PS I LOVE YOU

martes, 9 de agosto de 2016
FOR THOSE WHO STAY (2014)

Antes de emprender la marcha para iniciar las vacaciones veraniegas, me ha venido de gusto escribir una entrada nueva y ante la duda de a que banda dedicarla he llegado a la conclusión de que lo mejor sería hacerlo a la que ha sido la formación que más he escuchado en los días que han transcurrido desde el último post hasta hoy. PS I Love You, han sonado para mis oídos a todo trapo en diversas ocasiones esta última semana. han sido como una pequeña adicción desde que buscando imágenes de no recuerdo que otro grupo, topé con una foto de ellos y leí un breve artículo sobre su música. Me sedujo lo que explicaban a cerca de su sonoridad, rápido fui a su bandcamp a escuchar de primera mano por donde iban los tiros y enseguida conecté con su imaginario, tal vez porque sus obvias influencias me gustan y también porque aún siendo fáciles de ubicar me parecieron bastante genuinos o cuanto menos muy capaces de crear capas que le den un aire fresco y personal a su discurso. Me sorprendió el hecho de que aún llevando en esto más de diez años no sean muy populares al otro lado del charco, pero supongo que son tantas las maravillas que nos llegan de Norteamérica que es imposible que haya espacio para todos. Sin embargo están bajo el amparo de un sello discográfico con solera dentro del mundillo independiente y puede que su suerte cambie de la noche a la mañana porque calidad y atractivo tienen de sobra.

Compañeros en Paper Bag Records de ilustres combos canadienses como Broken Social Scene, The Acorn, The Rural Alberta Advantage, Frog Eyes, Elliott Brood, Magneta Lane, Born Ruffians, The Deadly Snakes, Stars, Uncut o Tokyo Police Club, el dúo de Kingston (Ontario), se ha ido abriendo hueco en su país de orígen con una notable discografía que se compone de tres discos de larga duración, cuatro Ep's y un directo oficial. Moviéndose entre el indie-rock y el noise-pop de alma garagera, el proyecto nació como una aventura en solitario de Paul Saulnier bajo el nombre de Magic Jordan en un claro guiño a sus ídolos baloncestísticos Earvin 'Magic Johnson y Michael Jordan. Originalmente escribía canciones a solas y componía con guitarra, órgano de pedal, y un teclado Casio, pero finalmente hizo una actualización rítmica reclutando al batería Benjamin Nelson para reemplazar con percusión real el irregular rendimiento extraído a una caja de ritmos por la que tenía muy poca confianza. Juntos y ya con la denominación actual de la banda, crearon un sonido que maníaco, atmosférico, brillante, permitiendo que las ondas de melodía fuercen trayectos fulgurantes a través de densas capas de reverberación y ruidos orgánicos.

En este álbum concreto su producto ganó enteros y asimiló mejor su abanico de influencias. El álbum es pura dinamita cacofónica que subvierte en lo tradicional, sin lujos virtuosos en el enfoque noventero de sus guitarras y echando el peso en un doble bombo que ruge como un bofetón embriagador de espectral shoegaze, retroalimentación impulsada y nervioso post-hardcore, para desembocar en un efecto atrapado por los encantos de Sunny Day Real Estate y los The Cure de la época de 'Desintegration'. Dicho esto, para la totalidad de su ambiente textural, elaboraron una losa pop muy bien centrada y la adornaron con una carrocería lo-fi que le da un consejo a los que analizan su mensaje con ojos de maníacos confiteros del pasado, aquellos que tienen a Pixies, Pavement, Weezer y The Jesus And Mary Chain en un altar, porque si bien ese ambiente impregna la mayoría de los procedimientos, incluso cuando ambos músicos tratan de subvertir, su trabajo va más allá del mero cliché. Está claro que planea la sombra de los que se gestaba en aquella década denro del estilo que practican hoy en nuestros días, pero también la voz y las armonías nos llevan a recordar a Arcade Fire, Talking Heads, Wolf Parade y Clap Your Hands Say Yeah!.

'For those who stay', tiene la energía suficiente como para captar nuestra atención durante los treinta y ocho minutos que dura la faena. Nueve canciones trepidantes que al final de su cometido te dejan noqueado y que desde mi humilde punto de vista comienzan a reproducirse por orden de inspiración. Así pues la inicial "In my mind at least", es la más rotunda del álbum. En ella evocan una épica cautivadora cercana al pop maldito de los 80's, manejada por la vinculación entre esa percusión atronadora ejecutada a velocidad terminal y la maraña de guitarras acústicas con gigantescos guantazos de electricidad distorsionada, con Saulnier canalizando con mesura lo que extrae de su interior como si fuera una versión actualizada de Black Francis pisando tierra con firmeza, como si de un predicador de la calle o un animal enjaulado se tratará, un corte que en su melodía puede también traernos a la memoria el delicioso "Sugarcube" de Yo La Tengo en el tratamiento instrumental de su base, o quizás yendo un poco más allá a los impactantes My Vitriol respecto a las formas, luego sigue el ataque despiadado con "Advice", que es como si Band Of Horses, dejaran de sonar pulidos y elegantes dentro de su desbordante heterogeneidad bucólica, y como si estos volvieran a colaborar con J Mascis (tal como han hecho en su último plástico) pero dándole vía libre con las seis cuerdas esta vez, luego un receso con la preciosa "Bad brain day", a la que le dan un sabor folkie emocionante y unas capas sensoriales de un magnetismo sobrecogedor, tanto que se podría decir que esta es la pista más redonda del lote, recuperando la crudeza con el aroma stoner que desprende "Limestone radio", deudora de la cara más accesible de sus paisanos Death From Above 1979, con un estribillo a la vieja usanza, siguiendo con la homónima "For those who stay", la más larga del disco, con ademanes hard-rockeros de tinte progresivo e iluminando con las teclas y esos coros aguerridos, y a continuación un póker de ases para finalizar con honores la obra, formado por la cavernosa "Afraid of the light", perfectamente equilibrada con un pie en el resplandor y otro en la oscuridad, "Friends forever", jovial y desenfadada, más afín a lo que hacen Grouplove que a cualquiera de sus presuntos referentes, pero también inclinada en reverencia inequívocamente a los ritmos y maneras del glam de T-Rex, como lo está "More of the shame" a la destreza ruidista de Dinosaur Jr. un grupo cuyo espíritu resuena a la largo y ancho de estas canciones, y "Hoarders", bestial fusión de elementos en crepitar sonoro. Muy grande.

PS I Love You juega en su denominación con las iniciales de su fundador Paul Saulnier, quien compone el grupo junto a Benjamin Nelson. En el estudio de grabación les acompañaron Tim Bruton (al que podemos encontrar en Diamond Rings, Forest City Lovers y Evening Hymns), Wayne Petti (líder de la recomendable banda de alt-country Cutt The Duke, que habitualmente acompaña a Hayden en los escenarios, y también alma máter de The Hylozoists), y Matt Rogalski.

https://psiloveyouband.bandcamp.com/album/for-those-who-stay-lp

JOIE DE VIVRE

viernes, 29 de julio de 2016
THE NORTH END (2010)

La 'joie de vivre' es una expresión francesa que significa mucho más que su simple traducción literal (alegría de vivir). Es una filosofía que se basa en aceptar la vida con todo lo que ello conlleva, lo bueno, lo malo y lo regular. Esta emoción está en nuestro interior, pero nosotros la buscamos fuera, a través de lo material y dependiendo de nuestra relación con los demás. Eso nos produce ansiedad e insatisfacción, porque raramente la encontramos, así que el lema viene a decir que no hay que agobiarse tanto y dejar que las cosas fluyan. Tal vez en los pequeños placeres de nuestra existencia, podemos ser más convincentes a la hora de aplicarnos dicha consigna. Disfrutamos de un buen plato de comida cuando tenemos hambre sin importar que no le llegue a la altura del betún al que nos hizo nuestra madre o nuestra pareja la noche anterior o al que preparamos nosotros mismos escasas horas antes en un momento de inspiración, gozamos un momento de calma aunque nuestra mente no esté despejada del todo o guardamos buen recuerdo de un viaje que no salió a pedir de boca en cuanto a los flecos, solo por haber desconectado de la rutina y haber visto cosas que nos han llevado al bienestar anímico. Se pueden poner muchos ejemplos de esos gustos mínimos que hacen todo más bella, y por supuesto ahí va incluida la música. Por eso me parece ideal el nombre de este quinteto de Rockford (Illinois).

Se ajusta su sonido a ese deleite que proporcionan los instantes de placer (en este caso auditivo, claro) cotidianos que podemos degustar al reproducir un disco, sin necesidad de que lo que hacen nos parezca único o incomparable. Es en parte lo que tiene el emocore en este nuevo resurgir que vive y que ya quise reivindicar con la entrada anterior dedicada a Dikembe, que sin deslumbrar, entra muy bien de buenas a primeras y se hace accesible a medida que avanza. Joie de Vivre, entrarían en ese saco de renovadores del género que mencioné el otro día, pero afiliados a la cara más melancólica y menos inmediata de esta acepción. Lo suyo estaría más cercano al sadcore de Bedhead, American Football, Mineral (de ellos hacen una relectura de su famoso "Palisade" en sus directos) y Codeine, compartiendo con Football etc, Foxing y Castevet, la corona del llamado 'Midwest emo revival', un movimiento de bandas afines a dicha memorabilia estilística que se concentra en esa zona de los Estados Unidos de América. En los nueve años que llevan batallando, han editado dos lp's, tres Ep's, cinco splits de 7 pulgadas compartidos con gente como Annabel, Prawn, The Reptilian, Sleep Bellum Sonno, The Please & Thank Yous y Empire! Empire! (I Was a Lonely Estate) , un álbum en vivo y otro de rarezas.

