al más puro estilo Black Sabbath, "Goatslaves", tal vez su corte más emblemático, un ciclón del desierto que crea una maraña ruidosa donde se unen los estigmas del space-rock y la electrónica primitiva, y un bis con "Hide from the sun", afinando su depurada técnica en virtud de un aura setentera y un místico sentimiento arábigo, y "The sun to the moon", envolvente magia de proximidad funk que supuso su despedida. Me quedé totalmente saciado y entregado a este monstruo de seis cabezas. Muy grandes, aunque no todos los presentes los conocieran o entendieran su mensaje.

Puede ser que la razón fuera la distancia que les separa en cuanto a popularidad del plato fuerte de la noche (o al menos el que motivó a la gente a acercarse al lugar), porque los británicos Suede son ya un clásico de la escena pop y su música no entiende de experimentaciones ni innovaciones y ni falta que hace porque siempre fueron una máquina de construir hits y pasadas tres décadas desde su fundación siguen en plena forma. Un lustro después de su reunificación, la banda liderada por el inefable Brett Anderson pisaba tierras catalanas con el reciente 'Night thoughts' bajo el brazo y no solo no defraudaron si no que sorprendieron a propios y extraños con un recital que superó con creces las expectativas meramente nostálgicas. Nos obsequiaron con un show trepidante en el que no faltaron sus cortes insignia y en el que lo dieron todo, así, literalmente, por lo menos su alma mater, que acabó con una sudada de órdago, con la camisa rota, y manoseado por la descarada marabunta de las primeras filas.

Puesta en escena en loor de multitudes y enseguida a ponerse el mono de trabajo y tocar una colección de canciones impolutas con "Introducing the band" a la cabeza, una de las mejores piezas de su reputado segundo álbum 'Dog man star', que por su introducción épica ya se podía presagiar que usarían como inicio, luego siguieron con "Outsiders", una de las mejores de su último trabajo y que recupera las antaño más visibles influencias del grupo (The Cure y Pulp, aunque quizá esta no esté tan clara, porque son coetáneos al fin y al cabo) para ponerlas a disposición de una audiencia que recibió bien los nuevos cortes pero que en el fondo anhelaba la retahíla de himnos, y no se hicieron de rogar porque acto seguido llegó "Killing of a flashboy", del genial 'We are the pigs', que esta vez sonó más aguerrida de lo normal, despertando al personal que todavía estaba metiéndose en el meollo tras el parón para refrigerarse, cambiar el agua al canario y cargar la maleta estomacal.

A continuación llegaba el primer golpe en la mesa con la esperadísima "Trash", la secundaria de lujo de aquel glorioso 'Coming up' que pronto cumplirá veinte años, una de esas canciones que forman parte de la banda sonora de una generación y que nos mostró a unos músicos entregados, tanto que la enlazaron con "Filmstar", su predecesora en aquel pedazo de disco y aunque yo esperaba que la fiesta siguiera con "Lazy", todo quedó en agua de borrajas por finalmente fue uno de los descartes entre sus grandes éxitos (esto ha sonado a título de cassette de gasolinera), pero como no hay mal que por bien no venga, me consolé con la magnífica "Animal nitrate", en la primera concesión a su ópera prima de título homónimo, para volver a su segundo asalto y rescatar "We are the pigs", que maravilla cantar su estribillo a viva voz, "Sometimes i fell i'll float away", de aquel 'Bloodsports' que les sacó de un ostracismo discográfico que se alargó la friolera de once años, "Everything will flow", perteneciente al que hasta el momento era el único álbum sin canción alguna en el setlist, "The drowners", otra vuelta a sus orígenes, enérgica, vital, la balsámica "Still life", otro guiño a su segunda referencia, que he de confesar que es mi predilecta, "For the strangers", momento en el que el bueno de Brett casi fue violado por la multitud, que metían sus manos hasta el garrón sin ningún tipo de rubor, y es que creo que no fue buena idea lo de acercarse tantísimo a la gente, aunque bueno, bien mirado también es saludable que los artistas se humanicen de esa manera, y una recta final con "So young", "Metal mickey" y la deseada "Beautiful ones", que dieron paso a un breve descanso antes de un bis formado por una relectura acústica de "She's in fashion" y la significativa "New generation". Memorable. Tras la descarga de adrenalina, encuentro con los impagables bboyz, del blog cinco estrellas 'Café, copa y puro', que en pocos días seguro que hará una crónica de lujo de lo que ha vivido en los tres días grandes del festival (suertudo él!) y Miguel Arribas, orgullo colchonero y gurú de los melómanos apasionados, una charla conjunto tan agradable como cabía esperar y a buscar el coche para volver a casa con la satisfacción de haber pasado una fantástica noche.

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