ALBERT HAMMOND JR. + OMD - JORNADA INAUGURAL PRIMAVERA SOUND (FÓRUM DE BARCELONA) 27/05/15

viernes, 29 de mayo de 2015
Ayer me columpié un poco por la mañana y por la tarde me fue imposible dedicar unas líneas a los dos directos que tuve la oportunidad de ver dentro del programa inaugural de la décimoquinta edición del festival Primavera Sound. Solo pude ver a Albert Hammond Jr. y a Orchestal Manoeuvres in the Dark, aunque en realidad el cartel estaba redondeado con la presencia de los barceloneses Las Ruinas, los australianos Panamá, la madrileña Christina Rosenvinge y los británicos Cinerama. Fue una lástima para mí perderme especialmente a estos últimos porque tenía muchas ganas de verlos, hacía muchos años que no daban señales de vida a causa de que su líder, David Gedge, está totalmente centrado en la reactivación de su proyecto principal, The Wedding Present, y era una ocasión casi única que espero no se convierta en espina clavada a perpetuidad, porque además en base a lo que he leído por ahí, dieron un directo excelente con una sección de cuerdo como acompañamiento. Pero bueno, a toro pasado duele menos, las dos bandas que pude ver estuvieron impecables y casi he olvidado la tristeza de no haberlos podido disfrutar y la razón por la que fue así.

Engañé a mis amigos Lucho, Nico y Dani aunque quizá no tanto porque al guitarrista de The Strokes lo tienen en buena estima musicalmente incluso en solitario y como son unos intrépidos que se apuntan a un bombardeo y la cosa era gratis, pues vinieron sonrientes y con ganas de echar un rato en el Parc del Fórum con buen hilo sonoro de fondo. Tomamos un café con leche en el barrio tal y como hacen las señoras mayores antes de ir al teatro y fuimos hacía allá en la odisea de transporte que significa atravesar la capital viviendo en la otra punta, para llegar allí escasos minutos antes del recital del músico de Los Angeles (California), aunque de madre argentina y padre anglo-gibraltareño. Si no estoy en un error, visitaba por primera vez el país que un día acogió a su progenitor con los brazos abiertos (triunfó con sus piezas interpretadas en inglés y castellano allá por los 70's), sin contar las veces que ha pisado este terreno junto a su grupo de orígen, es decir, para presentar sus propias canciones, y convenció sobradamente.

Un repertorio efectivo, basado en sus dos álbumes largos de estudio, 'Keep to yours' y '¿Cómo te llama?', más algún tema de su 'AHJ Ep' y un par de adelantos de lo que será su nuevo trabajo 'Momentary masters', vibró sobre las tablas del escenario ATP, el único de los cinco o seis que se ubican en el recinto, activado para la ocasión. Con una formidable banda de apoyo en formato quinteto, el todavía joven artista fue ejecutando con precisión quirúrgica un indie-rock de melodías pop con ligeros arrebatos de energía, como si no hubiera pasado el tiempo desde la última vez que dedicó tiempo a su faceta individual. Siete años de margen entre su anterior obra y la que nos llegará dentro de un par de meses, parecían muchos, pero al verlo allá arriba darlo todo y mostrarse más comunicativo que lo que se muestra cuando actúa junto Casablancas, Moretti, Valensi y Fraiture, dio la impresión de que estaba en su salsa y que da los pasos de manera adecuada, creando a su antojo de espacio-tiempo.

Temas como "Holiday", nítido en su registro vocal y seductor en la instrumentación, con esa manera de tocar la guitarra tan caracterísitca y fácil de asociar con su nombre, la preciosa "GfC", la encarnizada relectura del "Ever fallen in love?" de Buzzcocks, que pasó por un flitro indie para despojarla de su suciedad punk respetando su estribillo pegadizo, la esplendorosa 'St. Justie", la delicada "Don't think twice", a la que no restó ni la más mínima gota de delicadeza alt-country en su traslado al directo, las novedosas "Losing touch" y "Born slippy", que dejaron claro que su nuevo plástico va a superar con creces los anteriores, al menos si nos guiamos por la calidad de este par de adelantos, y la estupenda "In transit", en mi opinión la mejor de la tarde, fueron cayendo poco a poco ante la masa congregada. Un directo noble, ameno y que cundió en sus escasos cincuenta minutos de duración, antes de la salida de OMD.

No defraudaron los de Liverpool (Inglaterra), siguen en plena forma a pesar de la cantidad de años que llevan al redil. Comenzaron tras una larga espera que nos dio para ir a refrigerarnos a la barra, y sentarnos en el césped a intercambiar impresiones sobre basket (pesaditos somos con el tema), música, el show visto, cine y otras cosas de interés (o no), y lo hicieron de la mejor manera posible, con la primera en la frente, su archiconocido hit "Enola Gay", ideal de paso para poner a mis jóvenes colegas en situación y ubicarlos respecto a la fama de este dúo, y es que ¿quien no conoce este temazo?. Remontamos posiciones sin locura y nos agenciamos un lugar con buena visibilidad, echamos unos bailes y fuimos gozando de su synth-pop de toda la vida, con otras gemas de su discografía tales como "Messages", oscura dentro de lo que suele ser habitual en ellos, una de esas piezas que te hacen comprender porque muchos les señalan como los padres del género y otros tantos asocian a Kraftwerk con su ideario, la saltarina "Tesla girls", tal vez su himno más alegre, "History of modern pt.1", que siempre que la oigo pienso en porque Pet Shop Boys y New Order fueron algo más que un grupo de un solo single como les pasó a ellos, más teniendo en cuenta que se trata de un tema hecho en esta misma década, la celestial "(Forever) live and die", y ese gigantesco trío de clásicos formado por "Souvenir", "Joan of Arc" y "Maid of Orleans", que cerró el primer acto y que caldeó el ambiente por completo.

Tras ese ciclón de grandes éxitos sin respiro, la no menos popular "Talking loud and clear", la emocional "Metroland", la elástica "So in love", la tropical "Locomotion", que prefectamente podría aparecer en la banda sonora de culquier película de antaño protagonizada por Bud Spencer y Terence Hill, y que puso la nota de color y sabor a la noche, la juguetona "Sailing on the seven seas" y la sensacional "Electricity", que nos pilló en plena huida ante el temor de ir como sardinas en el último metro o cualquier tipo de transporte público alternativo. En definitiva un muy buen directo y un excelente preámbulo para lo que muchos habrán presenciado ayer y presenciarán hoy y mañana a cambio del dinero invertido en el abono de tres días. Yo me conformo con esto y la grata compañía de mis tres amigos, que dio como de costumbre para unas buenas risas.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLLFwk2N3y6q6FFJyUzDW13ls4by-eceih

https://www.youtube.com/playlist?list=PLq2zGwS_aVckzw4dSSd12TN5qNFvmhQ8f

SUNDAY FLOOD

viernes, 22 de mayo de 2015
VELVET IS FALLING (1999)

Que cantidad de perlas perdidas en el tiempo se puede encontrar uno en el camino de la búsqueda a conciencia. La música independiente abarca tantos estilos y tal cantidad de buenos proyectos que como es natural no hay porción de pastel para todos, de modo que es casi necesario echar horas para llegar a esas cosas que han envejecido bien sin que muchos lo sepan, y la mejor manera es rastreando de la manera más sencilla posible dentro de esta gran herramienta que es internet. Mirar la información de Wikipedia sobre componentes de un combo que te motive da pie a que te enteres de posibles historias paralelas, curiosear en el catálogo de un sello que dé hospedaje a una formación de tu agrado, también, o poner un tema en YouTube y ver que te recomiendan al acabar de verlo es otra buena opción, pero quedan muchas más siempre y cuando queramos profundizar en el inagotable abanico al que tenemos acceso gracias a este invento tecnológico. Así, pasando antes por cuatro grupos, dí con un excelente vídeo de una pieza de esta gente y me sorprendí al leer que habían pasado más de quince años desde su inclusión en este álbum. Sonaba sumamente noventero, pero como en nuestros días vivimos una reincidente reivindicación de lo que se hacía en otras décadas, pensé que se trataba de otra digna pandilla de nostálgicos de aquellos sonidos, y bien, en cierto modo podría ser así puesto que siguen en activo, pero en este caso son herederos de su propia vertiente.

Naturales de Appleton (Wisconsin), su discurso se mueve entre el indie-rock y el emocore de antaño, con reminiscencias del post-hardcore menos histriónico. En la línea de Cap 'n' Jazz, Rites Of Spring, Sunny Day Real Estate, Jejune, Mineral, Samian, The Promise Ring, Christie Front Drive o Jebediah, pero con unas melodías afínes a Rival Schools, en su etapa más reciente. Mucha influencia de Quicksand, en definitiva que para algo estos últimos nacieron de su disolución. En la actualidad han seguido esa línea con algunas bifurcaciones a carreteras mejor asfaltadas que han modernizado su trayectoria, pero la esencia sigue intacta y este gigantesco 'Velvet is falling', sigue siendo estupendo para entrar de cabeza en su universo. Las canciones de esta obra han madurado con maestría y si echamos la vista atrás y pensamos en sus compañeros de generación, extraña mucho que no fuera un disco de cabecera entre la hornada de aquella era relacionada con el movimiento. Un Ep, un split compartido con Scarlet Escape y cuatro Lp's, avalan una discografía relajada en cuanto a actividad (todo ese material a ido viendo la luz con grandes hiatos entre medias) pero bien elaborada en cada paso dado.