Poco se puede averiguar sobre como se conocieron los miembros del grupo, porque decidieron montar este proyecto o que pasos dieron hasta llegar a publicar material, más allá de que hubo diversos cambios en la plantilla en el pasado, así que lo más sensato y prudente es ahondar en lo que nos ofrece su discurso, y más concretamente con motivo de la ocasión, en el que fuera su debut en formato largo, 'The north end'. La compulgida "Summer in New London", abre con calma el telón al son de una trompeta que está presente a lo largo y ancho del disco y que es marca de la casa, uno de sus puntos fuertes y diferenciadores, y mientras el marcado punteo de bajo eléctrico y esos acordes transparentes se enredan con la melodía, la voz resurge en un clamor afligido pero pasional, un gran comienzo que se mantiene equilibrado con "Salt", con el tono tristón del notable instrumento metálico de viento, abrumado por los platos y la distorsión, y el nailon acariciado con tesón, para recitar un texto descorazonador sobre una figura paterna errática, "Sundays", donde los riffs dibujan una armonía grácil y optimista fácil de asimilar, un corte en el que la coralidad hace acto de presencia y en el que la voz palidece en su cambio de registro hacía un prisma abstracto, "Upper deck San Diego", seguramente su composición más celebrada, una bella creación que alcanza un clima sólido y triunfa en su concepción del proceso de la tranquilidad a la intensidad, "Next year will be better", controlando los tiempos al compás de esas notas de la omnipresente trompeta hasta que entra la voz de Lutmer y su destreza con las cuatro cuerdas, "One in the same", pista de deliciosa progresión, que dentro de su oscuridad conserva un mensaje de superación respecto a la ruptura y la añoranza de una valiosa relación perdida, "Praise song", mi favorita del lote, aproximándose a los Sunny Day Real Estate de 'Diary', aunque desprovistos de la energía y el empaque de aquel magistral álbum de los de Seattle (Washington), y "Autumn in New London", que finiquita este primer trabajo cerrando el círculo emprendido en su canción de apertura, desmarcándose de lo ofrecido en el resto del minutaje al mostrarse intimistas sin más instrumentación que una acústica de tierno recorrido.

El vocalista, bajista y fundador Brandon Lutmer junto a Paul Karnatz, Chris Fench, Geoff Scohtt y Steve Kurzac (más tarde sustituidos en la formación por el trompetista Mark Jaeschke, el guitarrista solista Patrick Delehanty, el guitarrista rítmico Warren Franklin y el batería Stewart Oakes, respectivamente) formaban entonces Joie de Vivre con la participación del organista Zach Staas.

https://joiedevivreband.bandcamp.com/album/the-north-end

DIKEMBE

miércoles, 20 de julio de 2016
BROAD SHOULDERS (2012)

Cualquiera que me conozca un poco o que entre por aquí de vez en cuando sabrá que aparte de ser un enfermo del deporte de la canasta, soy también un poco palizas con el tema y me encanta hablar o escribir sobre ello, por eso hoy voy a aprovechar de nuevo la oportunidad como en tantas otras ocasiones he hecho cuando he elegido un grupo con el que puede utilizar algo como coartada. Sigo el basket desde que tengo uso de razón, creo para ser más exactos que desde que me hice una colección de cromos de la ACB y la NBA de un año para otro, aunque no recuerdo cual fue primero pero si que eso desembocó en el seguimiento de los partidos que daban en Televisión Española del campeonato estatal y los encuentros en diferido que ofrecía La 2 de la siempre abrumadora (en el buen sentido) liga estadounidense, dentro del memorable programa 'Cerca de las estrellas' con locución de los inolvidables Ramón Trecet y Esteban Gómez. Seguramente fue en el año 1988, porque tengo fresca en la memoria aquella serie final entre Lakers y Pistons con victoria final de los de Detroit y fue aquel el año que me harté de comer palomitas y alucinar junto a mis padres y mi hermano viendo las maravillas que hacían en el parquet durante la temporada regular monstruos como Dominque Wilkins, Michael Jordan, mi idolatrado 'Magic' Johnson, Alex English, Larry Bird y tantos otros que nos robaban el sueño todos los viernes de madrugada. A partir de ahí, me hice asiduo, hacía flipar a mis compañeros de sexto de E.G.B. recitándoles la plantilla completa de cualquier equipo que me preguntaban ya fuera europeo o americano y llevé a la práctica mi pasión aunque sin destacar demasiado más allá de ponerle corazón a la hora de jugar. Me viene a la memoria lo que me motivaba para mejorar mi capacidad de salto, bastante limitada con el paso del tiempo pero que en la infancia y la adolescencia era bastante respetable. Quería taponar los tiros del rival como lo hacía mi querido Manute Bol y luego como lo hacía otro paisano continental suyo, el también africano Dikembe Mutombo.

Ahí quería yo llegar incluso antes de lo que lo he hecho pero me es inevitable hacer una introducción corta tanto con el baloncesto como con las anécdotas del pasado. La cosa es que me gusta analizar mis gustos y ver que muchas veces evolucionan (o involucionan porque quién soy yo para echar flores a algo mío?) en paralelo, de modo que igual que me fijaba en cierto tipo de jugador en mis años mozos y ahora lo hago en otro bastante distinto, con la música o el cine me ha pasado casi igual, pero eso no evita que todavía me siga emocionando viendo u oyendo que he ido variando en preferencias de ayer a nuestros días. Por eso cuando hace unos meses conocí la propuesta de la banda a la que quiero dedicar unas líneas en este momento, pensé que su nombre era perfecto respecto a lo que significó para mi la existencia del estilo que practican. En fin, que me lió como siempre...el pívot zaireño o mejor dicho congoleño, no era un prodigio en ataque, pero como defensor era un valladar capaz con sus acciones de levantar de sus asientos a los aficionados de Denver Nuggets, Atlanta Hawks, Philadephia 76ers, New Jersey Nets, New York Knicks y Houston Rockets, equipos profesionales en los que militó tras haber cursado estudios y jugado para la Universidad de Georgetown. Pocos jugadores foráneos tuvieron un impacto tan grande como el suyo en las décadas de los 90's y los 00's, y todavía ostenta el honor de haber sido uno de los tipos que más prolongó su carrera, colgando las botas a solo un par de meses de cumplir 43 años. Tal vez por esas razones estos cuatro figurines de Gainesville (Florida), decidieron bautizar con su nombre de pila su proyecto musical rindiéndole tributo a su trayectoria y su carácter icónico.

Un par de años después de que el gigante de 2.18 m decidiera retirarse definitivamente de las canchas, comenzaron su andadura estos muchachos cuyo discurso se mueve entre el indie-rock, el punk-pop y el emocore noventero. Una fecha que seguro recuerdan trepidante porque fue la antesala a su primer lanzamiento discográfico y que además les trajo su primera gira importante como teloneros de You Blew It! y la firma con el sello Tiny Engine Records. Ha pasado un lustro desde entonces y aunque su popularidad apenas ha traspasado fronteras, se van haciendo un nombre poco a poco dentro de lo que está empezando a suponer un resurgir del movimiento de la mano de una serie de formaciones que están pegando fuerte en esta década partiendo de una sonoridad que parecía olvidada. Gente como The Hotelier, Joie de Vivre, Our Sunday Affairs, Signal Midwest o Algernon Cadwallader, entre otros, están recogiendo el testigo que un día dejaron sin relevo inmediato fieras como Sunny Day Real Estate, Cap'n Jazz, Jets To Brazil, Jawbreaker, Joan Of Arc, Texas Is The Reason o Karate, y ahí queda hueco para que estos jabatos aporten su granito de arena. Lo han hecho con este brillante debut que protagoniza el post que estáis leyendo, un segundo álbum llamado 'Mediumship' que suena radiante, y un tercer lanzamiento 'Hail something', que apenas lleva un mes en circulación, pero mejor empezar por la superficie y destacar los encantos de este 'Broad shoulders'.

Citando como principal influencia a Fugazi, presentaron diez pistas que destacan por su ritmo, su velocidad y unos textos mordaces y sarcásticos con los que hacen gala de su contagioso sentido del humor, en títulos largos para canciones cortas que no dejan títere con cabeza, comenzando por "Nothing stuff", que inicia el cometido con una guitarra rasgada de aire melancólico acercándose a aquella estupenda "Song for Kelly Huckaby" de Death Cab For Cutie y cuya melodía sirve de preámbulo introductorio a "Apology not fucking accepted", donde los acordes y la lírica fusionan el math-rock y el emo, siguiendo la estela con "I watch a lot of Jackie Chan movies", un corte más oscuro y con unos riffs bien afilados, que a pesar de su curiosa referencia al actor chino se centra en los temores de sentirse extraño en tu propio hogar, "We could become river rats", algo gritona pero sin estridencias, rápida y fulgurante, creciendo en su parte instrumental final hasta aproximarse al universo Pinback, "I just don't understand what all these kids dig about him", más relajada pero con una base poderosa, una canción de idas y venidas temperamentales, "Not today, Angel", mi favorita del álbum, en la que planea la sombra de Idaho, flirteando con el slowcore a la vez que enciende los pilotos automáticos para orientar su camino a las enseñanzas de todos y cada uno de sus referentes, "I'm goona deck your halls, bub", apabullando al oyente con certeros golpes de percusión y dándole espacio en su comedido núcleo, para llevarlo a la lona de nuevo en el desenlace, y "Sorry i can't stick around", cierre que rompe las leyes internas de su manera de componer porque supera los siete minutos de duración, algo sorprendente en un ideal que apuesta por no pasar de la inmediatez que aporta no excederse en el desarrollo más de ciento ochenta segundos.

