VILLENEUVE

miércoles, 3 de diciembre de 2014
FIRST DATE (2005)

Ante la paupérrima propuesta televisiva con programaciones sosas o directamente vergonzosas con programas de cocina, reality shows, aburridísimos debates políticos en los que periodistas de ideología dispar pero bien clara despotrican contra todo, tertulias futbolísticas de atroz fanatismo, películas repetidas hasta la extenuación y series nacionales de argumento mascado, a la cabeza, he hecho algo que va en contra de mi religión...he apagado la caja tonta, y descartando la idea de ponerme a empezar un libro que me dejaron hace tiempo y que me ha dado pena ver con un dedo de polvo en su cubierta o ver algún episodio, documental o partido de basket clásico en el ordenador, me ha parecido un buen momento para escribir en el blog, con la manta dándome calor y la mera compañía de la luz de la mesita de noche para dar un ambiente idílico a la escucha del disco del que voy a soltar prenda. De hecho creo que ha sido una de las mejores ideas que he tenido siempre, porque me siento muy a gusto a esta hora, no se oye un alma en la calle y el ambiente es relajado para hacerlo. Evidentemente, el álbum elegido para la ocasión, sirve de hilo musical a este plácido espacio haciendo que todo sea todavía más grato.

Un disco de esos que no siguen una corriente concreta, cuyo sonido ha cobrado mas valor con el paso del tiempo y que a pesar de que no se puede considerar un éxito visto en perspectiva, apuesto a que sentará muy bien a cualquiera que quiera llevárselo al oído sin prejuicios. Sigue fresco casi una década después de su edición, y a pesar de que este proyecto encabezado por un solista de origen galo que reside en París (Francia) y varios músicos de acompañamiento elegidos para la ocasión, se ha mostrado poco prolífico hasta el momento, editando a cuentagotas (un Ep y dos Lp's, avalan su trayectoria) y sembrando la duda sobre su continuidad por el creciente protagonismo de Team Ghost, como preferencia artística de este hombre, y los cuatro años que han pasado desde su último lanzamiento, es bueno reivindicar su valía en la actualidad. 

Una considerable parte de la escena pop francesa, especialmente cuando se trata de proyectos unipersonales, suele decantarse por el eclecticismo como discurso y Benoît De Villeneuve, nombre del compositor y músico que asume la autoría de esta obra, confirma esa regla.  En 'First date', cocina y sirve un suculento plato combinado para comensales que aprecian la electrónica bailable, el power pop, las melodías ingrávidas, los acercamientos al r'n'b y los arreglos de cuerda dramáticos. Fue este su largo de debut y posiblemente su trabajo más emblemático, sobretodo porque contiene un par de caramelos efectivos, pero en realidad es un disco bastante redondo que juega con los estribillos cálidos y los ritmos pegadizos.

Conocido por sus colaboraciones con sus populares paisanos de M83 y el respetado (al menos en el país vecino) productor y dj, Agoria, aquí exprime todas sus ideas hasta llevarlas a otro nivel, concebiendo un pop exquisito de texturas digitales. Grabada y mezclada con un ordenador PowerBook 4G Titanium de Apple, esta 'Primera cita', contó con voces femeninas amigas como principal baluarte. Unas participaciones que dotaron de mas cuerpo a unas canciones que ya de por si inspiraban una luminosidad accesible. Catorce deliciosas piezas con el synth pop de "Oh No", esa joya en la línea de I Am The World Trade Center, y "Plus Vite que le Temps", con la bella voz de Pat Deziel, como estrellas absolutas de la función, pero como exquisiteces complementarias tan disfrutables como"Mercury", precioso inicio con la profundidad enternecedora de Mélanie Pain (una de las cantantes de los ilustres Nouvelle Vague, que canta la mayoría de temas del lote) al micrófono, un corte al que no falta de nada, navegando entre el pop barroco con esos violines y flautas, y la indietrónica del sello Morr Music, como si fuera la respuesta afrancesada al discurso germánico de Lali Puna o al británico de Lamb, "The falling", convincente paseo por la pasarela del downtempo y la bossanova contemporánea de reminiscencias jazzísticas, trayendo a la memoria tanto a Everything But The Girl como a The Cinematic Orchestra, "Tomorrow.|.Never", suave e intimista, con la mera presencia de unos sonidos sintetizados sutiles y un vibráfono en la línea del Yann Tiersen más reposado, "Words are meaningless", fascinante cambio de registro con un tono robusto casi recitado en spoken word, del que imagino se encargó el propio Benoît, una instrumentación firme, una armonía dimensional y unas guitarras a tiro de piedra del dream pop pero también del slowcore, "Things are gonna change", sin duda su hit inmediato por antonomasia, con la presencia de la semidesconocida Suzzane Thoma, que le da un colorido elegante y glamouroso a su condición de pista capta-audiencias, "Sport hit paradise", delicia coral que se aproxima con sigilo a las coordenadas de Ms. John Soda con ese compás trotón y esos excitantes juegos vocales, "Men like you", en la que entra a competición la inmediatez eléctrica acercándose a los parámetros del rock alternativo, con un trepidante duelo vocal con Janice Andrade, cantante de origen canadiense asociada al funk, estilo que prevalece en esta canción, por cierto, y "Nameless", melancólica despedida instrumental de gélida tempestad.

Un disco formidable que Benoît De Villeneuve barnizó con su pericia, junto a las interesantes compañías mentadas en el texto y con la ayuda en tareas de producción de Cédric LeRoux, J.P. Chalbos y TomKz. Publicado por la prestigiosa [PIAS] Recordings, la portada del álbum refleja el cartel promocional de la película de 1976, 'La Marge', con una imagen de la actriz principal de dicho filme, Sylvia Kristel, que fue mito erótico de la época por interpretar el personaje protagonista de la saga 'Emmanuelle' , y que falleció hace escaso tiempo.

UMA TOTORO

martes, 28 de octubre de 2014
ENERGÍA SOLAR PARA TORTUGAS GIGANTES  (2014)

A las 6 de la madrugada del pasado Jueves, encontré el momento idóneo para disfrutar en todo su esplendor, del que quizá sea el disco que esperaba con más anhelo de entre todos los que tenía conciencia que iban a ver la luz este año. 'Energía solar para tortugas gigantes', tercera referencia del dúo de Buenos Aires (Argentina), Uma Totoro, estaba a disposición de sus seguidores desde hacía ocho días y un servidor ya le había dado un buen puñado de escuchas, pero en la fresca noche otoñal, con el silencio comatoso de la ciudad despertando, los focos de las farolas iluminando a medio gas, y las persianas de los comercios rompiendo con el ensordecedor ruido la calma de la primera hora, me supo a gloria para encontrar ese punto intermedio que necesitaba para conectarme sin necesidad de que eso supusiera salir de un estado de pureza relajante acorde a la rutina de iniciar una jornada laboral intensa. Iba a afrontar diecisiete horas de faena divididas en dos turnos con un breve intervalo de media hora, así que necesitaba algo enérgico para mis oídos al despertar y darme el paseo de mi casa a la estación de tren donde tenía que efectuar mi labor, pero a la vez, también requería un poco de variedad en el discurso sonoro a elegir, con lo que no dudé en reproducir esta joya, porque Fran y Abrahin, han conseguido parir ocho canciones enormes que destacan sobretodo por la virtud de ir más allá en su desarrollo, influencia y ejecución, alcanzando una madurez extraordinaria.

Sin desmerecer en absoluto sus dos anteriores plásticos, 'Uma totoro' y 'Aparatos que median entre la realidad y el hombre', el que nos ocupa raya un escalón por encima en sentido ecléctico. Se atreven a darle un matiz electrónico más explícito, el post-rock, el kraut y su característico noise-dance, siguen ahí, como géneros predominantes, pero en democracia con una brecha abierta para que entren en juego otros estilos e incluso una sensibilidad acústica que les va como anillo al dedo. Canciones con más músculo cerebral, sin dejar aparcada esa distorsión abrasiva que inundaba sus antecesores y una accesibilidad mayor como razones de peso para confirmar este álbum como el mejor de su discografía. Sin embargo, si algo resalta en este nuevo paso es que a pesar del cambio, hay una fidelidad a su manera de hacer las cosas, pues seguimos reconociendo a la primera que es una obra que lleva su firma distintiva. Uma Totoro siguen sonando a ellos mismos, con referencias reconocibles a abiertas a la percepción de cada uno.