Veinte años de carrera cumplen este mismo año y posiblemente hayan recordado más de una vez aquellos comienzos difíciles, donde compaginaban sus trabajos con sus intentos por ganarse el pan a través de su verdadera vocación, llamando a las puertas de los locales de su ciudad y emigrando a Minnesota, para tratar de hacerse un hueco en el entonces emergente circuito de salas de Minneapolis y St. Paul, la conocidas 'Twin Cities' (se les llama ciudades gemelas por la importancia equitativa que tienen dentro de dicho estado). Nunca hubo suerte o más bien la hubo pero relativa, porque pudieron mostrar su pericia, pero nunca pasó de ser discreta su presencia en medios especializados ni alcanzaron una popularidad considerable, salvo para un círculo reducido de seguidores, y no me consta que salieran de su país para hacer alguna gira por pequeña que fuera (aunque tal vez me equivoque).

De todos modos, nunca es tarde para descubrir esa destreza para componer efectivas píldoras que mezclan tempestad y calma. No pasa nada si se empieza la casa por el tejado y enlazando su bandcamp tenemos la posibilidad de hacerlo, ya que ahí figuran todas sus referencias para que las podamos disfrutar, pero yo quiero centrarme en la magnificencia de su álbum de debut. En su interior se esconde algo grande, no nos dejemos engañar por esa sobria portada que juega al despiste y nos hace creer que anuncia algo opaco, dentro hay un mundo muy interesante y una pista que me parece perfecta, quizá una de las mejores que he oído referente a mi gusto personal, la inicial "The introduction of day". Cuanta belleza, que difícil me resulta encontrar palabras que hagan justicia a lo que me transmite. Una excepción respecto al resto del minutaje, pero que igualmente es identificable con su modus operandi por su elaboración, su conciliadora textura y esa guitarra que penetra en nuestro interior para revolver cada uno de nuestros sentimientos más íntimos. Si tuviera que elegir un himno para describir la etiqueta del estilo que practican, sería este sin duda, por encima incluso de los muchos construidos por Jeremy Enigk y los suyos, aún siendo estos como sabéis la mayoría de los que entráis aquí, una de mis bandas favoritas de siempre. Luego el cambio es digno de mención, pero a otra marcha, con un despertar férreo capitaneado por "West benk oak", fulgurante, sucia, exaltada y exultante, afinando la voz y llevándola al desgarro con un coro de manual, "Quietball", otro exquisito medio tiempo, progresivo en su deambular y enérgico en sus últimos coletazos, "One day after", con un ligero deje grunge, no tanto en el registro vocal como en la parte instrumental, pero podría asociarse con el sonido Seattle, sin tener que pensar en los consagrados de aquel boom alternativo, si no más bien en cabezas de ratón de la segunda división como Satchel, "Henry", tristona y elegante, una frecuencia adictiva que trajo a mi memoria a Seam, la primera vez que la escuché, "Scatman crothers", la más accesible, con un estribillo pegadizo y un compás vitamínico que deja espacio para que se cuele su espontáneo lado pop, y "Cherry wings and canopy trees", ortodoxa exposición de desafinada acidez que por unos instantes me lleva a esa marciana dimensión de los geniales Radial Spangle, aunque todo queda en un mero conato momentáneo.

Eric Krueger y Mike Allen, miembros originales, continúan sumergidos en esta aventura teniendo como compañeros a Eric Laeyendecker y David Kiley, pero en la grabación de este 'terciopelo caído' formaba parte de la plantilla Kevin Ritzke, siendo Sunday Flood un trío bien avenido en busca de un mismo sueño.

https://sundayflood.bandcamp.com/album/velvet-is-falling

CALLAO

lunes, 18 de mayo de 2015
RUSIA (2013)

La defunción definitiva de ese baluarte musical llamado Grooveshark, ha empobrecido un poco más la imagen de este blog ante la imposibilidad de poner los discos con opción de escucha directa, pero lejos de venirme abajo he visto el inconveniente como algo positivo respecto a mi idea de dar más espacio a bandas noveles o con falta de repercusión. En los tiempos que corren, tenemos mil y un sitios desde los que leer sobre formaciones consagradas, con lo que de alguna manera es bueno ofrecer algo distinto aunque sea desde un rincón tan pequeño como el mío, donde somos cuatro los que nos comunicamos pero bastantes (dentro de lo que cabe) los que se dan un garbeo por aquí a oír o leer algo distinto, y aunque en honor a la verdad he de reconocer que siempre me ha gustado alternar propuestas populares con otras que apenas lo son, no es menos cierto que me seduce mucho recomendar exclusivamente obras humildes que por una razón u otra pasaron algo desapercibidas en su momento. Hay tantísimas cosas a las que recurrir, lanzándose al redil de la búsqueda y la recomendación colegueril que lo veo tan excitante y divertido como dar opinión sobre un fenómeno de masas. Merced a eso último di con este fantástico 'Rusia' de los sudamericanos Callao.

Llegué a esta banda de Buenos Aires (Argentina) por mediación de Fran Fourcade, mitad de los emergentes Uma Totoro. Ambos combos tienen relación y puntos en común musicalmente hablando, y a raíz de unir cabos con su agenda de conciertos, tuve la idea de curiosear en las bandcamp respectivas de algunos de esos grupos de la ciudad porteña, que tratan de abrirse camino con fuerza sin el amparo de un sello potente o a veces desde la autoedición. Indagué en su breve discografía y decidí ir por orden cronológico, degustando su Ep homónimo de hace casi cinco años, compuesto por tres aguerridos cortes que ya mostraban el camino a emprender. Un tratado instrumental en el que hay espacio para la experimentación, el noise y el punk-rock garagero, con un casi imperceptible pero a la postre palpable tinte psicodélico, guitarras abrumadoras, ritmos contundentes y una producción formidable. Difícil resulta encontrar parecidos razonables a su discurso, de hecho solo algunos pasajes te pueden llevar a pensar en algo con lo que asociarlos, un factor a su favor nada gratuito por su parte porque denota espontaneidad y dotes suficientes como para proponer algo que sea ciertamente identificable dentro de un estilo, el post-rock, que si bien por lo general tiene un grado mayor de innovación respecto a otros géneros, también posee unas leyes circunscritas.

Poca información he hallado de ellos, ni tan siquiera el nombre de sus miembros, pues gustan de mostrar su espíritu antes que exponer su obra, como reza su último lema publicado en las redes sociales. De ahí se puede deducir que entre su amalgama de artistas y bandas a respetar, se encuentran Ryuichi Sakamoto, Black Flag, Yo La Tengo, God Is An Astronaut, Wild Nothing, Sonic Youth, Misfits, Dead Kennedys y Mogwai, gente de otros medios como Sylvester Stallone, Russ Meyers, la fotografía vintage, los colores de River Plate y los muscle cars americanos de antaño. Se han pateado infinidad de locales de la capital bonaerense junto a compañeros de fatigas como Surfing Maradonas, Riphle, Bencina Disturbio, Nubra, Joint Ravolta, La Suma de los Tiempos, Hernandes, Sinux...y si se impusiera la lógica en el futuro debería ser proyecto reputado a reclamar en citas grandes, incluso fuera de sus fronteras, pero ya sabemos como funciona esto, y de hecho desconozco si en su mente solo cabe disfrutar de lo que hacen sin más pretensión que continuar haciéndolo a largo plazo.

En fin, que como os cuento un poco más arriba de estos párrafos, no quise empezar la casa por el tejado y esperé a disfrutar del plato estrella, el genial 'Rusia' que hoy nos ocupa. Que poderío en su apertura con ese rotundo "El faro del barolo", un tema cargado de rabia y cordura a partes iguales, una sinergia sonora capaz de destruir cualquier barrera taciturna, un huracán de distorsión y vitalidad que ruge como un feroz animal que ha estado atrapado en una jaula y logra por fin salir para ajustar cuentas con sus captores, mi corte favorito de este monstruo de seis cabezas, "Esos rusos rosas" (los títulos son extraños y divertidos, a buen seguro con un sentido muy gráfico para ellos), donde sobrevuela la sombra de Explosions In The Sky al principio, a mitad desciende para oler el peligro con un escalofrío adrenalítico, luego remonta y vuelve a los cielos para planear en una melodía apacible que sin embargo vuelve a ser interrumpida por una descarga de energía eléctrica...vamos, un portento, un corte infinito repleto de giros bruscos tan coherentes como valientes, con tantas turbulencias como soplos de paz, "Fábrica de mallas", que me trae a la memoria el magistral "I miss you' de Incubus al escuchar esa base rítimica y esa línea de guitarra, a pesar de que la cosa va encaminada hacía otra dirección, un despertar rítmico de desarrollo progresivo, "Misiones a Rondonia", tensando la cuerda hasta cubrir cada hueco con ruido insano, creando una atmósfera asfixiante contradictoriamente agorafóbica, una de esas proezas que uno imagina presentada en vivo en una gran superficie exterior de cielo borrascoso, "El juguete rabioso", rozando el post-metal de Russian Circles, pero con unos riffs oscuros más cercanos al doom de Sunn O))) y la mística de Collapse Under The Empire, y "Pileta de alacranes", que se inicia con unos fuertes golpes en algún lugar entre Radio 4 y Joy Division, y finiquitan al más puro estilo Thurston Moore, dejando la máquina bien engrasada para un próximo lanzamiento que espero que no tarde en llegarnos.

https://callao.bandcamp.com/album/rusia

JOAQUÍN GARCÍA

sábado, 9 de mayo de 2015
THE LOCAL UNIVERSE (2014)

Fresco e intacto mantengo en retina y pabellón auditivo cada instante del concierto de Big Big Love que tuve la inmensa fortuna de presenciar hace casi una docena de semanas y tengo la seguridad de que así será durante mucho tiempo o puede que incluso para siempre. Cada cosa vivida aquella noche tuvo su momento de magia, fue lo que se puede describir como una velada perfecta en todos los sentidos, pero eso ya os lo conté en su día, solo que no he podido evitar mencionarlo porque el broche de oro de todo aquello vino de la mano del artista del que quiero hablar hoy. Lo cité en la crónica de aquel directo pero no mencioné que al acabar la actuación del trío maravillas (reconvertido a cuarteto para la ocasión), mientras salíamos flotando en una nube de allí, nos acercamos a la zona de merchandising en busca de una camiseta para conmemorar el evento y una copia de su disco, pero ante la ausencia de lo segundo, la muchacha que nos atendió nos regaló una tarjeta con un código de acceso para la descarga gratuita de este álbum desde la página web de su autor. No conocía la propuesta de Joaquín García, de hecho mi primera toma de contacto con su faceta artística fue a raíz de su colaboración en el directo que presenciamos unos minutos antes, así que me guardé el obsequio en el bolsillo de la chaqueta con una sonrisa de las que surgen cuando tienes la sensación de que hay un motivo más para redondear algo grande, y lo cierto es que aunque no fue hasta mi vuelta a la Ciudad Condal que accedí a sus dominios para hacerme con esta brillante colección de canciones, estaba en lo cierto, porque 'The local universe' era incluso mejor de lo que esperaba.