Dikembe son Ryan Willems, Randy Reddell, Steven Gray y David Bell. Aparte de los tres citados trabajos de larga duración que han editado hasta ahora, cabe mencionar también sus notables Ep's 'Chicago Bowls', en honor a su equipo favorito de baloncesto (al igual que en el título del disco, los títulos de sus cuatro temas juegan con los nombres de cuatro míticos jugadores de aquella franquicia en sus años de esplendor, Toni Kukoc, Michael Jordan, Scottie Pippen y Luc Longley) y 'Ledge', su disco de rarezas 'Maturity is overrated' y dos splits compartidos, uno con Marietta, Nai Harvest y los antes mencionados You Blew It!, y otro con The Jazz June.

https://dikembe.bandcamp.com/album/broad-shoulders-2

LITTLE JESUS

jueves, 7 de julio de 2016
RÍO SALVAJE (2016)

Abundan ejemplos de bandas que no han superado las expectativas generadas con su primer lanzamiento discográfico y que han caído en la repetición de esquemas o el error de querer desmarcarse tanto en su siguiente asalto de lo ofrecido anteriormente que acaban por sufrir un bajón de popularidad inesperado. Ha pasado con formaciones importantísimas que estaban llamadas a comerse el mundo en las dos últimas décadas, en mayor o menor medida, como por ejemplo The Strokes, The Vines, Arctic Monkeys o Arcade Fire, que sacaron al mercado grandes trabajos pero que para muchos no superaron el listón de lo mostrado en sus óperas primas. Es difícil lograr plasmar un plástico redondo y después brindar algo que lo rebase, pero siempre hay casos y hoy quiero escribir sobre un grupo que ha conseguido desafiar esos obstáculos que se suelen presentar a la hora de mejorar el antecedente. Little Jesus no solo han madurado su discurso, si no que se han reinventado y han llevado a su terreno un imaginario ecléctico que ha dejado a 'Norte' como un lujo superable. Sin hacer un cambio abismal, manteniendo sus señas de identidad pero evolucionando favorablemente para ampliar horizontes que den a su sonido nuevas perspectivas y un grado mayor de pericia instrumental, los aztecas han bordado un traje de múltiples texturas que a mi personalmente me enamoró desde un principio y que me ha ido deslumbrando a cada escucha hasta dejarme noqueado. No solo han logrado burlar la criba crítica si no que además han cubierto de matices inéditos cada rincón de esta obra de consolidación. Bueno, quizá exagero un pelín llevado por la razón de que soy un devoto todo lo que hacen estos muchachos, pero dejad que defienda con argumentos esta formidable 'Río salvaje'.

No puedo obviar el hecho de que su debut supuso en su momento una bocanada de aire fresco para mi y que eso me llevó a seguir la carrera del grupo, interesarme por sus orígenes y seguir su trayectoria, tal como expliqué en las dos anteriores entradas que les dediqué por aquí (las que corresponden a su inolvidables conciertos del Lunario y Heliogàbal). Por esa razón siempre tendrá un valor sentimental incomparable y está entre mis discos favoritos de siempre. Sin embargo en estas semanas recientes a la salida a mercado de su nuevo trabajo, he disfrutado tanto como lo hice en su día con aquella gloriosa puesta de largo con esta colección de canciones que picotean en diversos estilos tales como el pop y el rock en todas sus variantes ya sea hard, progresivo, psicodélico o experimental, la electrónica como recurso de lustre, el funk en su óptica más bailonga e incluso el blues, sin olvidar esos aires tropicales que caracterizaron sus comienzos, aunque esta vez envueltos en tonalidades elásticas que maduran su sonido. Un discurso que reluce en estudio pero que puedo imaginar triunfando por todo lo alto en su traslado al directo, porque son piezas diseñadas para crecer sobre las tablas y que pueden explayarse con la improvisación, pues dan pie a ello. Letras sencillas y empáticas, estribillos pegadizos marca de la casa y la virtud de llevar al oyente a lugares explorados pero sin dejar de hacer fácil la tarea de reconocer que esos terrenos les pertenecen.

El quinteto de la Ciudad de México (México), ha vuelto por sus fueros y lo ha hecho entrando por la puerta grande merced a canciones tan estimulantes como la inicial "Nuevos amigos", en la que ya se pone de manifiesto un salto de calidad importante en su imaginario. La voz de Sant acompañada por el sintetizador de Chimo creando una atmósfera evocadora, es lo que escuchamos en esos minutos segundos del corte de apertura transformándose sobre la marcha en un esperanzador canto optimista con las teclas dirigiéndose al universo Grandaddy y virando el rumbo hacía un ritmo electrónico que incita al movimiento, cuando de repente queda relegado a un segundo plano con la entrada de una base musculosa luciéndose Pony con esa guitarra poderosa, mi tocayo Charls castigando con amor el bajo y Truco aporreando con clase la batería. Luego viene "La magia", un gancho trepidante donde el texto destaca al compás de una línea trepidante que puede recordar ligeramente a The Strokes de 'Room on fire', otra de esas perlas que le llevan a uno a imaginarse rodeado de gente vociferando su melodía mientas la banda la toca bajo un cielo iluminado, "Mala onda", elegida como sencillo de presentación del álbum, inmejorable elección, un tema prolífico, contundente, que recurre al falsete, a un órgano y a unos punteos refrescantes, hasta cerrarse con una parte instrumental prolongada donde se salen literalmente del guión para mutar en una especie de rock band de cinco estrellas como si de una versión desprejuiciada e hispanoparlante de los más recientes Woods o White Denim, se tratara, de la misma manera que se puede decir respecto a The Shins con la preciosa "Ni a bien", una canción coqueta y tierna con un sonoridad muy afín al universo de los de James Mercer, excelente contrapunto a la chispeante "La luna", un trallazo en toda regla que navega entre elementos de la música negra, el post punk juguetón de Devo, el danzar de unos !!! (chk chk chk) y los Gomez de 'In our gun', superando los nueve minutos de duración, la seductora "Golden choice", la cual me vuelve a llevar mentalmente al directo y a verles ejecutar una de esas coreografías ensayadas que tan bien se les dan, en perfecta comunión con el público, una estupenda tonada de poso lento pero cautivador, "Trágame tierra", que por alguna razón me trae a la memoria a Air, y quizá sea porque aún sonando intemporal bebe al igual que las primeras referencias del dúo francés, de aquellas grandes bandas sinfónicas de los 70's tipo Genesis o Emerson, Lake & Palmer, "Nuevo Mexico", una de las composiciones más cercanas a lo ofrecido en 'Norte' con ese latente deje a los también galos Phoenix, la homónima 'Río salvaje', bestial, gigantesca, atronadora en su épica, de herencia tan medieval como folclórica, una de mis favoritas del lote y la primera en el devenir del combo que prescinde de voces en su minutaje, y "TQM", junto a Ximena Sariñana y Elsa Carvajal (conocida por su proyecto Elsa y Elmar), que cierra la faena con broche de oro.

Little Jesus son Santiago Casillas Escobedo, Arturo Vázquez-Vela Montalvo, Carlos Medina, Manolo Sánchez Rucobo y Fernando Bueno. Con su primer lp se comieron medio mundo, visitando varios países y cruzando el charco, incluso su reputación les llevó a ser reclamados para abrir los conciertos de los legendarios The Rolling Stones en su país, y la lógica sigue su curso con este trabajo volverán a cosechar éxitos porque su calidad está fuera de toda duda y con el han dado un paso de gigante en su consagración. Solo espero verlos pronto defender estas canciones en vivo y ya puestos a pedir...que nos regalen una edición especial con temas extras de este sobresaliente 'Río salvaje', tal como hicieron con su antecesor.

spotify:album:5ooYAFLqUJiXfGzjVgG5N0

HANGING VALLEYS

jueves, 16 de junio de 2016
ENDLESS WAVE (2016)

Hay quien asocia según que sonidos con el clima o la época del año o más concretamente con las estaciones, y consume más música de un género o de otro en base al paisaje que se dibuja en determinados momentos vividos en cada fenómeno meteorológico. Me refiero a que es habitual que muchos recurran a discos de poso triste y melancólico en días de lluvia del mismo modo que tiran de álbumes trepidantes y respladecientes en jornadas soleadas y eso tiene toda la lógica del mundo, pero a mi me pasa un poco lo contrario. Por lo general si una mañana, tarde o noche se presenta con leve o intenso aguacero, cielo gris y frío en el ambiente, prefiero buscar el contraste en el reproductor y que suene algo alegre, no sé, tipo power-pop, indie-rock o similar (hay tantas propuestas que levantan el ánimo), y si luce despejada de nubes, radiante de luz y calurosa, suelo abrazar el confort de un buen tratado folk, slowcore o alt-country (también hay muchas otras que incitan a la pesadumbre). De alguna manera me sirve para encontrar un equilibrio, aunque no siempre busco esa confrontación de emociones entre lo visual y lo auditivo porque también hay proyectos que tienen esa condición atemporal que les hace aptos para cualquier momento sin importar lo que te pida el cuerpo, porque siempre se agradece degustarlos. Entre ellos están estos Hanging Valleys que desde hace unas pocas semanas han pasado a ser banda sonora recurrente para un servidor merced al cada vez más excelso colectivo Pedro y El Lobo, que me los dio a conocer formalmente.

No es la primera vez que aparece el nombre de este gran asociación con sede en la Ciudad de México, que se compone de un notable grupo de artistas emergentes, un estudio de grabación y una discográfica independiente (bautizada con la abreviatura PYL Records) y a buen seguro que no será la última, porque desde que hace unos años fueran responsables de organizar el mejor directo que he tenido la suerte de presenciar (el que dieron Big Big Love en el Lunario de la capital azteca), he seguido con interés su evolución, cada día más marcada con visos de extenderse más allá de su radio de acción inicial al haber empezado a colaborar con compositores y bandas internacionales como Low Roar, Luz Elena Mendoza (voz de Y La Bamba y Tiburones), The Go-Rounds, Elizabeth Pixley-Fink y My Empty Phantom, que unidos a talentos locales como Joaquín García & The Local Universe, Gloom o Page Sounds, forman una plantilla de implicados de auténtico lujo Además su actividad no se ha limitado a las tareas de plasmación y han ido creando aparte un ciclo de shows en vivo bajo la denominación Ordinary People, por el que han pasado grandes nombres como The Album Leaf, Alexi Murdoch, Patrick Watson y Balmorhea.

