THE HANDSOME FAMILY

jueves, 17 de julio de 2014
SINGING BONES (2003)

Me viene al pelo escribir hoy sobre este dúo cumpliendo lo que dije en el anterior post, sobre que el próximo lo protagonizaría una banda cuya música aparece en la genial 'True detective', porque así puedo enlazar una entrada aún fresca referente a esa serie, publicada por mi colega Sulo Resmes en su flamante blog 'Tres cagallons baix d'un piano', en la que hace análisis de esa maravilla protagonizada por los enormes Matthew McConaughey y Woody Harrelson, y de paso me ahorra soltar un rollo menos loable (a buen seguro) que el suyo. En contraprestación y aprovechando la coyuntura, me centraré en su música, principalmente en la que aparece en la apertura de cada uno de los ocho capítulos que la componen, dejando una puerta abierta a dar continuidad a los cortes asociados a este thriller policíaco que tanto me gustó, con futuros ladrillos sobre alguno de los grupos que cedieron temas para la banda sonora del mismo. De momento especifíco en esa magnifica tonada que abre episodio, interpretada por The Handsome Family, y que pertenece a este lustroso 'Singing bones', un trabajo precioso, entre la calma alt-country más fiel a la tradición y el sabor fronterizo, ideal para engatusar de primeras al que está dispuesto a dejarse atrapar por la fotografía grisácea y melancólica que impregna cada fotograma de esa historia dramática de oscuridad sureña. Es asombroso el poder magnético del cine y la televisión, que pueden hacer que una canción en la que no habías reparado a pesar de habértela llevado a los oídos con mucha antelación, pueda parecerte lo máximo al escucharla de nuevo como fondo de un buen hilo argumental o una suculenta escena.

Eso me pasó a mi, pues por alguna extraña razón, tenía este disco, pero no había reparado en esta genial pieza. Craso error, porque además el repertorio completo del que fuera el séptimo de los diez largos editados por esta pareja de Chicago (Illinois), afincada en Albuquerque (New Mexico), aunque originarios de Texas (él) y Long Island (ella), es exquisito en su percepción reposada, y excitante cuando sube un pelín el ritmo. Elegidos por el ilustre T-Bone Burnett para la ocasión, no son unos principiantes en esto y la inclusión de esa composición en la teleserie antes citada, no ha hecho mas que darles la oportunidad de ampliar su radio de acción en cuanto a captación de nuevos adeptos a su discurso, puesto que ya contaban con una mas que digna legión de seguidores. Digamos que han llegado al gran público sin vender su alma al diablo, ya que por ser la suya una propuesta muy concreta, su eclosión ha sido razonable para los que aman los géneros por los que se mueven este hombre y esta mujer.

Como esos extravagantes brillos góticos de Jim White o The Creekdippers, ese bucólico proyecto del matrimonio compuesto por Victoria Williams y Mark Olson (el hijo pródigo que volvió a The Jayhawks), que propone un cauteloso aunque algo alucinógeno folk, este par, unen su destreza para crear unas canciones sobrias, conmovedoras, dulces y sin embargo repletas de mística opaca en sus textos, recurriendo a ese subgénero músico-lírico que son las murder ballads. El Sr. y la Sra. Sparks (los miembros de The Handsome Family son marido y mujer, por si no lo había dicho antes) destilan la elegancia de un Howe Gelb en sus distintas aventuras, The Band Of Blacky Ranchette, OP8, y por supuesto, Giant Sand, la fijación por la tradición americana de unos Lambchop, la sofisticada seducción de Tarnation y el humor negro de los, por desgracia, efímeros LD & The New Criticism. Letras narradas competentemente y que cuentan historias macabras sobre homicidios, fantasmas y suicidios en un choque directo con la suavidad de sus texturas instrumentales.

Trece canciones sublimes, pulcras, de deliciosos arreglos y una calidad impresionante, que llevan a caminos antes explorados por leyendas como Willie Nelson, Merle Haggard, Hank Williams, Johnny Cash o The Carter Family, pero con un punto de emotividad contemporánea que tal vez no sea tan tangible en los recién nombrados. Lo demuestran en cada respiración entrecortada que produce oír diamantes como "The forgotten lake", comienzo que envuelve el pensamiento y hace viajar a una escenario que hemos anhelado musicalizar en nuestros sueños, una preciosa canción que reluce en su sencillez y que encandila, "Gail with the golden hair", belleza sutil en la línea de los medios tiempos de The Mavericks o Los Lobos, con ese sabor tex-mex que te lleva a una velada romántica en el desierto vista mil veces en películas que ensalzan a fugitivos vulnerables que vislumbran libertad en la ternura de un baile agarrado que les devuelve a la paz de su adolescencia, "The bottomless hole", imponente y poderosa en voz de su estelar temperamento, la mejor pista del lote en mi opinión en cuanto a letra se refiere, una brutal historia sobre la caída a los infiernos de un hombre familiar al que el destino despedaza, "Far from any road", la indiscutible insignia de esta 'familia' y evidente emblema actual del grupo por lo que cuento al principio de todo este tostón que estoy escribiendo, esa maravilla que sirve de abrelatas a la espléndida serie de la que me he declaro acérrimo, un corte soberbio que puede traer a la memoria a Calexico por ese deje mestizo y ese ritmo de su base, "A shadow underneath", una mirada al fondo de una botella de cerveza tras poner una moneda en la jukebox de un solitario bar de carretera, un momento de flaqueza en el corazón maltrecho de un tipo duro que se antoja tan necesario como reconfortante, "Dry bones", su deuda con el bluegrass, un tema que está inspirado en una vieja grabación de Bascom Lamar Lunsford, que dista de 1928, "Whitehaven", donde sus gargantas se unen a la perfección para concebir la que posiblemente sea la más bonita composición del disco, y "The song of a hundred toads", un boggie boggie trotón y animado que cubre de esplendor el ambiente.

Rennie y Brett Sparks, contaron con la ayuda de Darrell Sparks (hermano y cuñado, respectivamente, si no estoy en un error), Greg Hansen, David Gutiérrez, David McChensey, Jimmy Pontzer y Tony Watkins. Asentados en una posición cómoda, con el aplauso de la crítica, siguen al pie del cañón tras veintiún años de existencia, y superados de largo los problemas de salud mental que en los inicios sufrió Brett, el cual cayó en una profunda crisis emocional tras la grabación del segundo álbum de la banda y que derivó en un trastorno bipolar y su posterior ingreso en un hospital psiquiátrico (suceso que dio pie a un disco conceptual grabado en el estudio de Jeff Tweedy de Wilco, en el que se hacía repaso a sus vivencias en el sanatorio, dicho sea de paso), firmaron el genial 'Wilderness' el año pasado para seguir demostrando que están en la cúspide.

CATFISH HAVEN

viernes, 11 de julio de 2014
TELL ME (2006)

Once días en el pueblo, de pastoral, bucólica y rural limpieza interior, me han venido de fábula para volver a la ciudad con distinta energía, con aires renovados y con una calma que necesitaba. Llevo tan solo dos días aquí, pero me siento como mas, no sé, uhmn... despejado, esa sería la palabra adecuada. Hacía tantos meses que no pisaba mis añorados terrenos que me ha sentado de maravilla ese corto período de vuelta a los orígenes, y aunque fui en una fecha que coincidía con las vacaciones de gran parte de mis amigos de allí, no me supo mal en absoluto porque así aproveché el tiempo para dedicar tiempo a visitar el monte, los campos y los bosques de alrededor, hacer algunas tareas en el jardín de la casa familiar y arreglar algunas cosas que estaban estropeadas, aunque como no, también para echar el rato con algunos de mis pasatiempos favoritos habituales, que muchos de los que seguís este blog, ya conocéis de sobra... cine y música, claro. Por las noches veía un episodio de una serie que está en boca de todos estos días y de la que hablaré en un próximo post ya que su canción de cabecera la interpreta un grupo de mi agrado, y por las tardes me iba a pasear para abrir pulmones, con el olor a tierra mojada en los días de tempestad. Con ello conseguía trasladarme a ese ambiente silvestre que también reinaba en los escenarios de esa 'True detective' de la que os hablo. Y es que tal vez los parajes de Lousiana no sean tan lejanos en imagen a los que descubre uno perdiéndose a orillas del río Jalón y si además se va escuchando sonidos de raíz americana, pues la estampa se hace todavía más vivaz.

