MANCHESTER ORCHESTRA

martes, 24 de mayo de 2016
MEAN EVERYTHING TO NOTHING (2009)

No recuerdo bien como llegué a la música de Andy Hull, el líder esta banda y de ese genial proyecto en solitario del que hablé hace un tiempo por aquí, Right Away, Great Captain! y tal vez si leyera aquella vieja entrada saldría de dudas, pero me da algo de pereza leer cosas que he escrito, sean recientes o actuales porque luego me entra el sonrojo por ver que no soy muy diestro para ello. No tiene mayor relevancia de todos modos, lo importante es que desde entonces mantengo un idilio permanente con ambas aventuras y que considero su talento tan infravalorado como enorme. Este artista de Atlanta (Georgia) que compagina su labor en estos Manchester Orchestra con los también interesantes Bad Books (junto al neoyorquino Kevin Devine, otro figura a tener en cuenta) y su carrera como solista, es un diamante en bruto que construye canciones con una facilidad pasmosa y que a pesar de no haber saboreado las mieles del éxito en su justa medida, tiene un prometedor camino por delante debido a su corta edad, puesto que todavía no ha cumplido los treinta años. Por todo lo que le queda por hacer no quiero perderle la pista jamás y desde que lo oí por vez primera que tengo marcadas sus páginas de información para ir cerciorándome de cuando saca nuevo material a la luz o si se anima a iniciar una nueva aventura, porque con su actitud hiperactiva nunca se sabe si nos va a sorprender con algo, como cuando ha colaborado con Grouplove, The Dear Hunter, Winston Audio, Frightened Rabitt, Weatherbox u O'Brother.

Desde que empezó a componer en la adolescencia cuando volvió a instalarse en el estado sureño tras un viaje de ida y vuelta que le llevó junto a su familia a vivir siete años en Richmond Hill (Ontario), centró sus esfuerzos en formar una banda con la que poder darse a conocer. Invirtió todo su tiempo en aprender a tocar la guitarra que le habían regalado sus padres para tratar de consolar la nostalgia que sentía por Canadá, hasta adaptarse de nuevo a la que había sido su casa durante la infancia y una vez logrado se puso manos a la obra y fundó The Tiger Society y poco después With East On Autry, editando un disco con cada uno de ellos (eran grabaciones caseras autoeditadas) junto a un amigo que tocaba el bajo en el primero y acompañado de un teclista que más tarde tocaría la batería en su siguiente y más longevo vehículo artístico, en el segundo. Esos experimentos fallidos le hicieron comprender que quizá lo mejor sería ir por su cuenta y así fue como creó Manchester Orchestra, que ya desde su propio nombre explicado en palabras de Hull, muestra el concepto que le rondaba por la cabeza, que no era otro que trasladar su pasión por Morrissey y The Smiths, amén de la fascinación que sentía por la lejana ciudad británica que vió crecer al mítico grupo, a un cancionero propio en el que sus amigos entraran y salieran sin pertenencia ni responsabilidad permanente, pero con el tiempo fue abrazando más la ilusión de cerrar la plantilla y trabajar en compañía de los colegas que más se implicaban en el asunto.

Todo iba viento en popa, no hay gran cosa que hacer en el condado de Gwinnett y mucho menos en Lilburn, el pequeño pueblo donde pasaban las horas muertas tras acabar su horario de clases en la Providence Christian Academy donde se conocieron los miembros de la banda, así que tenían muchos ratos para escuchar a los héroes de su idolatrado sonido 'Madchester'. Álbumes de Joy Division, Buzzcocks, Happy Mondays, Oasis, The Fall, The Stone Roses o Inspiral Carpets, iban inspirando sus quehaceres, y llegaron a grabar un disco llamado 'Nobody sings anymore', pero nunca vió la luz porque al bueno de Andy le entraron dudas existenciales, abandonó el instituto y un poco de su sociabilidad para acabar sus estudios en casa en un año sabático que también empleó para madurar su aprendizaje musical y variar el rumbo de sus composiciones. Pasado ese intervalo la cosa empezó a rodar de nuevo y en muy buena forma, tanto que en la actualidad podemos hablar de ellos como una formación más que respetable con cinco largos en circulación y una gran perspectiva de negocio por delante a raíz de la construcción de su propio sello discográfico, Favorite Gentlemen, regentado por los ex-componentes de la banda Jeremiah Edmond y Jonathan Corely, en el que dan cobijo no solo a sus proyectos personales, si no también a un buen número de grupos de su zona con gran potencial (All Get Out, Nathan Hussey, Gobotron, Big Jesus, Harrison Hudson, Estates...).

Como comentaba la sonoridad del grupo pasó a ser totalmente distinta a la de su concepción embrionaria. Un sonido más rudo, enérgico y robusto de corte americano, enfocado hacia el indie-rock y al emocore de los 90's, que a ratos puede sonar a los primeros grupos en los que militó Conor Oberst (Desaparecidos y Commander Venus), la mayor de las veces a Neutral Milk Hotel y por momentos a The Weakerthans o Silversun Pickups. De todas sus referencias me quedo con esta sensacional 'Mean everything to nothing', no tanto por ser su más lograda en su conjunto como por ser la más inspirada a la hora de apostar por canciones directas y efectivas. Depositaron su confianza en el productor Joe Chiccarelli, cuyo trabajo con The Shins y My Morning Jacket les había entusiasmado, y fue un verdadero acierto, porque extrajo el máximo rendimiento al poderío instrumental de este quinteto all-star. Buena muestra de ello dan temas tan grandes como la envolvente "The only one", que bebe descaradamente de la vieja banda de Jeff Mangun citada unas líneas más arriba, con ese ritmo progresivo y esa batería que es golpeada con fuerza dando la alternativa a unas guitarras sucias pero deliciosas y un estribillo luminoso, "Shake it out", algo así como un choque frontal entre dos trailers de mercancías en los que suenan Queens Of the Stone Age y Modest Mouse en el momento de la colisión, tal vez la mejor pieza del álbum, con un arrebato screamo en sus estrofas centrales y un parón fascinante que deja noqueado para ceder la vez a una maraña de distorsión emocional que puede recordar a Band Of Horses, "I've got friends", donde vocalmente más se acerca a Bright Eyes, un medio tiempo enorme con destellos de ira justificada, "Pride", donde entona igual que Perry Farrell de Jane's Addiction y Porno For Pyros en sus primeros compases anunciando que la cosa va a ir por derroteros añejos, hasta que se confirma con esas guitarras herederas de The Smashing Pumpkins y Soundgarden que completan este tributo al grunge más metálico, efecto que se mantiene en "In my teeth", muy afín al legado de Nirvana con ese bajo marcado y esa melodía desgarrada, "100 dollars", que nos regala un precioso dueto reposado entre Andy Hull y Erica Forman, "My friend Marcus", tierna e intimista con una coralidad maravillosa, sin duda la más bella del lote, una pista que a mi personalmente me trae a la memoria a Tokyo Police Club, "Tony the tiger", una de esas tonadas dotadas de un gancho especial, por sus punzantes punteos y sus golpes de baqueta certeros, y "The river", brillante final con sección de cuerda para una obra formidable.

Manchester Orchestra eran entonces y son ahora Andy Hull, Chris Freeman, Andy Prince, Tim Very y Robert McDowell. En el estudio de grabación estuvieron acompañados en esta ocasión por los antes mencionados Erica Corman (voz femenina de Anathallo), Jonathan Corley y Jeremiah Edmond, Dan Hannon, Mary Alice Hull (hermana de Andy y esposa de Robert. Toda queda en casa) y Oliver Krauss. Apuntar también que debido poseer un sonido elástico y ecléctico han podido girar con formaciones tan dispares como Biffy Clyro, My Chemical Romance, Blink 182, White Denim o Little Hurricane. También han aparecido en programas de máxima audiencia de la televisión estadounidense como los de Jimmy Kimmel, David Letterman, Conan O'Brien y Jimmy Fallon, y colado temas en la banda sonora de la oscarizada 'Dallas buyers club', la exitosas serie 'Skins' y 'One tree hill' y el documental 'Little hope was Arson'.

https://www.youtube.com/playlist?list=PL867F5156F46658A0

FOOL'S GOLD

viernes, 13 de mayo de 2016
LEAVE NO TRACE (2011)

Antes de comenzar a escribir este texto, debo confesar algo que tiene relación directa con lo que estoy a punto de ensalzar. Bien, allá va...soy un absoluto negado a la hora de apreciar la calidad de sonido de un disco, de hecho soy incluso incapaz de darme cuenta de los errores de un directo cuando estoy presenciando algo en vivo y la banda falla una nota o una melodía, vamos, que en parte soy una de esas personas de las que se dice que no tienen oído, pero en mi defensa puedo aferrarme a la excusa de que admiro a todos los que son lo suficientemente agudos como para percatarse de esas cosas y que trato de escuchar sus argumentos cuando critican algo, para aprender de paso, pero aún considerando que soy un cero a la izquierda para eso, creo que cuando un álbum está pulido al máximo y es brillante en ese aspecto no me hace falta ser un experto en la materia, puesto que la clase y la profesionalidad resalta de tal manera que hasta un se hace prescindible la virtud de tener agudizado ese sentido. Tal vez los años que pasé escuchando cintas piratas que habían sido copiadas de otras no originales, me estropeó la percepción, pero el caso es que no hilo fino habitualmente hasta que topo con algo que me abruma en la primera audición. Me pasó cuando en una tienda de música me puse unos auriculares gigantes para degustar el abismal 'The raising tide' de Sunny Day Real Estate, cuando compré el abominable 'The colour and the shape' de Foo Fighters y lo puse al llegar a casa, y más recientemente cuando el irregular 'Currents' de Tame Impala, hizo crujir los cimientos de mi bloque por un despiste que tuve con el volumen del reproductor, pero si ha habido una colección de canciones que pueda poner como ejemplo de labor redonda desde los mandos, ese es el formidable 'Leave no trace' de Fool's Gold, el cual protagoniza el post de hoy.