Este trío del barrio londinense de Greenwich (Inglaterra), es otro de los que forman parte del lustroso catálogo de inmersos en iniciativas llevadas a cabo por estos intrépidos melómanos que funcionan más como unos apasionados que como unos empresarios interesados en lucrarse al máximo. Quizá por este último detalle es que todo lo que rodea su ambiente tiene esa pureza tan llamativa que deriva en adicción para el oyente. Con motivo de la visita de estos muchachos para ejercer de teloneros del inimitable Patrick Watson en su presentación en el antes mentado Lunario del Auditorio Nacional, se gestó la idea de grabar en directo en un pequeño bar de la Colonia Roma llamado Departamento (en el cual últimamente están organizando muchas sesiones muy íntimas, en vivo y con público), filmando de paso un vídeo del tema que ha de marcar un antes y un después en el devenir de Thom Byles, el verdadero ideólogo de este proyecto que un principio estaba planteado como un vuelo en solitario. Nacido en el Reino Unido, cursó la preparatoria en el Norte de la Ciudad de México y la existencia de un amigo común hizo posible que los caminos de colectivo y artista se entrelazaran de forma natural. Comenzó bien joven a crear sus propias canciones y pasado un tiempo prudencial decidió llevar a cabo la producción de su primer Ep 'The great outdoors", compuesto por cuatro cortes que se pusieron a la venta en formato físico. En la actualidad no quedan copias disponibles de ese brillante trabajo, pero tenemos la suerte de poder adquirirlas en la bandcamp del grupo aunque separadas como singles. Las firmó con su nombre pero ya forman parte de esta nueva historia que se asienta con "Endless wave", la pista que unas líneas más arriba he definido como punto de inflexión en la trayectoria del vocalista, músico y compositor anglo-mexicano. Atrás quedan los Ep's 'Step into the weather' y 'Things you've done' y los sencillos 'The big freeze', 'Night sky' y 'Puddles', material embrionario eliminado de la red en su firme decisión de hacer borrón y cuenta nueva. Nada queda de aquel imaginario que se rumorea poco tiene que ver con los sonidos que le han motivado a asentar las bases de una banda al uso y lo cierto es que una vez que escuchas lo que proponen Hanging Valleys, carece de importancia saciar la curiosidad de saber como eran aquellas primeras maniobras auditivas.

La sensibilidad instrumental de Mike Phillips y Alexis Meridol, sus nuevos compañeros de correrías, unida a su deslumbrante voz, nos llevan a horizontes afines a Justin Vernon y sus Bon Iver o a la etapa más reciente de Damien Jurado, pero con un toque personal. Un quinteto de depuradas piezas que sirven para dar a conocer a un talento en ciernes que de momento ha comenzado a recoger la recompensa al trabajo bien hecho, siendo recomendados en emisoras radiofónicas de prestigio como la BBC y siendo elegidos para abrir a William Fitzsimmons en su última gira por la Islas Británicas. Si echamos la vista atrás y empezamos la audición en orden cronológico una vez que entremos en el enlace que he adjuntado al final de estas líneas, lo tendremos que hacer iniciando la cosa con "Lighthouse", editada hace algo más de dos años y que ya indicaba el camino a seguir destapando el tarro de esencias, con ese registro vocal que usa el falsete como legítimo recurso y esa instrumentación exquisita que flota sobre una deliciosa cubierta acústica que me atrevería a decir que coge prestados algunos conceptos del dream-pop para la utilización de las atmósferas. Siguiendo la relación espacio-temporal a continuación vendría "Y.O.Y.O. (you're only young once)", que flirtea con el soul en su melodía y que va progresando en ritmo sobre la marcha, una tonada intimista que sin embargo encuentra un halo de emotividad contagiosa en ese tierno estribillo que acompaña una certera percusión que aparece en segundo plano para reverdecer su espíritu bucólico, "The great outdoors", una canción suave, cálida, orgánica, que pide cerrar los ojos para ser sentida por encima de ser simplemente escuchada, poseedora de un efecto envolvente que puede traer a la memoria las composiciones más experimentales de la ópera prima de Volcano Choir, "In your blood", una hiedra sonora en la que el bajo marca la pauta y las estrofas tocan la fibra,y que pasaría por ser posiblemente la mayor creación de Byles hasta la fecha de no ser por el nacimiento de "Endless wave", un manjar de elementos sabrosos donde los beats, los samplers y las guitarras hacen magia adornando la que pasa por ser la piedra angular que ha de liderar esta nueva mutación a conjunto de tres componentes y cuya portada he seleccionado para dar lustre a este post. En resumen, un sobresaliente aperitivo para ir abriendo boca ante lo que venga a partir de aquí.

https://hangingvalleys.bandcamp.com/

BLACK LIPS + MUDHONEY + BRADFORD COX - JORNADA DE CLAUSURA PRIMAVERA SOUND (PLAZA JOAN COROMINES DE BARCELONA) 05/06/16

lunes, 6 de junio de 2016
MY BROTHER THE COW (1995)

Formidable tarde la de ayer en la plaza que da cobijo al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde dentro de la programación del Festival Primavera Sound pudimos presenciar una serie de directos en dos escenarios distintos para dar el carpetazo definitivo a unas jornadas que han traído una afluéncia de público record, al menos en lo que se refiere a los tres días oficiales, es decir, los que ofrecen conciertos en el Fórum con acceso exclusivo a personas con abono o entrada de día. Se dice que han asistido más de doscientas mil almas, pero si sumamos la cantidad de personas que se dieron cita en diversos rincones de la ciudad para ver los recitales que se ofrecían a coste cero, la cifra debe de impresionar todavía más. Por ejemplo en el menú del ''Primavera al Raval' que se ha celebrado durante el fin de semana de Viernes a Domingo en el centro de la capital, se han incluido, entre otros, los nombres de bandas emergentes como los gerundenses Cala Vento, los italianos C+C=Maxigross o los estadounidenses Downtown Boys, y artistas consagrados como el californiano Cass McCombs, el australiano Robert Forster (mitad de The Go-Betweens), los pioneros del dream-pop A.R. Kane, los tinerfeños Pumuky, y los tres grandes que tuve la suerte de ver ayer, Bradford Cox, Mudhoney y Black Lips.

Tenía previsto acercarme al lugar aunque fuera en soledad, pero probé a atraer la atención de los amigos dejando información de esta historia en el grupo del equipo de basket al que pertenezco, y sonó la flauta, porque finalmente dos ellos se animaron a venir. Nico y Jose, fueron perfectos maestros de ceremonia e inmejorable compañía, aunque el primero de ellos y yo, tuvimos que esperar un rato largo al segundo y a su compañera sentimental en el famoso café Zurich anexo a Las Ramblas, un punto de encuentro recurrente para todo ciudadano de esta cosmopolita urbe. El sol abrasador hizo que el trayecto se hiciera largo, pero cuando llegamos, un refrigerio líquido nos refresco el gaznate y nos dio el empuje necesario para abrirnos camino con fuerza hacía un lugar con buena visión para presenciar la actuación de Bradford Cox, líder y vocalista de Deerhunter y Atlas Sound, que muy de vez en cuando actúa bajo su nombre real acompañado de bueno instrumentistas con los que repaso esbozos de canciones dando total espacio a la improvisación, algo que hace que su ofrenda sea muy disfrutable y atraiga los cinco sentidos. Con un look muy veraniego en riguroso lino blanco, el espigado muchacho de Marietta (Georgia), nos regaló tres cortes de larga duración en los que metió todos los ingredientes que iluminan las propuestas de sus proyectos.

Un percusionista con Don de gentes (se dirigió más veces al respetable que el propio Cox), un saxofonista con pinta de haber sido luchador de wrestling, un batería con empaque, un bajista sobrio y un notable guitarrista de acompañamiento, le sirvieron a apoyo sobre las tablas, y aquello sonó impecable en una maraña de efectos, más próximo al shoegaze y el indie-rock actual de lo que encontramos en los discos de sus bandas. Una agradable sorpresa, la verdad, porque yo esperaba algo más íntimo, acústico quizá y con solo él allá arriba, pero lo cierto es que todo lo contrario porque fue un directo al uso pero con mucha energía e intensidad.  Lo mejor fue que rescató la estupenda "Nothing never happened" del 'Microcastle' de sus Deerhunter, para alegría global, y encima lo alargó hasta la extenuación añadiendo capas y más capas. Fue un lujo acabar la faena así y sin darnos cuenta se despejó todo y ya estaban Mudhoney probando sonido, prescindiendo de los habituales 'pipas', con la mayor tranquilidad y sin vitoreos exacerbados por parte de los presentes, quien sabe que fue de los apasionados seguidores del grunge que hace veinte años se sabían las canciones de estos tipos al dedillo y que ahora ni se inmutan al verlos castigar sus utensilios.