Eso me pasaba a mi cuando seleccionaba a conciencia discos para echar a andar por esos caminos perdidos de la mano de Dios. En una de estas incursiones por la frondosidad del paisaje, llevaba puesto este formidable debut de la banda de Chicago (Illinois), Catfish Haven, a los cuales el periodista de Onion Av, Kyle Ryan describió muy acertadamente como una mezcla de Creedence Clearwater Revival y Nirvana. Su mezcla de rock, distorsión, soul, punk-rock pulido y country-folk, resultó idónea para caminar plácidamente y de paso hacerme recordar la grandeza de la humildad en los artistas, puesto que considero que estos tres majetes, podrían haber sido tan grandes como The Black Keys, por ejemplo, pero como siempre se han movido por el underground sin apenas interés en mostrar al mundo su propuesta, pues ahí están en ese impasse en el que debido a la poca información que existe sobre ellos, uno no sabe ni si siguen en activo (su último plástico, 'Devastator', se publicó hace seis años ya), todo porque no buscaron éxito, solo disfrutar del Don de crear simples y bonitas canciones.

Esta primer paso en formato de larga duración, fue defendido por ellos en esa misma línea de honestidad y discreción sin alarde como un Ep con algunas piezas extra, restando importancia al ansía que había por escuchar material extenso con su firma, ya que se generó un gran entusiasmo alrededor debido a la buena aceptación que tuvo su primera referencia, el extended play 'Please come back', que dejaba buenas sensaciones para su progreso y que ya contenía alguna de las pistas que podemos encontrar en este magnifico 'Tell me'. Un trabajo sobrio, contundente, que recicla sabiamente parámetros musicales en los que abunda el soul y el blues de las décadas de los 40's y 50's, pero dotándolo de un sonido crudo y áspero, aunque no por ello menos adictivo, algo que es cierto sentido es lógico por ser una marca implícita en el catálogo de su sello discográfico, el estupendo Secretly Canadian, auténtica garantía de calidad. Un álbum corto de diez temas con una inmediatez y una frescura que las desmarca por completo del adocenado modus operandi actual de la música independiente que parte de la añeja tradición estadounidense, pero sin huir de los claroscuros de un estilo nocturno como el suyo, que hace que el repertorio conjugue por igual melodía e intensidad, calor y hielo, pegando por alto y por bajo, como los púgiles más dotados.

Muy disfrutable es cada una de las pequeñas delicias que alumbran esta obra, coreable en clave lo-fi con un ligero sabor vintage, empezando por esa verdadera gominola llamada "I don't worry", con cuyo título parece querer adquirir condición de premonitoria porque parece que invite a dejarse llevar por su ritmo y alma guerrera que incita al desmelene y el traqueteo desenfrenado, reuniendo coros gamberros, la voz desgarrada de su cantante rindiendo a todo lo que da, y un certero compás de batería que se acelera en su parte final para emular el despiporre de unos The Blues Brothers de concierto universitario. Luego llega el turno de la homónima "Tell me", muy probablemente su mejor composición hasta la fecha, y encarrilan la faena ganándose al oyente. Un corte que enamora, goloso, animado, con sentimiento, con mucho gancho, de esos que atrapan de primeras, haciendo ágape de todos sus ingredientes bien aliñados, y a partir de ahí toda va viento en popa a toda vela, venciendo y convenciendo con perlas como "Crazy for leaving", seductora en su timidez, festiva en su exposición, muy Motown en esencia, fácil de imaginar en un escenario fílmico animando una secuencia de ternura cómica protagonizada por un antihéroe cotidiano, "All i need is you", excitante, muy próxima a las intenciones de los Kings Of Leon de los comienzos, "Down by your fire", un blues melancólico en instrumentación y un soul en su faceta vocal, reluciendo sobremanera la garganta de su alma mater al micrófono, con un minimal sección de viento y un coro de apoyo, francamente exquisito, "Another light night", cambio de tercio para sonar garageros sin llegar a la demencia ni perder el norte, rápido y fugaz como unos The Jon Spencer Blues Explosion bajados de revoluciones y rabia, "If i was right", una de mis predilectas del lote, con un inicio que envidiarían The Strokes actuales, dulce y conmovedora, una preciosidad, "Let it go (go to grow)", que saca toda su pericia rockera con una producción robusta enlatada con la presencia, una vez más, de los metales, y "This time", despedida comatosa que se agradece aguantar en el paladar a la hora de la reflexión final que haremos tras la escucha general. Rico y con fundamento como diría el cocinero televisivo de los chistes malos.

Catfish Haven, que deben su nombre al parque de caravanas donde residió su vocalista George Hunter durante su infancia en el estado de Missouri, son además del susodicho, Miguel Castillo y Ryan Farnham.



LAST DINOSAURS

lunes, 23 de junio de 2014
IN A MILLION YEARS  (2012)

La decepción que reina estos días en el seno de los hinchas de la selección española de fútbol, entre los que por supuesto me incluyo, me ha dado la excusa perfecta para escribir unas líneas en mi inconstante blog, porque algún medio tengo que utilizar para desahogar mi asombro por la imagen dada por el combinado nacional y consolarlo a su vez con música. Bien pensado, lo primero no da para mucho más, pues tenía que pasar y suceder de manera abrupta, porque los ciclos o acaban de manera tajante o se eternizan en el acomodo. Don Pantuflo (dícese del padre de Zipi Zape que guarda un gran parecido físico con el marqués de Del Bosque) hizo lo que tenía que hacer y llevó, mas o menos, a quien tenía que llevar, para si la cosa salía mal, tener la coartada perfecta para no volver a llamarlos, y lo demás ha sido un cúmulo de factores, entre los que se encuentran los hechos de que tocó un grupo muy complicado en comparación con lo que le cayó en suerte a otros, que el sistema está agotado y más si no se chuta a portería, etc, etc. La cosa es que el campeonato sigue vivo y a estas viejas glorias les queda un partido que se antoja como despedida de una generación dorada, que tocó el cielo y nos dio un resultado inmejorable, motivo por el cual, siempre estarán en un pedestal si olvidamos este triste final. El rival, esta misma tarde, será Australia, que estando también eliminada ha dado buena imagen, plantando cara a los tulipanes que días antes nos habían pasado por encima como un tren de mercancías, y de ese país oceánico he elegido un grupete para lo que nos ocupa de verdad en esta bitácora, por mucho que yo me empeñe en meter con calzador otros temas de mi gusto personal.

Last Dinosaurs, joven formación de Brisbane (Queensland), que cuenta con tan solo cinco años de historia y un único Lp en su cuenta particular, proponen un sonido fresco que se maneja entre el inide-rock y el power-pop, en una onda similar a lo que vienen haciendo casi desde el mismo espacio de tiempo, los norteamericanos Smith Westerns y Surfer Blood, que a mi parecer son las dos bandas con las que resulta más fácil compararles. Con tres miembros de ascendencia japonesa y un autóctono en sus filas, el cuarteto se formó en su etapa escolar atraídos por su gusto por los sonidos lo-fi noventeros que completaban su discoteca casera. A la velocidad del rayo, su nombre empezó a ir de boca en boca hasta que se les contrató para entrar en el cartel de varios festivales locales y abrir fuego para bandas como Foals, Matt & Kim, Lost Valentinos o Foster The People y con esa presencia creciente en el circuito musical de su país, se dio la posibilidad de llamar la atención de alguna que otra discográfica que les tentó con suculentas ofertas, llevándose el gato al agua la más importante de todas ellas, la vecina Dew Process, afiliada a la ilustre multinacional Universal y que contaba bajo su amparo con consagrados como Mumford & Sons, The Hives, Tokyo Police Club, Dropkick Murphys o Ben Lee, entre otros. Con ello conseguían que todo quedara en casa al fichar por un sello de su ciudad y al tiempo ganar en promoción y distribución.

Sacaron a la luz un Ep, llamado 'Back from the dead', antesala de su puesta de largo con este brillante 'In a  million years', que obtuvo excelentes críticas, se introdujo de lleno en los puestos mas altos de las listas australianas y les abrió de para en par las puertas de mercados a los que no imaginaban acceder. Reino Unido, Sudáfrica, Singapur, Tailandia, Filipinas y Japón, fueron espectadores de sus directos con tremenda acogida, a veces acompañando a Veronica Falls y Wild Nothing, pero por lo general, defendiendo su repertorio como protagonistas absolutos de la velada. Sonaron en sus conciertos, deliciosas versiones del "Just like heaven" de The Cure, "Lady" de Modjo, "What ever happened" de The Strokes y "Sing it back" de Moloko, dando buena cuenta de su variado gusto y sus influencias más inmediatas. Y como en Asia hay cierta devoción por la mitomanía, esas relecturas de nuevos clásicos, unido al gancho de sus composiciones, fueron un triunfo total de cara la conquista de nuevos horizontes.