Cuando tuve acceso a sus recién estrenadas composiciones, reconocí su sello personal desde la primera nota. "Yo tengo pájaros", inicia la faena. Un ritmo próximo al drum 'n' bass con una guitarra de línea hipnótica y punzante, que me trajo a la memoria a los asturianos Manta Ray, un corte que abre la veda de los excelsos giros estilísticos, con ese volantazo a mitad que sobre atmósferas etéreas emula a los más granados Flying Saucer Attack, dejando caer por encima una descarga ruidista, una clara declaración de principios para comenzar. A continuación, entra esa intro imponente con un recitado vocal de la película de ciencia ficción japonesa 'Invasion of Astro-Monster', en el que se advierte de que lo que viene puede herir sensibilidades auditivas si no se está preparado de antemano, pero que a los concienciados sienta de maravilla por esos primeros compases dignos de los más ilustres del post-punk como Joy Division (ese bajo parece deudor del que se escucha en "Transmission"), para derivar después en una creación cien por cien genuina, "Lobotomóvil", breve pero asfixiante, espectral, futurista diría incluso, una pieza evocadora que usa un extracto de una entrevista concedida por el científico Stephen Hawking, en la que abruma con sus palabras, y que ellos cubren con capas digitales para darle un enfoque mucho más dimensional, "Incidente Roswell", posiblemente mi favorita del lote, por suponer la enésima vuelta de tuerca a su afán experimental y su facilidad para seguir reuniendo todos los ingredientes que definen la marca Uma Totoro, sin importar que explore otros caminos diametralmente opuestos, una pieza férrea en algún lugar entre Animal Collective y Atoms For Peace, repleta de fiereza tribal y apoyada en una base espacial que encajaría en los primeros títulos de Death In Vegas, "Bombyx Mori", sorpresa mayúscula por que en ella mutan en una banda distinta sin abandonar tampoco su esencia, una pista que se puede definir como un cruce loable entre Yann Tiersen, Godspeed You! Black Emperor, la cara acústica de Radiohead y el lado folk de The Dirty Three, "El sol rebota en los peces", más carnaza acústica con destellos electrónicos, acordes cercanos a Explosions In The Sky y un leve coreo inédito hasta el momento, "Al calor de las máquinas", donde resalta su ya habitual sentido del humor encubierto, al oírse durante su minutaje el lema 'Usted puede utilizar este champú para ser una buena esposa americana', procedente de un par de anuncios publicitarios televisivos de los años 60, en la que probablemente sea la mejor del repertorio o cuanto menos la más directa, y "Costa de Marfil", sobrada de elementos, estirada hasta sobrepasar los diez minutos, golpe en la mesa para confirmar que su nombre debe traspasar fronteras, porque solo los grandes osan concebir y defender una imaginario tan locuaz y terminarlo de esta forma, por la puerta grande a cabeza alzada y con un final para el recuerdo con esa interesante anécdota contada por el psicólogo Carl Gustave Jung, para clausurar el disco. Que grandes son!

Fran Fourcade y Abrahin López compusieron e interpretaron (tocando guitarras acústicas, guitarras eléctricas, bajos, sintetizadores, teclados, violines, voces, metalofones y hasta un secador de pelo en estéreo), y Nicolás Castello (con quien además llevaron a medias las tareas de producción), grabó, mezcló y masterizó este artefacto entre Junio y Julio de este año en el estudio de El Espectral. El arte de tapa y diseño corrió a cargo de Victoria Celestino y Manuel García Tornadu, y dicho todo esto solo me queda recomendados la escucha desde su bandcamp.

http://umatotoro.bandcamp.com/

WOODEN SHJIPS

viernes, 10 de octubre de 2014
DOS (2009)

Noche tranquila, de temperatura agradable, casi hasta demasiado buena para estas fechas otoñales, pero a mi me encanta que se retrase el frío, que luego llega el invierno y se hacen muy largos los días a causa de las inclemencias del tiempo. La cosa es que en veladas tan idílicas como esta, uno se siente relajado y bien despejado de mente, y ahora mismo estaba en tan buena calma que me ha parecido idóneo comenzar una entrada sobre alguna de las bandas que he ido escuchando a lo largo de la semana, la cual he ocupado en disfrutar de como sonaban algunos de los discos que eran desconocidos para mi de entre los seleccionados como imprescindibles en las listas que confeccionaron varias de las personas cuyo gusto musical respeto más, en una publicación común de esas que se convierten en amena tertulia. Sobre la pista de esta banda concreta me puso el inefable Fran Fourcade, mitad de los contundentes e infinitamente recomendables Uma Totoro, que los citó entre sus preferencias y despertó con ello mi apetito voraz por el material del cuarteto de San Francisco (California), pero sobretodo por el álbum que mencionó de ellos, este intenso 'Dos'. Había leído su nombre en alguna revista musical independiente que otra y creo recordar que también en el cartel de algún Primavera Sound, es más, apostaría que fue en la edición de hace cinco años e incluso alguien de mi cuadrilla planteó ir a ver su actuación, pero como digo no estoy seguro y me da pereza comprobarlo. La cosa es que me han encantado y por eso voy a dar la brasa sobre ellos un ratito por estos lares.

Formados a mediados de la pasada década, su sonido experimental y minimalista que bascúla entre la psicodelia y el space-rock, se ha visto fraguado en tres álbumes de larga duración y un Ep, que han mostrado un potencial que les aleja de los referentes que se suelen asociar a las bandas actuales que practican su estilo. The Flowers Of Hell, Spacemen 3 y Comets On Fire, serían las presuntas fuentes de inspiración para cualquier artista que quisiera verse metido en el amplio abanico del alucinógeno género que puebla la actualidad, pero su propuesta no es tan fácil de clasificar y acoge sin prejuicio un eclecticismo en sus composiciones que les acerca más a clásicos contemporáneos inconformistas como Suicide, The Velvet Underground, The Doors, Soft Machine, Loop o Guru Guru. Elementos del krautrock, el acid-rock y el progresivo de los 70's, resaltan en un característico fragor de clara filiación lo-fi, donde priman los despliegues instrumentales, sin preocuparse de alargar un corte más de la cuenta hipnotizando al oyente entre marañas de distorsión robusta. Por ello se entiende que el notable sello neoyorquino Thrill Jockey, hogar de máquinas de ejecución quirúrgica del nivel de Tortoise, Trans Am, Matmos o The Sea And Cake y de revitalistas del olvido como Future Islands y Tunng, les echará el lazo hace unos años.

El que fue su segundo trabajo de extenso minutaje, prescinde de estrofas y de voces salvo como simple añadido, y se regodea en el ruidismo repetitivo como telón de fondo y como coartada para sus maniobras de evasión eléctricas. Una apisonadora de drones, riffs y acordes musculosos que quizás no sean aptos para todo tipo de paladares, pero si para todo aquel que disfrute con grupos como Boris, Japandroids, Psychic Ills o Working For A Nuclear Free City con los que comparten códigos de conducta. Por alguna razón son una de las bandas favoritas del inclasificable cineasta Jim Jarmusch, tal vez porque al igual que el de él, su ideario es complicado de digerir (aunque la manera de llevarlo a cabo es totalmente opuesta), pero cuando te sumerges en su personal y genuino mundo no quieres volver al tuyo ni al de otros, al menos durante el tiempo que dura el efecto de este extraño chute de adrenalina que proponen.

'Dos', es enrevesado, constante, insistente, plomizo me atrevo a decir, pero mágico. Engancha, no sé si de buenas a primeras, pero a la larga, cuanto menos, lo acaba haciendo. Lo veo como la enésima vuelta de tuerca a la psicodelia, una reinvención de sus quehareceres con huecos gigantescos en sus paredes para que entre una balsámica luz de marcadas melodías pop envueltas de ritmos rockeros. Abren la lata con "Motorbike", un zumbido atroz, una línea vocal espectral, unos golpes de batería certeros y una colisión de guitarras retro, con el bajo y el órgano como protagonistas de la función, para un corte que recurre a las artes del punk-rock garagero estadounidense de principios de los 80's, "For so long", que a mi particularmente me recuerda a los Yo La Tengo más oscuros, a esas canciones de los de Hoboken (New Jersey), que se van por los cerros de Úbeda y se antojan deliciosamente interminables, logrando que el receptor pierda la noción del tiempo, "Down by the sea", afilada y desgarrada pieza, en la que parecen invocar el espíritu de The Stooges y del movimiento Detroit, en general, tensando la cuerda hasta sobrepasar los diez minutos, con una explosión final que haría palidecer a los mismísimos Jon Spencer Blues Explosion, "Aquarian time", épica creciente que se agranda hasta abrir surcos en el cielo, con la presencia adictiva de un órgano que evoca fantasmas del pasado, y lo mejor como clausura, esa brutal "Fallin'", que recoge de lo mejor de lo aprendido a base de consumir las discografías de todos los citados (y también la de Devo) y elevarlas a los altares, creando una canción redonda.

Wooden Shjips son Erik 'Ripley' Johnson (que también cuenta con un proyecto paralelo junto a su esposa, Sanae Yamada, llamado Moon Duo), Dusty Jermier, Nash Whalen y Omar Ahsanuddin.

GREGORY ALAN ISAKOV

viernes, 3 de octubre de 2014
THIS EMPTY NORTHERN HEMISPHERE (2009)

Frank Zappa dijo una vez que hablar de música es como bailar arquitectura, y puede que tuviera razón, pero en mi opinión soltó una frase muy filosófica y arreglada pero carente de un sentido coherente, porque si no empleáramos parte de nuestro tiempo libre compartiendo impresiones con amigos, colegas y conocidos, sobre bandas y artistas con los que hemos conectado a través de sus canciones, pues el cerco se limitaría solo a lo que fuéramos encontrando por nuestra cuenta, y eso es ardua tarea, sobretodo en lo tiempos que corren. Es más, viéndolo en perspectiva, pienso que mas que incongruentes, las palabras del difunto genio de Baltimore (Maryland) han caducado, puesto que en la actualidad surge tanto material que es imposible evitar el hecho de intercambiar opiniones, ni que sea para recomendar la escucha de algo desconocido con lo que te has topado casi sin pretenderlo. Precisamente esa ha sido la circunstancia más reciente con la que me he topado, gracias a mi compañero de equipo 'Todoterreno' Yeray, con quien de vez en cuando cruzo impresiones sobre esta afición y que además nos ilustra sobre el tema de vez en cuando con sus publicaciones como colaborador del blog 'Mono de...', que hace escasos días me animó a buscar discos de este quinto mío, protagonista de la entrada de hoy.