Usando su nombre de pila y apellido tal como hace José González, consigue que al igual que pasa con la música del sueco-argentino, quedemos atrapados por sus delicados acordes y su cálida voz partiendo de una base de honestidad tan apacible como la sencillez y cotidianeidad con la que bautiza el proyecto. Todo lo que se percibe en ese folk acústico de lugares comunes es tan primoroso y emotivo que no importa lo más mínimo como firme su discografía, ni que no trate de vender una imagen más allá de lo que ofrece con su guitarra y la belleza coral de su discurso. Un músico nacido en México D.F. (México), aunque suena universal e interpreta sus canciones en inglés abrazando influencias reconocidas como Bob Dylan, Van Morrison, Bright Eyes, Nick Drake, Barenaked Ladies, Counting Crows, Donovan, Leonard Cohen y Jeff Buckley, que en vivo me sonó a gloria siendo solo un discreto invitado que se acopló perfectamente al estilo adverso de sus colegas, que como agradecimiento le acompañaron recíprocamente a la hora de versionear un tema perteneciente a este primer álbum.

Antes publicó de la mano del sello Pedro y El Lobo, un Ep compuesto por cuatro pistas, llamado 'Over the last (live recording)', grabado tal cual en un jardín de la capital azteca ante una audiencia reducida formada por personas de su entorno más cercano y fue un buen preámbulo para descubrir porque derroteros iría su debut. En esta ópera prima rescata tres de los cortes de aquel diamante en bruto e incorpora cuatro perlas más a cual más fascinante. Trasmitiendo con la misma grandeza que Bon Iver respecto al uso de la nostalgia, tan íntimo como The Shivers cuando optan por la desnudez de su alma o Josh Rouse cuando se propone obsequiarnos con canciones que penetran directamente en el corazón. este joven artista crea un universo que no obstante halla su lugar en una parcela original difícil de encasillar. Por esa calidad y ese don de empatizar con los sentimientos del oyente, ha tocado en lugares idílicos de su ciudad de origen como el Museo Franz Mayer, el Lunario del Auditorio Nacional (donde ejerció de telonero de los texanos Balmorhea, que comparten con él su aprecio por una instrumentación preciosista),

Tan solo es el comienzo de algo que se presume será duradero y, si esta industria es todavía algo cabal, reconocido, pero podemos decir que en 'The local universe', su flamante denominación de origen (fue el título de un tema, luego del álbum y después de su banda de acompañamiento), es excelente. Basta con oír la pieza que abre el repertorio "In & out", una exquisitez que habla de la ligera claustrofobia que se siente al no comulgar con tu alrededor, de sentirte fuera de lugar y querer explorar mundo, y en la que la melodía te enreda en su telaraña de redención, las notas te abrazan y llevan consigo, y las anárquicas polifonías te incitan a dar su salto hacía adelante y querer asomarte a la ventana y gritar para canalizar lo que te está comiendo por dentro sin ira ni resentimiento, sin lugar a dudas el corte más poderoso del lote, y que personalmente encuentro afín a lo que hace el genial Right Away, Great Captain!, al que no sé si este músico habrá escuchado a conciencia pero que de ser así, seguro que le encanta, "Uneven", cubierta de inmediatez pop y cantada a pulmón con una pasión abominable, alzándose al olimpo que reinan ilustres como Damien Rice o Glen Hansard de The Swell Season, "The again", donde entona a la perfección un halo emocional que le emparenta con Destroyer, sobretodo cuando entran en acción esos metales pirotécnicos que anuncian luz al final del túnel, y ese deje alt-country que le acerca a Phosphorescent, "The line", divertidamente tropical, incluso con un soplo medianamente reggae en su registro, aunque solo sea un espejismo o un guiño pero que me trae a la memoria la efervescencia de Jack Johnson, Xavier Rudd o Milky Chance, "Already", que tuve la suerte de oír en directo como os comentaba al principio de estas líneas, próxima al slowcore en formas y ejecución, portentosa en su estribillo y el modo de progresar sobre la marcha, tan excitante que puedo cerrar los ojos cuando la escucho y volver a aquella noche en la que con Big Big Love cubriéndole las espaldas, sonó magna, "Particles", que inevitablemente me recuerda a mi paisano Bigott, un impasse en el computo global de este trabajo porque su ritmo y compás es fabuloso desde un punto de vista resplandeciente, vamos que es la muestra más alegre y bailable de todas, e "It's been said", tierna clausura para una obra interesantísima de la que ya espero ansioso una continuación.

Joaquín García Landa con la compañía de Fernando, Enrique y Santiago, grabaron este álbum. Ojalá dentro de poco los pueda ver junto a mis queridos Big Big Love tocando por aquí, y si no a buen seguro que los veo por sus tierras. Muy grandes ambos.

http://thelocaluniverse.mx/#sthash.3iisKrws.dpuf

ARCTIC MONKEYS

sábado, 2 de mayo de 2015
WHATEVER PEOPLE SAY I AM, THAT'S WHAT I'M NOT (2006)

Cuesta creer a veces que seamos tan obcecados como para desconfiar de la calidad de un disco en torno a la popularidad que alcanza en su momento y que años después descubramos ruborizados que nos perdimos algo grande, aunque en realidad creo que no es tan perjudicial, puesto que en perspectiva y sin influencias mediáticas de por medio, es posible que la opinión que nos creamos sea más sincera que cuando la obra en cuestión está inmersa en la desproporcionada promoción de su lanzamiento por razones meramente comerciales. Me pasó con el primer trabajo de este cuarteto británico, el cual desprecié de manera un tanto estúpida pensando que era una exageración que se le pusiera por las nubes vendiéndolo el personal como el álbum de la década, en una etapa en la que cualquier cosa que nos llegaba triunfal desde el Reino Unido o todo grupo que optara por un revival rockero desde los Estados Unidos, era acogido aquí con un fervor inusitado. Vamos, que tras la exitosa irrupción de formaciones como The Strokes, Franz Ferdinand, The Vines (aunque estos tenían sede en Australia), The White Stripes e Interpol, entre otros, parecía que solo había cabida para este tipo de sonido, capitaneado por guitarras enérgicas pero de ejecución desgarbada. Con esos prejuicios, en la audición inicial de este debut me dejé llevar por un instinto distorsionado de concluir que algo que se intenta alabar porque si, no puede ser para tanto. Craso error.

No voy a decir que lo que hicieron estos muchachos de Sheffield (Inglaterra), fuera memorable, pero pasados los años y escuchadas sus trece canciones en la actualidad, se puede decir que crearon un artefacto excepcional que se puede reconocer como una de las óperas primas más impactantes de lo que llevamos de siglo. No me convenció de primeras, cierto, pero ahora me lo llevo al oído y le aprecio un desenfado y una potencia de la que carecen la mayoría de trasnochados que pueblan las listas de lo más granado del indie-rock a nivel mundial. Fue un fenómeno de masas quizá desproporcionado, y de hecho el material que han ido publicando desde entonces, para algunos es tan loable o más que lo mostrado aquí, pero indudablemente había mimbres suficientes para tener cuanto menos una atención mayúscula. Post-punk trotón de ventanas abiertas a la luz, en la onda de lo que también hacían en aquel momento Kaiser Chiefs, The Bravery y Bloc Party, pero con una intensidad mayor, crujiendo las cuerdas en pos de una distorsión chirriante, una sonoridad anárquica pero medida al milímetro, y unos ritmos de batería sencillamente alucinantes, aderezado todo ello con un tono vocal muy particular, que al escupir las letras de su ideario parecía destilar una atroz rabia generacional contra lo establecido.

Esta aventura iniciada por dos vecinos que estrenaban instrumentos que sus familias les habían regalado por Navidad, y que al ver que la cosa funcionaba formaron un combo con compañeros de instituto de uno de ellos cuando tan solo tenían quince años, saboreó las mieles del éxito en un corto intervalo para entrar a grabar este afamado plástico recién cumplidos los veinte. Ni ellos mismos en sus mejores sueños, imaginaban que la cosa iba a cuajar de tal manera, pero una vez metidos en harina supieron coger el toro por los cuernos, dejar atrás su inocente timidez y afrontarlo con naturalidad. Unos pocos directos en su ciudad en los que regalaban grabaciones caseras de sus temas, y el boca a oreja e internet hicieron el resto. En cuatro días se habían convertido sin pretenderlo en la nueva sensación musical para publicaciones tan célebres como New Musical Express, y se les reclutó para formar parte de festivales tan prestigiosos como los de Reading y Leeds, donde se reunió una multitud de periodistas atraídos por su discurso y una legión de seguidores que cantaron a pulmón cada una de sus piezas. Sin embargo fueron cautos y fieles a su identidad, rechazando firmar por una discográfica hasta meditar donde se respetaría completamente su modo de crear.