En fin, que mas da, yo iba predispuesto a disfrutar la máximo de ellos, decidido a quitarme la espina del 2012, cuando eché a suertes ir a verles íntegramente o ver tan solo un cacho de su actuación en el PS, por coincidir en horario con otros dos ilustres de mi agrado, Mazzy Star y Death Cab For Cutie, y todo quedó en agua de borrajas cuando antes de acabar los de Hope Sandoval me aventuré hasta donde actuaban y solo pude escuchar una triste nota acompañada de un 'goodnight, Barcelona', vamos, que tenía una asignatura pendiente y tenía que resarcirme, y vaya que si lo hice, porque degusté con emoción cada detalle de lo que nos mostraron ayer. Mark Arm, Steve Turner, Dan Peters y Guy Maddison, están en mejor forma que nunca y lo demostraron con un set de algo más de una hora en el que hicieron un repaso a casi toda su discografía (quiero decir que hubo cabida para mínimo un tema de cada uno de sus discos). Sin grandes aspavientos como he dicho antes, comenzaron cuando les dió la gana después de llevar un rato trasteando sus cacharros y lo hicieron con la arrolladora "Get into yours", de su debut hómonino, nada menos, menudo inicio, virgen santa! rescatar un tema de hace veintisiete años era toda una declaración de intenciones y en esas se mantuvieron hasta el final. Sin tregua, pero tras servirse unas copas de vino blanco (que tíos tan finos, elegantes y sibaritas estos Mudhoney, oigan) cayeron "I like it small", de su más reciente obra 'Vanishing point', que es igual de digna que cualquiera de antaño, "Who you drivin' now" y "Broken hands", de su segundo álbum 'Every good boy deserves fudge', "This gift", regreso a sus orígenes que sonó cautivador, "Inside job", uno de los mejores cortes del disco que significa su entrada en el nuevo milenio, es poderoso 'Since we've become translucent', "1995", el tema estrella del brillante 'Brother the cow', uno de sus mejores trabajos y el cual enlazaré al final de esta crónica, "In 'n' out of grace", obviamente sin esa mítica intro que se escucha en la versión de estudio con la voz de Peter Fonda en una escena de 'Wild angels' y que después usarían también Primal Scream en el single "Loaded", pero que puso los sentimientos a flor de piel (al menos los míos) recuperando el esencial Ep 'Superfuzz bigmuff', del que acto seguido rescataron también "No one has", ya con Mark Harm mutando en una versión grunge de Iggy Pop, imitando sus movimientos pero con la camiseta puesta, "Judgement, rage, retribution and thyme", otra perla clásica en su repertorio, "Touch me, i'm sick", la más celebrada por todos, tal vez su buque insignia, y es que esta es la canción que reúne todos los parámetros de su actitud en una ópritca sónica, "I'm now", de 'The lucky ones', salto hacía adelante, puesto que fue una de las pocas licencias que se tomaron respecto a sus referencias más cercanas en el tiempo, y continuaron en esa línea con "The final course", "Chardonnay" y "The only son ofthe widow from nain", de su último trabajo, para despedir con un poco de cordura comercial un bolo extraodinario. Por algo son para muchos la banda más auténtica que surgió de Seattle (Washington) en aquellos años de esplendor alternativo.

Sin mucho tiempo para recuperarse del ciclón punk rockero, tras una breve charla, nos dimos cuenta de que los cuatro cafres de Black Lips ya estaban armando jaleo bajo la carpa. Los de Atlanta (Georgia), no se permitieron respiro alguno y en su hora y pico de gamberro despiporre fueron desfilando un sinfín de cortes de rock garagero directos a la yugular. Ante la atenta mirada de sus familiares (esposas e hijos pequeños), fueron ejecutando con precisión pero anarquía "Sea of blasphemy", encargada de destapar la caja de los truenos, "Modern art", ideal para empezar a bailar e introducirse en su universo, "Family tree", montaña rusa de coralidad con aires western, quizá mi favorita de la banda, "Justice after all", con un Cole Alexander (que actúo el día anterior en el mismo marco con su proyecto paralelo Old King Cole Younger) inquieto dándolo todo en ese medio tiempo tan afín a The Clash, "Dirty hands", esa delicia sixtie que trajo la anécdota de la noche al animarse uno de los miembros del staff del grupo a pedir matrimonio publicamente a su pareja con una respuesta afirmativa como final feliz, "Short fuse", trepidante y seductora, "O Katrina!", posiblemente su canción más emblemática que puso a todo el mundo a cantar, "Drive by buddy", abrazando las leyes del psychobilly de los The Cramps más accesibles, "Drugs", en la que se lo pasaron en grande recitando su esclarecedor texto, "Boys in the wood", tonteando con el blues en su adaptación al directo más de lo que se aprecia en estudio, "Make it", más carnaza festiva, "Not a problem", acercándose más a The Libertines que a los primeros The Strokes, "Stranger", ruda y salvaje, y un póker de piezas viejo y puro rock'n'roll formado por "Stuck in my mind", "Smiling", "Raw meat" y la ¿autobiográfica? "Bad kids", traca final para una velada sensacional. Salimos de allí sonrientes y satisfechos y redondeámos con una visita a un pequeño local donde nos zampamos un panini de salami que no se lo salta un torero. Todo a pedir de boca.

https://www.youtube.com/watch?v=71_5mUxKQzo

SUEDE + GOAT - JORNADA INAUGURAL PRIMAVERA SOUND (FÓRUM DE BARCELONA) 01/06/16

sábado, 4 de junio de 2016
COMMUNE (2014)

Gran tarde-noche la del pasado Miércoles en la inauguración del Primavera Sound 2016, con un cartel atractivo que incluía las actuaciones de Doble Pletina, El Último Vecino, Sr. Chinarro, Goat y Suede en el Parc del Fórum de la Ciudad Condal. El acceso era gratuito y eso permitió que me fuera más fácil atraer la atención de mis amigos Serra, Toni y Nico, que desconocían la mayoría de bandas que formaban parte de la programación pero que se apuntan a un bombardeo si hay visos de pasarlo bien. Fue un acierto por su parte porque pasamos un buen rato a pesar de que tan solo pudimos ver a los dos últimos grupos entre los que he citado unas líneas más arriba, y es que la inoportuna huelga de transporte que está matando estos días a la gente de a pie de este urbe, forzó que un servidor decidiera coger el coche y tuviera que comerse con patatas el tráfico infernal de la ronda. Salimos de mi barrio a eso de las seis menos cuarto con la seguridad de que nos perderíamos el inicio, porque vivimos en la otra punta de la capital, pero no esperábamos estar casi dos horas atrapados en una interminable caravana ni pasar tantos apuros a la hora de aparcar en una zona que no está tan superpoblada como otras, pero bueno, la intención era ver mínimo a los dos reclamos más importantes del menú, el par de formaciones internacionales encargadas de poner el broche de oro a la velada, y por suerte a eso llegamos relajados o casi, porque al entrar al recinto ya se escuchaban las primeras notas de la apertura de Goat, mi obsesión de la jornada.

Al sexteto de Korpilombolo (Suecia), lo tengo en un pedestal desde que mi chica me los dio a conocer con el bestial 'World music', uno de nuestros discos favoritos de lo que llevamos de década, un compendio de sonidos excitantes que fusionan con una puesta en escena deslumbrante, llena de ritmo y color. Había visto como se las gastaban en directo en un vídeo que muestra por completo su presencia en un festival escandinavo (creo). Aluciné al verlo, por su potencia, su parafernalia, su efectividad en ese formato y claro, tenía muchas ganas de verlo por mi mismo, aunque no fue hasta última hora que supe que podría darme el gustazo porque la verdad es que me daba mucha pereza desplazarme hasta allí solo y propuse un poco tarde a la cuadrilla la idea de ir. Posiblemente por esa sensación de la ilusión cumplida me marqué un sprint casi adolescente desde la entrada al escenario y llegué agitado a agenciarme un buen lugar de preferencia casi sin percatarme de que dos de mis colegas se habían quedado atrás en busca de los urinarios. No pasó nada, enseguida nos encontramos y ya metidos en harina nos concentramos en la función, porque lo que nos brindó esta gente no fue un espectáculo musical al uso.

Ataviados con sus largas túnicas y sus máscaras tribales, los nórdicos ejecutaron un set sin tregua que sobrepasó por escasos minutos la hora de duración, pero el hecho de que enlazaran la práctica totalidad de sus canciones y que no mediaran discursos entre medias hizo que todo fuera más intenso. Las danzas de las dos vocalistas del grupo llevaron el peso junto a la pericia instrumental. Todo era magnético, cada detalle tenía su interés, ya fuera el riguroso oscurantismo del bajista o la inmaculada claridad del guitarrista, la imponente espiritualidad de las mentadas cantantes o la contundencia del un batería que en un segundo plano llevaba el compás con soltura, pero lo que de verdad cuajó fue el repertorio

Su afrobeat de tintes psicodélicos, sonó atronador, con esos riffs deudores de Jimi Hendrix y esa esencia heredera del mejor Fela Kuti, convenciendo a propios y extraños defendieron canciones tan grandes como "Words", a la que aplicaron una maquinaria de efectos digna de los más granado del krautrock, "Talk to God", mucho más intensa que su versión de estudio, "Gathering of anciente tribes", mi favorita de la tarde, una pieza que hizo temblar los cimientos y que nos arrancó el alma para dejarnos sin aliento en un baile psicotrópico eterno sin necesidad de recurrir a drogas artificiales, "Let it bleed", un vendaval de energía vocal, "Disco fever", una de las composiciones más fieles a su devoción por las sonoridades africanas, la eléctrica "Run to your mama", soberbia en cuanto al tempo, deslizando las baquetas sobre los parches y estirando las notas al más puro estilo Black Sabbath, "Goatslaves", tal vez su corte más emblemático, un ciclón del desierto que crea una maraña ruidosa donde se unen los estigmas del space-rock y la electrónica primitiva, y un bis con "Hide from the sun", afinando su depurada técnica en virtud de un aura setentera y un místico sentimiento arábigo, y "The sun to the moon", envolvente magia de proximidad funk que supuso su despedida. Me quedé totalmente saciado y entregado a este monstruo de seis cabezas. Muy grandes, aunque no todos los presentes los conocieran o entendieran su mensaje.