No había oído hablar de él y mucho menos tenía conciencia de en que línea iba su discurso, pero al ver su curioso nombre entre la pequeña lista de álbumes difíciles de encontrar en la red que me hizo este hombre para ver si los podía conseguir, sentí el impulso de llevármelo al oído antes de ponerme a la faena de emprender la búsqueda. Nacido en Johannesburgo (Sudáfrica), pero criado en Philadelphia (Pennsylvania) y afincado actualmente en el estado de Colorado, este joven compositor de apellido ruso (o quien sabe si búlgaro), apuesta por un sonido genuinamente americano para su folk de raíz, con influencias de Bruce Springsteen y Kelly Joe Phelps, según la prensa especializada, aunque yo personalmente le veo similitudes con cantautores más cercanos en el tiempo como Iron & Wine, Ben Nichols, Rocky Votolato, Bert Jansch, Josh Ritter o Alexi Murdoch, así como con formaciones como Blind Pilot y Lord Huron, con un toque personal, mucha elegancia, deliciosos arreglos, variedad estilística y un aroma optimista muy embriagador.

Melodías dulces, estribillos fáciles de aprender y tararear...la sonoridad de sus cinco discos editados hasta la fecha, es muy accesible, se digiere con comodidad, pero más en esos momentos en los que uno quiere relajarse tras una jornada dura. Las mandolinas, guitarras acústicas, violines y percusiones reposadas que inundan de belleza sus canciones, sientan tan bien que es inevitable disfrutarlas de un solo bocado, brillan sin resaltar una sobre otra, como un preciado conjunto que cobra vida en su unión, sin sobresaltos, sin experimentos, en línea recta sin desviarse del renglón, aunque sin caer en la monotonía. 'This empty northern hemisphere', cuarta y penúltima de sus obras en ver la luz, supuso un brinco hacía adelante sin necesidad de cambiar sus conceptos, pero con la peculiaridad de que el rendimiento comercial llegó tres años más tarde de que estuviera disponible en el mercado. El motivo fue que una de las pistas sirvió de hilo musical para un spot publicitario de una conocidísima cadena de restaurantes de comida rápida de origen estadounidense y que tiene repartidos locales por todo el mundo (ya podéis imaginar cual es), y como no podía ser de otra forma, su nombre empezó a sonar con fuerza por ser el autor de esa pegadiza tonada.

Quien siembra recoge, a pesar de que sea a causa de algo tan cuestionado como puede ser ceder los derechos de un tema para un anuncio, pero el fin justifica los medios, y la fama que merecía desde mucho antes por sus esfuerzos para dar a conocer algo exquisito y apto para todos los paladares, tuvo al fin su reválida en forma de reconocimiento mediático y popular. Sería un error pensar que es un músico de impacto efímero, porque cualquiera de las trece pistas que iluminan esta colección (compuesta por doce propias y una versión) está al nivel de la elegida para darle a conocer a las grandes masas.

Para comprobarlo os animo a escuchar gemas tan ricas como la inicial "Dandelion wine", fina y reposada, con la sensibilidad del rasgar de las cuerdas como cebo para captar nuestra atención, y una polifonía exquisita que nos emula directamente a Sufjan Stevens, la dulce "Light year", muy probablemente la pieza más delicada y bonita del lote, una delicia con aires soul en un recitado que profundiza en las claves del encanto del repertorio, la nostalgia y la añoranza, a caballo entre la tristeza y la esperanza, dejándote con ganas de no hacer nada más que acostarte boca arriba y mirar las estrellas que emergen detrás de las nubes que se mueven con la brisa ligera de una noche resplandeciente de luna llena, la excelsa "That moon song", un trasfondo cálido, orquestado que recoge influencias de la música tradicional irlandesa, levantando el ánimo de lo ofrecido con antelación, "Evelyn", en la que pone almíbar a su voz para jugar con los falsetes sin llegar al abuso del método, pero asemejándose por momentos al veterano James Taylor o a Colin Meloy de The Decemberists cuando prescinde de la idea, algo que también ocurre en las primeras estrofas de "Virginia May", pieza apoyada en un piano, una armónica y las portentosas gargantas de Gregory y Brandi Carlile complementándose a la perfección, "Big black car", el corte más emblemático de su carrera por la razón que os conté más arriba, una hermosura desde el punto de vista instrumental, pero una proeza desde el lírico con frases tan metafóricas e interesantes como 'la esperanza era una carta que nunca pude enviar / el amor era un país que no podía defenderse', "Idaho", en la que cabe un slide que le acerca al alt-country, estilo en el que demuestra que se podría mover como pez en el agua, "Words", a medio camino entre las formas del jazz más cordial y la bossanova moderna, cercana a lo que las caras b de Coldplay ofrecen o a lo que gustaban de hacer con las canciones lentas en su debut 'Parachutes', "Firescapes", cortísima pero entrañable desnudez de su alma con el simple acompañamiento de un banjo, y para despedirse por todo lo alto, una relectura del "One of us cannot be wrong", de Leonard Cohen, una auténtica genialidad, hecha desde el respeto y la admiración y para la que cuenta una vez más con su amiga Brandi Carlile.

Cada canción cuenta lo suficiente de una historia para transmitir una emoción. Isakov tiene un Don para la apertura de puertas proverbiales, para transmitir y hacer conectar al oyente con su imaginario. Él es un tipo tranquilo que cuando no está de gira ni encerrado en el estudio, se dedica a cuidar de su jardín, y en su labor artística simplemente está ahí para agitar el cielo y el polvo, así como nosotros llevamos sus textos a nuestro terreno. Sus arreglos son exuberantes e intuitivos, dotados de una energía suficiente como para traspasar los altavoces de nuestro equipo de audio, pero nunca cruza la línea del melodrama sobreexcitado, por eso entra tan bien. Para este logro Gregory Alan isakov contó con la inestimable ayuda antes mentada de la sensacional cantante Brandi Carlile (muy recomendables sus discos como solista y sus colaboraciones con Indigo Girls), Jeb Bows, Julie Davis, Jen Gilleran, Jack Leahy, J.C.Thompson, James Han y Phil Parker.

FELA RANSOME-KUTI & THE AFRICA '70

sábado, 20 de septiembre de 2014
AFRODISIAC (1973)

Casi un mes sin aparecer por aquí a causa de las vacaciones de verano y lo cierto es que he vuelto con muchas ganas de reemprender la marcha para compartir las cositas que me he llevado al oído en estos días de paz y sosiego. Ni sé la de horas que habré dedicado entre los últimos días de Agosto y la primera quincena de Septiembre a escuchar música, quizá empujado por los trayectos en coche o por los ratos muertos en la casa del pueblo, donde no disponía de muchos entretenimientos más allá de la televisión, un balón de baloncesto de talla media que tan solo empleé una vez porque tampoco fue muy satisfactorio hacer una sesión de tiro en ausencia de compañía (más que nada porque corrí detrás de la pelota como un pollo sin cabeza cada vez que traspasaba el aro sin red de la canasta del parque) y mi querido disco duro externo, el cual fue la mayor fuente de ocio que tuve en esa estancia. En ese adorable trasto que me acompaña a todos lados cuando salgo de la ciudad, tengo una notable cantidad de discos y películas de los que he dado buena cuenta estas semanas, como por ejemplo 'The visitor', una cinta cinematográfica que tenía pendiente desde que la pasaron en La2 sin que pudiera verla y que refrescó para mi memoria Basma Rihbi, una seguidora de este blog a la que también tengo como amistad en la red social del icono azul con letra blanca, a raíz de una recomendación que hacía de la misma en una publicación con trailer mediante. Una afable película que me agradó mucho sobretodo por contar con el genial actor y habitual secundario de lujo, Richard Jenkins, en uno de los pocos papeles protagonistas que le recuerdo.

Dirigida por Thomas McCarthy del que ya había visto su reconocido filme 'The station agent' (traducida aquí como 'Vías cruzadas'), el argumento no innova en absoluto en su perspectiva de la problemática situación de los inmigrantes en Estados Unidos, pero si ofrece una brillante mirada sobre las relaciones humanas y las segundas oportunidades en la madurez, pero por encima de todo eso destaca por su excitante banda sonora, rica y variada en géneros, con artistas como La Palabra (alter-ego del músico cubano Rodolfo M.Foster, que práctica estilos tradicionales de su país como el son montuno y la guaracha), Jonathan Dinklage (excelente violinista de estudio vinculado a multitud de estilos y hermano del menudo intérprete Peter Dinklage, que precisamente aparece en la antes mentada 'The station agent' y que muchos conoceran por su estelar trabajo en la archiconocida serie 'Juego de tronos'), Ludwig Van Beethoven, Glaucia Nasser y Luca Mundaca (reputadas compositoras de música popular brasileña), Hossam Ramzy (ilustre percusionista egipcio) y el inimitable gurú del afrobeat, Fela Kuti, que es en quien me quiero centrar en esta ocasión.