No sé si me atrevería a decir que en este campo, este es el trabajo que más me ha impresionado, no sé si porque realmente es encomiable la tarea de masterización, mezcla y producción o porque simplemente es el aura y la esencia de los músicos. pero lo cierto es que es impresionante como todo está bien puesto en su sitio, bien medido, calculado, y sin embargo goza de una naturalidad tan refrescante que es imposible no quedarse prendado de sus diez pistas desde la primera toma de contacto con ellas. Claro está que el cancionero tiene la suficiente valía como para encandilarnos de por si, pero el hecho de que su pulcritud acaricie nuestros oídos de la manera en que lo hace consigue un efecto sorprendente que deriva en pura adicción. Desde que dí con él merced a un comentario de un tipo en el perfil de Facebook de Big Big Love, que pasó por allí para decirles que había degustado el álbum en una plataforma digital y que les había confundido con ellos por el registro vocal de su cantante (algo de similitud ahí, pero muy de retirada), que no puedo dejar de vibrar con los tres trabajos de estudio que han publicado hasta la fecha. Son excelentes aunque el que nos ocupa raya a un nivel muy superior a los otros dos, en mi humilde opinión.

Formados por el israelí Luke Top y el estadounidense Lewis Pesacov, pasaron a convertirse en una especie de colectivo por la presencia de innumerables músicos de apoyo sin puesto permanente cuando fijaron su base en Los Angeles (California), algo que originó que su ópera prima 'Fool's gold', fuera de lo más ecléctica y ya dejara clara la consigna de sus dos cerebros, empeñados en mezclar pintorescos estilos desde un telón de fondo coloreado con una base indie-pop definidamente ochentera. La música africana (especialmente la realizada en Etiopía, Eritrea, Malí y el Congo), es su mayor influencia, pero no de la misma manera que impregna los discursos de gente como Vampire Weekend, por poner un ejemplo obvio, si no más bien de un modo poco sutil pero aventurero, porque además van unos pasos más allá fusionándola con el krautrock y elementos del folclore Sefaradí y klezmer (muchos de sus textos están interpretados en hebreo). En cualquier caso su propuesta alegra la vida del más oscuro, es una bocanada de aire fresco y para un servidor sumergirse en ella tan gratificante como  pueda ser para un montañero escalar los catorce ochomiles. Puedo estar horas en bucle cantando y tarareando sus deliciosas armonías, y no solo no me canso, si no que cuero todos los males. En este segundo trabajo nos encontramos sus momentos más inspirados, ya establecidos como formación fija con cinco miembros unidos en el camino, significó su eclosión, entrando en los programas de festivales tan ilustres como Glastonbury, Leeds, Reading, Austin City Limits y ejerciendo de teloneros en la extensa gira británica que hicieron Red Hot Chilli Peppers aquel año.

La primera diferencia con su antecesor fue que el inglés pasó a ser el idioma predominante. Top explicó que el cambio se debía a que cantar en hebreo en el primer disco le había ayudado a encontrar su voz, salir de su concha y esforzarse en dejarse llevar tanto como intérprete como compositor, pero que a medida que iba escribiendo los temas de este nuevo material y la cosa cogía forma, supo que debía expresarse en su lengua materna debido a que los textos tomaron una vía mucho más personal y que eso era un factor fundamental para emitir sus emociones al oyente, pero también a sí mismo. El segundo giro venía de la mano de la antes mentada sonoridad en cuanto arreglos y limpieza en la instrumentación, pues todo suena más sobrio, más musculoso y profesional, destacando sobremanera el uso de las atmósferas y los ambientes. Todo lo demás se respeta, la identidad de la banda no sufre lo más mínimo, si acaso varía por el hecho de que apuestan por un tono más directo y accesible y no abundan tanto los vientos como antaño, pero por alguna razón se aprecia una progresión abismal, tan superior que hasta se puede decir que no han vuelto a dar con la tecla, porque su más reciente obra 'Flying lessons', aún siendo estupendísima no llega al nivel de calidad de lo mostrado aquí. La cuestión es que a mi me tiene robado el corazón por golosinas tan dulces como "The dive", ese precioso comienzo que huele a Another Sunny Day, Craft Spells, Northern Portrait y en definitiva a todo lo que bebe de The Smiths, dinamita pop a velocidad competitiva adecentada con unos juegos vocales deliciosos y guiños a la samba brasileña, "Wild window", alegre y pizpireta, con unas notas que se transforman en rayos de esperanza emulando a los mejores Dexy's Midnight Runners o mis efímeros pero añorados Dogs Die In Hot Cars, "Street clothes", rozando las formas del synthpop enfocado a la electrónica juguetona que puebla los catálogos de gran parte de las discográficas independientes de la actualidad, "Leave no trace", uno de los mejores cortes del lote, quizá por lo genial de sus guitarras y ese poso melancólica no exento sensibilidad que nos trae a la memoria a olvidados de la edad de oro del pop como The Christians o algo menos alejado en el tiempo como The Stone Roses, en su vertiente menos advenediza, "Balmy", otra de las tres puntas del iceberg que serían mis predilectas, una gigantesca pieza que irrumpe inesperadamente con una fuerza inaudita y un subidón que podría poner música a alguna de las escenas más desgarradoras de esa maravilla de película que es 'Drive', atronadora en su parte final con percusiones crujientes como el cristal fino en noche de tempestad, "Narrow sun", que recuerda a la etapa en que Paul Simon, Talking Heads y Peter Gabriel coquetearon con el continente olvidado, una bonita canción donde el saxo lleva la batuta y el estribillo incita al acompañamiento, "Tel Aviv", sin ninguna duda mi droga dentro de un álbum exquisito de principio a fin, y es que ahora mismo no se me ocurre otra canción que me estimule más (y llevo así muchos días), perfecta, incomparable, recuperando el hebreo aunque solo sea a medias gracias a algunas estrofas y dando la impresión de que la creó un talento único, y "Mammal", que si me dicen que utiliza como referencia a los crooners de la chanson francesa de los 60's no me quedará de otra que asentir con la cabeza y soltar el altanero y muy maternal 'lo sabía', pero cuyas guitarras parecen un calco de Orchestre Poly-Rythmo De Cotonou,

Fool's Gold son Luke Top (que cuenta con un par de discos en solitario firmados con su propio nombre), Lewis Pesacov, Salvador Placencia (ambos amigos desde que formaban parte de Foreign Born), Garrett Ray (percusionista de Cass McCombs, Best Coast y Sky Ferreira entre otros) y Brad Caulkins, pero también han sido parte de la familia y suelen colaborar en directo la argentina Érica García (ex-componente de Mountain Party y Lady Grave, y colaboradora habitual de gente como Cienfuegos, Café Tacvba, Ely Guerra, Brazzaville, Divididos), Amir Kenan (compañero de Pesacov y Placencia en Foreign Born), Mark Noseworthy (miembro sedentario de Edward Sharpe & The Magnetic Zeros), Jimmy Vincent, Matt Popieluch, Orpheo McCord (otrora temporal batería de The Fall) y Michael Tapper (también implicado en We Are Scientists). El nombre del grupo viene motivado por una conversación entre los dos fundadores y un viejo amigo durante al que visitaron en el Norte de California, en la que éste les comentó que había encontrado 'oro de tontos' en el océano.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLhuv5LuNp0Ti21x2UqhXT2DXpZgWq9bq6

PONY BRAVO + ZA! + MISHIMA - SALA RAZZMATAZZ (BARCELONA) 05/05/16

sábado, 7 de mayo de 2016
SI BAJO DE ESPALDAS NO ME DA MIEDO (2008)

Quise escribir sobre esto ayer pero un dolor de cabeza equivalente al que produciría tener a los músicos de la Orquesta Filarmónica de Viena tocando y saltando en los huecos curvos del cerebro, evitó que me pusiera a ello, pero recuperado del todo me lanzo a la faena en estos momentos para tratar de contaros lo vivido en la noche del pasado Jueves en este altruista directo organizado para recaudar dinero suficiente para sufragar los gastos de esa canallada gubernamental sufrida por el mítico Heliogàbal de Ciudad Condal. 'Pagar la multa', así de simple y significativo fue el nombre de un cartel que contaba con los barceloneses Mishima y Za! y los sevillanos Pony Bravo, reunidos para la ocasión para devolver la confianza que el bar del emblemático barrio de Grácia depositó en su día en este trío de bandas y en tantas otras que buscaban un hueco donde tocar para dar a conocer sus propuestas en duros comienzos. Las pasadas Navidades una serie de inspecciones provenientes del ayuntamiento, derivaron en cuatro sanciones por exceso de aforo que sumaban la elevada cantidad de dieciocho mil euros, una suma difícil de afrontar para un local que a pesar de contar con una buena y fiel clientela no van tan boyante como merece. La solución pedir auxilio sin necesidad de que se les cayeran los anillos, pero ni hizo falta porque enseguida les llegó la idea de organizar este evento por parte de los implicados. La Sala Razzmatazz (la más amplia de la capital), junto a los grupos mentados, se ofreció para colaborar y por lo comentado durante la actuación, se ha conseguido llegar a la cifra e incluso superarla, lo cual dará pie a que se pueda asumir también la parcela de las mejores de seguridad que hagan posible que se adapten a las nuevas normativas sobre música en directo en Barcelona y de paso continuar la programación regular de sus conciertos.