Puede ser que la razón fuera la distancia que les separa en cuanto a popularidad del plato fuerte de la noche (o al menos el que motivó a la gente a acercarse al lugar), porque los británicos Suede son ya un clásico de la escena pop y su música no entiende de experimentaciones ni innovaciones y ni falta que hace porque siempre fueron una máquina de construir hits y pasadas tres décadas desde su fundación siguen en plena forma. Un lustro después de su reunificación, la banda liderada por el inefable Brett Anderson pisaba tierras catalanas con el reciente 'Night thoughts' bajo el brazo y no solo no defraudaron si no que sorprendieron a propios y extraños con un recital que superó con creces las expectativas meramente nostálgicas. Nos obsequiaron con un show trepidante en el que no faltaron sus cortes insignia y en el que lo dieron todo, así, literalmente, por lo menos su alma mater, que acabó con una sudada de órdago, con la camisa rota, y manoseado por la descarada marabunta de las primeras filas.

Puesta en escena en loor de multitudes y enseguida a ponerse el mono de trabajo y tocar una colección de canciones impolutas con "Introducing the band" a la cabeza, una de las mejores piezas de su reputado segundo álbum 'Dog man star', que por su introducción épica ya se podía presagiar que usarían como inicio, luego siguieron con "Outsiders", una de las mejores de su último trabajo y que recupera las antaño más visibles influencias del grupo (The Cure y Pulp, aunque quizá esta no esté tan clara, porque son coetáneos al fin y al cabo) para ponerlas a disposición de una audiencia que recibió bien los nuevos cortes pero que en el fondo anhelaba la retahíla de himnos, y no se hicieron de rogar porque acto seguido llegó "Killing of a flashboy", del genial 'We are the pigs', que esta vez sonó más aguerrida de lo normal, despertando al personal que todavía estaba metiéndose en el meollo tras el parón para refrigerarse, cambiar el agua al canario y cargar la maleta estomacal.

A continuación llegaba el primer golpe en la mesa con la esperadísima "Trash", la secundaria de lujo de aquel glorioso 'Coming up' que pronto cumplirá veinte años, una de esas canciones que forman parte de la banda sonora de una generación y que nos mostró a unos músicos entregados, tanto que la enlazaron con "Filmstar", su predecesora en aquel pedazo de disco y aunque yo esperaba que la fiesta siguiera con "Lazy", todo quedó en agua de borrajas por finalmente fue uno de los descartes entre sus grandes éxitos (esto ha sonado a título de cassette de gasolinera), pero como no hay mal que por bien no venga, me consolé con la magnífica "Animal nitrate", en la primera concesión a su ópera prima de título homónimo, para volver a su segundo asalto y rescatar "We are the pigs", que maravilla cantar su estribillo a viva voz, "Sometimes i fell i'll float away", de aquel 'Bloodsports' que les sacó de un ostracismo discográfico que se alargó la friolera de once años, "Everything will flow", perteneciente al que hasta el momento era el único álbum sin canción alguna en el setlist, "The drowners", otra vuelta a sus orígenes, enérgica, vital, la balsámica "Still life", otro guiño a su segunda referencia, que he de confesar que es mi predilecta, "For the strangers", momento en el que el bueno de Brett casi fue violado por la multitud, que metían sus manos hasta el garrón sin ningún tipo de rubor, y es que creo que no fue buena idea lo de acercarse tantísimo a la gente, aunque bueno, bien mirado también es saludable que los artistas se humanicen de esa manera, y una recta final con "So young", "Metal mickey" y la deseada "Beautiful ones", que dieron paso a un breve descanso antes de un bis formado por una relectura acústica de "She's in fashion" y la significativa "New generation". Memorable. Tras la descarga de adrenalina, encuentro con los impagables bboyz, del blog cinco estrellas 'Café, copa y puro', que en pocos días seguro que hará una crónica de lujo de lo que ha vivido en los tres días grandes del festival (suertudo él!) y Miguel Arribas, orgullo colchonero y gurú de los melómanos apasionados, una charla conjunto tan agradable como cabía esperar y a buscar el coche para volver a casa con la satisfacción de haber pasado una fantástica noche.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLs658VcxIqHrxhhRP_WrAOMzE956Edu95

MANCHESTER ORCHESTRA

martes, 24 de mayo de 2016
MEAN EVERYTHING TO NOTHING (2009)

No recuerdo bien como llegué a la música de Andy Hull, el líder esta banda y de ese genial proyecto en solitario del que hablé hace un tiempo por aquí, Right Away, Great Captain! y tal vez si leyera aquella vieja entrada saldría de dudas, pero me da algo de pereza leer cosas que he escrito, sean recientes o actuales porque luego me entra el sonrojo por ver que no soy muy diestro para ello. No tiene mayor relevancia de todos modos, lo importante es que desde entonces mantengo un idilio permanente con ambas aventuras y que considero su talento tan infravalorado como enorme. Este artista de Atlanta (Georgia) que compagina su labor en estos Manchester Orchestra con los también interesantes Bad Books (junto al neoyorquino Kevin Devine, otro figura a tener en cuenta) y su carrera como solista, es un diamante en bruto que construye canciones con una facilidad pasmosa y que a pesar de no haber saboreado las mieles del éxito en su justa medida, tiene un prometedor camino por delante debido a su corta edad, puesto que todavía no ha cumplido los treinta años. Por todo lo que le queda por hacer no quiero perderle la pista jamás y desde que lo oí por vez primera que tengo marcadas sus páginas de información para ir cerciorándome de cuando saca nuevo material a la luz o si se anima a iniciar una nueva aventura, porque con su actitud hiperactiva nunca se sabe si nos va a sorprender con algo, como cuando ha colaborado con Grouplove, The Dear Hunter, Winston Audio, Frightened Rabitt, Weatherbox u O'Brother.

Desde que empezó a componer en la adolescencia cuando volvió a instalarse en el estado sureño tras un viaje de ida y vuelta que le llevó junto a su familia a vivir siete años en Richmond Hill (Ontario), centró sus esfuerzos en formar una banda con la que poder darse a conocer. Invirtió todo su tiempo en aprender a tocar la guitarra que le habían regalado sus padres para tratar de consolar la nostalgia que sentía por Canadá, hasta adaptarse de nuevo a la que había sido su casa durante la infancia y una vez logrado se puso manos a la obra y fundó The Tiger Society y poco después With East On Autry, editando un disco con cada uno de ellos (eran grabaciones caseras autoeditadas) junto a un amigo que tocaba el bajo en el primero y acompañado de un teclista que más tarde tocaría la batería en su siguiente y más longevo vehículo artístico, en el segundo. Esos experimentos fallidos le hicieron comprender que quizá lo mejor sería ir por su cuenta y así fue como creó Manchester Orchestra, que ya desde su propio nombre explicado en palabras de Hull, muestra el concepto que le rondaba por la cabeza, que no era otro que trasladar su pasión por Morrissey y The Smiths, amén de la fascinación que sentía por la lejana ciudad británica que vió crecer al mítico grupo, a un cancionero propio en el que sus amigos entraran y salieran sin pertenencia ni responsabilidad permanente, pero con el tiempo fue abrazando más la ilusión de cerrar la plantilla y trabajar en compañía de los colegas que más se implicaban en el asunto.

Todo iba viento en popa, no hay gran cosa que hacer en el condado de Gwinnett y mucho menos en Lilburn, el pequeño pueblo donde pasaban las horas muertas tras acabar su horario de clases en la Providence Christian Academy donde se conocieron los miembros de la banda, así que tenían muchos ratos para escuchar a los héroes de su idolatrado sonido 'Madchester'. Álbumes de Joy Division, Buzzcocks, Happy Mondays, Oasis, The Fall, The Stone Roses o Inspiral Carpets, iban inspirando sus quehaceres, y llegaron a grabar un disco llamado 'Nobody sings anymore', pero nunca vió la luz porque al bueno de Andy le entraron dudas existenciales, abandonó el instituto y un poco de su sociabilidad para acabar sus estudios en casa en un año sabático que también empleó para madurar su aprendizaje musical y variar el rumbo de sus composiciones. Pasado ese intervalo la cosa empezó a rodar de nuevo y en muy buena forma, tanto que en la actualidad podemos hablar de ellos como una formación más que respetable con cinco largos en circulación y una gran perspectiva de negocio por delante a raíz de la construcción de su propio sello discográfico, Favorite Gentlemen, regentado por los ex-componentes de la banda Jeremiah Edmond y Jonathan Corely, en el que dan cobijo no solo a sus proyectos personales, si no también a un buen número de grupos de su zona con gran potencial (All Get Out, Nathan Hussey, Gobotron, Big Jesus, Harrison Hudson, Estates...).

Como comentaba la sonoridad del grupo pasó a ser totalmente distinta a la de su concepción embrionaria. Un sonido más rudo, enérgico y robusto de corte americano, enfocado hacia el indie-rock y al emocore de los 90's, que a ratos puede sonar a los primeros grupos en los que militó Conor Oberst (Desaparecidos y Commander Venus), la mayor de las veces a Neutral Milk Hotel y por momentos a The Weakerthans o Silversun Pickups. De todas sus referencias me quedo con esta sensacional 'Mean everything to nothing', no tanto por ser su más lograda en su conjunto como por ser la más inspirada a la hora de apostar por canciones directas y efectivas. Depositaron su confianza en el productor Joe Chiccarelli, cuyo trabajo con The Shins y My Morning Jacket les había entusiasmado, y fue un verdadero acierto, porque extrajo el máximo rendimiento al poderío instrumental de este quinteto all-star. Buena muestra de ello dan temas tan grandes como la envolvente "The only one", que bebe descaradamente de la vieja banda de Jeff Mangun citada unas líneas más arriba, con ese ritmo progresivo y esa batería que es golpeada con fuerza dando la alternativa a unas guitarras sucias pero deliciosas y un estribillo luminoso, "Shake it out", algo así como un choque frontal entre dos trailers de mercancías en los que suenan Queens Of the Stone Age y Modest Mouse en el momento de la colisión, tal vez la mejor pieza del álbum, con un arrebato screamo en sus estrofas centrales y un parón fascinante que deja noqueado para ceder la vez a una maraña de distorsión emocional que puede recordar a Band Of Horses, "I've got friends", donde vocalmente más se acerca a Bright Eyes, un medio tiempo enorme con destellos de ira justificada, "Pride", donde entona igual que Perry Farrell de Jane's Addiction y Porno For Pyros en sus primeros compases anunciando que la cosa va a ir por derroteros añejos, hasta que se confirma con esas guitarras herederas de The Smashing Pumpkins y Soundgarden que completan este tributo al grunge más metálico, efecto que se mantiene en "In my teeth", muy afín al legado de Nirvana con ese bajo marcado y esa melodía desgarrada, "100 dollars", que nos regala un precioso dueto reposado entre Andy Hull y Erica Forman, "My friend Marcus", tierna e intimista con una coralidad maravillosa, sin duda la más bella del lote, una pista que a mi personalmente me trae a la memoria a Tokyo Police Club, "Tony the tiger", una de esas tonadas dotadas de un gancho especial, por sus punzantes punteos y sus golpes de baqueta certeros, y "The river", brillante final con sección de cuerda para una obra formidable.