Mimbres mas que suficientes para todo ese cúmulo de parabienes, podemos encontrar en su ópera prima empezando por ese eléctrico "Zoom", que abre la veda de riffs refrescantes y melodías contagiosas que inundan el disco, un tema jugoso, muy directo, con un ritmo de batería trotón y una finalidad pop de parón-arranque, sencillamente sensacional que encuentra su punto álgido en el estribillo, "I can't help you", donde las guitarras juegan un papel relevante, rozando la inmediatez del funk alternativo de los franceses Phoenix, ahogando acordes en calumnias atmosféricas de luz opaca, "Sunday night", rendija de apertura al exterior, con aires brit y cierto tropicalismo, a lo mejor no tan afín a Vampire Weekend como lo es a The Very Best, "Time & place", que no sé muy bien porque me trae a la memoria a The Wave Pictures, quizá por su algarabía desenfrenada a conciencia y su excitante jovialidad, "Andy", más próxima a Bombay Bicycle Club, estirando la nota y creando un ambiente de esos que llenan los espacios de fantasía exterior, pero con la virtud de saber darle un compás relajado encontrando el equilibrio perfecto, "I can't decide", en la que se rasgan las vestiduras y abrazan las coordenadas del punk-rock en los primeros segundos, para derivar luego en un eficaz trallazo de pop acelerado en la onda de lo que hacían los primeros Idlewild, y "Honolulu", posiblemente su mejor creación o al menos la más celebrada, una canción dulce y agradable que deja un sabor de boca inmejorable. Lo mejor de volver a escuchar este dignísimo debut, es que muy pronto tendrá continuación con la que saciar las ganas de más con las que dejan estas granadas pistas.

Last Dinosaurs eran entonces los hermanos Lachlan y Sean Caskey, Dan Koyama y Sam Gethin-Jones, formación que se mantiene a día de hoy a excepción del último, que fue sustituido a los parches por Michael Sloane. 

SUICIDAL TENDENCIES

lunes, 9 de junio de 2014
THE ART OF REBELLION  (1992)

Es necesario de vez en cuando echar la vista atrás para que la memoria se conecte con los cinco sentidos y convivan en armonía, recordar donde empezó cada afición nuestra y cuestionarse porque vamos definiendo el gusto con el paso del tiempo, en distintos aspectos de la vida. También es fundamental recurrir al pensamiento para sacar conclusiones y observar que aunque pretendamos evolucionar en la búsqueda, muchas de las cosas que nos hacían vibrar antaño, nos siguen activando cuando las recuperamos, a pesar de que muy posiblemente las escondemos o renegamos de ellas alevosamente. En mi caso particular tengo que confesar que en lo que respecta a eso y especificando en el tema música, he sido algo sacrílego en ocasiones olvidando mencionar muchas de las bandas que durante mi infancia y adolescencia me quitaban el sueño partiendo de una corriente estilística que si bien hoy en día tengo olvidada, en el pasado me proporcionó maravillosas e incontables horas de entretenimiento. Siento como si les hubiera faltado al respeto al no ponerlos por aquí en los años que llevo escribiendo en este espacio, porque hay diversos discos que deben estar en este rincón impreso de mi memoria, a pesar de que ahora los deguste con un oído nostálgico que prevalece por encima de cualquier satisfacción sensitiva. Tengo marcados con un asterisco de imprescindibles a formaciones como Therapy, Faith No More, Stone Temple Pilots, Alice In Chains, Korn, Black Sabbath...veteranos del rock alternativo y alrededores que me gustaría postear alguna vez, pero los voy posponiendo por la tonta idea de que ya no me motivan como lo hacían en mis tiempos mozos y porque los trabajos que tengo de ellos acumulan polvo en la estantería.

Nunca es mal momento para empezar y aunque mi disciplina es cuanto menos dudosa, porque siempre que me propongo hacer algo temático en este espacio, se va al traste la consigna inevitablemente, quiero recuperar cosas que como digo, me ponían eufórico en mi añorada década de los 90's. Muchos géneros musicales que ahora tengo en el olvido me vienen esporádicamente a la cabeza y uno que recuerdo con cariño es el mal llamado (o no?) crossover, donde igual podías encontrar grupos asociados al hardcore, como al thrash metal, el funk-rock, el punk o el skate (etiqueta gratuita donde las haya porque supuestamente la engrosaban artistas que escuchaban los aficionados al deporte del monopatín, sin que importara el estilo real al que pertenecían sus trabajos). 7 Seconds, Fishbone, Living Colour, System Of A Dawn, Jane's Addiction, Sick Of It All, Dog Eat Dog, Bad Brains, Biohazard, Agnostic Front, Dirty Rotten Imbeciles (más conocidos como D.R.I.), Black Flag o Primus desde Estados Unidos, y otros desde otros puntos lejanos como los brasileños Ratos De Porão o los holandeses Urban Dance Squad, fueron referentes de toda una generación, pero si bien no todos me quitaban el sueño, la mayoría de discos de Suicidal Tendencies, quizás los más constantes de todos los citados porque todavía siguen al pie del cañón con treinta y tres años de dilatada experiencia a sus espaldas, eran sin duda mis favoritos.

Era una época en la que comenzaban a surgir vertientes del emergente underground metálico, con denominaciones tales como speed, thrash o death, un tiempo en el que Anthrax, Exodus, Kreator y Overkill, partían el bacalao, y de repente se inició una alternativa sonora con estos tipos del barrio residencial de Venice en Los Angeles (California), como líderes merced a unas composiciones que no solo eran reflejo de sus inquietudes políticas, sino de un nuevo universo que no le hacía ascos al mundo del patín y la serie b.Su ya lejano debut homónimo del 84' está considerado uno de los discos más influyentes del hardcore facturado en tierras californianas, donde de alguna manera nació esta escena de ímpetu urbano. Abrieron la veda a un nuevo concepto y antes de ir evolucionando hasta lograr ser una grupo de reconocido éxito masivo, sus canciones fueron la banda sonora ideal para las mil y una piruetas de los patinadores de todo el mundo, además de ser los responsables de que las calaveras, las bermudas y las gorras de béisbol fueran adoptadas como señas de identidad de toda una oleada de adolescentes inconformistas. Unos años más tarde su álbum 'Join the army' que incluía su emblemática pista "Possesed to skate", les puso en lo más alto, y aquello marcó un antes y un después en su historia. Mejoraron su calidad de sonido y sus creaciones, subiendo un peldaño en destreza instrumental a cada nueva entrega y añadiendo nuevos sabores a su ideario. En la actualidad, tras doce largos, no desmerece ninguno, pero hay dos que en mi opinión recogen todo lo que ha supuesto la existencia de estos tipos, el rocoso 'Lights...camera...revolution!' y sobre todo y ante todo, este magistral 'The art of rebellion'.

Estábamos viviendo de lleno la psicosis infundada por el hecho de que en mi ciudad se iban a celebrar los Juegos Olímpicos y en mi barrio, humilde donde los haya y más en aquella época, se veía policía por todos lados, se hacía lavado de imagen a cualquier fachada o establecimiento comercial e incluso se trataba de limpiar la periferia de ruralismo estrambótico, ejemplo de ello es que al hermano de un amigo mío le pidieron unos agentes de la ley que escondiera su ciclomotor un tiempo para que no estropeara la idílica reconversión de nuestras calles (palabras textuales. El chaval, que era un punkie redomado tenía una Vespino pintada con topos negros sobre color amarillo y el asiento era de imitación pelo de leopardo), pero bueno, esa es otra batalla que tampoco vale la pena comentar en profundidad. La cosa es que yo todavía no había cumplido los trece años, y no tenia el gusto musical muy definido. Probaba con una gran cantidad de bandas sin importarme estilo ni procedencia, y de estos individuos tenía sus dos primeros discos que me parecían muy ruidosos sin pies ni revés, pero al ver la cinta de cassette de esta obra que nos ocupa en un cajón de ofertas, estando aún relativamente fresca su salida al mercado, decidí adquirirla.Sin duda una de las mejores compras de mi vida. Menudo cambio. Suicidal Tendencies habían grabado el disco que con esa edad me iba hacer apreciar la potencia, muy por encima del 'Black album' de Metallica que andaba machacando esos días por recomendación de un amigo.