Así pues para los que acudimos la cosa se presentaba como una gran excusa para ser parte de este resurgir echando un cable de manera puntual y a cambio disfrutar de sonoridades de nuestro agrado y como mis amigos Lucho y Serra ya son unos devotos de Pony Bravo y les han visto casi media docena de veces en vivo y a mi me han introducido ya en el club (es la tercera vez que los veo sobre las tablas), pues era de recibo apuntarse, además de que me había enterado de que por ahí iba a estar el bueno de bboyz (del siempre bello blog 'Café, copa y puro'), al que hacía mucho que no veía y evidentemente fue otro factor importante para no pensarme mucho el ir. En fin, que quedé pronto con mis colegas y llegamos a la zona de Marina una hora antes de que diera comienzo el tema, así que fuimos a coger fuerzas a un garito cercano, donde ya aproveché y quedé con el gran jefe bloguero y ahí nos arreamos un bocadillo de esos que no se los salta un torero y copón de cerveza de esas que de la mesa a su final no tienen fin, pero por fortuna y desgracia a partes iguales, estuvimos tan a gusto hablando de basket, grupejos del antes y el después y de la vida en general, que cuando nos quisimos dar cuenta, mirando el reloj vimos que ya no veríamos ni un solo minuto de la actuación de los catalanes Mishima. Confieso que no me desagradan y que me habría gustado verlos en directo, pero tampoco fue un drama, la verdad es que el espectáculo se había fijado a una hora quizá demasiado temprana y era inevitable perderse algo. Me sabe mal no poder contar nada de como fue su directo, pero luego una compañera de trabajo de mis compinches de cancha, verborrea y risotadas, que nos encontramos allí, nos dijo que habían dado un muy buen recital. Algo es algo.

Veteranos de escena estatal con diecisiete años de actividad a sus espaldas, David Carabén, Dani Vega, Alfons Serra, Marc Lloret y Xavi Caparrós, tuvieron la ardua tarea de abrir la lata y a buen seguro que lo hicieron a lo grande, como lo fue su gentileza de involucrarse en esta historia. Lastima no haber sido téstigo de ello, pero ahora ya no vale de nada lamentarse. Al menos si pudimos ver íntegro el despliegue de ese par de bestias del directo que son los inclasificables Za!

Como unas maracas está este par, pero que bien se lo pasan y que bien hacen se lo hacen pasar a los presentes. Ruidera anárquica en algún lugar entre el post-hardcore más fino, el noise de unos Japandroids indisciplinados o unos Death From Above 1979 pasados de vueltas y la lisergia psicotrópica de Animal Collective y unas canciones que tan pronto te sueltan un riff deudor de Black Sabbath, que unas voces digitalizadas al más puro estilo Trans Am. Arrebatos de energía y humor destilado en barricas huecas, nos hacían mover el esqueleto sin ton ni son. Nunca les había visto en directo, pero venía avisado.

Un buen sonido, contundencia coherente y un repertorio familiar que repasó sobretodo su última referencia 'Loloismo' editado el pasado año. Guitarras a lo Jimi Hendrix, golpes de batería que lamen el caramelo kraut-rock y desarrollos industriales que te vuelan la mollera, que poco importa conocer al dedillo sus creaciones, es todo tan experimental que lo pasas en grande sin más. Dos tipos que se hacen llamar Spazzfrica Ehd y Papadupau, uno de Sant Antoni de Calonge y el otro de Tarrassa, que en los diez años que llevan asociados, han recorrido medio mundo con su directo (sus discos se distribuyen por todo el planeta) y que dentro de muy poco van a estar en África enrolados en tres festivales que les llevarán a tocar en Swazilandia y Mozambique, donde además impartirán talleres gratuitos de improvisación. De su derroche, me quedó con "Mundo estrella', abrumadora en sus cambios de ritmo y que fue la primera que disfrutamos una vez posicionados en la parte de atrás de la sala.

Un paseo para miccionar, otro para refrigerar y de fondo a la caminata sorteando gente porque el lugar estaba lleno hasta la bandera, Pony Bravo subidos al escenario cumpliendo la premisa anunciada de que no habría descanso entre grupo y grupo. Un conato de prueba de sonido convertida en improvisada jam session (valga la redundancia) y ya se quedó el batería de Za! para que el aluvión sonoro de los andaluces ganara empaque con el uso de dos percusiones. Creo recordar que la apertura llegó de la mano de "Noche de setas", aunque no pondría la mano en el fuego, pero vamos, que caer, cayó ese corte, y sonó enorme, como de costumbre.

Todos conectados a la descarga y vino un plato fuerte, la celebrada "La voz del hacha", esa robustez psicodélica que recoge siembra de un campo jondo con exquisito magentismo, una pieza que con la iluminación nos llevó a un estado de hipnosis recalcitante, un inicio rompedor que dió paso a un discurso breve del bajista en el que agradeció a la concurrencia el haber venido y unas alabanzas honestas y sinceras a los protagonistas de la noche, los dueños de Heliogàbal. Acto seguido vino "Ninja de fuego", tan apegada a las tradiciones como a la innovación y que nos llevó a bboyz y a mi a recordar a los olvidados e infravalorados No Me Pises Que Llevo Chanclas, haciendo un paralelismo quizá no tan alejado de lo que hacen estos cuatro figuras, "El rayo", tal vez mi favorita de la banda, que rugió en el ambiente y me alivió la pena de no haberla podido oír en vivo la vez que los ví tocar en Apolo, "Salmo 52:8", esa joya que reúne todos sus ingredientes: dub-reagge, post-rock, kraut-rock, blues, post-punk, rock progresivo, que además nos dejó un recitado religioso en clave de humor por parte de su bravo acompañante, el mentado componente de 'aquellos a los que se conocen como Za!' y turno para "La rave de Dios", muy posiblemente su creación más aplaudida, muy coreada y intensificada por un público entregado, pero no más que la banda, que contó con hasta cuatro invitados encargados a aporrear los platos.

Y tras un 'santificados seáis' disparado por un sonriente Daniel Alonso, llegó la única versión de la noche, muy bien escogida por su temática, la ochentera "No tengo dinero" de los italianos Righeira, todo un himno del italo-disco, por si les faltaba algún palo por tocar (que tíos!). Un impasse que trajo consigo el fin de fiesta con "El político neoliberal", "Eurovegas" y "Mi DNI", no necesariamente por este orden, ya que creo que me vuelve a fallar la memoria. En definitiva un logro por haber conseguido un propósito muy honorable. La despedida con todos los que sumergieron en esta aventura, dando las gracias desde arriba, fue muy emotiva.  Gran noche.

BIG BIG LOVE

miércoles, 27 de abril de 2016
FRIENDSHIP (2016)

Sucede muchas veces que cuando alguien cercano nos habla sobre una película, un disco, una serie de televisión, etc. nos genera unas expectativas sobredimensionadas debido a su impresión, y en cierto modo es tan lógica su postura si le ha gustado el producto y quiere recomendarlo con fervor, como la coacción que sentimos a la hora de valorarlo ya sea en positivo o en negativo, y obviamente también pasa a la inversa, por eso creo que se le hace un flaco favor al autor o responsables de cualquier manifestación artística, si desde un punto de vista pasional elevamos a los altares lo que ha creado porque el que se deja guiar por nuestros impulsos favorables va a abordar la escucha o la visualización influenciado por la condescendencia ajena. Digo esto porque hoy voy a tener que tirar de objetividad a la hora de afrontar este escrito, ya que adoro a esta banda tal como os conté en su día a colación de la reseña que hice de su inolvidable concierto en el Lunario del Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Por ejemplo, si me dejo llevar por la devoción os diré que esta es la mejor formación actual entre todas las que he tenido la suerte de disfrutar (y ahí está el matiz). Estoy seguro de que este es mi disco favorito del año sin necesidad de ser prudente ante lo que está por llegar y que el contenido de su debut en formato de larga duración es perfecto, puesto que así lo creo, pero está claro que si quiero compartir mis emociones con los demás y transmitir su grandeza, debo basar mis argumentos desde la imparcialidad y analizarlo con coherencia. Cuando escuché 'Friendship' por primera vez, recuperé la sensación de aquella mágica e inolvidable noche en la que la BBL tocó en la mentada sala de la capital azteca y llegué a esta conclusión, así en caliente, pero pasada la emoción compulsiva mantengo intacta la impresión, es más, ha ido en aumento porque crece a cada escucha y tiene la virtud de abrir nuevas vías auditivas a cada nueva degustación. Este debut en formato largo que revela al excelente Ep homónimo que lanzaron en el 2012, es el más tremendo álbum que he oído en años, un trabajo que marca una evolución incontestable y que irradia energía, calidad y belleza de principio a fin.

Tres años ha durado una espera que han sabido gestionar de manera convincente, manteniendo la curiosidad de sus adeptos con su habitual cortesía y compartiendo adelantos y pequeños extractos del proceso de grabación, amén de ofrecer un buen número de actuaciones en directo donde iban dando a conocer con cuentagotas, algunos temas recién salidos del horno. Atrás queda lo ofrecido en su ópera prima, una obra magistral que tengo en un pedestal entre mis favoritas de siempre, pero que ahora vista en perspectiva pide una remasterización con el paso del tiempo que la deje en buen lugar, porque una de las virtudes de este nuevo paso es la producción, una faceta de la que ellos mismos se han hecho cargo y que brilla sobremanera. En este largo hiato, he ejercido de curioso y me he ido enterando de su progresión por mediación de lo que han compartido en la red y viendo numerosas entrevistas, iba comprobando que su madurez cogía forma a pasos agigantados al tiempo que su personalidad seguía siendo fiel a lo que representan cuatro melómanos cuya noble pretensión es comerse el mundo haciendo lo que les gusta pero siempre con los pies en el suelo. Cabe destacar que en base a esa sencillez que les caracteriza han sido la cabeza visible de una éspecie de escena o colectivo formado por Joaquín García & The Local Universe, Gloom, Los Blenders, Hawaiian Gremlins (cuarteto que cuenta también con Santiago Mijares, aunque aquí se hace cargo de la batería), Judas El Desgraciado, Minor Shadows, Little Ethiopia y O Tortuga, jóvenes bandas de la capital mexicana que se apoyan mutuamente y que incluso en su mayoría se unieron para ofrecer un recital benéfico para recaudar fondos para sufragar los gastos médicos de una amiga en común, aquejada de una enfermedad.