Domino Records fue la afortunada y no pudieron hacer mejor elección, pues el conocido sello independiente que cuenta en sus filas con gente como Sebadoh, Franz Ferdinand, Tricky, Hot Chip, The Kills y The Pastels, respetó sus condiciones. Lo que después vino, ya se conoce. Una escalada rápida hasta erigirse en el grupo que ostenta el record de más copias vendidas en una sola semana en cuanto a discos debut se refiere (más de trescientas sesenta mil solo en Gran Bretaña) y su nombre en lo más alto a posteriori. Como digo al inicio de estas líneas, yo no comulgué mucho con su universo en un principio, pero desde hace unos años, de vez en cuando escucho de cabo a rabo este repertorio y me sube la adrenalina, comenzando por la garra de la inicial "The view from the afternoon", radiante con su fuerza bruta pero sin perder el gusto por la melodía y en la que al igual que en el resto del disco pulula en el ambiente las sombras de Paul Weller y Ian Dury, no tanto en lo musical como en esencia, porque si algo sorprende en este álbum es lo personal que suena, sin una fuente de inspiración clara ni puntos de partida obvios, "I bet you look on the dancefloor", con unas guitarras de claro sabor grunge y porte noventero aunque luego derivan hacía otros derroteros, un temazo crudo y directo, un cañonazo para seguir la estela de su antecesora pues todos los textos del lote tienen sentido en su orden como un concepto (supuestamente se cuenta un fin de semana juerguista con todas sus consecuencias), "Takes tales of San Francisco", que coge carrerilla con un compás templado para ir progresando sobre la marcha en una maraña ruidosa finiquitada a coro hooliganesco, "Dancing shoes", a la que debe mucho el excelente artista californiano Hanni El-Khatib, "Still take you home", deuda con el lado psychobilly de The Cramps y el surf-rock de Dick Dale, aunque sea de forma un tanto encubierta, "Riot van", su receso, su redención intimista y punta de lanza para la evolución de sus composiciones, un corte con mucho encanto que uno diría que se concebió en plena resaca dominical a juzgar por su desarrollo, "Red light indicates doors are secured", como si Madness y los de Alex Kapranos se dieran el gusto de colaborar, "Mardy bum", un medio tiempo bailable y divertido en el que la voz del amigo Turner destaca sobremanera con ese deje ronco afilado, y "When the sun goes down", quizá la pieza mas efectiva de su discografía, un auténtico trallazo en su traslado al escenario, riffs correosos, punteos saltarines y un estribillo redondo. En definitiva, un trabajo que intuyo que siempre tendrá la virtud de sonar fresco.

Alex Turner (que más tarde creó un proyecto paralelo llamado The Last Shadow Puppets y editó un delicioso disco en solitario como parte de la banda sonora de la magnífica película 'Submarine'), Andy Nicholson (que dejó la banda tras la salida al mercado de este álbum), Jamie Cook y Matt Helders, formaban entonces Arctic Monkeys. Como curiosidades decir que el título del disco surgió del film protagonizado por el gran Albert Finney 'Saturday night and sunday morning', de la que son forofos al igual que de todo el cine británico de los 60's, que la imagen de la portada corresponde a una foto tomada a Chris McClure (amigo de la banda) en un bar de Liverpool, y que Queens Of The Stone Age han sido los principales causantes de la evolución sonora del grupo en sus últimos trabajos, contando incluso con Josh Homme (líder de la formación norteaméricana) como productor.

https://www.youtube.com/playlist?list=PL769CEA2CFBBA7823

THE ORAL POETS

viernes, 24 de abril de 2015
EVERYTHING IS A DRUM (2015)

Una pequeña congestión me estaba demorando de escribir sobre esta delicia de disco, y aunque aún ando un poco convaleciente, no he podido esperar más a hacerlo porque justo en este momento estoy disfrutando de su sonido y si hay una cosa que me gusta hacer es saborear la audición e ir contando mis impresiones al mismo tiempo, sobretodo si estoy gozando del contenido al máximo, como es el caso ahora mismo. De hecho estaba viendo un entretenido Cleveland Cavaliers-Boston Celtics antes de ponerme a ello y por alguna razón andaba tarareando uno de sus cortes, con lo que aprovechando el descanso del partido he puesto en lista de reproducción el álbum despertando mi apetito de compartir mis impresiones sobre esta maravilla con la idea de que al oírlo os encandile tanto como a mi. Estoy convencido de que en los escasos quince minutos que dura el intervalo entre el segundo y el tercer cuarto del encuentro de basket, no me va a dar tiempo de completar una entrada que deseo con toda el alma que haga justicia a la calidad de las diez pistas que forman 'Everything is a drum', el largo de debut de The Oral Poets, de los cuales ya alabé hace unos meses su ópera prima en formato Ep, el espléndido 'Jim Kelly', pero no porque no halle las palabras adecuadas ni porque no me vayan a salir del tirón, si no porque es una colección de canciones que deben comprenderse unidas y adorarlas sin presiones de minutaje, con lo cual, y a pesar de que como digo, las estoy oyendo en este instante de fondo a estas líneas, el post lo haré en dos partes y el desglose de los cortes lo realizaré mañana en el más absoluto aislamiento mental, ya que un tratado tan bello requiere que se pongan los cinco sentidos en él como norma de respeto.

Separaré el sentimiento de aprecio por ser un trabajo hecho al cincuenta por ciento por una persona a la que guardo un gran aprecio personal, del mismo modo que con la mano en el corazón os diré que en la actualidad se da la casualidad de que tengo en un pedestal lo que propone este proyecto con sede en Burgos (Castilla y León), junto a lo que vienen haciendo desde hace unos años La Hey y The Quiet Man, con la coincidencia de que son historias creadas por un trío de artistas a los que tengo el gusto de considerar amigos, pero más allá de que es una realidad que por afinidad siempre querré dar cabida por estos lares a todo lo que compongan independientemente de que me guste o no, la verdad es que lo que han concebido hasta hoy me parece sublime, con lo cual todo lo que voy a decir es desde el punto de vista de un mero seguidor (y admirador) y no de un colega.

Dicho esto, aunque no era necesario, declaro abiertamente mi fervor por un discurso accesible que bebe de diversas influencias pero brilla con identidad propia, sonando atemporal y emocional, sin encasillar, cercano, universal, bucólico, dócil, apacible y porque no decirlo, pacificador. Entrar en su atmósfera evoca una tranquilidad bellísima, con una instrumentación tan minimal como depurada y una producción loable si tenemos en cuenta que está más próxima al lo-fi de lo que suelen estarlo la mayoría de propuesta afínes a su estilo. Folk, pop, rock y slowcore, tintando las paredes y recovecos de un repertorio sanador, que satisface al oyente ávido de material del dúo hispano-irlandés, tras las hermosas sensaciones y el almibarado sabor de boca que nos dejó su primera referencia. No defrauda en absoluto, se puede definir además como un salto de calidad, alcanzando un grado de madurez en su exposición y dejando la impresión de que con continuidad se irán asentando y añadiendo matices a un imaginario que nada tiene que envidiar al contenido de lo que nos traen desde fuera y mucho menos al que se encuentra por aquí. Sin embargo, no hay monotonía en sus tonadas. No se traiciona la base, pero se percibe un barniz que adorna las nuevas canciones (nueve y una que ya apareció en su presentación) con los ajustes idóneos para redondear una labor en constante crecimiento.

Acústicas, cachivaches electrónicos, teclados y dos cálidas voces nos acompañan en un viaje por las verdes laderas de la fotografía que ilumina su portada de melancolía, ensoñación, espiritualidad y encanto. Tal como pasa con sus singles y su anterior trabajo, la cubierta es un exponente imprescindible para introducirse en su interior, de hecho, ya ha empezado el segundo acto de la contienda que estaba viendo y que os nombré al inicio de esta reseña, pero ha sido embobarme en la escucha observando esas montañas nevadas y ese color esperanza que cubre los senderos, y ya no hay marcha atrás, mañana me entero del resultado, tengo que degustar este idílico rato de principio a fin, si no sería un delito y me pesaría la conciencia por haber cortado algo tan placentero. No es ni por asomo la toma de contacto inicial que tengo con esta perla musical, pero como para mi, que no soy nada dado a machacar los discos para no quemarlos, es una aventura excitante como tal, así que ahora que el lote llega a su fin, lo reproduzco de nuevo para expresar mi opinión sobre cada una de las píldoras que forman este nuevo logro de Manu Catalina y Cristina Kelly.

Se abre con la otoñal "Of the future to come", con una intro lluviosa y unas notas que parecen querer trasladarnos a otra época mientras la melodía te acaricia a través de la firme y dotada garganta de la mitad masculina del grupo, que lleva la voz cantante (nunca mejor dicho) en este aspecto durante la mayoría del transcurso, un inicio frágil y que encaja con el gusto de todo aquel que en su discoteca tenga álbumes de Tex La Homa o J.Tillman, y mantiene el nivel con nota en esa línea con caramelos como "A book, a flame and a portrait", como si a los primeros Arcade Fire les quitáramos la piel y hicieran un pop exquisito de tesitura folkie, pero que también se puede asociar a lo que pudimos encontrar en el magnifico e infravalorado debut de los australianos Architecture in Helsinki, una canción rebosante en arreglos, que encoge el corazón, mi favorita "Horse in the year of the serpent", de la que diga lo que diga me quedaré corto porque es ajena a cualquier elogio que le haga honor, uno de mis temas predilectos de lo que llevamos de año, progresiva, eléctrica en su justa medida y con una ambientación tan barroca como elegante y adaptada a los tiempos que corren, una celebración nostálgica de sintetizadores que emulan a héroes del pasado tales como Vangelis (aunque el estilo del griego era distinto, si que me recuerda su esencia), "Bold winter valley", un viejo corte recuperado, que aunque no aparecía en su debut, lo comenté en la entrada que le dediqué al mismo hace muy poco menos de un año, al igual que "Stargazer low glory", "Water creek boy" y "Shorten short life", que me siguen sonando con la misma fuerza y naturalidad de antaño, "The oracles", donde se oye una guitarra eléctrica sutilmente reverberada, con una armonía animada y un trasfondo lleno de luminosidad, "Comets the earth", la cual también había escuchado con anterioridad y que ahora cobra una nueva dimensión con un mayor protagonismo de la percusión y una nitidez acogedora en el rasgado de cuerdas, y "Former wild horse", aclarando la voz para recitar una bonita letra como un crooner vestido de traje y corbata, con tanta clase que cuesta creer que no llevé en esto varias décadas, una pieza intimista con pocos elementos para que ese registro reine con el apoyo de un piano que abraza el alma y se apaga poco a poco hasta la irrupción de un motor que ruge en su huída. Bravo.