Sucidal Tendencies eran entonces Mike Muir (prolífico vocalista que ha liderado otros proyectos como No Mercy, Infectous Grooves y Los Cycos), Robert Trujillo (actual bajista de Metallica, colaborador habitual de Ozzy Osbourne y Jerry Cantrell de Alice In Chains, además de componente Black Lebel Society, Mass Mental? y de los antes mentados Infectous Grooves), Rocky George (que después pasó por los míticos Cro-Mags y Fishbone), Josh Freese (legendario batería de estudio que ha trabajado para gente como The Vandals, Ween, Devo, A Perfect Circle, Sting, Weezer u Offspring, solo por citar unos pocos de los cientos que han requerido de sus servicios), Mike Clark (también miembro de Great Gods Of Greed), contando con la ayuda de Dennis Karmazyn y  John Webster, para la concepción de este álbum. Con el paso del tiempo supe que el que fuera su sexto trabajo de estudio, variaba radicalmente su discurso, en virtud de la búsqueda de melodías, con influencias del rock progresivo, sobre un manto funk y un nervio metálico que lo hacía sumamente excitante. Se puede hablar de esta colección de canciones como su acercamiento a lo experimental. Se abría con la atronadora "Can't stop", mi favorita del lote y de la banda en general, una autentico ciclón de cambios de ritmo, energía desbocada y vitalidad coral, que pondría la mano en el fuego a que fue la pieza que más veces escuche en mi pre-adolescencia, luego venían "Accept my sacrifice", que no aminoraba la marcha ni lo más mínimo, desarrollándose a velocidad terminal y apoyándose en un estribillo ladrón de almas, y "Nobody hears", quizás el corte más popular de esta camada y que sin hacer decrecer el robusto inicio dejaba un recoveco para respirar. Tras este fulgurante trío de ases, el nivel se mantenía con "Tap into the power", donde las voces en falsete recuerdan al Lemmy Kilminster más condescendiente, "Monopoly on sorrow", en la que las guitarras llevan el peso con un compás constante y un corazón que late con temple sin llegar a la taquicardia en ningún momento, "We call this mutha revenge", poderosa desde las primeras notas, pues empieza con un solo que abruma hasta la entrada de esos impactos descarnados sobre los parches y esa rabia acumulada que estalla en interpretación vocal, "Gotta kill captain stupid", adrenalina corriendo por encima de los límites hasta sacar la última gota de sangre de las venas, un trallazo que abraza las leyes del metal acelerado, "I'll hate you better", calma necesaria, con un sonido nítido que les acerca al pop en su armonía, aunque pongan tierra de por medio con arrebatos eléctricos a mitad, "It's going down", en la que recuperan la esencia del punk-rock angelino en el que se mueven como pez en el agua, flotando sobre el ambiente el fantasma de unos The Gun Club pulidos, y "Where's the truth", fin de fiesta accesible para despedir una faena excelente.

ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO + TEMPLES - JORNADA INAUGURAL PRIMAVERA SOUND (FÓRUM DE BARCELONA) 28/05/14

martes, 3 de junio de 2014

Este año por un tema meramente preferencial en cuanto a inversión económica, he preferido no ir al Fòrum de Barcelona para disfrutar de ese festival cada vez más mastodóntico llamado Primavera Sound. La programación tenía buena pinta, pero analizándolo bien, tampoco compensaba el pago porque muchas de las bandas incluidas eran totalmente desconocidas para mi, otras tantas las había visto en alguna otra ocasión y las que no estaban en un grupo u otro, sencillamente no eran de mi agrado. Sin embargo sigo siendo un defensor de este concepto musical y creo que es un evento que hay que vivir, a pesar de que desde mi humilde punto de vista, haya ido perdiendo el encanto conforme ha ido creciendo. Nombres muy importantes han copado la lista de atracciones, con Arcade Fire, Nine Inch Nails, Neutral Milk Hotel, Pixies, Queens Of The Stone Age, Slowdive y The National, como teóricos cabezas de cartel, y claro, con eso se logra un incremento de beneficios sensacional para los organizadores, pero para los nostálgicos que nos gustan las cosas en pequeños tarros de esencias y sin aglomeraciones que nos quiten el oxígeno, pues es un poco estresante. Escenarios a rebosar, apariencia modernista, coincidencias de horarios entre formaciones similares que rompen el alma, y la pereza de la vuelta a casa a horas intespectivas desde la otra punta de la ciudad con irregular combinación de transportes, son otros factores que me han echado para atrás.

Bueno, a pesar de todo lo que digo, no quise desaprovechar la oportunidad de ir a ver a alguna de las bandas que la organización del festival había programado de forma gratuita a modo de presentación y piedra de toque de lo que estaba por venir en este fin de semana largo que hemos dejado atrás, así que me puse en contacto con mi buen amigo y compañero de equipo, Nico, a sabiendas de nuestro gusto compartido respecto a sus paisanos de Él Mató a un Policía Motorizado y le propuse acercarnos al Fòrum con la sana idea de disfrutar de la oferta que incluía aparte de la banda de La Plata  (Argentina), a los británicos Temples, el belga Stromae, la estadounidense Sky Ferreira y sus compatriotas Holy Ghost!. Una propuesta variada que atrajo a un numeroso público que llenó el que tenía que ser el escenario principal de esta edición, el ATP, donde han actuado durante el fin de semana, varias de las perlas citadas unas líneas arriba.

Con lo que no contábamos era con que caería el gran diluvio universal y que el agobio haría mella en nosotros lo suficiente como para plantearnos pasar olímpicamente de los tres últimos y volvernos a casa, no obstante, saciados por haber gozado de la maña de los dos primeros, que nos brindaron sendos shows la mar de correctos y con puntuales momentos de emoción al ritmo de las gota de lluvia. Llegamos casi con el tiempo justo tras completar el largo trayecto en metro que separa nuestro hogar de la ubicación del PS, y nos colocamos en buen sitio para presenciar el recital de los platenses, que dieron un repaso exhaustivo al que todavía se conoce como su último trabajo de estudio, 'La dinastía scorpio' (con algo de espacio para cortes sueltos de su trilogía de Ep's), editado hace un par de años y que les ha dado una reputación progresiva suficiente como para ser reclutados para este prestigioso festival casi de forma fija, algo que solo pasa con Shellac. Ecos de The Strokes, Ramones, Sonic Youth, The Velvet Underground, Pixies y Weezer, asoman por el discurso de este cuarteto que sin embargo suena enérgico y accesible por si mismo, tirando de estribillos tan pegadizos como reiterativos, que ofreció un directo estupendo.

No faltaron sus canciones más celebradas y demostraron estar en plena forma sin prestar demasiada atención a la inclemencias de tiempo. Refugiados en los paraguas, los presentes bailamos a su ritmo coreando sus letras y aunque nosotros no fuimos dos de ellos, estoy completamente convencido que muchos de los asistentes repitieron experiencia los dos días venideros, ya que los muchachos se quedaron en la ciudad para repetir actuaciones en dos puntos distintos, en petit comité, quizá donde más a gusto se sienten, a pesar de que ante las masas se mueven como pez en el agua, principalmente por el carisma desenfadado de su vocalista, Santiago 'Motorizado' Barrionuevo, que si bien interpreta el repertorio con fuerza, a la hora de comunicarse con el público es manso y reposado como ese buen colega que te aconseja frente a la barra en tus días de reflexión filosófica. Sin grandes florituras Él Mató A Un Policía Motorizado, ofrecieron durante cerca de sesenta minutos, un asado jugoso.

Abrieron la lata con "Nuevos discos", con esa distorsión rasgada y esa condición de himno grande, ideal para un marco como el que nos ocupaba. Pronto la voz se apoderó del ambiente y se borró de nuestra mente que hacía un día asqueroso que nos iba a romper la armonía. Enseguida vino a mi cabeza el "Tom Courtenay" de Yo La Tengo, quizás por la breve similitud que tiene esta pieza con la de los de Hoboken (New Jersey), en su núcleo, y antes de que pudiera asimilar ese perfecto inicio ya sonaba "Más o menos bien", que podría encajar en cualquier obra de Black Francis en solitario. A partir de ahí, desplegados ya los primeros acordes, una audiencia conectada entonó los estribillos de "Chica de Oro", temas que dieron paso a "Mujeres Bellas y fuertes", momento en el que el guitarrista Gustavo 'Niño Elefante' Monsalvo, se lució con sus punteos. Los espíritu del indie-rock de los 90's planeaba sobre el cielo agitando las nubes y caía un fuerte chaparrón de nostalgia que a ratos daba una tregua para que el menda pudiera sacar alguna foto o grabar algún vídeo con su pulso de octogenario, y mientras me ponía a la faena llegaba "Mi próximo movimiento", el primer guiño a su pasado, una delicia rítmica que guarda similitudes con los primeros Los Planetas (de hecho J, líder de los granadinos, se declaró fan de la banda hace unos años), y que posee un texto muy mordaz, y tras una dosis elevada de 'pa-pa-pa-ra-bas', llegó la recta final, cerrando con "Yoni B",fin de fiesta apoteósico y preludio para Temples, dando un pequeño margen para refrigerarse con una cerveza.