El mismo día que anunciaron en las redes sociales que ya se podía tener acceso al nuevo álbum, acordé con mi chica (tan fan o más que yo), resistir la tentación de escucharlo en streaming en solitario, para poder hacerlo juntos llegada la noche y así poder compartir nuestra opinión al momento de forma fresca e impetuosa. Metidos en harina y tras hallar ese hueco confortable para disfrutarlo al máximo, dimos play al reproductor de Spotify, la primera plataforma que ofreció la posibilidad de conocer las canciones íntegramente. El corte de apertura, "Silver", era uno de los que más ansiaba oír porque una semana antes había sabido por boca del propio Santiago (voz del grupo), en una entrevista visual concedida a la revista Rolling Stone, que era su favorito del lote, y la verdad es que debo confesar que en un principio pensé que por su corto minutaje y su condición de intro no me iba a marcar mucho, pero ahora puedo decir que le comprendo y que es magnífica porque desde entonces tengo su melodía metida en la cabeza a todas horas, y es que esa atmósfera con ese texto recitado en modo reprise son realmente hipnóticos y me parece un genial punto de partida con el que abrir no solo el disco si no también sus directos, tal como pude comprobar el pasado sábado vía cibernética en su concierto del Vive Latino, después viene "Boxer", primer arrebato enérgico, ejecutado entre sonidos de carácter electrónico y percusiones ensoñadoras haciendo del ritmo arte hasta la llegada de esa revitalizadora guitarra de línea optimista y esa armonía vocal exquisita, modulando la reverberación a las teclas y emergiendo una luminosidad que se interrumpe con un riff intenso a mitad para apostar por una variedad estilística admirable, y mientras se apaga su llama poco a poco, un suspiro leve de silencio y llega la tintineante algarabía de "Tibias", ya familiar para nuestros sentidos, porque fue la pieza escogida como adelanto hace unos meses y la habíamos consumido hasta la extenuación, pero no por ese motivo la íbamos a acoger con menos ganas, una delicia en la que priman los cambios de rumbo sin brusquedad y en la que la suma de elementos genera el triunfo, por su atrevimiento, su belleza coral, su crudeza, su maraña de distorsión sutil y su magno uso de los ambientes que personalmente tanto me recuerda a Editors, The Killers y Arcade Fire, pero solo por tener ligeras afinidades con algún pasaje sonoro en una composición de los mismos, no como influencia porque si por un motivo me gusta este proyecto es porque suena honesto, auténtico, identificable y dotado de personalidad propia, a continuación llega otro tema estelar, "Eurydice", que no hace mucho fue elegido como segundo sencillo del álbum y el primero en ser presentado con un vídeo (aquí podéis visualizar la labor que hizo Rodrigo Bonilla tanto en la dirección y la fotografía), una de mis predilectas debido a que la función de cada miembro alcanza un punto de inflexión, comenzando por esos compases iniciales tan épicos en su conjunto como los que podemos hallar en el nuevo material de Sigur Rós, adornado con un aroma a banda sonora o barroquismo clásico en onda Wagner e individualizando un poco, por ese rendimiento que le saca a su instrumento el gran Patsi, emulando la depurada y mística técnica de Carlos Dengler de Interpol, introduciendo en la mente del oyente una dócil pero carnosa tonalidad que lleva el peso de ser el gancho magnético de la canción, la impresionante voz de su hermano que cada vez suena más dotada y segura, a la altura de Eddie Vedder y el Jeremy Enigk de los primeros Sunny Day Real Estate en cuanto a empaque, pero no en registro, pues en ese aspecto me parece genuino, las elásticas mutaciones eléctricas de Marco, que encajarían en el ideario intrépido de su admirado John Frusciante o del nunca lo suficientemente reconocido Mike Eizinger de Incubus, y como no, la magia de Gerardo a los parches, que aquí acaricia los platos con la fuerza de un luchador de brega pero con elegancia al estilo de Logan Kroeber en The Dodos. Tras ese póker maestro, llegaba el turno de las que no teníamos rodadas, con lo que la curiosidad invadía nuestra humilde morada y "Pellinore", abría la lata como Messi en las mejores ocasiones, con ese toque sinfónico-progresivo más cercano al space-rock de Pink Floyd de la época de "Astronomy domine" pero pasado por un flitro contemporáneo que les acerca a los Radiohead de 'Kid A', una estupenda tonada que inmediatamente recordé haber oído en aquel concierto antes mentado en una versión embrionaria, "Golden", que coquetea con la indietrónica proponiendo un cruce vocal estimulante entre las voces del mayor de los Mijares (aquí más inspirado que nunca anteponiendo la calidez) y la emergente artista madrileña Lucía Scansetti, para acabar con un fin de fiesta que rompe una lanza a favor de la jovialidad en una montaña rusa de incitación al baile, idónea para aumentar la euforia de los espectadores que tengan la suerte de acudir a sus presentaciones sobre los escenarios, "New youth", que en su concepción inicial se titulaba "Eva", y que muy de acuerdo con el análisis que me hizo en el momento mi querida Sra. Esmiz, tiene toda la lógica en su nueva denominación porque representa la evolución no solo de su sonido sino de la música en general, del gusto por ampliar horizontes e ir un paso más allá, y es que por algo ellos la definen como la más complicada de tocar, y no por haber utilizado dos baterías para el cometido, si no por el carrusel constante de matices que la encumbran. Nos aventuramos a decir incluso que va a ser una imprescindible en su discografía de aquí en adelante, un himno al nivel de "Inmortality", buque insignia de su Ep. En resumidas cuentas, una de esas gemas que en su elaboración no requieren de trucos de artificio, simple y llanamente de una inmediatez arrolladora. La verdad es que podría decir que es mi indiscutible fijación entre las once joyas que componen el disco, tal vez porque me recuerda a esas estructuras de ingeniería que hicieron The Smashing Pumpkins en el glorioso 'Siamese dream' (uno de mis discos de cabecera), si no fuera porque existe "Winning (Hirst)", el Santo Grial de su cancionero para este humilde servidor que escribe, una de esas proezas de marcado acento experimental tipo "This is hardcore" de Pulp o "I'm not human at all" de Sleep Party People, pero moviéndose en los mismos terrenos de Lotus Plaza y Panda Bear, precedida por un preámbulo instrumental que le hace de cicerone "BER-CDG", esta pista sube la marea y encauza las aguas gradualmente penetrando en el corazón y es que desde que topé con ella hace un tiempo gracias a este fascinante audiovisual, mantengo un idilio indestructible con ella, la efímera "The day of David die", que cobra un mayor sentido cuando se escucha el disco de un sola tacada, y "Friendship", esa rotunda clausura que nos deja ávidos de más madera futura, una gran despedida que resume con su denominación el sentir que tuve en su día, que Big Big Love es una gran familia, desde los cuatro fieras que se encargan de poner chicha a la máquina hasta su mánager Héctor Vázquez, pasando por esos tres benditos coristas que dan color y diversión a sus conciertos y toda la legión de seguidores que llevan detrás y que a buen seguro se han sentido tan felices como yo al ver que su propuesta crece como la espuma.

Y bueno, es posible que finalmente no haya podido evitar dejarme arrastrar por mi reconocida admiración por los hermanos Santiago y Patricio Mijares y los impagables Gerardo Beltrán y Marco Carrión, pero es lo que hay, cuando un disco es tan brillante solo se puede alabar sin tapujos. Espero que su éxito traspase fronteras y que los organizadores de grandes festivales como Primavera Sound, FIB, FIZ o Sonorama recurran más temprano que tarde a ellos y nos los traigan por estas tierras, aunque me conformaría con verlos en eventos idílicos como el precioso Petit Format. Ahí lo dejo como aviso a navegantes...

https://play.spotify.com/album/3PRMdCzUdj3LmnyLVU1cLr

THE ORAL POETS

jueves, 14 de abril de 2016
WE LIVE LONG BUT NOT FOREVER (2016)

Es difícil describir con exactitud la sensación y supongo que no es algo mío sino que le pasa a todo el mundo, pero la cosa es que a veces
encuentro el momento exacto para que mis sentidos conecten con cada nota musical ofrecida por un disco, que despierten y tengan ganas de confraternizar entre ellos para sacar todos los sentimientos que llevo dentro, hacerme volar mentalmente y trasladarme a un estado de completa felicidad, como si el tiempo se detuviera, no sé, creo que nunca encontraré las palabras exactas para describir eso, incluso este texto empieza a tener un perfume a deja-vú que me incita a querer borrarlo y empezar de nuevo porque tal vez lo más adecuado sería hacerlo en el momento que me sucede, pero no suelo tener ocasión y tampoco puedo decir a ciencia cierta si sería capaz de esclarecerlo, sin embargo creo que lo mejor es simplificar y tratar de acercar esos escasos álbumes que hacen que me ponga en plan pseudo-místico, en el sentido más ridículo de la palabra, a través de la escritura, así mareando la perdiz y diciendo cosas cuyo significado no sé ni yo, que soy el que trata de plasmarlas de una forma entendible. La cuestión es que The Oral Poets han vuelto a encogerme el corazón y me lo han revuelto todo, tal y como pasó cuando me llevé al oído sus dos anteriores trabajos, 'Jim Kelly' y 'Everything is drum'. Tenía claro que 'We live long but not forever', no iba a ser una excepción en ese aspecto, pero lo que no esperaba era que me calara tan hondo cuando lo degusté por séptima u octava vez a través de la unión de sonido e imagen, en el momento en que se presentó ante mí el escenario ideal para gozarlo.