Manchester Orchestra eran entonces y son ahora Andy Hull, Chris Freeman, Andy Prince, Tim Very y Robert McDowell. En el estudio de grabación estuvieron acompañados en esta ocasión por los antes mencionados Erica Corman (voz femenina de Anathallo), Jonathan Corley y Jeremiah Edmond, Dan Hannon, Mary Alice Hull (hermana de Andy y esposa de Robert. Toda queda en casa) y Oliver Krauss. Apuntar también que debido poseer un sonido elástico y ecléctico han podido girar con formaciones tan dispares como Biffy Clyro, My Chemical Romance, Blink 182, White Denim o Little Hurricane. También han aparecido en programas de máxima audiencia de la televisión estadounidense como los de Jimmy Kimmel, David Letterman, Conan O'Brien y Jimmy Fallon, y colado temas en la banda sonora de la oscarizada 'Dallas buyers club', la exitosas serie 'Skins' y 'One tree hill' y el documental 'Little hope was Arson'.

https://www.youtube.com/playlist?list=PL867F5156F46658A0

FOOL'S GOLD

viernes, 13 de mayo de 2016
LEAVE NO TRACE (2011)

Antes de comenzar a escribir este texto, debo confesar algo que tiene relación directa con lo que estoy a punto de ensalzar. Bien, allá va...soy un absoluto negado a la hora de apreciar la calidad de sonido de un disco, de hecho soy incluso incapaz de darme cuenta de los errores de un directo cuando estoy presenciando algo en vivo y la banda falla una nota o una melodía, vamos, que en parte soy una de esas personas de las que se dice que no tienen oído, pero en mi defensa puedo aferrarme a la excusa de que admiro a todos los que son lo suficientemente agudos como para percatarse de esas cosas y que trato de escuchar sus argumentos cuando critican algo, para aprender de paso, pero aún considerando que soy un cero a la izquierda para eso, creo que cuando un álbum está pulido al máximo y es brillante en ese aspecto no me hace falta ser un experto en la materia, puesto que la clase y la profesionalidad resalta de tal manera que hasta un se hace prescindible la virtud de tener agudizado ese sentido. Tal vez los años que pasé escuchando cintas piratas que habían sido copiadas de otras no originales, me estropeó la percepción, pero el caso es que no hilo fino habitualmente hasta que topo con algo que me abruma en la primera audición. Me pasó cuando en una tienda de música me puse unos auriculares gigantes para degustar el abismal 'The raising tide' de Sunny Day Real Estate, cuando compré el abominable 'The colour and the shape' de Foo Fighters y lo puse al llegar a casa, y más recientemente cuando el irregular 'Currents' de Tame Impala, hizo crujir los cimientos de mi bloque por un despiste que tuve con el volumen del reproductor, pero si ha habido una colección de canciones que pueda poner como ejemplo de labor redonda desde los mandos, ese es el formidable 'Leave no trace' de Fool's Gold, el cual protagoniza el post de hoy.

No sé si me atrevería a decir que en este campo, este es el trabajo que más me ha impresionado, no sé si porque realmente es encomiable la tarea de masterización, mezcla y producción o porque simplemente es el aura y la esencia de los músicos. pero lo cierto es que es impresionante como todo está bien puesto en su sitio, bien medido, calculado, y sin embargo goza de una naturalidad tan refrescante que es imposible no quedarse prendado de sus diez pistas desde la primera toma de contacto con ellas. Claro está que el cancionero tiene la suficiente valía como para encandilarnos de por si, pero el hecho de que su pulcritud acaricie nuestros oídos de la manera en que lo hace consigue un efecto sorprendente que deriva en pura adicción. Desde que dí con él merced a un comentario de un tipo en el perfil de Facebook de Big Big Love, que pasó por allí para decirles que había degustado el álbum en una plataforma digital y que les había confundido con ellos por el registro vocal de su cantante (algo de similitud ahí, pero muy de retirada), que no puedo dejar de vibrar con los tres trabajos de estudio que han publicado hasta la fecha. Son excelentes aunque el que nos ocupa raya a un nivel muy superior a los otros dos, en mi humilde opinión.

Formados por el israelí Luke Top y el estadounidense Lewis Pesacov, pasaron a convertirse en una especie de colectivo por la presencia de innumerables músicos de apoyo sin puesto permanente cuando fijaron su base en Los Angeles (California), algo que originó que su ópera prima 'Fool's gold', fuera de lo más ecléctica y ya dejara clara la consigna de sus dos cerebros, empeñados en mezclar pintorescos estilos desde un telón de fondo coloreado con una base indie-pop definidamente ochentera. La música africana (especialmente la realizada en Etiopía, Eritrea, Malí y el Congo), es su mayor influencia, pero no de la misma manera que impregna los discursos de gente como Vampire Weekend, por poner un ejemplo obvio, si no más bien de un modo poco sutil pero aventurero, porque además van unos pasos más allá fusionándola con el krautrock y elementos del folclore Sefaradí y klezmer (muchos de sus textos están interpretados en hebreo). En cualquier caso su propuesta alegra la vida del más oscuro, es una bocanada de aire fresco y para un servidor sumergirse en ella tan gratificante como  pueda ser para un montañero escalar los catorce ochomiles. Puedo estar horas en bucle cantando y tarareando sus deliciosas armonías, y no solo no me canso, si no que cuero todos los males. En este segundo trabajo nos encontramos sus momentos más inspirados, ya establecidos como formación fija con cinco miembros unidos en el camino, significó su eclosión, entrando en los programas de festivales tan ilustres como Glastonbury, Leeds, Reading, Austin City Limits y ejerciendo de teloneros en la extensa gira británica que hicieron Red Hot Chilli Peppers aquel año.

La primera diferencia con su antecesor fue que el inglés pasó a ser el idioma predominante. Top explicó que el cambio se debía a que cantar en hebreo en el primer disco le había ayudado a encontrar su voz, salir de su concha y esforzarse en dejarse llevar tanto como intérprete como compositor, pero que a medida que iba escribiendo los temas de este nuevo material y la cosa cogía forma, supo que debía expresarse en su lengua materna debido a que los textos tomaron una vía mucho más personal y que eso era un factor fundamental para emitir sus emociones al oyente, pero también a sí mismo. El segundo giro venía de la mano de la antes mentada sonoridad en cuanto arreglos y limpieza en la instrumentación, pues todo suena más sobrio, más musculoso y profesional, destacando sobremanera el uso de las atmósferas y los ambientes. Todo lo demás se respeta, la identidad de la banda no sufre lo más mínimo, si acaso varía por el hecho de que apuestan por un tono más directo y accesible y no abundan tanto los vientos como antaño, pero por alguna razón se aprecia una progresión abismal, tan superior que hasta se puede decir que no han vuelto a dar con la tecla, porque su más reciente obra 'Flying lessons', aún siendo estupendísima no llega al nivel de calidad de lo mostrado aquí. La cuestión es que a mi me tiene robado el corazón por golosinas tan dulces como "The dive", ese precioso comienzo que huele a Another Sunny Day, Craft Spells, Northern Portrait y en definitiva a todo lo que bebe de The Smiths, dinamita pop a velocidad competitiva adecentada con unos juegos vocales deliciosos y guiños a la samba brasileña, "Wild window", alegre y pizpireta, con unas notas que se transforman en rayos de esperanza emulando a los mejores Dexy's Midnight Runners o mis efímeros pero añorados Dogs Die In Hot Cars, "Street clothes", rozando las formas del synthpop enfocado a la electrónica juguetona que puebla los catálogos de gran parte de las discográficas independientes de la actualidad, "Leave no trace", uno de los mejores cortes del lote, quizá por lo genial de sus guitarras y ese poso melancólica no exento sensibilidad que nos trae a la memoria a olvidados de la edad de oro del pop como The Christians o algo menos alejado en el tiempo como The Stone Roses, en su vertiente menos advenediza, "Balmy", otra de las tres puntas del iceberg que serían mis predilectas, una gigantesca pieza que irrumpe inesperadamente con una fuerza inaudita y un subidón que podría poner música a alguna de las escenas más desgarradoras de esa maravilla de película que es 'Drive', atronadora en su parte final con percusiones crujientes como el cristal fino en noche de tempestad, "Narrow sun", que recuerda a la etapa en que Paul Simon, Talking Heads y Peter Gabriel coquetearon con el continente olvidado, una bonita canción donde el saxo lleva la batuta y el estribillo incita al acompañamiento, "Tel Aviv", sin ninguna duda mi droga dentro de un álbum exquisito de principio a fin, y es que ahora mismo no se me ocurre otra canción que me estimule más (y llevo así muchos días), perfecta, incomparable, recuperando el hebreo aunque solo sea a medias gracias a algunas estrofas y dando la impresión de que la creó un talento único, y "Mammal", que si me dicen que utiliza como referencia a los crooners de la chanson francesa de los 60's no me quedará de otra que asentir con la cabeza y soltar el altanero y muy maternal 'lo sabía', pero cuyas guitarras parecen un calco de Orchestre Poly-Rythmo De Cotonou,