Poco hubo que esperar a la puesta de escena de estos bravo psicodélicos de Kettering (Inglaterra), que se presentaron sin mediar palabra con "Colours to life", séptimo corte de su reciente y único álbum editado hasta la fecha, 'Sun structures', en el que como era de preveer, basaron su bolo. La música de estos veinteañeros con ganas de comerse el mundo y que vienen a ser la última sensación surgidas de las Islas, navega entre el rock sesentero y el setentero, desde la armonía a la distorsión controlada y prosiguieron su actuación con unas breves palabras de James Edwards, su alma mater, que muy gafe él, dijo que con esa llovizna se sentía como en casa (yo creo que más bien nosotros nos sentíamos como en su casa, porque no estamos acostumbrados a hacer honor a eso de 'hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo') mirando de reojo el color gris metálico que cubría el cielo para pasados unos pocos minutos tener que acelerar para terminar con lo previsto debido al panorama brutal chubasco que obligó al personal a cobijarse bajo la gran pérgola del recinto que tapa el supuesto merendero, mientras los canalones del enorme parapeto se convertían en amenazantes cascadas. Pero antes de ese triste desenlace que nos quitó las ganas de seguir disfrutando de la velada, se esmeraron en repasar sus canciones con brillantez.

No faltó nada, ni la electrizidad chispeante de "Shelter song", ni la sobriedad épìca de la homónima "sun structures", la belleza de "The golden throne", esos devaneos glam a lo T-Rex de "Keep in the dark", la sutilidad de "Move in the season", la potenica de "Mesmerise", o ese sabor floclórico de "A question isn't answered", que a mi personalmente me evoca la mística del "Innuendo" de Queen, por rara que suene la comparación. Una verdadera lástima no haber podido presenciar su solvente trabajo sobre las tablas por culpa de la gracieta divina. Inevitable fue acabar mojados como pollos, porque la intensidad con la que caía hacía inútil el uso de protecciones (chubasqueros, paraguas...ya me entendéis), pero cuando paró aún tuve ganas de acercarme a ver el inicio de Stromae, del cual no sabía absolutamente nada y que en vistas de lo que he leído por ahí, gustó y mucho, aunque hay que decir que el ochenta por ciento de los presentes eran paisanos suyos y doy por hecho que allí es un fenómeno mediático porque la gente se volvió loca cuando apareció. A mi la verdad es que no me cautivó lo más mínimo, cuestión de gustos, supongo, pero me recordó más a cualquier artista de Eurovisión que a nada que me pueda llevar al oído sin prejuicios. Y eso fue todo, amigos. Me queda la afilada espina de que por culpa de la cobertura y mi nula habilidad para buscar gente entre la multitud no pude ver al gran Miguel Arribas, habitual lector de este blog, con el que había quedado, pero no importa, porque seguro surgen mejores ocasiones. Por él, previa conversación telefónica, supe que Sky Ferreira estuvo floja merced a un sonido pésimo y que Holy Ghost! valieron mucho la pena. Respecto al resto de lo que se dio en esta edición del Primavera Sound, pues solo decir que una vez más ha dado beneficios económicos a los jerifaltes del mismo y emocionales a los que acudieron, así que todos contentos.


cobijarse bajo la gran pérgola del recinto, mientras los canalones del enorme parapeto se convertían en amenazantes cascadas.

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La propuesta de estos veinteañeros bebe de esos sonidos que cruzaron las décadas de los sesenta y los setenta, desde la armonía a la distorsión controlada

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La propuesta de estos veinteañeros bebe de esos sonidos que cruzaron las décadas de los sesenta y los setenta, desde la armonía a la distorsión controlada

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JUAN SON

martes, 13 de mayo de 2014
MERMAID SASHIMI (2009)

Restablecido de los males casi por completo, pues me falta iniciar una rehabilitación para recuperar la fuerza muscular en la zona afectada, vuelvo a reprender la marcha con el deseo de dar carpetazo a la mala racha y es por eso que quiero de una vez por todas dar vida a este blog que tan abandonado tengo por causas que se escapan a mi control. Como ya sabéis los que leísteis la última entrada, tuve una lesión de hombro que me obligó a permanecer mas de seis semanas con el brazo izquierdo en cabestrillo y eso borró cualquier intención de ir publicando cosas por aquí a excepción de ese mentado último escrito que gracias a las lindas manos de mi idolatrada Sra.Esmiz, se pudo finalmente plasmar. Paso página entonces a ese mal fario, empiezo de cero y hoy me enfrento solo al tema con el mayor de los entusiasmos a la hora de enarbolar los encantos infinitos de un disco espléndido que en esta temporada en el dique seco me ha acompañado por las noches para darme afecto y consuelo como ese amigo invisible que tienen los niños americanos en las películas de Spielberg. Es de justicia con lo dicho, que me ponga de nuevo a la faena reinaugurando este espacio con un artista que conocí a través de mi adorable colaboradora (la cual escribió algo divertido en su bitácora, 'Soy una pobre granaina', a colación de este repetorio) y más teniendo en cuenta que he cogido gran interés por el talento de este pequeño y joven genio de Guadalajara (Mexico), que antaño formó parte de los aclamados Porter y que debutó hace cinco años con este evocador 'Mermaid sashimi', recogiendo decenas de influencias y destacando ante todo por su potencial compositivo.

Llevaba tiempo atraído por las canciones de 'Atemahawke', la única obra editada por su banda madre, y también me había atrapado recientemente Aeiou, su proyecto a medias con Simone Pace (uno de los gemelos que forman junto a Kazu Makino, los magníficos Blonde Redhead), pero hace unas semanas profundicé más en las paredes de esta ópera prima en solitario y quedé embobado en cada destello creativo. Este muchacho es un genio, más allá de que desvarié con la interpretación de sus locuras experimentales a través de marcianos vídeos (se pueden encontrar muchos de ellos en la red grabados en plan casero) y de su estrafalaria actitud espontáneamente infantil, tan entrañable como inclasificable, su propuesta es fantástica, excitante y prodigiosa. Se puede describir su discurso como sorprendente, porque cada segundo que pasa aumenta su disposición al crecimiento de la originalidad. Uno oye las pistas una a una y en su memoria aparecen Chris Garneau, Kate Bush, Björk, Eurythmics, Windmill, Jónsi, The Postal Service, Matmos, The Notwist, Bat For Lashes, Aphex Twin, Patrick Wolf o Air, como posibles fuentes de inspiración y claro, solo queda quitarse el sombrero ante tal derroche de ambigüedad en su registro vocal y sus incesantes  variaciones estilísticas que abarcan el pop de cámara o barroco, el rock alternativo, la indietrónica y el trip-hop onda Portishead. Un primer paso valiente y arriesgado, muy propio de nuestro protagonista que es un tipo que no necesita sardinas para beber agua y hace siempre lo que se le antoja y en el que todo se cubre con teclados de aire lo-fi, beats descentrados y unas letras en inglés y castellano dotadas de lírica abstracta.

Allá donde Animal Collective se asfixian en ruidismo electrónico sin dejar huecos donde respirar y donde Sigur Rós nubla de distorsiones las atmósferas, nuestro amigo amplia horizontes para que podamos abrir los pulmones y entremos en calor sintiendo que hemos encontrado un hogar donde estar protegidos, sin temer al estruendo provocado por los fuegos artificiales del exterior, regresando a una inocencia que añorábamos. De algún modo estas doce piezas nos transportan a otro lugar, quizá a un mundo de fantasía, de nostalgia, melancolía, como una reconfortante emoción que nos hace volver a sentir como niños inquietos, esa belleza que une ideas atemporales y que también plasma Tim Burton en su filmografía, y es que de hecho su mensaje tiene puntos en común con las bandas sonoras que hacía Danny Elfman para el cineasta de Burbank (California), conclusión a la que acabo de llegar por mediación de mi querubín, que tanto me ayuda a ver las cosas con claridad.