Pasó durante los días de Semana Santa, en una tarde de sol radiante, no tengo claro si en Sábado o Domingo, pero lo que importa es que cogí el coche y me llevé a mi madre de copiloto para acercarnos a la vieja casa de la estación en la que ella se crió con mis abuelos y mis tíos, la cual todavía permanece en pie a las afueras del pueblo, aunque ocupada por inmigrantes argelinos que trabajan de jornaleros cogiendo fruta en los campos y siempre que volvemos a nuestras raíces pasamos a echar un ojo con tal de controlar que no haya señales de que se va a derrumbar puesto que la ley dice que si acaba hecha añicos con gente adentro, la responsabilidad cae sobre los herederos (cosas de la justicia). En fin, que me pierdo con las historietas de relleno...total, que en el trayecto hasta allí, por alguna extraña razón, la responsable de traerme al mundo permaneció en silencio y observando el exterior mientras sonaban las dos primeras pistas de este exquisito álbum y eso agudizó mi percepción del mismo, hasta entonces muy favorable pero a partir de ahí de rendición absoluta. Pocas veces una obra me había resultado tan apropiada para un instante y tanto fue así que decidí dejar las lunas del vehículo bajadas y el equipo de música reproduciendo a buen volumen cuando aparqué en el descampado anexo al jardín de la humilde morada, para poder seguir aprovechando esa mágica emoción que produce ser atrapado por los sonidos de los bellos pasajes instrumentales y melódicos del dúo burgalés. Mientras plantábamos unas chumberas con tal de que siguiera prevaleciendo la vida en ese terreno olvidado, el aire acariciaba nuestro sudoroso rostro dando un respiro de frescor que comulgaba a la perfección con el mensaje que transmiten los diez cortes que componen el segundo asalto en formato larga duración de Manu Catalina y Christina Kelly. Después, al acabar la faena y la visita nostálgica, dimos un largo paseo por los caminos anexos, con cuyos alrededores se puede deslumbrar uno viendo la belleza de los melocotoneros y los cerezos floreciendo y dando sus frutos bajo un cielo que aquella tarde poseía el azul más hermoso que mis ojos han visto, repleto de nubes que parecían comestibles...y la música aunque ya había dejado de sonar, seguía acariciando mis sentidos.

Hoy recupero la escucha y mantengo intacto el recuerdo hasta tal punto que puedo decir abiertamente que este es uno de los discos más evocadores que he tenido el honor de paladear. Dan buena cuenta de ello, "Temple Phoenix", con una breve intro con monólogo expuesto con una dulce voz femenina y unos bongos que empujan la pequeña atmósfera generada hacía algo más impetuoso con la entrada de la caja de rimos y una guitarra puntiaguda que en alianza me hace pensar en influencias dispares como Cinerama, The Magnetic Fields y el indie-pop cristalino de origen británico que se hacía en los 90's, un inmejorable arranque que sus escasos dos minutos nos lleva de la lucha a la tristeza y de ahí a la esperanza y el alivio, un auténtico tour de force entre distintos estados de ánimo exteriorizados con los instrumentos empleados para el cometido, "Hanging rock", que tiene la virtud de mostrar ese savoir faire admirable con su estribillo, las teclas de ese entrañable Casiotone (quizá no sea más que un teclado convencional emitiendo un compás pegadizo, pero a mi me encanta pensar que es dicho aparato) y la excelente voz del castellano-leonés, "Raccon prophet", una de esas piezas que ponen la piel de gallina, que despiertan pensamientos escondidos, muy en la onda de "Answering machine" de The Replacements, "Beauty" de The Shivers o "We were made out of lightning" de Right Away, Great Captain!, en el sentido de que es una de esas composiciones donde menos es más, "Ariel's hawkery", una vuelta de tuerca pinklfoydiana en sus primeros devaneos y que después adquiere una tiztineante vena pop de corte clásica, "The orchard thieves", coqueta y simpática tonada donde el bajo dirige el cotarro con batuta firme, y un espiritu twee-pop que puede emparentarse con Belle & Sebastian, The Vaselines o los Architecture In Helsinki del primer disco, "Monterrey sky", veraniega y ligera como una brisa marina, una delicia de adictivo tarareo, "Dance, dance girl", contadictoria en marcha con lo que demanda su titulo, yendo a terrenos más oscuros con una solemnidad abrumadora y un aura nostálgico que encajaría en un proyecto conjunto entre Bill Callahan y Arcade Fire, "We ara Atlantis", que retrocede sobre sus pasos y sigue profundizando en lo explorado por su antecesora, un tema donde brilla la guitarra creando un microcosmos inédito y atrevido que a mi particularmente me fascina, "Villa de los reyes", aromatizada con unas gotas de The Beatles pero con el genuino sello personal de la banda, que aunque lleve poco tiempo en activo ya se puede decir que tiene un sonido propio fácil de identificar, y la sobresaliente "Spring black bird", donde planea la sombra de su querido Conor Oberst, erigiéndose en su "Lula" particular, y en la que colabora su amigo Lucas López, encargándose de la percusión.

Joaquín Sabina, Hombres G, Duncan Dhu, Los Planetas, Death Cab For Cutie, Bright Eyes...nombres que en menor o mayor medida sirvieron de inspiración y aprendizaje en la vida de un músico enamorado sobretodo de la inspiración de la música independiente, alguien que como oyente siempre quiso tener la posibilidad de ser el que un día compusiese sus propias canciones y que quitada ya la espina de un sueño que ha persistido desde su juventud, crea desde la intimidad de su casa con el placer del objetivo cumplido sin más exigencia que disfrutar de ello y además lo hace con la ayuda de su pareja sentimental y la horma de su zapato a la hora de dar color y matiz a estas magnificas gemas. Como dato curioso, cabe decir que el nombre del grupo parte de una reflexión propia sobre que hay mucha gente que tiene un montón de poesía dentro, pero no tiene ninguna intención de ponerla por escrito.

https://theoralpoets.bandcamp.com/

HAWKWIND

viernes, 1 de abril de 2016
HALL OF THE MOUNTAIN GRILL (1974)

Tengo dos razones de peso para dedicar la entrada de hoy a este incombustible grupo de la popular carretera de Landbroke Grove situada en el distrito de Kensington y Chelsea de la ciudad de Londres (Inglaterra). La primera es que hace muchísimo que no dedico espacio a una formación clásica de épocas pretéritas y la segunda y no por ello menos importante es que ante la duda sobre a que brindar unas líneas, me ha dado por indagar a ver cual era la banda a la que mas veces había citado en el blog sin haber posteado nada de ella, y esta ha sido, junto a Black Sabbath, la que se ha llevado el gato al agua en este aspecto. Eso es un claro indicar de que es una influencia para muchos y su música debe ser tenida en cuenta junto a otros nombres a los que se suele recurrir como imprescindibles y es que el mérito de Hawkwind fue ir un paso más allá que sus coetáneos e innovar las leyes de la psicodelia ideando un nuevo estilo que después se daría en llamar space-rock, pero también es digno de alabanza que fueran uno de los pioneros de la fusión sonora que se desarrolló en el progresivo de los años 70's, incorporando a sus costumbres ecos de otros géneros tales como el el krautrock, free-jazz, el proto-punk, el acid-rock y la electrónica más primitiva. Una multitudinaria formación con una extensa discografía de la cual he escogido este formidable 'Hall of the mountain grill', como punto de partida.

Fue un álbum que de alguna manera me persiguió en la infancia. Me acercaba con unos pocos ahorros a la tienda más cercana a mi barrio, la desaparecida 'Discomanía' y allí veía esa enigmática portada presidida por una especie de nave espacial tratando de salir a flote con el astro rey (o es la luna?) a sus espaldas, pero al final siempre me compraba otro porque desconocía si la misma escondía un cancionero de mi agrado, de hecho no tenía ni la más remota idea de que tipo de música practicaban estos tipos porque en aquel local no solían atinar mucho a la hora de apilar los cassettes en sus correspondientes secciones (sirva de ejemplo que el material de Ratos De Porão se podía encontrar en pop español y que Pink Floyd estaba en heavy metal junto a otros como Queen), de hecho hice bien en no fiarme porque esta cinta en concreto estaba ubicada en el cajón desastre de novedades en oferta, que manda narices porque la obra es de 1974 y estoy hablando más o menos de dos décadas después, y además dentro de los etiquetados como ¡¡brit-pop!!. En fin, que con esas referencias poco me apetecía arriesgarme en invertir las cuatro perras que llevaba en el bolsillo en algo así, pero la cosa es que se volvió a cruzar en mi camino en Discusatix, una emblemática tienda de vinilos de segunda mano que visité con mi melómano primo Fernando en Zaragoza y de la que creo que hablé brevemente por aquí hace mucho a colación de citar un disco de Tangerine Dream que compré aquella misma tarde. Pregunté al dueño de que iba la propuesta de esta gente y muy amable pinchó un par de canciones para que pudiera opinar por mi mismo y vaya, no me costó ni lo más mínimo conectar de lleno, lo malo es que como era un tiradete y ya había pagado el 'Cyclone' de los mentados alemanes, me quedé sin presupuesto para llevármelo, además de que tampoco tenía tocadiscos, con lo cual hubiera sido muy estúpido por mi parte agenciármelo. No acepté el ofrecimiento de mi familiar, que trató de convecerme para que lo adquiriera con un préstamo sin devolución posterior de su parte porque yo siempre he sido muy mirado y no me gusta aprovecharme en estas situaciones, así que luego me tiré de los pelos un tiempo cuando me cayó una propina de mi abuela con la que podría haberle devuelto el gesto de un día para otro, pero el impredecible destino quiso que en el viaje de vuelta a Barcelona, parara en una gasolinera a echar un orín y repostar y por casualidad viera en un stand de la gasolinera una serie de recopilatorios chusqueros de Los Chunguitos, La Pelúa y mis a posteriori apreciados Leño y Gipsy Kings, que me parecieron meros guardaespaldas de esta joya de Hawkwind que me estaba esperando más reluciente de lo que la había visto antes en mitad del panel al módico precio de trescientas pesetas. Rogué a mi padre que me la comprara, pero fue mi hermano quien me la regaló, supongo que para darse el gusto de una vez subidos de nuevo al viejo Seat Ronda, decirme 'pon a esos peludos para ver como suenan' para a las dos canciones de reproducirse soltarme un lacónico 'va, quita esa basura ya', pero que a mi me la traía al pairo porque ya tenía lo que quería.