https://theoralpoets.bandcamp.com/

GOAT

jueves, 9 de abril de 2015
WORLD MUSIC (2012)

Tal día como hoy hace treinta y dos años, sin que yo fuera consciente ocurría uno de los acontecimientos que iban a marcar mi vida. Aunque yo tenía tan solo tres años, al otro lado del planeta venía al mundo un ángel que con el paso del tiempo se iba a convertir en mi guardián y mi razón existencial, y por eso en su honor recurro hoy en este espacio a un disco que sé de buena tinta que se encuentra entre sus favoritos, siendo uno de los que hacen latir su corazón, del mismo modo que doy por hecho que se aceleró el mío en el momento que ella abrió los ojos en aquel hospital cuyas paredes escucharon sus primeros sollozos. Muchas cosas pasaron hasta que el destino nos unió e infinidad de sensaciones están por llegar en las décadas que nos quedan por disfrutar juntos, pero si ha habido algo que compartamos con fervor es nuestra afinidad musical, ya que por fortuna tenemos gustos calcados y nos hemos nutrido mucho el uno al otro en ese sentido. Por ejemplo, estos nórdicos me los puso ella en bandeja de plata cuando editaron este flamante 'World music', pero han sido cientos los grupos y artistas que he conocido merced a sus siempre acertadas recomendaciones, y es que supongo que cuando alguien te conoce mejor de lo que te conoces tú mismo, sabe a la perfección lo que te puede hacer vibrar dentro de lo que se cuece en tu pasatiempo favorito, y es que el paralelismo que da sentido a eso es que un servidor no puede respirar sin música como tampoco podría hacerlo sin la existencia de esta maravilla de mujer que me tocó en gracia y a la que quiero dedicar esta humilde entrada que le prometí en su momento y aún tenía pendiente por querer guardarla para esta fecha tan especial en la que cumple años.

En fin, que con la mayor ilusión de celebrar tal efeméride recurro al inclasificable álbum debut de este septeto proveniente de Korpilombolo (Suecia), una pequeña localidad de poco más de quinientos habitantes situada en el municipio de Pajala, al sudoeste del condado de Norrbotten, al norte del país escandinavo, casi en la frontera con Finlandia. Un lugar idílico, que intuyo idóneo para crear el peculiar sonido que practican, aunque no está claro que realmente sean de allí, ya que en su página web oficial no escribieron correctamente el nombre de la ciudad, con lo que se rumorea que es una maniobra de despiste más que añadir a su ideal de discreción, ya que sus miembros son personajes muy místicos en el sentido de que apenas conceden margen de acceso a su vida personal, haciendo oídos sordos a cualquier tipo de petición mediática para que se descubra su identidad. Además son concienzudos a la hora de proteger el proyecto como un bien común, ocultando incluso sus nombres y firmando cada una de sus composiciones en conjunto. Estos pequeños detalles hacen que Goat sean una realidad a respetar sin importar que su misión esté algo manida. Da igual que traten de cercar el trecho en la lejanía recurriendo a estilos que viven un revival inagotable en lo que llevamos de década y quizá de siglo, porque en su caso solo se puede hablar de autenticidad y calidad.

Experimentación en mayúsculas, de eso va lo suyo, y en esa definición cabe la psicodelia, la música de raíz turca, el acid, el afrobeat, el hard rock, el free-jazz, el punk rock garage, el kraut, el funk, el blues, el progresivo...un cóctel de géneros contemporáneos que en su unión resulta impresionante. Ataviados con sus máscaras y sus disfraces han rodado por medio planeta, ganándose el asombro y el aplauso del público en festivales del prestigio de Glastonbury, Primavera Sound, All Tomorrow Parties y Coachella, aunque como en toda gran formación que se precie, el camino ha sido duro. A través de su único componente conocido (de hecho puede que sea un simple portavoz) Christian Johansson, se conoce que su actividad se inició hace mucho tiempo, entre treinta y cuarenta años atrás, cuando siendo todavía unos niños desarrollaron un colectivo musical sin ánimo de lucro como parte de una tradición local, y en nuestros días se mantienen tres de sus fundadores en activo que son los que decidieron elevar la propuesta un peldaño más, entrando a grabar material por primera vez fuera de su territorio. Hace menos de un lustro firmaron por Rocket Recordings, una discográfica británica que confiando en su producto les puso enseguida en liza introduciendo sus referencias en el cada vez más extenso escaparate de la música independiente y desde entonces han visto la luz tres obras maestras a cual más poderosa. No obstante y sin desmerecer a sus sucesoras, me quedo con la espontaneidad y magia de esta descomunal ópera prima, bautizada muy acertadamente en mi opinión, puesto que es un alegato a la universalidad de su imaginario, que se nutre de ritmos tribales e intercontinentales con pasmosa eficacia.

Lo más fascinante de todo es que cuando se encierran en el estudio todo se improvisa. Ahí radica la naturalidad y la belleza de Goat. Tenía muchas ganas de escribir sobre este disco y ahora que me he puesto a la faena solo tengo ganas de recomendar su escucha sin alargarme en detalles sobre el mismo, tal vez porque contagian su pretensión de que lo único trascendente debe ser lo que esconde esa colorida portada, con lo que si no habéis sido engatusados por su ingenio, os animo a saltaros los últimos párrafos y dar al play de la widget, y si queréis alargar la intensidad de la espera en busca de mayores expectativas continuar y de propina daros una vuelta por el genial blog del incansable Carlos, 'Discos Pensados', que en una feliz coincidencia, también ha dedicado líneas a estos monstruos a colación de su más reciente trabajo 'Commune'. A gozar de barbaridades sónicas en algún lugar entre Fela Kuti, Jimi Hendrix, Funkadelic, Black Sabbath, Jethro Tull, Discharge, Sun Ra, John Coltrane y Raghunath Seth (fuentes de inspiración reconocidas por el propio grupo) en temas como "Diarabi", enorme apertura entre la tenebrosidad y la sinergia, abriendo brumas de espesor robusto y cuyas guitarras rugen como un león enjaulado, "Goatman", su primera gamberrada, con la que empezó todo, una increíble pieza con voces femeninas que hubiera querido firmar el mismísimo Salif Keita, un ciclón huracanado que parece brotar del desierto infinito, una barbarie con alma tuareg que encajaría también en la obra de Tinariwen si estos fueran un pelín más agresivos, "Goathead", más carnaza de alma africana, con unos riffs aplastantes y una batería fulgurante, aunque luego relaja el ambiente y siga cautivando a su manera, "Disco fever", muy setentera y bailable, con un punto frenético que la hace merecedora del título a canción más accesible del lote, "Golden dawn", locura rasposa y afilada en la que la voz roza la psicosis y la percusión vibra en una oda al tropicalismo, "Let it bleed", mi favorita del repertorio, posiblemente por ser la alegría el compendio o la más contagiosa melódicamente hablando, "Run to your mama", como si Janis Joplin resucitara y fuera la líder de una banda actual de rock añejo, y "Goatlord", acercándose al folclore étnico de sus compatriotas Hedningarna. Catedralício.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLhSaAh1WOIVkKdfvVp3TD0BuILS4EwWaS

SAD BREAKFAST

miércoles, 1 de abril de 2015
SAD BREAKFAST (2009)

Muchas anécdotas y vivencias conservo de los ratos pasados tanto en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas como los que pasé en el Benito Juárez y dentro del mastondóntico Boeing 777 que me llevó de la capital de España a Ciudad de México y viceversa, pero las más gratificantes fueron las que vinieron a causa de la espera de tres días que me tocó sufrir en la Terminal 1 madrileña, donde pasé tres horas por jornada matinal porque no había plazas disponibles en las que encajara mi billete sujeto a espacio, un chollo económico que tiene como inconveniente esa peculiaridad, es decir, que estés condicionado a que hayan asientos disponibles. Tan solo pagas las tasas de vuelo, pero entras en una lista junto a un buen grupo de personas que hacen el trayecto en tus mismas condiciones y estás con la inquietud de no salir de dudas sobre si despegarás o no, pero lejos de parecer una rotunda molestia, en el dado caso de que tampoco tengas un compromiso insalvable que cumplir en el lugar de destino, se le puede sacar la parte positiva y esa es con la que me quedo, pues en esa experiencia conocí un grupo de gente encantadora con la que hice buenas migas, como si estuviéramos compartiendo algo que nos eximiera de ser egoístas y nos evocara una solidaridad y una camaradería sinigual.

Allí estábamos unos treinta benditos esperando cumplir la ilusión y conversando amistosamente para saber la historia de cada cual, sufriendo el mal carácter de una de las empleadas de la compañía aérea y la paciencia intermitente de otra, que podía pasar de ser muy comprensiva a extrañamente agria en cuestión de segundos. Mayoría de mexicanos y algún que otro español, entre ellos, una chica que estrenaba una obra de teatro un día concreto y era un manojo de nervios porque se le comía el tiempo, Carlos Izaga, un tío más majo que las pesetas que es conocido por su carrera en solitario y por ser uno de los coristas en gira de Miguel Bosé, una chica que había pasado unas semanas viendo a la familia, un matrimonio mayor que tenía una apariencia muy hippie y era muy conciliador, un intrépido de Guadalajara (Jalisco) que había hecho una ruta con amigos por media Europa, una joven pareja, otra con un crío muy simpático, y un muchacho que bajo el pseudónimo de Javier Campesino, mueve bandas por su país, propulsó la visita de Austin Tv por estos lares, vino a hacer tratos con el sello Elephant, y que fue con el que más trato tuve (y mantengo), merced a nuestra afinidad musical, ya que más o menos tenemos los mismos gustos en ese sentido. Personas que hicieron que los contratiempos fueran un buen recuerdo.