Posiblemente despierta tantos aprecios como animadversiones en su país de origen, pero es indudable su destreza a la hora de crear y su maestría a la hora de cantar, siendo poseedor de una de las voces mas dotadas del panorama musical en la actualidad. Su registro es de esos que adoras o detestas a la primera escucha, tal como pasa con Antony Hegarty de Antony & The Johnsons, Santi Balmes de Love Of Lesbian o Hayden Thorpe de Wild Beasts, por citar solo algunos ejemplos. Yo soy de los que lo defienden a ultranza en ese aspecto. Además me cae bien, lo veo como un chico que no quiere crecer y disfruta de sus aficiones con la mayor de las pasiones, que lucha contra su timidez haciendo lo que mas le gusta en definitiva y que comparte su afición con otras personas que como él tienen sus momentos de flaqueza y sus momentos de esperanza. Por eso sus textos también son muy intimistas y se desnuda emocionalmente en ellos. Su particular universo de magia y fábula suena más fulgurante y propio que nunca en temas tan fenomenales como "The remains", con ese inicio teatral que en cierta manera puede emparentarse con la perspectiva del actor Ryan Gosling a través de su proyecto musical Dead Man's Bones, incorporando a la propia energía de los loops y secuencias digitales, unos gorgoritos que salen de sus entrañas y unos golpes accidentales que le dan un prisma reluciente al corte, sumándole un final sintetizado que parece tomado a préstamo del "Army of me" de la islandesa Björk, "Nada", un rayo solar optimista donde destaca un bajo marcado que es seguido por un ritmo constante que incita al baile abrumado por una loable belleza orquestal, emulando los momentos de gloria de su adorada Annie Lennox, "Mermaid sashimi", la cual da nombre al disco y que sube las revoluciones en cuanto a movimiento, aunando la danza más coqueta con el pop edulcorado, una ofrenda pagana en ácido cuyos héroes son seres mitológicos sumergidos, pasando de la tranquilidad a la angustia por no poder salir a la superficie, "Goldfish", reminiscencias de The Cure, con un ritmo de lo más agradable y fácil de digerir, y en donde su voz luce a todo lo que da, una verdadera joya sonora, "En camilla al quirófano", celestial introducción para "Captain whirlpool", que se inicia con un sonido que parece emular un envoltorio de caramelo despegándose al compás de un scratch circense de semi-vals, sin duda uno de los cortes más desconcertantes del lote y no necesariamente dicho en el mal sentido, pop opaco de texturas y capas ariscas, "Marianela", breve instrumental que recupera los violines del tema de apertura del álbum, "El resplandor", con una trompeta sampleada que da la bienvenida al palacio acuático, con coros fuertes,  sencillos y pegadizos, "Monitor flotando muestra señal", que prescinde de voces salvo por algunas frases ocasionales distorsionadas en vocoder muy bien trabajadas, "Toma esta menta", tic-tac de relojes en progresión para dar entrada a un medio tiempo que navega sobre el reggae y el cabaret contemporáneo, barnizando su espíritu libre de pop y jazz, y el elegante tributo "Ana Paula", dedicado a una amiga suya que falleció, un sube y baja entrecortado con una segunda parte que aleja la tristeza y recobra el animo para terminar feliz y saber que la imanación no tiene limites.

Juan Carlos Pereda o lo que es lo mismo Juan Son, tuvo como compañeros en esta aventura discográfica a César López (que tiene un par de discos en solitario en clave de jazz), Chemin Santillanes (colaborador de Hombres G, Shock Bukara y Sweet Electra), en tareas de instrumentación, y a Alex Pérez y Don C.Taylor (con una impresionante hoja de servicios que incluye los nombres de Pixies, Rod Stewart, Incubus, James Blunt, Elliot Smith, Cake, Los Tigres Del Norte, Julieta Venegas, Alice In Chains, Seal, Guided By Voices o Korn), tras los mandos en labores de producción.

THE ORAL POETS

miércoles, 16 de abril de 2014
JIM KELLY (2014)

Casi me veía en la obligación de abandonar durante un largo periodo mi querida bitácora a causa de la enésima luxación de mi hombro izquierdo. Una inesperada lesión que traerá consigo un mes de recuperación y la posible retirada definitiva del baloncesto por parte del menda lerenda, me ha minado la moral durante unos días quedándome pocas ganas de escribir, al disponer sólo de una sola mano móvil e ir más lento que el caballo del malo haciéndolo, pero como tengo una señora que vale un imperio y siempre me da soluciones, me he plantado este rato para dictarle estas líneas sobre un proyecto del que tengo tantas ganas de compartir mis impresiones, que no he querido demorar ni un sólo día más esta entrada. La música de The Oral Poets ha sido una auténtica bocanada de aire fresco y liberador desde que tuve acceso a su bandcamp, de hecho podría decir incluso que junto al debut de La Hey, el cual publiqué por aquí hace una semana, han sido los dos discos que más he disfrutado de lo que llevamos de año y la paradoja es que ambos son delicias autoeditadas por personas que aprecio y que han sido parte de la historia de este blog como visitantes habituales. Con toda sinceridad, os digo que ese afecto no ha sido coacción alguna a la hora de admirar este trabajo y analizar sus encantos al igual que cuando reseñé el glorioso disco de mi colega toledano. Esta pequeña muestra de cinco canciones cautiva por sí sola y no necesita de palabras alabadoras por mi parte pero me ha gustado tanto que no me voy a privar, así que en los próximos párrafos voy a contaros un poquito sobre ellos y a animaros a que acompañéis la lectura con la magia de sus adorables melodías.

Hace ya unos cuantos días el bueno de Manu, cincuenta por ciento de estos 'poetas orales', pasó a saludar en una vieja entrada usando su ilustre sobrenombre blogosférico y de paso me enlazó la página que muestra las composiciones de su grupo con la naturalidad del que envía una receta de las torrijas que hace su madre al primo lejano del pueblo, con ese desenfado y gracejo único que le han caracterizado siempre como tertuliano de este espacio. Tanto es así que en un principio pensé que la dirección que me adjuntó llevaría a una web en la que se podría acceder directamente a chistes de Félix El Gato, trailers de películas de Pajares y Esteso o cualquier otra ida de pinza de las suyas, porque de verdad que he conocido poca gente que sea tan de la broma como este hombre, pero como también sé que es campechano y modesto como el que más, al abrirse pestaña nueva y ver la portada de este flamante 'Jim Kelly', supe que iba a escuchar algo grande surgido de su ingenio antes siquiera de llegar a reproducir los temas. Conocida su devoción por todo lo relacionado con Conor Oberst (especialmente Bright Eyes) y a sabiendas de su inclinación por el pop y el folk de gente como Frank & Walters, Mojave 3, Villagers o Fleet Foxes, Bon Iver, di por hecho que la cosa iría por esos derroteros, pero tras la escucha íntegra de las siete piezas expuestas, descubrí que no se limitaba a rendir pleitesía a un sólo género o estilo.

Un poco de pop barroco, leves tintes de indietrónica cristalina y un bello manto retro, quizá expuesto de manera inconsciente, son los baluartes estilísticos que podemos degustar en los escasos veinticinco minutos que dura su repertorio. Cuidadas polifonías, pegadizos acordes, atmósferas bucólicas, y un perfecto uso del inglés para comunicar su mensaje son otros ingredientes a destacar de una ópera prima realizada codo con codo, por un dúo que consigue que al escuchar sus temas te puedas imaginar tanto en una inmensidad gélida de yermo terreno, como sintiendo la brisa al pie de verdes colinas desde las que divisar océanos preciosos donde uno siente su alma surcando los mares a bordo de un ferry haciendo que las distancias de este mundo parezcan más cortas. Un discurso con el que empatizar, en el que hallar lugares comunes, de los que dejan un grato sabor de boca y que, al menos en mi caso, produce una sensación familiar que deriva en adicción.