Y es que en el metraje de este largo, hay mucho ritmo, muchísimo, pero cuando más reluce es cuando el intrigado personaje principal comienza a dejarse llevar por el compás del djembe mientras degusta el cd que le regaló su nuevo amigo sirio para que se animara a conocer otras melodías aparte de las clásicas, que eran las que solían acompañarle en sus jornadas de soledad. Ese compact original del que hablo es el formidable 'Afrodisiac', al menos el que contenía antaño el tema que podemos disfrutar en dicha secuencia, porque en la imagen de la entrega del obsequio se puede ver la portada de otro álbum en el que también estuvo incluida pero que si no recuerdo mal era una reedición de un directo. En cualquier caso, la fuerza del desaparecido genio de Abeokuta (Nigeria), hace resplandecer cualquier momento y fue un gozo recuperar su esencia, pues hacía bastante que no ponía un álbum suyo en bucle, y eso es lo que hice durante el resto de ese día que volvió su energía a las paredes de mi cuarto. De hecho, luego estuve dando vueltas a la búsqueda de una razón convincente al por que de no haberlo escrito sobre él todavía y no halle respuesta. La cosa es que era de justicia dedicarle unas líneas al regresar a la rutina porque siempre fue un personaje al que admiré dentro de la música, y además lo había citado como influencia en post anteriores dedicados a algunos de sus teóricos herederos, como fue el caso de Antibalas, Blk Jks (aunque estos últimos menos obvios). Además, su grandeza y aura fue tal que se le puede tildar como figura única.

Revolucionó el panorama y abrió sendas inexploradas para dar a conocer la raíz africana al resto del mundo. Fue un impulsor que rompió barreras con su fusión entre jazz, funk y cantos tradicionales africanos, con una sección rítmica de vértigo, repleta de vientos en esas canciones habitualmente largas (casi todas sobrepasaban los diez minutos) y con unas letras que siempre tocaron temas sensibles a los derechos humanos y las luchas por la liberación de los pueblos oprimidos. De su ira no se libraron los corruptos dirigentes de su país que le hicieron la vida imposible hasta el final de sus días, con encarcelamientos ilegales de por medio y atentados a su domicilio, como el que causó la muerte a su madre. Eso no fue suficiente para que dejará de luchar por sus derechos fundando inclusive su propio partido político, pero todo esto es harina de otro costal y caldo de cultivo para los que opinan que su excentricidad y compromiso social estuvo por encima de su faceta artística. El hecho de que fuera capaz de tocar mas de diez tipos de instrumentos, tales como el saxofón, teclados, trompetas, flautas, guitarras y diversas percusiones, que publicara más de setenta y siete discos, y la valiente consigna de que cuando grababa un tema jamás volvía a interpretarlo en un espectáculo o en algún otro disco ya que decía que el artista debe crear arte y no repetirlo, hacen que esa acusación carezca de sentido alguno.

'Afrodisiac' (que me voy por las ramas y me alargo demasiado), es una obra gigantesca, aunque cabe decir que a la altura del resto de lo que editó, pues nunca se desvió de la línea de su concepto y mantuvo un pulso digno de elogio. Para su concepción tiró de la ayuda de The Africa 'los i70 (otras fueron Koola Lobitos, Nigeria '70 y Egypt '80), una de sus innumerables bandas de apoyo, y usó parte de su nombre completo. Cuatro piezas como cuatro soles, con mensaje libertario y recitadas en Yoruba, una de las doscientas lenguas existentes en el continente africano. Con un registro vocal que nada tenía que envidiar a los grandes del soul o el jazz de la época, el minutaje apostaba por la incitación al baile desde una óptica terrenal y seductoramente reposada en sus formas de trasfondo. Una pequeña obra maestra que se abría con "Alu jon jonki", casi trece minutos de tesón adrenalítico, una descarga vitaminada con cierto deje rock, "Jeun ko ku (Chop 'n quench)", instrumental, algo reiterativa pero tan gratificante como su antecesora a pesar del leve cambio de rumbo, "Eko ile", prodigiosa, de las que alteran las pulsaciones, un símulo de jam session robusto y correoso donde la voz de nuestro héroe se rasga hasta la extenuación para extraer todo su jugo creativo, y "Je 'nwi temi (No gag me)", la titular de la película que da inicio a esta entrada y que sin duda es una de las creaciones más representativas de la enorme carrera de un talento que desgraciadamente se fundió hace ya diecisiete años, pero que continúa vivo en el recuerdo.

Olufela Olusegun Oludotum Ransome-Kuti, más conocido como Fela Kuti Anikulapo o simplemente Fela, tuvo la ayuda de los impagables The Africa '70, formados por Igo Chico, Tunde Williams, Eddie Faychum, Maurice Ekpo, Tony Abayomi, Isaac Olaleye, Henry Koffi, Akwesi Korranting, Friday Jumbo, Tony Allen (que hace unos años fue miembro de The Bad, The Good & The Queen, supergrupo formado por él, Damon Albarn de Blur, Simon Tong de The Verve y Paul Simonon de The Clash), y los hermanos Lekan y Peter Animashaun. 


EARLY MOON

martes, 19 de agosto de 2014
SONGS WITHOUT A VIOLINIST (2014)

Antes de partir rumbo a mi estimado pueblo para disfrutar de un par de semanas de vacaciones, quiero dejar por aquí un disco que me ha enardecido del primer al último minuto y que además ha caído en mis manos como agua de Mayo en un momento en el que estaba atravesando una pequeña crisis de aceptación musical. Salvo contadas excepciones, la mayoría de novedades que he ido escuchando durante este año, no me han calado muy hondo, no porque estén exentas de calidad, pues Dios me libre a mi, que soy un ignorante a la hora de apreciar la destreza, de poner en tela de juicio la valía de un contenido sonoro, si no porque no he dado con nada que me haya parecido innovador o genuino. Un alto porcentaje de esas buenas nuevas en formato de larga duración, caen en la pretenciosidad, engordando todo con artificios electrónicos que se pierden en el olvido, al menos desde mi humilde punto de vista, y otros se quedan en el umbral oscuro del revival o mas bien de la retrospectiva sin mejorar lo que se creó antaño, con lo cual, quitando unos cuantos grupos que siguen sin defraudar por contar con una dilatada carrera a sus espaldas que les hace incorruptibles, y unos escasos artistas noveles que sorprenden por el gesto espontáneo de ofrecer algo cercano, este está siendo un ejercicio con altibajos, y es precisamente por eso, que celebro que por circunstancias de primera mano, pueda toparme con trabajos que nacen desde la más profunda y auténtica vocación como es el caso de este formidable 'Songs without a violinist' de Early Moon.

Por gentileza de su propio autor, he tenido acceso a este proyecto y enseguida que me hice eco de su procedencia supe que me iba a gustar, porque anteriormente a aventurarse en esta historia personal, este artista estuvo inmerso en las filas de los geniales Kirlian. Aquel grupo de Buenos Aires (Argentina), a cuyo disco de debut tuve acceso también por obra y gracia de sus fundadores, hizo mella en mi con un tratado evocador, y atraído por saber por donde iría encaminado el imaginario de uno de sus miembros tras la triste disolución del quinteto, acudí a la bandcamp para saciar esa curiosidad, pero antes de alabar las virtudes de esta ópera prima quiero contar como empezó a fraguarse la idea.

Tras un impasse de cerca de tres años utilizado por nuestro protagonista para centrarse en sus estudios de arquitectura, una buena tarde a finales del año pasado, mientras su eléctrica y los pedales de efectos seguían acumulando polvo, entró a un local de venta de instrumentos con la intención de comprar un violín, pero se distrajo un largo rato probando guitarras criollas. Tal fue la experiencia con lo que allí gozó que finalmente optó por olvidar su primera intención y salió de la tienda con una preciosidad con cuerdas de nylon, que a la postre sería su mayor compañía, junto a un bouzouki, a la hora de crear esta joya de significativo título. Con esa nueva guitarra, una tarde empezó a tocar, y cantar (cosa que jamas había hecho antes), y salieron un par de canciones, sencillas, pues según cuenta, nunca fue de mejorar mucho lo que salía espontáneamente, amparado en la creencia de que pierde la naturalidad, que si la canción nació así es porque debía ser así, que si la construyes y luego la modificas deja un poco de ser lo que era, y yo como admirador de esta premisa no puedo estar más de acuerdo aún siendo un simple oyente. De esa manera sus composiciones se pueden describir como honestas, muy personales.