Es gracias a éste último que he tenido acceso a la banda de la que voy a escribir hoy, unos fantásticos Sad Breakfast a los que escuché por vez primera a raíz de que él mismo puso un tema de ellos en la red social azul, comentando que era una de sus formaciones favoritas de siempre. Intrigado los oí y me encantaron. Llevaba varios días viendo que mencionaba mucho a otro grupo, Kill Aniston y tras buscar más información sobre estos supe que su embrión fue este proyecto con sede en México D.F. o al menos de su vocalista, que hizo sus primeros pinitos como guitarrista en el seno de este cuarteto que lleva diecisiete años al pie del cañón con su atractiva visión del indie-rock desde una perspectiva  habitualmente instrumental, razón por la cual se les asocia dentro del post-rock. Tras unos comienzos dubitativos en busca de un estilo en el que sentirse cómodos usando el nombre Pale Pluto, pasaron a asentar las bases de esta historia con una plantilla fija y grabando de forma precaria pero sobrada de ganas, su debut en extended play 'With the sunshine in my eyes' y en un corto período de apenas tres años hasta que vio la luz su siguiente asalto de título homónimo y grabado en vivo sin trucos ni artificios, vieron crecer su fama siendo contratadas para dar algunos conciertos fuera de su ciudad. Nuevas estructuras, ritmos más elaborados y una inédita identidad con la que expresarse sonoramente fueron motivos para que volvieran a encerrarse a grabar lo que sería su ópera prima en formato de larga duración 'Don't try to forget... that's why people takes pictures'. Consiguieron un distribuidor europeo para que moviera su material por el viejo continente (Puresome Records) y firmaron por un sello estatal (Iguana Records) que hizo lo propio en su tierra. Sin tiempo para descansar, aprovechando el tirón de inspiración experimentado en aquel momento, dos Ep's más concebidos como un álbum doble 'The time...' y 'The comeback', de cinco piezas por barba, que dan pie a dos giras de tres meses a lo largo y ancho de la nación. Mucho para el cuerpo, así que se dan un respiro y vuelven a la carga tras un hiato de casi dos años que marca un antes y un después en su carrera, puesto que se finiquita con la idea de no volver a componer canciones con letra, con lo que profundizan en su faceta instrumental en un acierto que les trae como recompensa actuar junto a grandes del género como los texanos Explosions In The Sky, los japoneses Mono o los californianos Tristeza.

'Sad breakfast', fue su última referencia, publicada justo en pleno auge. Producido por Ray Cañedo y masterizado y mezclado en Seattle (Washington) por el teclista de Minus The Bear, Matt Bayless (que ha trabajado tras los mandos para ilustres del grunge y alrededores como Pearl Jam, Isis, Soundgarden, Mastodon y los madrileños Nothink), y Ed Brooks (con un currículo en el que figuran nombres como Carissa's Weird, Caspian, The Decemberists, Death Cab For Cutie y cientos más). Una mayor contundencia con espacio para unas pequeñas pinceladas de garage y unas sutiles pero visibles reminiscencias stoner, adornan un lote de siete pistas a cual más profunda y emocionante. El rugir de batería y guitarras que nos golpea en los algo mas de cuatro minutos que dura la inicial "Atahualpa yuyeti", una maraña de ruido controlado que puede conquistar a cualquiera que hoy en día goce con el gran momento de forma de Toundra, por ejemplo, "Antlia", fulgurante, electrificante, una estupenda vertiginosidad de riffs y acordes esplendorosos, mi favorita del repertorio, con esa atmósfera noventera y ese deje a los Seam más prolíficos en matices técnicos, "Aldeano", otra píldora insalubre de potencia con melodía luminosa, próxima a los Palms de Chino Moreno, o por que no decirlo, también a sus Deftones en la época en la que hallaron horizontes distintos a los que exploraron en sus comienzos, "Camaleón y Andromeda", fascinante en su ejecución, como un soneto musical que crece a pasos agigantados a través de cada nota, "Enloquece, rabino, enloquece", distorsiones metálicas y correosos arreones de brusquedad bien entendida, "Munaf", fenomenal épica con sentido común, abierta de miras y con una cubierta pop deliciosa, y "Rompiendo cosas", portentosa cruzada a medio camino entre The Album Leaf y Russian Circles, aúnando cerebro y corazón, telón y transparencia en dos partes bien diferencias pero perfectamente conjungadas. Una obra maestra en mi humilde opinión.

Los hermanos Christian (que luego pasó a formar parte de Hummersqueal) y Josué A. Guijosa, Christian 'Migra' Covarrubias, Emiliano 'Mijau' Sandoval y Ray Cañedo, fueron los integrantes de Sad Breakfast durante la concepción de esta obra. En la actualidad, la banda vuelve a estar activa con la incorporación de Hugo Martínez (y la salida de Cañedo que solo les echó una mano entonces), completándose así una reunión de la crew original. También han sido parte de la 'familia', Christian 'Migra' Covarrubias y Josué 'Hobbit' Ortíz y Roberto 'Oso' Lira.

http://sadbreakfast.bandcamp.com/

CLUBZ

viernes, 27 de marzo de 2015
TEXTURAS (2014)

Como bien sabéis los que os dais un paseo por aquí de vez en cuando, me encanta dar un golpe de timón y virar la dirección sonora de esta bitácora, por eso traigo para amenizar este nublada mañana primaveral, algo diametralmente opuesto a lo que posteé la última vez que me digné a aparecer por esta casa. Otra más de esas pequeñas perlas con las que me crucé en la bella tierra de mi pareja sentimental, aunque proveniente de una ciudad algo alejada de la zona en la que estuve, es esta delicatessen en formato Ep del dúo de Monterrey (Nuevo León), Clubz. No hace mucho les cité a colación de su presencia como invitados en el concierto de sus paisanos Little Jesus, donde supe por primera vez de su existencia. Me gustó su estética y el aporte que hicieron con motivo de la ocasión, así que los añadí a la lista de búsquedas pendientes que confeccioné en aquellas semanas. Como con todo lo demás que me propuse localizar por la red, curioseé en su Bandcamp y su Soundcloud, dando con esta primera referencia y un par de temas sueltos. Supe también que se trata de un proyecto paralelo del cincuenta por ciento de Husky, cuarteto que apuesta por un ideario afín al hip-hop, con lo que supongo que usan este divertimento para explayarse a gusto con sus otras visiones musicales.

Aquí confluyen el synth-pop ochentero, el R&B, el electropop, la electrónica entusiasta, el surf-pop, la new wave y unas microscópicas gotas de shoegaze, que tan pronto pueden recordar a las canciones de la banda sonora de 'Drive', como a DIIV, El Guincho, Little Dragon, Gary Numan, Phantogram o SBTRKT, experimentando con las texturas (como bien indica el título de su primera referencia discográfica), beats, cajas de ritmo y elementos diversos que pueblan su mensaje. Empáticas letras de desamor, estribillos contagiosos, ritmos pegadizos dentro de una sencillez coherente y directa, un aroma vintage que prevalece a lo largo y ancho de este debut...una fórmula prominente que hace las delicias de cualquier persona abierta de oídos. Hace pasar muy buen rato la escucha de las siete piezas que componen este extended play, aunque se haga corto y deje con ganas de más, pero bueno es consolarse con el rumor de que ya tienen por lo menos once temas nuevos con los que deleitarnos en lo que será su primer larga duración, previsto para el verano a más tardar, tal como insinuaron ellos en una entrevista.

De momento nos quedamos con su creciente popularidad, que les ha permitido actuar en festivales de prestigio en su país de origen, tales como Vive Latino, All My Friends, Ceremonia, Tulum New Year's y Nrmal, amén de ser reclutados para el célebre SXSW de Austin (Texas), en su edición de este mismo año, y confirmada con la consecución del premio nacional Indie-0 Music Awards a 'mejor banda novel' y 'mejor disco pop. Aparte, también han vivido agitados acontecimientos en vivo como los que les proporcionaron las actuaciones de formaciones internacionales consolidadas dentro del movimiento, del nivel de los californianos !!! (Chk Chk Chk), los guipuzcoanos Delorean, los australianos Tame Impala y los chilenos Dënver, entre otros, para los que ejercieron de teloneros de excepción.