Afincados en Burgos (Castilla-León), Manu autóctono de pro, había intentando en su juventud sacar adelante algún proyecto musical sin éxito, y Chrisy llegó a la banda con formación clásica en piano, aparte de una fructífera carrera en diferentes conjuntos municipales de su Irlanda natal. Hoy con dos años a sus espaldas, él aporta el gusto por la música independiente y la melodía sencilla, mientras que ella contribuye con su sensatez y técnica, complementándose a la perfección y cruzando los caminos idílicos de los ambientes rurales (o simplemente paisajísticos, según se mire) de sus respectivas tierras. Aunque de momento como dicen ellos su música todavía sea de habitación en habitación, considero que aquí hay mimbres suficientes como para afirmar que estamos ante una realidad absoluta que crecerá en mesura cuando encuentre una promoción digna de su calidad y eso es solo cuestión de tiempo si como carta de presentación ofrecen caramelos tan gustosos como "The golden flower", una preciosidad que de buenas a primeras destapa el as escondido de su manga para crear ofrenda de su fórmula, compuesta por una estupenda voz, una impecable ternura acústica, un ritmo accesible y una armonía jugosa de órgano que hace fácil el flechazo, al tiempo que trae a la cabeza a The Magnetic Fields, Seabear, 4 Bonjour's Parties y varios de los pesos pesados del catálogo de Sarah Records como The Orchids o The Field Mice, y es que esto podría ser perfectamente un hit potencial en la campaña de distribución de un sello especializado en estos sonidos, "Water creek", brava, con nervio, pero envuelta en una lona nostálgica abrumadora (en el buen sentido), adornada con una flauta que da una sutil caricia celta o quizá medieval a ese universo que une a los Low de 'The great destoyer' con el Bill Callahan más temperamental (época Smog), penetrando en nuestro interior la fuerza de su eléctrica distorsión para acto seguido aminorar los latidos de nuestro corazón con la dulce proximidad al ideario de The Postal Service que propone "Light tail star", que a causa del uso de las seis cuerdas sin enchufe nos evoca también a The Elected, pero que sin embargo no esconde en su perfil electrónico la verdadera atracción del corte, que no es otra que el dotado registro vocal de Manu, que entona con claridad y melancolía un letra coherente, "Jim Kelly", pista homónima que probablemente tenga el honor de ser la más inspirada del lote aunque en realidad todas rayan a un nivel altísimo, con ese piano algo western, y ese estribillo que me recuerda una barbaridad al "I can't see clear" de Espers, del mismo modo que su predecesora "For the love twenty-men", me recupera personalmente el deleite de sentir la misma satisfacción que cuando oí por primera vez los discos en solitario de Colin Meloy al margen de The Decemberists. Esas cinco brillantes gemas completan el álbum, y como uno se queda con ganas de más, busca y encuentra beneplácito en la generosa propina que suponen la exquisita "Grass an snow" (ambiental sensitiva), "Stargazer love glory", "Bold winter body" (cantada por ella sobre la más profunda belleza coral, entre Claudia Bonson de Future Bible Heroes y Elizabeth Mitchell de Ida), "Shorten life" (en deuda seguramente involuntaria con "Oración" de Héroes Del Silencio), y "Comets the earth" (que se coló en el documental sobre jóvenes artistas 'Transkripzion'  de la productora lacabranegra.com, aumentando un poco su difusión), repóker de singles embrionarios con sus respectivas portadas (todas sobresalientes), que ya mostraban la orientación del grupo.

Manuel Catalina, encargado de tocar todas las guitarras, el bajo, componer toda la base de las canciones y los arreglos, amén de poner su voz, y Christina Kelly, responsable del resto de matices de post-producción, flautas, órgano y coros, son The Oral Poets.

http://theoralpoets.bandcamp.com/

MÉLISSA LAVEAUX

martes, 18 de marzo de 2014
DYNG IS A WILD NIGHT (2013)

Añoraba el sol, necesitaba que volviera la luz natural que produce y su energía, los días fríos me gustan solo a medias, no me sientan del todo bien por dentro, es una sensación rara porque al contrario de lo que le pasa a la mayoría, gozo con el calor, de alguna manera me activa, y este fin de semana ha vuelto a invadirme esa sensación de bienestar con la subida de las temperaturas. Claro está que tiene muchos contras, como que vuelve a oler a tigre de bengala en el transporte público, que uno suda como un tocino si peca de precavido y se pone más ropa de abrigo de la necesaria, o que se pierden mas cosas por falta de bolsillos, algo que no pasa si cuentas con los de una chaqueta en días frescos, pero me quedo con los pros, al menos los emocionales que os contaba hace un momento y el hecho de que alarga el día, eso es principalmente lo que más agradezco de estas fechas, de la inminente llegada de la primavera, que por fin se ajusta la hora y la noche llega cuando le corresponde. Que mal llevo lo de que se retrase una hora el reloj en invierno, que estupidez más atroz, metida con calzador además, porque cada año nos tratan de vender la moto con la excusa de que es por ahorrar, pero bueno, por un tiempo eso se acabó, todo vuelve a la normalidad y en jornadas tan idílicas como esta uno puede disfrutar de cualquier buen disco con la ventana abierta un dedo para que entre una ligera y cálida brisa que se agradece un montón. Hoy he escogido para amenizar esa estampa y de paso comentar por estos lares, el último trabajo de la canadiense Mélissa Laveaux.

Supe de la propuesta de esta joven artista nacida en Montreal (Quebec), pero criada en Ottawa (Ontario), con su apacible debut de hace ocho años, 'Camphor & copper' (en realidad lo que me llevé al oído fue una reedición pulida de esa ópera prima, publicada con una mayor distribución tres años después), aunque antes había leído una jugosa entrevista concedida a una famosa revista musical especializada de este país y me atrajo como la miel a las abejas porque en ella afirmaba con suma humildad sus influencias y se le veía una persona honesta de cabeza bien amueblada pese a su corta edad. A la primera escucha descubrí un universo que tenía como baluartes, una voz tostada de superficie un poco árida y una guitarra pulsada con instinto percusivo. Usaba en su primer disco esas dos herramientas para esbozar canciones de aspecto desnutrido, de vestimenta corta, fundiendo temperamento y simpatía por lo minimal, pero que a su vez causaban empatía y se intuían portadoras de sentimientos hondos. Música con destacado contenido narrativo, minuciosa pericia a las seis cuerdas y trasfondo rítmico tropical, porque sus raíces familiares provienen de Haití, dato fundamental para comprender la originalidad de su sonido. La mizik rasin o lo que es lo mismo, la música de raíz de la isla más grande de la Polinesia Francesa situada al sur del Pacífico, estuvo muy presente en su hogar desde bien temprano e inevitablemente eso marcó sus composiciones, además de darle condición de políglota pues el álbum se erigió como un notable producto de mestizaje que se manejaba en tres idiomas, el inglés, el francés y el créole o criollo haitiano, que integra palabras de lenguas de África occidental como el wolof, el fon y el yoruba. Fue una gran puesta en escena, pero quedó empequeñecida, a mi juicio, con su siguiente paso discográfico, este fulgurante 'Dying is a wild night', una total transformación para llegar a la madurez creativa sin olvidar el origen pero sumando en variedad estilística y sobretodo engordando la instrumentación, ganando enteros en emoción para llegar a un público más amplio, abandonando la pequeña linealidad de antaño y yendo directa al meollo.

Un paisaje mucho más apropiado entorno a su identidad, porque el nervio de las once piezas de este segundo asalto es el ideal para su imaginario lírico, reinado por las metáforas, cruzando reflexiones sentimentales con pensamientos de lectura cívica, en el ala del compromiso antirracista y feminista aunque en los textos prefiera enfocar esas cuestiones desde un encuadre cabal. Cuando defendía a través de la prensa sus inicios, comentaba que le gustaba pensar que su música tenía varias capas de sonido, que en ella se pudieran integrar muchos instrumentos y una gran gama cromática, al mismo tiempo que se disfrutara de un nivel íntimo y que conseguirlo en su siguiente entrega era su objetivo prioritario, y cuatro años después se hizo realidad su deseo. La fórmula no obstante siguió intacta, la idea de escribir desde un punto de vista concreto, siempre a través de un personaje y haciendo ademán de reivindicación sin necesidad de soltar grandes manifiestos contra los gobiernos, optando por sugerir, aunando consignas implicadas con bonitas melodías, al igual que hacen algunas de sus fuentes de inspiración, tales como Ani DiFranco, Greg Brown o Gillian Welch.

Importantes son esos nombres para aventurarnos en su mundo, como lo son también los de ídolos reconocidos como Elliott Smith (de quién versiona "Neddle in the hay", en su primer trabajo), Lura, Feist, Meshell Ndegeocello, Ane Brun, Nina Simone, Eartha Kitt, St. Vincent, Billie Holiday , Goldfrapp y Bessie Smith. Gustos variopintos que llevan a comprender el carácter ecléctico de sus obras. Folk, jazz, reggae, pop, rock, blues...un inagotable abanico de estilos asoma por las paredes de este larga duración que supuso su asentamiento en la industria. Inspirándose para el título en una cita de la poetisa Emily Dickinson, saca su lado salvaje (pero controlado y no desatado) en cortes tan excitantes y vitales como "Postman", mi favorita ya de primeras, una sensacional introducción a su desprejuiciado universo, que une tendencia post-punk con ritmos tribales, con ricas atmósferas como telón de fondo, alternando rasgueo y fingerpicking, y seduciendo con candor armónico y sabor a swing, "Hash pipe", relectura bailable y saltarina del ya de por si brillante pelotazo de los tremendos Weezer, que lleva con soltura a su campo de acción haciéndola suya, una sorpresa mayúscula que le da más crédito todavía, "Drew breaker", giro radical para acariciar las almas compulgidas con nocturnidad y belleza soul, una pista que sería encumbrada a los altares de haber sido firmada por cualquiera de las nuevas elegidas del género en su actual segunda juventud, "Pretty girls", otro salto hacía adelante, esta vez para buscar la velocidad de unas ESG o una Santigold (antes conocida como Santogold), "Move on", coqueteo con las formas modernizadas del hip-hop, poseedora de un estribillo ganador y un compás elástico, "Sweetwood", bajo punzante, mucho aroma 70's y enérgicas percusiones, "Generous bones", donde su peculiar voz se lleva todo el peso, y ese que ese tono raspado es cautivador, "Triggers", llegada de la electrónica en un tratado corrosivo algo altisonante, y "Pié bwa", suavidad acústica de pulso tranquilo, que supone la única concesión a una lengua que no sea el inglés, pues para la ocasión canta en criollo, una muestra más de lo presente que está la procedencia de la sangre que corre por sus venas.