Es posible que su mejor álbum sea 'Space ritual Alive', un directo editado un año antes que el disco que nos ocupa y que me dio a conocer mi querida Sra. Esmiz hace un cosa de dos años, pero tras mucho pensarlo decidí escribir sobre este porque fue con el que tuve mi primer contacto con su particular universo sonoro. No es tarea fácil escoger uno de sus treinta trabajos de estudio (aparte cuentan con diez grabados en vivo, cuatro Ep's y quince recopilatorios, ahí es nada) creados en sus más de cuarenta y siete años de historia en los que ha ido aumentando su calidad sin cesar, pero las nueve piezas que componen el que fuera su cuarto lanzamiento oficial, son para mí las que dan cuenta del que fue su mejor momento, comenzando por la gloriosa "The psychedelic warlords (disappear in smoke)", mi favorita de la banda, un inicio abrumador que se maneja en diferentes estilos y que es un verdadero carrusel instrumental en el que se funden cuerdas, vientos, sintetizadores y percusiones robustas acompañando un estribillo pragmático, en un acercamiento al hard-rock de Blue Öyster Cult y Kansas, y manteniendo el equilibrio con la mística espiritual de "Wind of change", una instrumental atmosférica deudora de las bandas sonoras con las que Maurice Jarre o Ennio Morricone nos deleitaron en el pasado, pero también heredera de The Moody Blues, la estupenda "D-Rider", tan fiel a las enseñanzas de Barrett, Waters, Gilmour, Mason y Wright como aventajada en su respetuoso desmarque de la mera copia, y confirmando su papel de innovadores con una paleta de añadidos inéditos, la accesible belleza acústica de "Web weaver", quizá su corte más pop en un sentido más cercano a Supertramp y Big Star que a The Beatles, la alucinógena "You'd better believe it", que a medida que avanza se va haciendo más feroz y eléctrica, "Lost Johnny", interpretada por el carismático Lemmy, que hizo aquí su puesta de largo como músico de élite, una canción en la que ya se notaba el sello personal del que con el tiempo se convirtió en leyenda, "Goat willow", con un theremon que recuerda el sonido de las películas de terror clásico que dieron fama a Boris Karloff, aunque luego un mellotron lleva la batuta y la deja en paisajes medievales, y "Paradox", con el resgar de la guitarra creando un ambiente comedidamente épico y trascendental.

Los causantes de todo esto fueron Dave Brock (líder indiscutible y único miembro fijo del proyecto), el recientemente fallecido Lemmy Kilmister (que más tarde abandonaría el grupo de la manera más gamberra posible con asuntos de faldas, infidelidades y traición de por medio, para formar Motörhead), Simon House (después presentes en discos de David Bowie, Japan, Third Ear Band, Mike Oldfield, David Sylvian, High Tide y un largo etcétera), Simon King (que antes estuvo en los psicodélicos Opal Butterfly y luego colaboró con gente como Brian Eno, Robert Calvert y Steve Swindells), Nik Turner (que en la actualidad compagina su labor en Hawkwind con sus apariciones en directo y estudio con Space Mirrors y Spirits Burning) y Del Dettmar (que se fue a vivir a Canadá e hizo sus pinitos compositivos en Melody Energy Commission). El futurista diseño de la portada corrió a cargo del artista gráfico Barney Bubbles y el título hace referencia a un restaurante londinense que frecuentaba la banda y que aparece en una fotografía interna del álbum y a su vez un guiño a una composición del pianista noruego Edvard Grieg.

https://www.youtube.com/watch?v=-ouS0bKDvFM

THE MARS VOLTA

jueves, 17 de marzo de 2016
FRANCES THE MUTE (2005)

Es curioso como el nombre de una ciudad puede estar presente en muchas fases de tu vida o en cosas que te han calado hondo sin que por ello sepas si algún día la visitarás y pasarás a conocerla un poco más en profundidad teniendo en cuenta que no es una de esas urbes famosas por su cultura y por su belleza, de hecho nada más lejos de la realidad en el caso que voy a citar porque por desgracia El Paso, es más conocida a nivel mundial por la mala fama generada por los negocios turbios que por cualquier otra cosa. El río Bravo (también conocido como Grande), separa esta capital de la peligrosa Ciudad de Juárez mexicana y limita los estados de Chihuahua y Texas, convirtiéndose en el segundo punto geográfico de más relevancia a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, justo por detrás de San Diego (California) y eso hace que todo asunto ilegal que ocurra por allí sea noticia, pero la verdad es que siempre tuve un buen concepto de lo que se cocía en su interior desde que a los nueve años la oí nombrar por primera vez. Recuerdo que fue a causa del draft de la NBA de 1989, en el que mis apreciados Golden State Warriors escogieron a Tim Hardway, un base que provenía del equipo de baloncesto de su universidad y que con el tiempo pasaría a ser uno de mis jugadores favoritos de siempre. Pasado el tiempo, siendo un pre-adolescente comencé a ir con los amiguetes a tomar cervezas y hacer el cafre a un bar musical del barrio gótico de Barcelona que se llamaba como la ciudad tejana, y ya por fin en la madurez (si es que alguna vez he llegado a ella), conocí un poco más de su paisaje a través de la serie televisiva 'The Bridge', una versión americanizada de una original sueca llamada 'Broen', que a día de hoy sigue siendo la que más me ha gustado de todas las que he visto, aunque tan solo constara de dos temporadas siendo interrumpida por su incomprensible descenso en las audiencias. Pero aún siendo todo esto fundamental para que le dedique unas líneas introductorias, lo más destacable que en mi opinión ha surgido de allí, han sido dos bombazos sonoros, At The Drive-In y The Mars Volta, pero como de los primeros ya escribí hace un tiempo, voy a dedicar la entrada de hoy a los segundos.

Por tener en sus filas dos de los miembros fundadores en común, es imposible separar ambos proyectos, pero si nos fijamos simplemente en sus formas, nadie diría que tengan afinidades estilísticas y es por eso que idolatro tanto a unos como a otros e incluso puedo meter en el paquete a Sparta, el tercer grupo en discordia con implicados en estas historias. Si unos fueron los reyes del post-hardcore a principios de la anterior década, los otros han sido los principales renovadores del rock progresivo en lo que llevamos de milenio, innovando sobre sus directrices en pos de la experimentación. Omar y Cedric, los cerebros de este artefacto, no tuvieron casi tiempo material para lamentarse de haber dado por finiquitado (en principio, porque hace unos meses se volvieron a reunir) el grupo con el que tantos éxitos cosecharon, puesto que enseguida recuperaron la actividad con una nueva aventura que abordar. En pocos meses ya habían aparcado del todo su otro efímero combo, De Facto, y estaban centrados en The Mars Volta completamente, que en realidad no dejaba de ser la misma banda más la incorporación Eva Gardner y el cambio de nombre. Se estaba cociendo algo grande en su nuevo campo de operaciones situado en Long Beach (California), donde se trasladaron en busca de aires revitalizadores y la muestra inequívoca llegó con su primer lanzamiento, el Ep 'Tremulant'. Una pequeña muestra de botón compuesta por tres temas, que sirvió de preámbulo para lo luego significaría una trayectoria de doce años cubierta de logros sonoros.

Ya asentados tras recoger una infinidad de parabienes, mostraron al mundo su brillante debut en formato de larga duración 'De-Loused in the comatorium', y luego vendrían 'Frances de mute', 'Amputechture', 'The bedlam in Goliath', 'Octahedron' y 'Noctourniquet', que cerraría la fructífera etapa. No sé si puede ser considerado el mejor de sus álbumes, pero por el que guardo más aprecio es el segundo de los citados y en el mismo me quiero explayar a gusto. Un trabajo conceptual a la vieja usanza, en la onda de Yes, Genesis y Pink Floyd, o su propia ópera prima. Inspirado en un diario encontrado en poder del fallecido técnico de sonido Jeremy Michael Ward, las canciones están basadas vagamente en las personas descritas en los textos de sus páginas, lo cual se puede definir como una manera de rendir tributo a la figura de su antiguo amigo y compañero de fatigas, que perdió la vida por sobredosis de heroína. Cinco piezas (que en realidad son quince si individualizamos las partes en las que se dividen tres de ellas) de un eclecticismo abominable, una pericia técnica espectacular y unos desarrollos espeluznantes que funcionan al oído con la precisión de un reloj suizo comenzando por la mastodóntica 'Cygnus...vigmund cygnus", dotada de cuatro fases bien diferenciadas, la inquietante "Sarcophagi", una simple intro ruidosa que ataca los nervios pero tiene mucho sentido a fin de cuentas, "Umbilical syllables", tirón fulgurante que pone todas sus cartas sobre la mesa, "Facilis descenus averni", cálido y sereno extracto acústico que pone tierra de por medio y "Con safo", que cierra la unión recuperando su afán de jugueteo con las máquinas, luego viene "The widow", la elegida como single de presentación, una pista accesible dentro de sus códigos de conducta instrumental, donde la voz de Cedric Bixler, se acerca a la portentosa magia resultante entre la fusión de los registros de Jeff Buckley y Robert Plant, un medio tiempo con aroma a blues donde los solos de guitarra retumban en altitudes celestiales, "L'via l'viaquez', una autentica barbaridad, un terremoto sonoro que tan pronto recuerda a Led Zeppelin como a Santana, Fugazi o Jane's Addiction, una canción que posiblemente suene tan actual y vintage a partes iguales como lo hará dentro de treinta años, "Miranda that ghost just isn't holy anymore", ópera rock (si se me permite la licencia) mostrada en cuatro actos, "Vade mecum", lisergia propia de los spaguetti western, dotada de una mística muy seductora, "Pour another icepick", susurro de sensibilidad fascinante, "Pisacis (Phra-Men-Ma)", hueco para que la base rítmica se anime, y "Con safo", explosión de percusiones sobrias en pro de la épica, y ya en la recta final "Cassandra gemini", la clausura de media hora ejecutada también en varias porciones (cinco, concretamente) con "Tarantism", cabalgar de trote vertiginoso con spoken word incluido, "Plant a nail in the navel stream", donde entran en liza los vientos para intimar con el ideariod e Hawkwind, "Faminepulse", vuelta al post-hardcore que practicaban con sus anteriores empresas musicales, "Multiple spouse wounds", descenso a los infiernos del derrotismo, y "Sarcophagi", recobrar de la cordura para sacar las garras y arañar el asfalto en una recta final de escándalo. Obra maestra incomparable, al menos en su ubicación catalogada.