Algunos medios de comunicación, dijeron de ellos que sonaban como unos The Cure o unos New Order en las partes de guitarra y a unos My Bloddy Valentine por esas voces sumergidas en efectos noise-pop. Salvando las distancias, claro está, los tiros van un poco por ahí, aunque cantan en español y reconocen como fuente influencia a muchos de los que de alguna manera se salvaron de la quema comercial de la llamada 'movida madrileña' desde el underground intermedio, es decir Golpes Bajos, El Último Sueño, Los Zombies, Ataque de Caspa o Almodóvar & McNamara, del mismo modo que declaran una cierta admiración por el legado de los argentinos Soda Stereo y Los Encargados. No obstante, pienso que lo realmente cautivador de Clubz es que no recuerdan a nada descaradamente, tienen su propio sello y sus pistas convencen sin necesidad de pretensiones ni deudas con lo ajeno. Por eso no me queda más que recomendar la escucha de un repertorio que tal vez no comulgue con el gusto de los puristas pero que sin embargo atrapa cuando uno se deja enredar por su encanto conciliador, sus melodías incansables y sus ruiditos nostálgicos que nos llevan a viajar en el tiempo como si fuéramos Marty McFly al volante de su flamante (vaya rima me ha salido, oigan) DeLorean DMC-12 y reconfortarnos en la espontaneidad desvergonzada de la edad dorada de la cultura pop: los 80's. No puedo negar que la razón principal por la que me he prendado de su imaginario ha sido por la naturalidad desenfadada y tierna de esa maravilla que abre el álbum, titulada 'Golpes bajos' (no sé si en honor a la extinta banda del tristemente desaparecido German Coppini), una delicia en la que todo reluce, conquista y seduce con unos juegos vocales extraordinarios y una serenidad fascinante dentro de su excitante compás, pero a base de escuchar el resto, he caído rendido a la totalidad de sus casi veintitrés minutos de duración, con caramelos tan jugosos como "Intento", inmediata y juguetona, tirando de falsete en contraste con su cercanía a los Future Bible Heroes de Stephin Merritt, una pista muy agradable para continuar la estela de su antecesora, "Celebrando", palmas rítmicas y armoniosas, un texto corto pero conciso, sin duda una de las más inspiradas tonadas del álbum, "Nudos", como si Julian Casablancas convenciera a sus compañeros en The Strokes de que la luz de su camino debe venir a través del estilo que primó en su debut en solitario, "Paracaídas", una bonita instrumental de altos vuelos, que les sitúa en algún lugar entre los Kraftwerk más accesibles y el primer Jean-Michel Jarre, "Hoy no", el corte con el que comenzaron su andadura, compuesto por capas y voces atmosféricas, a base de guitarras con reverbs, chorus, overdrive, sintetizadores y un ritmo de batería al estilo kraut, con una frase que se repite a lo largo de la canción, y que el dúo mexicano describe como un viaje a través de la progresión de notas que se van construyendo entre elementos sonoros, y "Visiones", continuista (la base es muy similar a la que se escucha en la anterior pista) y almibarada, en la línea de los barceloneses Dorian, por citar un ejemplo, que recurre también a la presencia de una única frase para llevar el peso, y que resulta una estupenda despedida que aún suponiendo que no debería ser así a juzgar por su letra, deja un grato poso de optimismo en el ambiente.

Clubz, que recientemente firmaron con el sello La Editorial de Canadá, con sede en nuestro país (creo que en Barcelona, pero no estoy seguro del todo) y que tiene o ha tenido bajo su amparo gente como Astro, La Estrella de David, Mujeres, El Último Vecino, Joe Crepúsculo y Extraperlo, entre otros, lo forman Orlando Fernández y Coco Santos. Pronto van a estar de gira por aquí, y desde luego no pienso perdérmelos en el dado caso que pisen mi ciudad.

https://soundcloud.com/clubz/sets/clubz-texturas-ep

BANCO DEL MUTUO SOCCORSO

viernes, 20 de marzo de 2015
BANCO DEL MUTUO SOCCORSO (1972)

Vuelvo a emprender camino tras el breve paréntesis que hice para alabar las virtudes del segundo artefacto de La Hey, y salto de nuevo hacia atrás para recordar una más de las cosas que disfruté como novedad en mi fructífera estadía intercontinental. Me gustaría mucho aplicarme en la necesaria virtud de la disciplina y hacer cuatro o cinco post consecutivos en corto espacio de tiempo sobre lo que allí escuché, para pasar a otros álbumes que tengo en mente desde que comenzó el año, pero sé que no lo voy a lograr porque tengo menos formalidad que la que tuvo Romario en su etapa como delantero centro del Valencia C.F. pero bueno, basta de decir esto que parezco un disco rayado, las cosas van como van y así están bien, total nadie me encorre, además dejar todo a medias en este titubeante blog, parece ya una marca distintiva. La cosa es que una de las muchas cosas interesantes que hice por aquellos lares, fue ir a ver un ensayo del grupo del tío de mi chica, en un pequeño local anexo a la casa de la madre del mismo, pasando un rato muy entretenido que fue más allá de la mera música. Allí pudimos ver a una formación veterana con el ímpetu y las ganas de comerse el mundo de una banda novel, practicando un rock de tintes sinfónicos y con aroma bluesero, que nos atrajo desde la primera canción, pero al margen de su propuesta, de la que espero poder escribir cuando editen material, cabe destacar la distendido tertulia que mantuvimos con los integrantes al finalizar de tocar.

Surgieron nombres de viejos clásicos, sugerencias de la actualidad, y por supuesto el gusto personal de cada uno. En una de esas, alguien sacó un portátil con más polvo que las botas de John Wayne y ante la desaprobación del resto, el teclista buscó en la red un tema de una longeva formación italiana que en su día formó parte de la hornada de rock progresivo que curiosamente exportó con notable éxito el país translapino a México, quizá porque en aquellos años había un creciente interés por músicas foráneas que tuvieran que ver con la eclosión del género tras la onda expansiva que provocó el movimiento Avándaro, aquel que a principios de los 70's movilizó a las juventudes aztecas en pro de una revolución de estética y libre pensamiento, y del que ya comenté algo en las entradas que dediqué a Toncho Pilatos y Spiders. Al escuchar las primeras notas, ya supe que me iba a gustar y desde luego acerté en la predicción. "R.I.P", se llamaba el tema, y la banda Banco Del Mutuo Soccorso. Reconozco que me costó bastante memorizar el nombre, tanto que lo tuve que preguntar tres veces durante la audición de ese corte que cambiaba de rumbo a su antojo, pasando de la intensidad a la calma con pasmosa facilidad, con una melodía que atrapaba al instante, y el encanto de estar cantada en su idioma materno. Tan solo llegar a Barcelona, una de las primeras cosas que hice al abrir el ordenador, fue buscar material de ellos y texto en los que se hablara de su historia.

Procedentes de Roma (Italia), estuvieron en activo la friolera de cuarenta y cinco años, aunque dejaron de editar hace dieciocho, manteniéndose a base de conciertos, pero la trágica muerte en accidente de tráfico de su carismático vocalista, Francesco Di Giacomo, puso fin a una carrera prolífica que consta de catorce álbumes de estudio y tres directos, que avalan un reconocimiento mayúsculo en esa bella nación bañada por las aguas del Mediterráneo. Abanderados de un estilo que involucró a otros grandes como La Premiata Forneria Marconi, Nova, Il Balletto Di Bronzo, Osanna, I Cervello, La Locanda Delle Fate y Le Orme, Il Rovescio Della Medaglia y a Franco Battiato (aunque este último haya sido asociado a otras sonoridades a colación de sus altas cotas de popularidad). Corría el último curso de la década de los 60's y bandas británicas como The Moody Blues, Jethro Tull, Gentle Giant, Pink Floyd y Emerson, Lake & Palmer, ya habían exportado su nombre por todo el continente europeo, con lo que el entonces joven sexteto, ya tuvo claro hacía donde quería virar su discurso. Su imaginario se nutría de todos esos referentes, pero añadía el inédito exponente de la mezcla, cubriendo de ricos matices alejados de las reglas estilísticas de aquella nueva vertiente relacionado con el rock de toda la vida. Música clásica, jazz y experimentaciones con corrientes de todo tipo, era lo que reinaba en los trabajos de estos romanos, con especial inspiración en sus tres primeros lanzamientos, el homónimo que nos ocupa, 'Darwin!' y "Io sono libero otan", autenticas obras maestras dentro de su discografía. Esa parte de su legado es la más respetable, porque luego, en la siguiente década, partiendo de la mismo pasaron a cubrirlo de un pop más accesible que poco tenía que ver con su idea inicial, aunque no por ello dejo de ser un giro respetable en su trayectoria.

Se editaron algunos de sus plásticos en nuevas versiones con la peculiaridad de que sus letras eran interpretadas en inglés en busca de rastrear mercados en el extranjero, hasta trataron de ampliar horizontes comerciales haciendo un ajuste con el nombre de la banda para su asalto global (se hicieron llamar simplemente Banco, así a secas, durante un tiempo), pero la respuesta exterior no fue la esperada, por eso quizá llegó su cambio de dirección, pero bueno, la cosa es que para la historia queda esa asombrosa trilogía que injustamente no se puede más que considerar de culto dentro del underground musical, puesto que nunca tuvo la fama que pedía a gritos en vistas de su calidad. 'Banco del mutuo soccorso', su impecable debut, es el que más he machacado a conciencia desde que me hice con este trío de joyas, y es que su repertorio es maravilloso. Tan solo seis canciones, pero de largo recorrido, que oscilan entre el minuto y pico y los dieciocho minutos sobrepasados, que hacen las delicias de cualquier oyente ávido de esa innovación que solo podemos encontrar en el pasado. Comenzando con "In volo", un simulo de intro instrumental y coral, que recuerda a las composiciones de su ilustre paisano Ennio Morricone, y que podría encajar en un spaguetti western de la época,  y siguiendo con el emblema del lote, la soberbia "Requiescant in pace", abrumadora proeza apoyada en la poderosa voz de Di Giacomo, que cambia de registro a lo grande en las dos partes en las que se divide esta magna pista, una genialidad que no tiene parangón en su compendio, uniendo con maestría flauta de travesera, piano, sintetizadores, teclados, órgano, guitarras, batería y bajo, y que puede traer a la memoria a los King Crimson de la primera etapa, "Passaggio", una efímera dulzura amenizada por un etéreo canto y un clavicordio, "Metamorfosi", otra brillante muestra de su dotado quehacer, con una atmósfera que podría tener connotaciones con nuestros olvidados Los Módulos, con ausencia de voz hasta la parte final, un tour de force de teclas que coquetea con las bandas sonoras del cine mudo de Charles Chaplin durante sus primeros minutos, pero que luego deriva en un ciclón de energía hard-rockera que emula a los mejores Deep Purple, y donde por momentos su cantante muta en una suerte de Demis Roussos en la era Aphrodite's Child, "Il giardino del mago", dividida en cuatro prolíficos actos como si de una ópera se tratara ("Passo dopo passo", "Paseo chi chi e geme", "Coi capelli sciolti al vento" y "Compenetrazione"), primando la oscuridad y el melodrama, amén de su recurrente virtud de emitir entre líneas una fuerte carga de reivindicación política, y "Traccia", veloz escapada con la épica de unas polifonías ejecutadas como si provinieran de un ritmo marcado por la marcha triunfal de la música.