Volver a disfrutar de su hobby desde la más profunda humildad y con el reclamo que suponía activar parte de la esencia de su anterior banda, por la posibilidad de contar con la estrecha colaboración de esos compañeros de grupo que considera amigos por encima de todo, fue todo uno, y la magia que fluye de un acontecimiento tan sano como es compartir la pasión por un medio común, se percibe en cada nota de estas ocho magníficas piezas que se concibieron en idílicas jornadas de compadreo vividas en su casa y en la de su colega Adrián Torres (otrora componente de Kirlian), al cual recurrió para que le prestara un micrófono y acabó siendo parte implicada en la grabación. Plasmado queda en pistas tan íntimas como "Rain in the desert", que deja a las claras que estamos un discurso cargado de emotividad, sin necesidad de caer en cuentas pendientes, solo con una teclas y unas cuerdas, apoyando una voz dotada, cálida, con un resplandeciente tono de optimismo, un tema precioso que hace honor a su nombre, pues es tan refrescante como un chaparrón en pleno desierto, recordando un poco, solo por buscarle un símil, a lo que hacían The Flaming Lips en su primer etapa o a unos The Jesus And Mary Chain totalmente reconciliados con la luz, "Night in darkness", como si Bradford Cox, viera la luz al final de túnel cuando muta en su alter-ego Altlas Sound, quizás mi favorita del lote, aunque rayan todas a la misma altura sin bajar el nivel en ningún caso, una canción donde destacan las polifonías y esos acordes nostálgicos que a mi particularmente me suponen un halo de esperanza mental, "Maaneland", querencia lo-fi al más puro estilo del indie-rock noventero, rompiendo una lanza en favor de la melancolía, "Sellanraa", donde reluce sobremanera ese hipnótico instrumento de origen griego que cité antes y que cuenta con la participación de Nicolás Melmann (quien también colaboró repetidas veces con Kirlian en grabaciones y algunos conciertos), prestando su intimidante voz (la cual me trae a la memoria a Tom Waits, aunque no sean calcados) y le sumó a la canción con su pericia en la percusión y la melódica, aires mediterráneos y el espíritu de The Doors planeando en el ambiente distorsionadamente, sin hacer acopio de revelación, incluso me atrevería a decir que en sus dos minutos y pico de duración, se vislumbra más herencia del gothic-folk de The Denver Gentlemen o Michael J.Sheehy, "Meetings with an angel", dulce armonía entre lo bucólico y lo etéreo, exquisita en su exposición, con la nitidez de su voz cubriendo tejidos de fragilidad y dando fe a su mayor logro, que no es otro que sonar pulcro y bálsamico sin alarde, "The kids make me breathe", otra delicia que sumar a esta joya, una instrumental, un par de minutos exactos de libertad para que la esencia personal de cada uno dibuje letras en espacios abiertos, y con un claro sabor americano al igual que la formidable "Memories of a false temple", una sorpresa mayúscula porque pasa por ser una reunión de Kirlian en la que se reverdecen laureles sin acudir a su vieja identidad, pues tampoco es necesario cuando lo que importa de verdad es adaptarse a un deseo, en este caso el de , que tenía en su cabeza lo que quería y ellos, que son unos 'monstruos' como bien dice él, captaron todo de tal manera que no solo lo bordaron si no que ni tan siquiera necesitaron pulirla, la dejaron tal cual se fraguó y el resultado fue óptimo, y "Trompe l'oeil", broche de oro que juega con el mismo doble sentido que lo hace esa técnica pictórica que se basa en el intento de engañar la vista jugando con el entorno arquitectónico, la perspectiva, el sombreado y otros efectos ópticos, consiguiendo una realidad intensificada y que da nombre a una clausura musical perfecta.

Early Moon, tuvo la ayuda de Kirlian al completo, es decir, Mario, Lucho, Pájaro, Ardil y la presencia espiritual de Lion, y de Nicolás Melmann, en momentos puntuales, pero él solo se encargó del resto además de producir a medias con Adrián Torres. Próximante verá la luz una pequeña edición en cassette de este trabajo y entre sus proyectos a corto-medio plazo se encuentra la creación de un sello propio. Habrá que estar alerta. Dejo el disco en widget de Grooveshark, pero también enlazo su bandcamp, desde donde se puede descargar el disco de forma gratuita.

http://earlymoon.bandcamp.com/releases

EXITMUSIC

lunes, 11 de agosto de 2014
PASSAGE (2012)

Cambio de tercio estilístico aunque sin abandonar las voces femeninas con personalidad. Hoy toca brumosidad, atmósferas tejidas sobre celofán y terciopelo de color burdeos, dream-pop etéreo, construido en una superficie cubierta de tonalidades electrónicas intemporales, para dar un toque totalmente genuino a un proyecto proveniente de Brooklyn (New York), compuesto por un músico y una actriz, que tienen un ojo puesto en el imaginario de gente como Portishead, Radiohead, Sigur Rós o Beach House, y otro en el legado de Mazzy Star y Cocteau Twins. Un trabajo concreto, 'Passage', su debut para una discográfica tal como Secretly Canadian (caballo ganador en estas lides), tras un primer lanzamiento autoeditado, titulado 'Decline of the west', y un EP, ya bajo el amparo del sello, al que bautizaron como 'From silence', es el que me sirve como motivación para escribir estas líneas y animarme a buscar las palabras adecuadas para hacer que le apetezca escucharlo al ávido lector que todavía no haya disfrutado de su propuesta, la cual todavía no ha alcanzado una consolidación absoluta, pero que se presume creciente si sus autores dedican tiempo suficiente como para que se convierta en una prioridad por encima del resto de sus facetas artísticas.

Y es que como comentaba antes, Exitmusic es el capricho musical de Aleksa Palladino, una interprete de reparto que en los últimos tiempos se ha hecho medianamente popular por su aparición en la serie 'Boardwalk empire' y su breve periplo como invitada en 'Los Soprano, en cuyo currículum vitae figuran pequeños papeles en películas como la cruda 'Cosas que no se olvidan', del siempre polémico y transgresor Todd Solondz, 'Antes que el diablo sepa que has muerto', del tristemente desaparecido Sidney Lumet, donde compartía escenas con el incomparable Phillip Seymour Hoffman, o 'Manny y Lo', en la que además de debutar, realizó su primer y único personaje protagonista hasta la fecha, además de compartir las secuencias principales con otra dama reconvertida a cantante a posterioridad, la afamada Scarlett Johansson. Y claro, como no podía ser de otra forma, las comparaciones surgen con la diva neoyorquina, porque sus carreras han progresado de un modo muy distinto incluso en lo musical, a pesar de que el talento de nuestra heroína del post que nos ocupa, sea bastante superior en este campo.

De hecho ella tuvo interés en desarrollar sus dotes para el canto y la instrumentación a temprana edad, incluso antes de comenzar a actuar profesionalmente y presentarse a castings para trabajar en filmes de bajo presupuesto. De casta le venía al galgo porque en la adolescencia escribía canciones con el deseo de que algún día llegaran a plasmarse en formato oficial, mientras su madre se ganaba la vida cantando ópera y sus abuelos eran pintores. Una familia de creadores inquietos, que evidentemente sirvieron de influencia para esta muchacha que rápido se animó a componer junto al que después sería su marido y compañero de viaje en esta exquisita aventura, Devon Church, quien también es otro trasero de mal asiento, un intrépido que antes de conocerla había vivido en la India y Taiwán, donde desarrollo sus conceptos y percepción sonora. Experimentaron con su grabadora de cuatro pistas, construyendo capas y arreglos celestes, evolucionaron en el entendimiento del software para echar mano de las nuevas tecnologías, y se lanzaron al ruedo del directo y la búsqueda de hogar discográfico al mudarse a Los Ángeles (California), con el objetivo prioritario de buscarse las abichuelas en la rama cinematográfica, pero con la sana ilusión de hacer progresar las miras de su plan armónico.

Fue un movimiento audaz, puesto que allí se les abrirían las puertas de par en par para que su mensaje llegara a oídos de la industria y entrara de lleno en el circuito de salas californiano. Unos años después, con la trayectoria de la vocalista y emergente estrella televisiva en su culmen gracias a su alter-ego, Angela Darmody, esposa en la ficción de Michael Pitt en el brillante drama mafioso ambientado en los años 20's y que ofrece la prestigiosa HBO, el dúo está centrado en su labor conjunta con la calma de los que no necesitan hacer cuentas a fin de mes con lo que le da su primordial afición. Eso se percibe en la líneas imaginarias que transcriben este fascinante tratado que fue grabado en pleno rodaje y emisión de su faceta más popular. El contenido es fabuloso, personal e intransferible, sin medias tintas, o te atrapa o te incomoda. Se apoya en melodías polifónicas transgénicas, una voz sin parangón, andrógina en cierto manera (cuesta diferenciar sin saberlo de antemano, si se trata de un registro masculino o femenino), algo que choca con la delicadeza del aspecto de su anatomía, y aparte de ese gancho que sin duda es el punto fuerte de esta propuesta, está la destreza instrumental, los horizontes que maneja el bueno de Devon a su antojo, dando muestras de una inteligencia ideal como complemento.