The Mars Volta eran por aquel entonces el portorriqueño Omar Rodríguez-López y el texano de ascendencia española Cedric Bixler-Zavala (almas mater del proyecto y que aparte de crear esta aventura y las mentadas al inicio del post, han unido sus caminos en su actual grupo Antemasque y volado en solitario con Bosnian Rainbows, Kimono Kult, Radio Vago y Anywhere, Los Dregtones, The Fall On Deaf Dears y Zavalaz, respectivamente) John Theodore (que también ha estado en bandas como Queens Of The Stone Age, One Day As a Lion, Royal Trux, Trans Am, Golden, Puscifer, The Fucking Am, HiM y colaborador de Will Oldham) el californiano Isaiah 'Ikey' Owens (ex-miembro de Long Beach Dub Allstars, Free Moral Agents, De Facto y Look Daggers, que por desgracia falleció hace poco más de un año), Juan Alderete De La Peña (componente de Racer X, The Scream, DC-10, Distortion Felix, Vato Negro y Big Sir) y Marcel Rodríguez López (hermano de Omar, que también cuenta con una destacable trayectoria en solitario bajo el nombre de Eureka The Butcher, y es parte de Zechs Marquise). Omar, con ayuda de Theodore, escribió todas las partes instrumentales (las guitarras, teclados y batería), produciendo y supervisando él mismo las sesiones de grabación. También recurrió a un método que artistas de jazz, como Miles Davis, solían utilizar: cada miembro debía grabar su parte sin escuchar el contexto o las grabaciones de los otros integrantes, obligándolos a interpretar su partitura como si fuera una canción por sí sola. Para facilitar la grabación, los músicos recurrieron al uso de un metrónomo cumpliendo con su cometido a la perfección, algo nada extraño si comprobamos que la terna de invitados estuvo formada por profesionales del calibre de Flea (ilustre bajista de Red Hot Chilli Peppers y Atoms For Peace), su compañero en RHCP, John Frusciante, Larry Harlow (reputado pianista neoyorquino con infinidad de álbumes editados que navegan entre la salsa, el afro-cuban sound y el free-jazz), el percusionista Lenny Castro (en cuya hoja de servicios figuran los nombres de The Rolling Stones, Elton John, Stevie Wonder y un sinfín de grandes artistas de todos los géneros habidos y por haber), el saxofonista mexicano Adrián Terrazas González y su paisano Salvador 'Chava' Hernández, Randy Jones, Nicholas Lane, William Reichenbach, Larry Corbett, Suzie Katayama, Wayne Bergeron (que años después haría la banda sonora de 'Los íncreibles'), Roger Manning (antiguamente en Tv Eyes, Imperial Drag y Malibu), el afamado arreglista y compositor David Campbell, y una sección de cuerda compuesta por Diego Casillas, Fernando Moreno, Ernesto Molina, Erick Hernández, Mario de León, Roberto Cani, Peter Kent, Josefina Vergara y Joel Derouin.

https://www.youtube.com/watch?v=2EkzNGkIPdE

TOUNDRA + BÖIRA - SALAMANDRA 1 (L'HOSPITALET DE LLOBREGAT) 12/03/16

lunes, 14 de marzo de 2016
IV (2015)

Hacía siglos que no iba de concierto, creo que desde que vi a Little Jesus actuar en Heliógabal y como aquella experiencia fue genial, para esta ocasión no me pensé mucho aceptar la propuesta de mis amigos Lucho y Serra, los cuales también estuvieron allí y suelen ser talismanes para buenos directos (Rodriguez y Pony Bravo son otros dos ejemplos). Sin importar que la espalda me estuviera dando guerra desde primera hora de la mañana, estaba animado porque los madrileños Toundra, autores de uno de los mejores discos de post-rock de la historia (si, si, así de claro, sin exagerar), el fulminante 'IV' editado a principios del año pasado, iban a pisar por primera vez mi querida ciudad de L'Hospitalet de Llobregat y lo iban a hacer en el marco del emergente Let's Festival que se viene organizando desde hace ya una década en la emblemática Sala Salamandra. Coincidiendo con el décimo aniversario del evento, el cartel se ha compuesto de nombres tan relevantes en las escena nacional como Xoel López, Second, Tulsa, Triangulo de Amor Bizarro, Egon Soda, Arizona Baby y Disco Las Palmeras! entre otros, en sus tres semanas de duración divididos en doce veladas de música en vivo. Un programa variado en el que a mi juicio el plato fuerte era este, y por eso no había que perdérselo.

Creo recordar que fue en la edición del Primavera Sound 2011, donde vi a estos cracks sobre las tablas por primera vez. Mi apreciada Viola Tricolor del añorado blog 'Los colores de los pensamientos', me recomendó verlos y al entrar en el recinto fuimos a echar un vistazo a su actuación. Eran casi casi los abrelatas de la jornada y ante un sol de justicia defendieron un repertorio que por aquel entonces apenas despuntaba con tan solo dos álbumes en el mercado, y aún así me impactó su sonido sobremanera. No había escuchado nada de ellos y todavía mantengo fresca su energía de aquel día en la memoria, con unos pocos cientos de espectadores como testigos, quizá incluso menos, pero entregados a su crudeza instrumental. Sin embargo, ahora puedo hablar de su progresión en ese campo afirmando que ha subido unos cuantos peldaños hasta tocar la cima con un derroche difícil de igualar por cualquier otra banda del estilo. Sin duda alguna son la formación más deslumbrante dentro de su género entre todas las que desarrollan su propuesta en nuestro país.

Surgidos de la unión de ex-miembros de Nacen de las Cenizas y Ten Minute Man, comenzaron su andadura hace aproximadamente nueve años y desde entonces han publicado cuatro discos de estudio en los que se nota una notable evolución gradual. En la actualidad con la entrada del ex-guitarrista de Adrift, David 'Macón' Maca en sustitución de Víctor García-Tapia, se han sentado las bases de un proyecto sólido que tiene como límite el infinito y que está haciendo ruido en todo el continente. El cuarteto de la capital se presentó ante una concurrencia que prácticamente abarrotaba la sala y que disfrutó de una noche inolvidable en la que se dieron cita dos grupos con muchos nexos de unión estilísticos y en cuyo manual están los nombres de Isis, Mogwai, Pelican, Explosions In The Sky, Caspian y Russian Circles, como referentes de manera implícita, pero que en el caso del cabeza del cartel han pasado a ser meros puntos de partida porque su imaginario vuela en solitario sin necesidad de comparación odiosa.

Venían a presentar su más reciente trabajo y lo hicieron acompañados de Böira, unos declarados devotos suyos que también causaron una muy grata impresión. Procedentes de Barcelona, estos cinco músicos defendieron un ideario notable que se mueve entre el post-rock, el ambient más rocoso (si es que se pueden unir ambos términos) y unas leves pinceladas de screamo o más bien post-hardcore. Sus cuarenta y pico minutos de entrega se basaron en su primer y único lanzamiento hasta la fecha, el estupendo 'Si de la runa baixés', de hecho tocaron el álbum en riguroso orden, tal como viene en en su formato físico, comenzando por la atmosférica "El que escolten els arbres", mi favorita, una exquisitez que en sus primeros compases me evocó los deliciosos pasajes de mis queridos Tristeza, pero que luego va cogiendo fondo para mostrarles genuinos y elásticos desde un punto de vista ecléctico, pues en sus casi diez minutos se puede deducir un gusto por la indagación, por ir un paso más allá en la búsqueda de sonidos, porque era cerrar los ojos y sentir fluir un poco de rock sinfónico progresivo, indie -rock, post-metal, slowcore y hasta reminiscencias folk de tinte psicodélico con el añadido de esas teclas tan bien adaptadas a la fiereza, luego llegó "Glasgow", una montaña rusa de tempestad-calma, que pasa la lengua por las paredes del doom metal y por el disco homónimo de Black Sabbath, alargando los riffs y cubriendo todo de una bruma melancólica a flor de piel, y con una recta final majestuosa que abraza una actitud optimista mesurada, acto seguido cayó "Vulcano", con unos primeros compases herederos de Ui, con una línea de bajo marcada y un ritmo trotón, amén de unos recesos de tranquilidad que nos trasladaban a universos idílicos para irrumpir con unos coros épicos que encontraron respuesta entusiasta en el respetable, "Allau", dividida en dos partes fieles a los dogmas del género, y que sufrió el único revés de la noche al no apreciarse el trozo vocal que llevó a cabo su bajista, no sé si porque falló el micrófono o porque el volumen del mismo quedó empequeñecido por la potencia instrumental, y "Refugi", que redondeó la faena en lo más alto, provocando que el público quedará saciado y con el motor caliente para continuar con ganas de jarana. Excelente banda a la que habrá que seguir muy de cerca porque prometer crecer sin control.