Fool's Gold son Luke Top (que cuenta con un par de discos en solitario firmados con su propio nombre), Lewis Pesacov, Salvador Placencia (ambos amigos desde que formaban parte de Foreign Born), Garrett Ray (percusionista de Cass McCombs, Best Coast y Sky Ferreira entre otros) y Brad Caulkins, pero también han sido parte de la familia y suelen colaborar en directo la argentina Érica García (ex-componente de Mountain Party y Lady Grave, y colaboradora habitual de gente como Cienfuegos, Café Tacvba, Ely Guerra, Brazzaville, Divididos), Amir Kenan (compañero de Pesacov y Placencia en Foreign Born), Mark Noseworthy (miembro sedentario de Edward Sharpe & The Magnetic Zeros), Jimmy Vincent, Matt Popieluch, Orpheo McCord (otrora temporal batería de The Fall) y Michael Tapper (también implicado en We Are Scientists). El nombre del grupo viene motivado por una conversación entre los dos fundadores y un viejo amigo durante al que visitaron en el Norte de California, en la que éste les comentó que había encontrado 'oro de tontos' en el océano.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLhuv5LuNp0Ti21x2UqhXT2DXpZgWq9bq6

PONY BRAVO + ZA! + MISHIMA - SALA RAZZMATAZZ (BARCELONA) 05/05/16

sábado, 7 de mayo de 2016
SI BAJO DE ESPALDAS NO ME DA MIEDO (2008)

Quise escribir sobre esto ayer pero un dolor de cabeza equivalente al que produciría tener a los músicos de la Orquesta Filarmónica de Viena tocando y saltando en los huecos curvos del cerebro, evitó que me pusiera a ello, pero recuperado del todo me lanzo a la faena en estos momentos para tratar de contaros lo vivido en la noche del pasado Jueves en este altruista directo organizado para recaudar dinero suficiente para sufragar los gastos de esa canallada gubernamental sufrida por el mítico Heliogàbal de Ciudad Condal. 'Pagar la multa', así de simple y significativo fue el nombre de un cartel que contaba con los barceloneses Mishima y Za! y los sevillanos Pony Bravo, reunidos para la ocasión para devolver la confianza que el bar del emblemático barrio de Grácia depositó en su día en este trío de bandas y en tantas otras que buscaban un hueco donde tocar para dar a conocer sus propuestas en duros comienzos. Las pasadas Navidades una serie de inspecciones provenientes del ayuntamiento, derivaron en cuatro sanciones por exceso de aforo que sumaban la elevada cantidad de dieciocho mil euros, una suma difícil de afrontar para un local que a pesar de contar con una buena y fiel clientela no van tan boyante como merece. La solución pedir auxilio sin necesidad de que se les cayeran los anillos, pero ni hizo falta porque enseguida les llegó la idea de organizar este evento por parte de los implicados. La Sala Razzmatazz (la más amplia de la capital), junto a los grupos mentados, se ofreció para colaborar y por lo comentado durante la actuación, se ha conseguido llegar a la cifra e incluso superarla, lo cual dará pie a que se pueda asumir también la parcela de las mejores de seguridad que hagan posible que se adapten a las nuevas normativas sobre música en directo en Barcelona y de paso continuar la programación regular de sus conciertos.

Así pues para los que acudimos la cosa se presentaba como una gran excusa para ser parte de este resurgir echando un cable de manera puntual y a cambio disfrutar de sonoridades de nuestro agrado y como mis amigos Lucho y Serra ya son unos devotos de Pony Bravo y les han visto casi media docena de veces en vivo y a mi me han introducido ya en el club (es la tercera vez que los veo sobre las tablas), pues era de recibo apuntarse, además de que me había enterado de que por ahí iba a estar el bueno de bboyz (del siempre bello blog 'Café, copa y puro'), al que hacía mucho que no veía y evidentemente fue otro factor importante para no pensarme mucho el ir. En fin, que quedé pronto con mis colegas y llegamos a la zona de Marina una hora antes de que diera comienzo el tema, así que fuimos a coger fuerzas a un garito cercano, donde ya aproveché y quedé con el gran jefe bloguero y ahí nos arreamos un bocadillo de esos que no se los salta un torero y copón de cerveza de esas que de la mesa a su final no tienen fin, pero por fortuna y desgracia a partes iguales, estuvimos tan a gusto hablando de basket, grupejos del antes y el después y de la vida en general, que cuando nos quisimos dar cuenta, mirando el reloj vimos que ya no veríamos ni un solo minuto de la actuación de los catalanes Mishima. Confieso que no me desagradan y que me habría gustado verlos en directo, pero tampoco fue un drama, la verdad es que el espectáculo se había fijado a una hora quizá demasiado temprana y era inevitable perderse algo. Me sabe mal no poder contar nada de como fue su directo, pero luego una compañera de trabajo de mis compinches de cancha, verborrea y risotadas, que nos encontramos allí, nos dijo que habían dado un muy buen recital. Algo es algo.

Veteranos de escena estatal con diecisiete años de actividad a sus espaldas, David Carabén, Dani Vega, Alfons Serra, Marc Lloret y Xavi Caparrós, tuvieron la ardua tarea de abrir la lata y a buen seguro que lo hicieron a lo grande, como lo fue su gentileza de involucrarse en esta historia. Lastima no haber sido téstigo de ello, pero ahora ya no vale de nada lamentarse. Al menos si pudimos ver íntegro el despliegue de ese par de bestias del directo que son los inclasificables Za!

Como unas maracas está este par, pero que bien se lo pasan y que bien hacen se lo hacen pasar a los presentes. Ruidera anárquica en algún lugar entre el post-hardcore más fino, el noise de unos Japandroids indisciplinados o unos Death From Above 1979 pasados de vueltas y la lisergia psicotrópica de Animal Collective y unas canciones que tan pronto te sueltan un riff deudor de Black Sabbath, que unas voces digitalizadas al más puro estilo Trans Am. Arrebatos de energía y humor destilado en barricas huecas, nos hacían mover el esqueleto sin ton ni son. Nunca les había visto en directo, pero venía avisado.

Un buen sonido, contundencia coherente y un repertorio familiar que repasó sobretodo su última referencia 'Loloismo' editado el pasado año. Guitarras a lo Jimi Hendrix, golpes de batería que lamen el caramelo kraut-rock y desarrollos industriales que te vuelan la mollera, que poco importa conocer al dedillo sus creaciones, es todo tan experimental que lo pasas en grande sin más. Dos tipos que se hacen llamar Spazzfrica Ehd y Papadupau, uno de Sant Antoni de Calonge y el otro de Tarrassa, que en los diez años que llevan asociados, han recorrido medio mundo con su directo (sus discos se distribuyen por todo el planeta) y que dentro de muy poco van a estar en África enrolados en tres festivales que les llevarán a tocar en Swazilandia y Mozambique, donde además impartirán talleres gratuitos de improvisación. De su derroche, me quedó con "Mundo estrella', abrumadora en sus cambios de ritmo y que fue la primera que disfrutamos una vez posicionados en la parte de atrás de la sala.

Un paseo para miccionar, otro para refrigerar y de fondo a la caminata sorteando gente porque el lugar estaba lleno hasta la bandera, Pony Bravo subidos al escenario cumpliendo la premisa anunciada de que no habría descanso entre grupo y grupo. Un conato de prueba de sonido convertida en improvisada jam session (valga la redundancia) y ya se quedó el batería de Za! para que el aluvión sonoro de los andaluces ganara empaque con el uso de dos percusiones. Creo recordar que la apertura llegó de la mano de "Noche de setas", aunque no pondría la mano en el fuego, pero vamos, que caer, cayó ese corte, y sonó enorme, como de costumbre.

Todos conectados a la descarga y vino un plato fuerte, la celebrada "La voz del hacha", esa robustez psicodélica que recoge siembra de un campo jondo con exquisito magentismo, una pieza que con la iluminación nos llevó a un estado de hipnosis recalcitante, un inicio rompedor que dió paso a un discurso breve del bajista en el que agradeció a la concurrencia el haber venido y unas alabanzas honestas y sinceras a los protagonistas de la noche, los dueños de Heliogàbal. Acto seguido vino "Ninja de fuego", tan apegada a las tradiciones como a la innovación y que nos llevó a bboyz y a mi a recordar a los olvidados e infravalorados No Me Pises Que Llevo Chanclas, haciendo un paralelismo quizá no tan alejado de lo que hacen estos cuatro figuras, "El rayo", tal vez mi favorita de la banda, que rugió en el ambiente y me alivió la pena de no haberla podido oír en vivo la vez que los ví tocar en Apolo, "Salmo 52:8", esa joya que reúne todos sus ingredientes: dub-reagge, post-rock, kraut-rock, blues, post-punk, rock progresivo, que además nos dejó un recitado religioso en clave de humor por parte de su bravo acompañante, el mentado componente de 'aquellos a los que se conocen como Za!' y turno para "La rave de Dios", muy posiblemente su creación más aplaudida, muy coreada y intensificada por un público entregado, pero no más que la banda, que contó con hasta cuatro invitados encargados a aporrear los platos.

Y tras un 'santificados seáis' disparado por un sonriente Daniel Alonso, llegó la única versión de la noche, muy bien escogida por su temática, la ochentera "No tengo dinero" de los italianos Righeira, todo un himno del italo-disco, por si les faltaba algún palo por tocar (que tíos!). Un impasse que trajo consigo el fin de fiesta con "El político neoliberal", "Eurovegas" y "Mi DNI", no necesariamente por este orden, ya que creo que me vuelve a fallar la memoria. En definitiva un logro por haber conseguido un propósito muy honorable. La despedida con todos los que sumergieron en esta aventura, dando las gracias desde arriba, fue muy emotiva.  Gran noche.