Todo se traduce en piezas tan herméticas como la homónima que abre el disco, repleta de sonidos ricos en elucubraciones, con un respirar que emula una emoción contenida, de significativa épica, como un boomerang de sensaciones que abre huecos para asomar la cabeza en espacios de desatada nostalgia, un inicio prosaico y furioso que pasa por ser solo la punta de lanza de unas pistas llenas de mal humor, versos susurrantes oscuros y coros al alza. Sin embargo a medida que avanzan sus minutos uno va disfrutando de una rara caricia de esperanza durante la escucha. Para comprobarlo es necesario oír "The night", con su ritmo reiterativo y el uso de las voces como un aparatejo más, antítesis de "The city", que es mucho más tristona y densa, pero cabe decir que son muy afines porque en boca de Palladino, se convierten en belleza íntima, algo que muy posiblemente solo Victoria Legrand, consigue dentro de estos géneros en los que se manejan ambas. A partir de ahí, superados los primeros compases del álbum, su gutural vibrato cubre todo, dejando en un segundo plano lo demás. La machacona y afligida "White noise", corrosiva en comedidos soplos de distorsión a colación de los numerosos pedales de efectos que utilizan, "Storms", cercana a los primeros M83 y es que sus pinceladas electrónicas tienen un embriagador aroma francés que no le hace ascos al shoegaze, "The wanting", que al son de las teclas de un piano cristalino, puede traer a la memoria a Broken Social Scene cuando los canadienses se recrean, y "The cold", mi indiscutible favorita, una proeza sonora que eriza el vello y es capaz de hacer volar al oyente (al menos conmigo lo consigue...en esencia, claro) y que fue con la que supe de su existencia, al aparecer en el último episodio de la recién acabada cuarta temporada de la versión estadounidense de la serie 'Shameless', durante una escena escalofriante por su carga emocional y que me es imposible desasociar de lo que representa este tema. Todo raya al mismo nivel y eso es de agradecer, con lo que solo me queda decir que este es una obra redonda.

El feliz matrimonio compuesto por Aleksa Palladino y Devon Church, tuvo la ayuda en el estudio de Dru Prentiss (ex-miembro de Zaza, proyecto que montó Jennifer Fraser tras su salida de los psicodélicos The Warlocks) y Nick Shelestak.

TARNATION

miércoles, 6 de agosto de 2014
MIRADOR (1997)

Mucho tiempo atrás, estuve echando una timba de póker casera con los amigotes del basket en el terrado de uno de ellos, pasando un frío desgarrador pero disfrutando de conversaciones amenas, buenas risas y mejor música. Era un sensación agridulce, pero pensé que sarna con gusto no pica y ni siquiera me arrepentí del dürüm que me metí entre pecho y espalda como cena, que me provocó un desenlace nocturno algo desagradable que afortunadamente se solventó pronto, al llegar a casa y relajarme en el sofá para hablar con mi pasión femenina hasta altas horas de la madrugada poniendo un grato broche a una velada idílica viendo un episodio de 'Oz'. Así nos tomábamos las concentraciones en mi equipo, con whisky, haciendo piña y desgastando suela en antros de mala muerte los más jóvenes y reposando en su hogar los veteranos, como mandan los cánones en una plantilla amateur. Lo bueno es que somos una piña dentro y fuera de la cancha y nos unen muchos gustos como las melodías que nos entran al oído en esas reuniones, como fue el caso ese día, enchufando nuestras selecciones del mp3 a una pequeña radio y gozando con la banda sonora de la jornada. De lo que llevé yo, que suele ser lo más raruno, todo hay que decirlo, les gustó a la mayoría esta olvidada banda de San Francisco (California), que muchos consideran de culto dentro del alt-country  menos complaciente con las masas.

Os preguntaréis que a santo de que recuerdo todo esto ahora, a toro pasado, y la razón es que justo dos días después sufrí la lesión que me apartó de las canchas, y hoy ha venido a mi memoria aquello, al ver esta entrada en borradores, donde la tuve que aparcar de manera indefinida por la frustración de releer las líneas escritas y ver que luego vino un golpe duro. Ha pasado rápido el tiempo y me ha parecido bien conservar la introducción añadiendo unos puntuales cambios, porque después de todo, lo que interesa es comentar este magnifico disco y escuchándolo en esta soleada tarde me ha invadido un sentimiento optimista, de los que te hacen reflexionar sobre la magnitud de las cosas. Y es que a pesar de que su sonido se asocie al alt-country oscuro, para mi es balsámico cuando en él entra la luz. Además, haciendo un paralelismo con la cuestión de como vamos viviendo los acontecimientos, Tarnation, nunca tuvieron un reconocimiento desmedido y su esencia se evaporó tras un periplo tan discreto en fama como lustroso en calidad. Su idilio como banda duró bien poco, apenas cinco años, pero dejó como herencia tres álbumes es estudio preciosos.

Su trayectoria fue de menos a más, evolucionando de manera firme y dejando la corazonada de que de haber seguido, habrían sido muy grandes aunque posiblemente jamás habrían salido de ese segundo plano en el que actúan las formaciones de este tipo. No obstante el proyecto sufrió varios cambios de personal, manteniéndose su vocalista femenina como único componente fijo, algo natural si tenemos en cuenta su condición de imprescindible y que inició esta historia con la intención de desarrollar una carrera en solitario, algo que hace actualmente bajo su nombre y primer apellido reales (de hecho, el último trabajo de ella, va acompañado en su título, del nombre de grupo, aunque más como algo simbólico que como algo coherente, porque no figura ningún viejo miembro en los créditos). En la onda de los OP8 de Howe Gelb y Lisa Gerrard, His Name Is Alive, Willard Grant Conspiracy, Neko Case o las composiciones de Kristin Hersh al margen de Throwing Muses y 50 Foot Waves, practicaban un folk-rock gótico sedoso y elegante sustentado en la sensacional voz de su factótum. Fueron un referente en la década de los 90's con su frágil belleza y sus canciones de melancólica carga poética, cerrando aquel hermoso periplo con este deslumbrante 'Mirador', el cual en mi humilde opinión superó lo ofrecido en los también exquisitos 'Gentle creatures' y 'I'll you give something to cry about'. Casi con total certeza, diré que tengo más aprecio a su obra de despedida por ser una labor más accesible y abrazar otras formas de comunicación estilística, pero a la vez pienso que es porque aquí encontramos algunas de sus mejores composiciones individuales.

Renovados casi en su totalidad como dije al principio, los nuevos músicos trajeron viento fresco y el resultado fue óptimo, dejando una sensación de pesadumbre en sus seguidores al dar carpetazo a lo que prometía ser un progreso sin límites. Pero bueno, como se dice popularmente, que nos quiten lo bailao, ahí queda su gloria explícita en este redondo material y sus antecesores, para darnos un festín relajado cuando queramos, dando a reproducir diamantes sonoros tan íntimos como "An awful shade of blue", con ese punteo de raíz americana y ese modo de recitar tan espectral, mientras unos riffs afilados aunque sutiles, dan un colorido tenue sobre los gorgoritos vocales, "Wait", acordes prodigiosos y sabor western, una de sus creaciones más inspiradas, "I place where i know", una de mis predilectas del lote, por ser la que mejor rendimiento extrae de la garganta de Paula Frazer por
ese slide que refleja la densidad del desierto en notas distorsionadas, "Is she lonesome now?", dócil y melosa, traqueteo sutil de finalidad bluesgrass sin llegar a acelerar en ningún momento, como si Woody Guthrie resucitara para sumarse a la faena, "Your throughts", repleta de texturas fronterizas merced a su sección de viento, "Christine", en algún lugar entre Ry Cooder y Julee Cruise, hipnótica, chirriante, espeluznante si cabe en su grisáceo envoltorio, "There's someone", eléctrica, rockera, sin duda la más potente del repertorio, de sabor setentero y con un órgano llevando el peso instrumental junto a las seis cuerdas, "Like a ghost", mi favorita, una canción sublime que comienza con un violonchelo y un compás de batería tocado con escobillas, para dar paso a una melodía que por muy raro que suene, estoy convencido que inspiró a los zaragonzanos Amaral a la hora de componer su archiconocido "Sin ti no soy nada", porque la semejanza es notable, aunque claro, esta es una tonada muy superior en matices, arreglos y cambios de rumbo, "Idly", otra gema brillante, uno de sus cortes más emblemáticos, que destaca por su alma de blues mezclado con vals y esos instantes en los que la voz se escucha a capella, y "Little black egg", fulgurante y fiel versión de un viejo hit (de 1965, para ser exactos) de los excelentes The Nightcrawlers y que también abordaron en su día otros grandes como The Cars y The Lemonheads.

Tarnation eran en aquel momento final, Paula Frazer (que sigue en solitario), Alex Oropeza, Bill Cuevas, Joe Byrnes (que continuaron en activo tras la disolución de la banda, formando los muy recomendables Broken Horse) y Jamie Meagan.

THE BLACK ANGELS

sábado, 2 de agosto de 2014
PASSOVER (2006)

La defunción de mi viejo ordenador y las dos semanas de adaptación a las virtudes del nuevo portátil que he comprado, han demorado la publicación de esta entrada continuista del anterior post. Mi idea era dejar poco margen de tiempo para poner por aquí otro disco que siguiera la estela temática del anterior aunque fuera en las formas, vamos, que quería aprovechar que la entrada de The Handsome Family y la onda expansiva de las canciones que aparecen en 'True detective', se mantuviera fresca cuando recurriera a The Black Angels, porque un tema de ellos se incluye en una de las escenas de más impacto de la serie, pero bueno, no ha podido ser. Empezamos el mes de Agosto, en un par de horas me voy a la playa con una cuadrilla de amigos a hacer el ganso y tomar el sol, y quizás encajaría como hilo musical para esta mañana, algo más apropiado con lo que acompañar el deseo de que reluzca el sol, bronceé mi piel, se esté bien en el agua y al final del día haya valido la pena haber hecho algo distinto a lo habitual, pero que queréis que os diga, la piscodelia garagera y abrasiva de estos genios de la sonoramente impecable ciudad de Austin (Texas), entra de maravilla bajo cualquier estado anímico. Su potencia, su lisergia, y su guitarrero estilo, no entienden de tabúes climatológicos ni ambientes definidos, ni tan siquiera buscan una adaptación a las corrientes convencionales de los géneros en lo que se encuadra su mensaje, y oigan, ni falta que hace.