Una tregua para salir fuera a refrigerarse y fumar (eso los fumadores, yo solo a beber algo), pero no para cenar, que eso lo hicimos antes con unos fideos chinos de esos que engañan al estómago, y en ese rato unos cuantos chistes de flamencos, unas risas a lo tontojulián y unas fotos de rigor para plasmar la historia, necesario todo para recuperarse del cansancio acumulado y ya dentro, pero un poquito más atrás por la incesante llegada de gente, a gozar de las primeras notas de la enorme "Strelka", anticipada con esa bella introducción al son del cantar de los pajaricos, sin la presencia del cuarteto en liza. Monumental comienzo, todo sonaba a la perfección, en su sitio, sin fisuras, correoso y
estruendoso a conciencia, pero sin desprenderse de la pulcritud ni de la calidad que les caracteriza. Ya metidos en harina, siguieron la lidia con "Marte", uno de los temas estrellas de su penúltimo álbum 'III', que sonó impecable e implacable con ese inicio rompedor de batería y guitarras atronadoras, con la banda entrada ya en materia y animando el cotarro con aspavientos y palmas en alto. Luego llegó otra licencia a su pasado con otro estandarte, la genial "Magreb', perteneciente a su sensacional 'II', un corte que roza los once minutos y que a mi personalmente siempre me ha recordado a Tool, y sin tiempo de asimilar que estábamos sufriendo la embestida de una apisonadora sónica, nos noquearon con "Zanzíbar", la cual también aparece en el mismo disco y a continuación de la anteriormente interpretada, una pista que nos trajo aromas arábigos y aumentó los decibelios con holgura antes de volver a su último plástico con "Kitsuné", tal vez la más aclamada por los presentes, respetando las campanadas que se escuchan en el álbum y resplandeciendo en cada nota, en cada espacio de furor. "Cielo negro", fue la siguiente, otro rescate de 'III', eléctrica, veloz, sonó a las mil maravillas, y fue enlazada con "Oro rojo", para mi gusto la más brutal de la noche, ya que en ella todos los componentes de Toundra entraron en un trance de entrega descomunal, moviéndose por el escenario e intercambiando gestos y sonrisas cómplices. Se les veía disfrutar y es que atraviesan un momento dulce, muy merecido por lo que nos dieron a entender Böira que tuvieron palabras de reconocimiento, admiración, respeto y gratitud hacía en ellos al final de su bolo y eso es señal inequívoca de que son gente que facilita las cosas y no se da aires de grandeza, y como nada dura eternamente, acabaron el bis y el espectáculo con la formidable "Bizancio", otro capricho de su segunda obra y que considero mi predilecta de todo su repertorio (buena alegría me dí al oirla porque de verdad que no la esperaba). Sencillamente bestial.  Nos calaron hondo, nos dejaron henchidos de felicidad y deseando que no se haga larga la espera hasta que vuelvan a visitarnos. Y es que como dijo mi buen amigo Danilo al salir de allí 'para llegar al público no hacen falta palabras'. Esteban Girón, Álex Pérez, Alberto Tocados y Macón no pronunciaron ni una, pero ni falta que hizo.

https://www.youtube.com/watch?v=ADI-joZusQI

https://boiramusica.bandcamp.com/releases

https://toundra.bandcamp.com/

SHE WANTS REVENGE

jueves, 3 de marzo de 2016
SHE WANTS REVENGE (2006)

Se acerca el final del invierno y ya empieza a alargar el día, dentro de nada y menos volveremos a cambiar la hora y la noche tardará un poco más en hacer acto de presencia con lo que me apetece recurrir a uno de esos discos de impacto directo, de oscuridad latente y formas eléctricas, vamos que para compensar la ausencia de luz hasta que llegue definitivamente ese nuevo rumbo luminoso y en vistas del pausado ritmo que llevo al publicar, veo ideal profundizar en las virtudes del debut de esta gran banda olvidada con el paso de los años pero que sigue vivita y coleando a pesar de que en la actualidad se encuentra en un hiato que mantiene su regreso en incógnita. She Wants Revenge puede que sea la banda americana que mejor ha sabido trasladar la herencia del post-punk, la darkwave y el gothic rock de las islas británicas y eso sin necesidad de hacerlo desde un paisaje gris, puesto que son originarios del soleado San Fernando Valley (California), con lo que se le daba dar más mérito a su propuesta, repleta de una esencia tenue adaptada a la modernidad de las músicas que han brotado en lo que llevamos de este milenio. Todavía más fieles al legado de Joy Division de lo que lo han sido otros como Interpol o Editors, el dúo estadounidense lleva once años en la brecha pero hoy me quiero centrar en sus inicios y en ese mentado álbum homónimo con el que irrumpieron en la escena independiente por la puerta grande.

Recuerdo que mi primera toma de contacto con ellos fue gracias a la pareja de hermosos que regentan el espacio creativo aktivitÄtbcn, que me nombraron una serie de bandas hasta entonces desconocidas para mi y que estaban pegando fuerte en Inglaterra. Ellos estaban viviendo en Londres y traían un montón de recomendaciones que apunté mentalmente y en la gloriosa lista estaban entre otros White Rose Movement, de los que ya escribí por aquí poco después de aquella amena conversación sobre música y nuestros dos protagonistas de hoy. Superada la resaca producida por las cuatro o cinco jarras de cerveza de barril con sabor a azufre y ausencia de gas que me metí entre pecho y espalda aquella noche en un antro infecto de la ciudad, comencé a recuperar extractos del festival y vino a mi memoria el nombre de este proyecto, decidiendo de inmediato permanecer en la cama pero con el imaginario de los californianos reproduciéndose en mi portátil vía streaming. Fue como un chute de adrenalina curativo, porque a las tres canciones ya me había incorporado para prepararme algo de merendar a la vez que movía el esqueleto al compás de su cancionero. Canciones robustas y magnéticas, aromatizadas por un fino manto electrónico de textura aterciopelada y tintes electrónicos nada desdeñables acompañaban unos severos textos que hacen hincapié en el desamor, la autodestrucción y otras reflexiones personales ejecutadas con un lenguaje explícito. Me engatusó desde la primera escucha y tuve un larga adicción a su minutaje, pero antes de alabarlo por pistas, quiero contar más sobre los avatares de la banda.

La razón es que meses después de aquel affaire me trasladé de piso y me fui a vivir con amigos al centro de la capital teniendo de ese modo acceso a internet, algo inédito para mi por aquel entonces, y claro, estaba todo el día navegando por la red, saciando mi curiosidad sobre mil cosas y una de ellas obviamente era averiguar más sobre las formaciones que me gustaban. Buscando datos sobre su historia me sorprendió leer que habían vendido muchísimos ejemplares de este plástico alrededor del mundo y que su fama había crecido como la espuma en un corto espacio de tiempo, lanzando tres sencillos con la presencia en dos de ellos de la vocalista de Garbage, Shirley Manson colaborando como actriz y del actor Joaquín Phoenix ejerciendo de director. También me enteré de que habían terminado sendas giras mundiales junto a Depeche Mode y Placebo, que habían colaborado con el prestigioso productor Timbaland y que su mayores influencias reconocidas por ellos mismos eran The Cure y Bauhaus, cosa que a decir verdad ya intuía escuchando sus temas. Después de eso les seguí la pista de cerca merced a este bendito invento y aunque su popularidad no fue en aumento se mantuvo dignamente con sus siguientes pasos, los Lp's 'This is forever' y 'Valleyheart' y tres Ep's (en total tienen cinco contando los embrionarios 'These things' y 'Tear you apart'), 'True romance', 'Save your soul' y 'Up and down'. Todo su material aguanta el tipo en la comparación, pero sin duda su obra cumbre e imprescindible es 'She wants revenge'.

Reflujos del 'Land of rape and honey' de Ministry, del 'Dukes of stratosphear' y el 'Chips from the chocolate fireball' de XTC, puntos en común con sus coetáneos de Lansing-Dreiden y The Bravery. todo metido en una coctelera de agridulces sabores y tenemos canciones tan ricas como "Red flags and long nights", que da comienzo al álbum con esas guitarras cansadas con aspecto de cobre gastado y un espíritu poderoso planeando sobre hoscos pesares, "These things", donde entran a colación los teclados para cubrir con un manto innegablemente ochentero los filtros acogedores de la sobriedad lírica del corte, un medio tiempo excitante y estimulante, "I don't wanna fall in love", subiendo la temperatura en pos de una agresividad envolvente que no le hace ascos a la pista de baile y bebiendo a morro de los New Order del 'Power, corruption & lies', "Out of Control", más carnaza para seguir el guión con una buena dosis de poderío vocal y una distorsión amenazante sustentada por las máquinas en la que tal vez sea la pieza que cuenta con el estribillo más dotado del lote tanto instrumental como melódicamente, "Monologue", una de mis predilectas aunque es posible que no esté entre las favoritas de mucha gente, pero es que su ritmo adictivo y esos ruiditos pegadizos se quedaron permanentes en mi cabeza a partir de la primera audición que hice del disco y la suma de ingredientes la convierten, a mi parecer, una de las más inspiradas de su carrera, "Broken promises for broken hearts", como si David Bowie hubiera metido mano en las grabaciones de Nine Inch Nails, respetando parte de la manera de hacer las cosas de su colega Trent Reznor, "Sister", la niña de mis ojos, una perfecta fusión entre energía, cordura, seducción y aptitud, "Disconnect", preciosa instrumental para coger aire y acometer el segundo acto que se inicia con "Us", golpe de efecto, un desafío a su propio manual de estilo, acercándose más al rock progresivo de aires metálicos de unos Queensrÿche que a cualquiera de sus palpables referentes, "Someone must get hurt", fulgurante y adrenalítica con una línea de bajo bien marcada que destaca en la base rítmica, y "Tear us apart", su pista más conocida y encargada de cerrar la faena por todo lo alto.

She Wants Revenge eran entonces, Justin Warfield que anteriormente tuvo editó un disco en solitario de hip-hop, pasó por la banda de trip-hop One Inch Punch y participó en trabajos de gente como Bomb The Bass, The Chemical Brothers, Freestylers, Boo Radleys, Crazy Town, Placebo y The Crystal Method y Adam Michael 'Dj Adam 12' Bravin, que también actualmente trabaja en su nuevo grupo Love Ecstasy Terror y ha sido disc-jockey personal de presidente de Estados Unidos, Barack Obama (¿¡!?), forman She Wants Revenge. El bajista de Vast, Thomas Frogatt, les ayudó en el disco tocando algunas guitarras. Como dato curioso añadir que el descubridor de este talento fue Fred Durst, vocalista de Limp Bizkit.

https://www.youtube.com/watch?v=JSIlPzeAa3k