Los hermanos Vittorio y Gianni Nocenzi, Francesco Di Giacomo, Pier Luigi Calderoni, Renato D'Angelo y Marcelo Todaro, formaban entonces la banda. Como dato curioso decir que en 1976 crearon la banda sonora de la película 'Il garofano rosso', en la que intervenía un jovencísimo Miguel Bosé (compartiendo escenas con su hermana Lucía.

https://www.youtube.com/watch?v=vIVbWFURccU

LA HEY

martes, 10 de marzo de 2015

VOJVODINA (2015)

Hago un obligado alto en el camino respecto a mis planes iniciales de exponer varios de los discos que he disfrutado por territorio azteca, porque por fin tengo en mi poder la versión definitiva de 'Vojvodina', la nueva obra maestra de ese genio manchego que se esconde tras el nombre de La Hey, y ni os imagináis las ganas que tenia de que llegara este momento de sentarme a dedicarle unas líneas, acumuladas desde que pude disfrutar del primer esbozo (sin pulir) hace unos meses. Sin rubor alguno, anuncio que soy totalmente parcial en lo que se refiere a su música, porque toca todas las teclas de mi gusto y bebe de la mayoría de referencias que me hacen vibrar, aparte de que le considero amigo y eso produce en teoría un hándicap a la hora de que mi opinión se dé desde un punto de vista objetivo, pero lo cierto es que nada más lejos de la realidad si lo analizamos bien, porque si yo no fuera totalmente franco y cerebral en el rato de plasmar aquí lo que pienso sobre sus canciones, sería un colega lamentable, sucio e insincero, como diría el gran Pocholo. El segundo larga duración de este artista es excelente por muchas razones que explicaré a continuación y huelga decir que brilla sin necesidad de buenas palabras por mi parte, pero es un honor para mí poder publicarlo.

Hace poco más de un año destripé por aquí los entresijos de ese glorioso debut llamado 'Vamtcaänp', que me sedujo desde la primera escucha, y las dos continuaciones en forma de E.P. y rarezas instrumentales que había colgado en su Bandcamp (porque desgraciadamente, su trabajo está amparado en la autoedición) ya anunciaban una pequeña vuelta de tuerca a su sonido que le sentaba de maravilla a un discurso que ya sonaba excitante de por sí. En 'Sí pasaba Paul', nos obsequiaba con un tratado excelso que no le hace ascos a ningún género, pero que por una cuestión lógica podría decirse que tiene más relación con el post-rock liberal de vistas marítimas de unos Do Make Say Think, y 'Brillo chatarra', visto en perspectiva, parece el eslabón perdido entre sus dos discos grandes, una joyita breve pero concisa que abría el apetito para lo que estaba por llegar. Se puede confirmar que con esta colección de canciones da un salto de gigante, madurando su mensaje y alzando la voz, uno de sus mayores baluartes en mi opinión y que, en esta ocasión, tiene un protagonismo desvergonzado que a mi juicio veo como un acierto total. Como muy acertadamente decidió hacer mi querido James Mercer en el segundo álbum de The Shins, 'Chutes too narrow', grita, exclama, rasga y endulza según marca el ritmo o pide la melodía, se quita el corsé de la tímidez y saca el máximo rendimiento a unas cuerdas vocales que destilan magia y sensibilidad, sin sonar tan dóciles como mandan los cánones del pop, ni tan sobrias como dictan los códigos internos del rock. Aparte, cada pieza es una aventura auditiva, plagada de matices, y un compendio de estilos que tienen la mirada puesta en la nostalgia noventera.

Y comentados los tecnicismos que, a decir verdad, me podrían dar para mucho más porque hay infinidad de virtudes en ese aspecto en cada rincón de su minutaje, me voy a quitar la carcasa de flipadete y voy a echarme unas líneas pomposas pa'l cuerpo, porque me encanta lo que hace este hombre y no puedo esconder mi devoción en palabras sin pasión.

Preguntaba con asiduidad el difunto Andrés Montes a su inseparable compañero, Antoni Daimiel, en sus memorables retransmisiones baloncestísticas (que pareja tan distinta y compatible a la vez, como se echa de menos) que por qué todos los jugones sonreían igual, ya que, a su juicio, cuando un jugador estaba seguro de su calidad, no podía disimular en sus labios ser sabedor de ello, pero el comentarista ciudadrealeño nunca le respondía, como mucho se limitaba a soltar una leve carcajada. Estuve pensando mucho tiempo en eso a partir de la muerte del inolvidable locutor de las pajaritas llamativas, y cada vez que veía un partido analizaba los gestos de los ases de la canasta en ese sentido, tratando de hallar respuesta. Pues bien, una vez creí haber llegado a una conclusión, cuando el playmaker de mi equipo anotó un monumental tiro final que nos dio un título en la liga que jugamos y se quedó quieto esperando la llegada del resto para celebrar como posesos aquel épico triunfo. Se quedó bajo el aro, con el tiempo transcurrido, con una amplia dentadura asomando y la sensación de que le relucían los dientes y la saliva le mojaba las orejas, y yo creí haber visto la luz, pero la manera en la que por fin supe el motivo de la 'sonrisa común de los jugones' (podría ser un buen título para una novela biográfica del gran Montes, que bien la merece), fue al ver esa foto en miniatura de nuestro protagonista del post de hoy. La calma, la libertad de acción y el disfrute, la tranquilidad que produce hacer algo que te gusta, gozarlo con los cinco sentidos y verlo acabado, pero sobre todo, tener plena conciencia de que aquí no tiene cabida la egolatría, ni la altanería, simplemente participa en la faena esa deliciosa bendición que es la diversión.

Diego Rodríguez, nombre del jabato que compuso e interpretó esta sutil golosina nacida del vientre de la honestidad, nos invita a acompañarle en este viaje personal pero no introvertido, repleto de lugares comunes para una generación (la que se libró de ver a mujeres con hombreras en las discoteques, por no haber llegado a la adolescencia) que encontrará en sus textos mil motivos para sentirse identificado. Este portento de Toledo (Castilla La Mancha) comienza el abordaje con la anecdótica introducción "Tragapúas", en la que se escucha un intento de sacar la púa del interior de la guitarra, haciendo gala de su rebuscado humor y poniéndonos en espera durante unos segundos hasta prender la mecha con la seductora "Pulse", con esos melancólicos vientos al mas puro estilo The Long Winters, y esas autopolifonías arrastradas que emulan a los Nueva Vulcano más intimistas, un corte rebosante de capas, que requiere un estudio aparte para llegar a la conclusión de que en cuanto a desarrollo, es el más inspirado del repertorio, y es que todo crece en su transcurso, tanto esos magnos acordes de guitarra como ese bajo intrépido y ese ritmo de batería afín al jazz, como su cambio de ritmo tropical y esas teclas optimistas, ideales para abrazar esa letra agridulce que cuenta una historia de desamor con la más cabal de las corduras; "Lampreas", aroma a emocore embrionario, en algún lugar entre los Fugazi menos descarnados y los Codeine menos apegados al slowcore, con la base de "Danko Manuel" de Drive-By Truckers cogida a préstamo y la presencia de un xilófono que le acerca también al imaginario de The Dodos; "Plausible esfuerzo", donde su voz se enreda en una bruma de distorsión oscura pero no asfixiante, dando paso a la absoluta joya de la corona, "Vojvodina", la que probablemente sea la composición más efectiva y lograda de todas cuantas ha concebido, aunque sea atrevido afirmar esto teniendo en cuenta su facilidad para crear perlas infinitas, una canción pegadiza, enorme, redonda, que debo confesar como mi favorita del año pasado (tuve acceso a ella hace varios meses) y que además cuenta con un excelente vídeo que enlazaré al final del post; "Se nos muere el paquidermo", donde se transforma en un tahúr que anunciacon  el rasgar de las cuerdas y lo macabro de una trompeta triste, otro giro estilístico que encajaría en el ideario de Bark Psychosis o Slint; "Toledo en la postal", la sarcástica canción política de La Hey, ruda, próxima al punk-rock o incluso al grunge más sucio, aunque a mí personalmente me trae a la memoria a los primeros Sebadoh, un despiporre en el que se citan viejas y nuevas glorias de todos los ámbitos, a cuál más recurrente; "Y no me rompas más estatuas", hecha a pachas con Javier Sánchez, que además colabora tocando el bajo, una pista en la que planea la sombra de Bigott, aunque sea inconscientemente, usando la base de "Green Belly" de Ty Segall, una reflexión interior de las que nos hemos hecho todos alguna vez; "Qué y por qué", donde de nuevo se pone a los mandos del xilófono, para dar otro enfoque a su sonido, una exquisitez pop con dos partes meridianamente diferenciadas, elevando el nivel en la clausura, que es una preciosidad, y "La rótula de Clara", riquísima despedida, coqueteando con The Beatles por su coralidad y su ternura acústica, y cuya letra intuyo que esconde una gran anécdota biográfica, aunque sea por una escena de protagonista ajeno.

Obra maestra para un servidor, 'Vojvodina' debe su título a una provincia autónoma del norte de  Serbia, cuya capital es Novi Sad y que en la década dorada del baloncesto europeo, tuvo un reputado equipo que fue fijo en competiciones europeas en tiempos de la antigua Yugoslavia. Un motivo más para que este disco llamara mi atención. La elaboración de la portada corrió a cargo de Scout Finch desde su México natal, partiendo de una fotografía cedida por Saioa Rolán.
http://soylahey.bandcamp.com/album/vojvodina