Mélissa Michelle Marjolec Laveaux, tuvo como banda de apoyo al trío de productores The Jazz Basterds, compuesto por Ludovic Bruni, Vincente Taeger (miembros a su vez de Poni Hoax) y Vincent Taurelle (habitual teclista de Air tanto en directo como en estudio) y a la emergente vocalista Thea Hjelmeland, haciendo coros en un par de temas del álbum.


JASON COLLETT

jueves, 13 de marzo de 2014
IDOLS OF EXILE (2005)

Esta última semana la he dedicado a ver películas recientes en línea y he disfrutado del séptimo arte como antaño, cuando no sufría la meca del cine la crisis de ideas que le lastra en la actualidad. Ha sido como un resurgir de emociones ver largometrajes tan interesantes, emocionantes y distintos entre si como 'Nebraska', 'Alabama Monroe', 'Dallas Buyers Club' o la fascinante y conmovedora 'Her', la cual disfruté ayer mismo y que me dejó convencido de que todavía quedan historias sensacionales por contar partiendo de una idea ficticia y que tal vez los tiempos de recurrir a remakes, biopics, superhéroes y hechos reales, queden atrás, al menos en cuanto a protagonismo total en la gran pantalla porque también se cogen a menudo buenos conceptos de ahí, pero es necesario en mi opinión, seguir creando a partir del ingenio. La cosa es que la premiada película de Spike Jonze, me encantó porque aparte de disfrutarla con la mejor compañía del mundo mundial y acompañarla de una tertulia con esa misma persona que no es otra que la niña de mis ojos, me dejó una preciosa sensación de calma emocional, algo que continua en esta dulce mañana soleada en la que solo me apetece relajarme tras escuchar la banda sonora de dicho filme creada para la ocasión por Arcade Fire y su otrora colaborador Owen Pallett, con un poco de la música de otro ilustre canadiense, Jason Collett, miembro de los geniales Broken Social Scene, que en su faceta de artista en solitario, entrega autenticas gemas preciosistas de folk reposado en el que prevalece la sutilidad y fragilidad de un discurso que es pura honradez.

Natural de Bramalea (Ontario),comenzó a escribir canciones a una edad temprana como válvula de escape a su aburrida vida en el que es el mayor suburbio de la ciudad de Toronto. Cogió a Kris Kristofferson, Bob Dylan y Nick Lowe como influencias y se fue a buscar la vida al centro de la gran urbe para trabajar de ebanista, carpintero, y reformista (lo que se conoce vulgarmente como 'chapuzas, vamos) con la idea de sacarse un dinero con el que poder comprar instrumentos y aparatos con los que poder desarrollar su pericia musical. Pronto hizo amistad con Hawskley Workman (cantautor de notable reputación en el país de bandera con hoja de alce, por lo efectivo de su propuesta a caballo entre el glam-rock y el cabaret pop) y con Andrew Cash (que en la actualidad está inmerso en su carrera política y es miembro del parlamento para el área de Davenport, y que en su día destacó como músico en la banda punk L'Étranger), para fundar Bird, un grupo que tan solo editó un álbum llamado 'Chrome reflection', pero que le supuso el espaldarazo definitivo para animarse a tratar de vivir de la música construyendo material propio tras la disolución del efímero proyecto. Antes de lanzarse a la piscina tuvo también una breve incursión en otro grupo, Grievous Angels, donde volvió coincidir con un futuro político, Charlie Angels. En ambas bandas predominaba el alt-country como base estilística, y por ahí van los tiros en la práctica totalidad de su discografía. No obstante, el verdadero golpe de efecto en su vida fue su entrada en el colectivo liderado por Kevin Drew, pues a partir de ahí, dejó la madera para siempre y comenzó a vivir del medio que tanto disfrutaba.

Desde entonces su evolución ha sido sana y meditada, equilibrada en cuanto a iniciativa, sacando a relucir su garra en los álbumes de BSS y endulzando su mensaje en los siete trabajos de estudio firmados con su nombre completo. Unas canciones tranquilas, de suaves texturas con melodías accesibles y con notables colaboraciones que se prestan a ponerse al servicio de un imaginario de gran franqueza y factura intachable. De esa lustrosa colección me quedo personalmente con este acogedor 'Idols of exile', cuarto en su haber, que cuenta con una mejor elaboración que sus antecesores y raya al nivel de sus obras más recientes con la diferencia de que carece del compromiso reivindicativo que preside su mensaje en la actualidad (se le conoce también por su afiliación al partido demócrata canadiense). Aquí su ideario es conciliador y entra a la primera, dibujando un buen paisaje de fondo a nuestros pensamientos.

Lo consigue con piezas tan adorables como "Fire", en la que comparte protagonismo vocal con Amy Millan, cantante de los magníficos Stars, cantando al unísono un estribillo que destila un familiar aroma a café, un corte sensacional que se acerca por momentos a lo que hacen The Sea And Cake cuando deciden reducir la marcha, ideal para abrir boca y ponernos en situación para afrontar el global del disco, "Hangover days", con la participación de Emily Haines, líder de Metric, una pista de melosidad pop que recuerda mucho a She & Him, aunque quizá se debería decir que lo que hace el proyecto de Matt Ward y Zooey Deschanel tiene connotaciones con esto y no al revés, pues su fundación es posterior a la fecha de concepción de esta rica tonada, "Brownie Hawkeye", próxima a Richard Swift incluso en las maneras, probablemente también a la parte nostálgica de Sufjan Stevens, exquisita con esos vientos y ese vibráfono, sin duda uno de los baluartes del lote, "We all lose one another", precioso pop soleado con unas estrofas que son pura gloria y un violín que es pura oda a la melancolía, mi favorita del repertorio por su carga emocional y su condición de hit estelar, "I'll bring the sun", que con velocidad de crucero cambia el rumbo para hacernos pensar que tal vez no se aleje tanto de lo que toca en su banda madre como cabría esperar, "Tinsel and sawdust", muy afín a lo mostrado por los últimos Wilco pero en una onda más atmosférica como harían Tired Pony, por ejemplo, "Feral republic", para que entre el sol por la ventana y brille el metal de los instrumentos de viento con su reflejo, "Pavement puddle stars", que no sé si explícitamente debido a su título, pero guarda similitudes con la faceta apegada al sonido americano de los de Stephen Malkmus, "Almost summer", que perfectamente podría entrar en la cualquier referencia de Ron Sexmith, tierna, simpática, de las que te pasan el brazo por el hombre en señal fraternal, "Pink night", donde juega a ser el Neil Young de 'Comes a time', y "These are the days", fin de fiesta y nunca mejor dicho porque esta clausura sabe a miel y llena de optimismo cada poro de nuestra piel. Excelente faena.

Jason Collett se rodeó de músicos amigos para dar un tono celestial al álbum, y así podemos encontrar en sus créditos a los anteriormente mencionados Kevin Drew, Emily Haines, Amy Millan y Andrew Cash (los tres primeros son compañeros suyos en Broken Social Scene, que aparecen por aquí al completo), Brendan Canning (otro miembro de BSS que aparte lidera Valley Of The Giants entre otras formaciones de nivel), Ravenna Barker, Howie Beck, Chris Brown ( fundador de los extintos Bourbon Tabernacle Choir), Julian Brown, Evan Cranley (que compagina su arte al servicio de Stars, Metric y Broken Social Scene...todo queda en casa), Bob Egan, Leslie Feist (que decir de esta mujer de notable carrera en solitario e inmersa también en el requetenombrado colectivo), Gabrielle Hrynkiw, Alfie Jurvanen (más conocido como Bahamas en su labor artística), Kersti Mcleod, Liam O'Neil, Julie Penner (violinista de Do Make Say Think y The Weakerthans), Justin Peroff (batería de Broken Social Scene), Tony Scheer (reputado músico asociado al jazz), James Shaw (cerebro de Metric), Jason Tait (batería de The Weakerthans), Paul Taylor (respetado saxofonista de jazz estadounidense), Andrew Whiteman (voz de Apostle Of Hustle y como no! también en Broken Social Scene) y Charles Spearin (alma mater de Do Make Say Think y...adivináis? si! otro más de BSS).