En diez años de vida, se han erigido como uno de los grandes buscavidas del panorama independiente, labrándose una reputación a costa de sus explosivos directos en todo festival puntero que se precie a ambos lados del charco, la grandeza popular de sus contactos, y su incesante lucha por llevar su propuesta a toda vía de promoción que consideraban eficaz. En esta década de trabajo constante, han compartido escenario y vivencias con gente como The Black Keys, Queens Of The Stone Age, Wolfmother, The Brian Jonestown Massacre o Black Rebel Motorcycle Club, con quienes comparten conceptos o cuanto menos, definición sonora, han participado en bandas sonoras de películas taquilleras como 'Death sentence' y las de la infumable saga 'Crepúsculo', la cual cabe decir que guste o no, cinematográficamente hablando ha sido una magna destilería en la parcela auditiva. También se han dejado ver en episodios de series de audiencia masiva en su país de origen, como 'Fringe', 'Californication' o la al principio mencionada, 'True detective', además de haber colaborado con Unkle y haber participado en un tributo a The Doors, destripando el clásico "Soul kitchen". Arrasar en eventos tan enormes como el SXSW, Primavera Sound o Lollapalooza, también fue factor clave para superar la barrera del underground y posicionarse en un lugar de privilegio que
les hace funcionar con calma, sin agobios, sabedores de que el asentamiento de su carrera ha llegado y que a cada entrega, el producto que ofrecen, funciona mejor.

Para llegar hasta ese punto de estabilidad, hubo antes una recogida de cosecha, fructífera por las buenas semillas que echaron en sus inicios, perfilando bien sus ideas y no variando en exceso lo mostrado. Han seguido siempre una línea bien marcada, pero desde aquellos tiempos en los que MySpace era su vehículo promocional embrionario con sorprendente fortuna, han crecido no tanto en matices como en calidad y madurez. En estos momentos, 'los ángeles negros', son un bastión del revival psicodélico de tintes oscuros y riffs poderosos, pero echando la vista atrás, 'Passover', que fuera su debut y hoy se cuenta como el primero de sus cuatro álbumes de estudio, sigue siendo el más atronador y fresco de su discografía. Posiblemente sea así por su espontaneidad o tal vez por su espíritu rompe normas, una obra que alguien definió muy acertada mente como un tratado que camina en las sombras de Spacemen 3 y Spiritualized, al tiempo que fue comparado con The Warlocks y Black Mountains, con reminiscencias de lo que antaño hicieron The Velvet Underground (banda de la que por cierto extrajeron el nombre del grupo, concretamente de su canción "The black angel's death song") y 13th Floor Elevators.

Cosas que se reflejan en este robusto y eléctrico disco compuesto por diez efusivas piezas de alto contenido lírico y atmósfera sofocante que hacen las delicias del cualquier aficionado al buen rock americano de presencia espectral. La paleta enérgica se abre con la formidable "Young men dead", que ofrece de inicio una fulgurante declaración de intenciones, inequívoca muestra de por donde va a ir encaminado el repertorio, con esos riffs que encajarían a las mil maravilla en la primera etapa de Black Sabbath y ese nervio vocal reverberado que trae a la memoria  últimos discos de Woven Hand, además de ser la pista que me ha animado a crear este escrito por ser la que se puede oír en la secuencia de la serie que nombro en los primeros párrafos, "The first vietnamite war", con unas guitarras furiosas, un compás accesible y una melodía setentera, que sin embargo me recuerda en esencia al modo de hacer de los mas cercanos en el tiempo, The Ponys, "The snaper at the gates of heaven", un ritmo de batería señalando el camino, una maraña de notas en colisión con un estribillo descarnado que a mi personalmente me hace pensar en Pixies, quizá porque la línea instrumental y las estrofas están próximas "Vamos", aunque también me lleva a las creaciones pantanosas de El Columpio Asesino, "The prodigal sun", punzante como un cuchillo recién manejado por el afilador, envolvente, cruda, pero con algo de luz sobre su consigna pseudo-gótica, "Black grease", un pelín más resplandeciente que el resto, con un aire a rock clásico que se digiere la mar de bien, una pista que muchos aficionados a los videojuegos reconocerán del enorme 'Grand theft auto V', "Better of alone", toque soul, pincelada blues, y corte redondo sin necesidad de descarga marca de la casa, "Bloodhounds of my trail", recuperación de la pauta a seguir y acercamiento progresivo al raíz ecléctica británica de Kasabian y Clinic (banda, esta última, con la que les encuentro una notable semejanza) y "Call to arms", ese artefacto de más de diechiocho minutos (con tres de parón entre el diez y el trece), con el que finiquitan el álbum, basada en "Vietnam" del gurú del reggae, Jimmy Cliff, y cuya letra modernizan para hacer referencia a la guerra de Irak.

Una ópera prima portentosa que se ha ido valorando a medida que ha crecido su aura, y que llevaron a cabo Christian Bland, Stephanie Bailey, Alex Mass, Nate Ryan y Jennifer Raines (esto dos últimos, abandonaron la nave poco después, siendo sustituidos por Kyle Hunt y Jake García, que completan junto a los otros tres componentes nombrados, la actual formación de The Black Angels). El logotipo de la banda, está inspirado también, al igual que su nombre, por The Velvet Underground, ya que incorpora una imagen de alto contraste en negativo de su vocalista, Nico.


THE HANDSOME FAMILY

jueves, 17 de julio de 2014
SINGING BONES (2003)

Me viene al pelo escribir hoy sobre este dúo cumpliendo lo que dije en el anterior post, sobre que el próximo lo protagonizaría una banda cuya música aparece en la genial 'True detective', porque así puedo enlazar una entrada aún fresca referente a esa serie, publicada por mi colega Sulo Resmes en su flamante blog 'Tres cagallons baix d'un piano', en la que hace análisis de esa maravilla protagonizada por los enormes Matthew McConaughey y Woody Harrelson, y de paso me ahorra soltar un rollo menos loable (a buen seguro) que el suyo. En contraprestación y aprovechando la coyuntura, me centraré en su música, principalmente en la que aparece en la apertura de cada uno de los ocho capítulos que la componen, dejando una puerta abierta a dar continuidad a los cortes asociados a este thriller policíaco que tanto me gustó, con futuros ladrillos sobre alguno de los grupos que cedieron temas para la banda sonora del mismo. De momento especifíco en esa magnifica tonada que abre episodio, interpretada por The Handsome Family, y que pertenece a este lustroso 'Singing bones', un trabajo precioso, entre la calma alt-country más fiel a la tradición y el sabor fronterizo, ideal para engatusar de primeras al que está dispuesto a dejarse atrapar por la fotografía grisácea y melancólica que impregna cada fotograma de esa historia dramática de oscuridad sureña. Es asombroso el poder magnético del cine y la televisión, que pueden hacer que una canción en la que no habías reparado a pesar de habértela llevado a los oídos con mucha antelación, pueda parecerte lo máximo al escucharla de nuevo como fondo de un buen hilo argumental o una suculenta escena.

Eso me pasó a mi, pues por alguna extraña razón, tenía este disco, pero no había reparado en esta genial pieza. Craso error, porque además el repertorio completo del que fuera el séptimo de los diez largos editados por esta pareja de Chicago (Illinois), afincada en Albuquerque (New Mexico), aunque originarios de Texas (él) y Long Island (ella), es exquisito en su percepción reposada, y excitante cuando sube un pelín el ritmo. Elegidos por el ilustre T-Bone Burnett para la ocasión, no son unos principiantes en esto y la inclusión de esa composición en la teleserie antes citada, no ha hecho mas que darles la oportunidad de ampliar su radio de acción en cuanto a captación de nuevos adeptos a su discurso, puesto que ya contaban con una mas que digna legión de seguidores. Digamos que han llegado al gran público sin vender su alma al diablo, ya que por ser la suya una propuesta muy concreta, su eclosión ha sido razonable para los que aman los géneros por los que se mueven este hombre y esta mujer.

Como esos extravagantes brillos góticos de Jim White o The Creekdippers, ese bucólico proyecto del matrimonio compuesto por Victoria Williams y Mark Olson (el hijo pródigo que volvió a The Jayhawks), que propone un cauteloso aunque algo alucinógeno folk, este par, unen su destreza para crear unas canciones sobrias, conmovedoras, dulces y sin embargo repletas de mística opaca en sus textos, recurriendo a ese subgénero músico-lírico que son las murder ballads. El Sr. y la Sra. Sparks (los miembros de The Handsome Family son marido y mujer, por si no lo había dicho antes) destilan la elegancia de un Howe Gelb en sus distintas aventuras, The Band Of Blacky Ranchette, OP8, y por supuesto, Giant Sand, la fijación por la tradición americana de unos Lambchop, la sofisticada seducción de Tarnation y el humor negro de los, por desgracia, efímeros LD & The New Criticism. Letras narradas competentemente y que cuentan historias macabras sobre homicidios, fantasmas y suicidios en un choque directo con la suavidad de sus texturas instrumentales.

Trece canciones sublimes, pulcras, de deliciosos arreglos y una calidad impresionante, que llevan a caminos antes explorados por leyendas como Willie Nelson, Merle Haggard, Hank Williams, Johnny Cash o The Carter Family, pero con un punto de emotividad contemporánea que tal vez no sea tan tangible en los recién nombrados. Lo demuestran en cada respiración entrecortada que produce oír diamantes como "The forgotten lake", comienzo que envuelve el pensamiento y hace viajar a una escenario que hemos anhelado musicalizar en nuestros sueños, una preciosa canción que reluce en su sencillez y que encandila, "Gail with the golden hair", belleza sutil en la línea de los medios tiempos de The Mavericks o Los Lobos, con ese sabor tex-mex que te lleva a una velada romántica en el desierto vista mil veces en películas que ensalzan a fugitivos vulnerables que vislumbran libertad en la ternura de un baile agarrado que les devuelve a la paz de su adolescencia, "The bottomless hole", imponente y poderosa en voz de su estelar temperamento, la mejor pista del lote en mi opinión en cuanto a letra se refiere, una brutal historia sobre la caída a los infiernos de un hombre familiar al que el destino despedaza, "Far from any road", la indiscutible insignia de esta 'familia' y evidente emblema actual del grupo por lo que cuento al principio de todo este tostón que estoy escribiendo, esa maravilla que sirve de abrelatas a la espléndida serie de la que me he declaro acérrimo, un corte soberbio que puede traer a la memoria a Calexico por ese deje mestizo y ese ritmo de su base, "A shadow underneath", una mirada al fondo de una botella de cerveza tras poner una moneda en la jukebox de un solitario bar de carretera, un momento de flaqueza en el corazón maltrecho de un tipo duro que se antoja tan necesario como reconfortante, "Dry bones", su deuda con el bluegrass, un tema que está inspirado en una vieja grabación de Bascom Lamar Lunsford, que dista de 1928, "Whitehaven", donde sus gargantas se unen a la perfección para concebir la que posiblemente sea la más bonita composición del disco, y "The song of a hundred toads", un boggie boggie trotón y animado que cubre de esplendor el ambiente.

Rennie y Brett Sparks, contaron con la ayuda de Darrell Sparks (hermano y cuñado, respectivamente, si no estoy en un error), Greg Hansen, David Gutiérrez, David McChensey, Jimmy Pontzer y Tony Watkins. Asentados en una posición cómoda, con el aplauso de la crítica, siguen al pie del cañón tras veintiún años de existencia, y superados de largo los problemas de salud mental que en los inicios sufrió Brett, el cual cayó en una profunda crisis emocional tras la grabación del segundo álbum de la banda y que derivó en un trastorno bipolar y su posterior ingreso en un hospital psiquiátrico (suceso que dio pie a un disco conceptual grabado en el estudio de Jeff Tweedy de Wilco, en el que se hacía repaso a sus vivencias en el sanatorio, dicho sea de paso), firmaron el genial 'Wilderness' el año pasado para seguir demostrando que están en la cúspide.

CATFISH HAVEN

viernes, 11 de julio de 2014
TELL ME (2006)

Once días en el pueblo, de pastoral, bucólica y rural limpieza interior, me han venido de fábula para volver a la ciudad con distinta energía, con aires renovados y con una calma que necesitaba. Llevo tan solo dos días aquí, pero me siento como mas, no sé, uhmn... despejado, esa sería la palabra adecuada. Hacía tantos meses que no pisaba mis añorados terrenos que me ha sentado de maravilla ese corto período de vuelta a los orígenes, y aunque fui en una fecha que coincidía con las vacaciones de gran parte de mis amigos de allí, no me supo mal en absoluto porque así aproveché el tiempo para dedicar tiempo a visitar el monte, los campos y los bosques de alrededor, hacer algunas tareas en el jardín de la casa familiar y arreglar algunas cosas que estaban estropeadas, aunque como no, también para echar el rato con algunos de mis pasatiempos favoritos habituales, que muchos de los que seguís este blog, ya conocéis de sobra... cine y música, claro. Por las noches veía un episodio de una serie que está en boca de todos estos días y de la que hablaré en un próximo post ya que su canción de cabecera la interpreta un grupo de mi agrado, y por las tardes me iba a pasear para abrir pulmones, con el olor a tierra mojada en los días de tempestad. Con ello conseguía trasladarme a ese ambiente silvestre que también reinaba en los escenarios de esa 'True detective' de la que os hablo. Y es que tal vez los parajes de Lousiana no sean tan lejanos en imagen a los que descubre uno perdiéndose a orillas del río Jalón y si además se va escuchando sonidos de raíz americana, pues la estampa se hace todavía más vivaz.

Eso me pasaba a mi cuando seleccionaba a conciencia discos para echar a andar por esos caminos perdidos de la mano de Dios. En una de estas incursiones por la frondosidad del paisaje, llevaba puesto este formidable debut de la banda de Chicago (Illinois), Catfish Haven, a los cuales el periodista de Onion Av, Kyle Ryan describió muy acertadamente como una mezcla de Creedence Clearwater Revival y Nirvana. Su mezcla de rock, distorsión, soul, punk-rock pulido y country-folk, resultó idónea para caminar plácidamente y de paso hacerme recordar la grandeza de la humildad en los artistas, puesto que considero que estos tres majetes, podrían haber sido tan grandes como The Black Keys, por ejemplo, pero como siempre se han movido por el underground sin apenas interés en mostrar al mundo su propuesta, pues ahí están en ese impasse en el que debido a la poca información que existe sobre ellos, uno no sabe ni si siguen en activo (su último plástico, 'Devastator', se publicó hace seis años ya), todo porque no buscaron éxito, solo disfrutar del Don de crear simples y bonitas canciones.

Esta primer paso en formato de larga duración, fue defendido por ellos en esa misma línea de honestidad y discreción sin alarde como un Ep con algunas piezas extra, restando importancia al ansía que había por escuchar material extenso con su firma, ya que se generó un gran entusiasmo alrededor debido a la buena aceptación que tuvo su primera referencia, el extended play 'Please come back', que dejaba buenas sensaciones para su progreso y que ya contenía alguna de las pistas que podemos encontrar en este magnifico 'Tell me'. Un trabajo sobrio, contundente, que recicla sabiamente parámetros musicales en los que abunda el soul y el blues de las décadas de los 40's y 50's, pero dotándolo de un sonido crudo y áspero, aunque no por ello menos adictivo, algo que es cierto sentido es lógico por ser una marca implícita en el catálogo de su sello discográfico, el estupendo Secretly Canadian, auténtica garantía de calidad. Un álbum corto de diez temas con una inmediatez y una frescura que las desmarca por completo del adocenado modus operandi actual de la música independiente que parte de la añeja tradición estadounidense, pero sin huir de los claroscuros de un estilo nocturno como el suyo, que hace que el repertorio conjugue por igual melodía e intensidad, calor y hielo, pegando por alto y por bajo, como los púgiles más dotados.

Muy disfrutable es cada una de las pequeñas delicias que alumbran esta obra, coreable en clave lo-fi con un ligero sabor vintage, empezando por esa verdadera gominola llamada "I don't worry", con cuyo título parece querer adquirir condición de premonitoria porque parece que invite a dejarse llevar por su ritmo y alma guerrera que incita al desmelene y el traqueteo desenfrenado, reuniendo coros gamberros, la voz desgarrada de su cantante rindiendo a todo lo que da, y un certero compás de batería que se acelera en su parte final para emular el despiporre de unos The Blues Brothers de concierto universitario. Luego llega el turno de la homónima "Tell me", muy probablemente su mejor composición hasta la fecha, y encarrilan la faena ganándose al oyente. Un corte que enamora, goloso, animado, con sentimiento, con mucho gancho, de esos que atrapan de primeras, haciendo ágape de todos sus ingredientes bien aliñados, y a partir de ahí toda va viento en popa a toda vela, venciendo y convenciendo con perlas como "Crazy for leaving", seductora en su timidez, festiva en su exposición, muy Motown en esencia, fácil de imaginar en un escenario fílmico animando una secuencia de ternura cómica protagonizada por un antihéroe cotidiano, "All i need is you", excitante, muy próxima a las intenciones de los Kings Of Leon de los comienzos, "Down by your fire", un blues melancólico en instrumentación y un soul en su faceta vocal, reluciendo sobremanera la garganta de su alma mater al micrófono, con un minimal sección de viento y un coro de apoyo, francamente exquisito, "Another light night", cambio de tercio para sonar garageros sin llegar a la demencia ni perder el norte, rápido y fugaz como unos The Jon Spencer Blues Explosion bajados de revoluciones y rabia, "If i was right", una de mis predilectas del lote, con un inicio que envidiarían The Strokes actuales, dulce y conmovedora, una preciosidad, "Let it go (go to grow)", que saca toda su pericia rockera con una producción robusta enlatada con la presencia, una vez más, de los metales, y "This time", despedida comatosa que se agradece aguantar en el paladar a la hora de la reflexión final que haremos tras la escucha general. Rico y con fundamento como diría el cocinero televisivo de los chistes malos.

Catfish Haven, que deben su nombre al parque de caravanas donde residió su vocalista George Hunter durante su infancia en el estado de Missouri, son además del susodicho, Miguel Castillo y Ryan Farnham.