ALOE BLACC

miércoles, 22 de mayo de 2013
GOOD THINGS (2010)

Muchas veces tendemos a juzgar el gusto musical de otras personas solo por el mero hecho de que no se ajusta al nuestro y eso nos convierte en gente cerrada que se pierde todo un mundo sonoro. Lo mismo nos pasa cuando vemos en la portada de una revista ajena a los géneros que escuchamos habitualmente u oímos un tema en una radiofórmula y hacemos crítica necia, lo pienso detenidamente y es una completa estupidez despotricar sobre algo cuando en realidad hacerlo va en tu contra, porque creo que de cualquier estilo, por manido que sea, se puede sacar provecho teniéndole respeto. Tiene mucho mérito crear y cuanto menos debemos entender que debe haber espacio para todo y es por eso que me gusta prestar atención a todo y digerirlo sin importar lo más mínimo de donde provenga, si de la comercialidad o la independencia, si sea multiventas o underground. Desde la señora que aprovecha el cambio de la compra de Navidad en el centro comercial, para hacerse con una copia del último disco de Alejandro Sanz, hasta el chavalín de catorce años que se gasta unos euros en el itunes para descargar canciones sueltas de reggaeton con la intención de ofrecérselas a la chica que bailó con él en la discoteca el pasado sábado y le acabó agregando a alguna famosa red social en la que comparten perfil, pasando por el intrépido melómano que acude fiel a su cita con la tienda de discos que le abastece con piezas de coleccionista cada equis tiempo, todos compartimos un interés y es tan digno estar dos horas hablando sobre lo mucho que te inspira interiormente la discografía de Pink Floyd, como hacerlo sobre lo que te gusta sudar en la pista de baile mientras suena el último hit de Pitbull.

Lo que quiero decir con esto es que es muy saludable asumir una buena paleta y escoger cosas sugestivas, por eso he tratado de dar cabida a todo lo que me gusta en este humilde blog, pero hace unos días me di cuenta de la cantidad de veces que he gozado con álbumes que sin embargo nunca me he planteado postear por considerar que ya tienen suficiente promoción. Que idea tan simplista, no? pues si, siendo que esto lo creé para escribir sobre mis gusto, porque privarse de soltar una serie de parabienes sobre The Police, Kanye West, Gipsy Kings o Heroes del Silencio, entre otros, exclusivamente por la circunstancia de que son bandas de arcas repletas de dinero y que son de sobras conocidas en detrimento de otras que aún gustándome mucho, carecen de popularidad? que más da? si me gustan porciones de cada etiqueta no debería dar prioridad a nada, de modo que hoy quiero dedicar la tarde a un artista cuyo reconocimiento no para de crecer y que difícilmente se asociará nunca a la discreción mercantil. Un tipo con carisma que está llamado a ser uno de los grandes personajes elegidos para el inminente revival soul junto a Mayer Hawthorne, Raphale Shadiq, Cee-Lo Green, Eli 'Paperboy' Reed, Jamie Lidell y John Legend, en clara respuesta al ya consolidado boom femenino del género que tuvo a Macy Gray, Amy Winehouse, Duffy y Adele como cabezas visibles, dentro del mainstream.

Edgar Nathaniel Hawkins III, nombre real que se esconde debajo del alias artístico Aloe Blacc, hijo de inmigrantes panameños, nació en Orange County (California), en el 79 (quinto mío, buena cosecha, entonces...que si no lo digo yo, seguro que no lo dice nadie) y a la temprana edad de dieciséis ya andaba metido de lleno en la industria musical, sin embargo, hizo el camino de la música negra a la inversa.
Comenzó su carrera como MC en el dúo de hip hop, Emanon, con los que publicó sus primeros trabajos, 'Acid 9' y 'On another level', a finales de los 90's y tres discos más en el nuevo milenio, el último, 'The waiting room', a mediados de la pasada década, cuando ya rondaba en su cabeza la idea de emprender una carrera en solitario dando un giro estilístico que venía reflejándose en sus gustos musicales. Nuestro protagonista, se presentaba como un tipo ágil, de verso rápido, ocurrente y con ganas de explorar en los legados rítmicos que se cruzaban en su trayecto, así que poco tardó en dejar la banda y se lanzó a trabajar por libre con un sonido más soulero, con influencias del jazz y el R&B. El cambio recibió el beneplácito de la crítica y Blacc comenzaba a sonar en los círculos indies. Muchos ya le han bautizado como el nuevo Marvin Gaye (palabras mayores) y él se atreve a versionear en estudio a Sam Cooke y The Velvet Underground, sin perder en ningún momento la elegancia, la admiración, ni la honestidad y en directo a Michael Jackson con la dignidad intacta.

Con la mirada puesta en la Motown, este muchacho editó su debut 'Shine through', ese mismo curso, y recibió mucha atención, pero lo mejor estaba por llegar con este fabuloso 'Good things', el empujón definitivo que le ha catapultado internacionalmente, un álbum redondo donde todas sus influencias encajan a la perfección manteniendo la coherencia y asegurando una variedad que se agradece, reluciendo su potencial vocal y su habilidad para crear buenas canciones de sabor añejo pasadas por un filtro de modernidad. Un sentido innato del ritmo marca el devenir de esta colección de exquisitas pistas, que sirvieron de reclamo para que su nombre circulara como la pólvora a través de temas tan jugosos como ese magistral corte de apertura que a la larga ha servido de emblema para su discurso, "I need a dollar", primer single de presentación que se indentifica como estandarte y bandera de su mensaje, una buena forma de acercarse al global y que atrapó a millones de futuros adeptos, que como un servidor, descubrieron poco después la grandeza de esta obra completa. Este inicio arrebatador, justifica la adquisición del este disco por si solo, una maravilla de estribillo y compás pegadizo que reune todos los ingredientes necesarios para que su presencia sea eficaz al máximo, buen registro vocal, gratos coros, teclas hipnóticas, una letra atractiva y fácil de tararear, un bajo penetrante, una excelente sección de viento que no tapa en exceso y una producción que parece concebida en el pasado, pero no se limita a sus fronteras la calidad, la cosa suma y sigue con "la homónima "Good things", optimista alegoría con una instrumentación cercana al reggae en su trasfondo pero que no se aleja del patrón original, una pieza que no encajaría mal en el legado de Barry White por su poso  romántica, "Take me back", con una base hip-hop con la que parece querer hacer un guiño a sus orígenes, aunque por estrofas está mas cerca de ser una mezcla entre Gnarls Barkley y Bill Withers que de los convencionalismos del rap y sucedáneos, "You make me smile", seductora, nocturna, afina y sentimental, con el misticismo de un Isaac Hayes en pleno apogeo, "Politician", más carnaza setentera, pura esencia soul de la época, recordando a los míticos clásicos con George Clinton (otrora líder de Funkadelic) a la cabeza, "If i", la cual me resulta imposible imaginar incorporada a una nueva versión de la banda sonora de 'Jackie Brown', porque el bueno de Quentin Tarantino filmó la película antes de que apareciera este disco, y es que hubiera quedado ideal para acompañar el paseo por la pasarela del aeropuerto que nos regala la inimitable Pam Grier en la primera escena del filme, "Momma hold my hanbd", intimista y emocional deuda con el ryhthm and blues orquestal de aires gospel, "Hey brother", su más claro acercamiento al funk, próximo al Lenny Kravitz que exploraba antaño en las entrañas de tan bailongo como excitante estilo, "Femme fatale", majestuosa y respetabilísima relectura del clásico de The Velvet Underground, llevada a su terreno, eso sí, y "So hard", donde exprime su garganta hasta horizontes sorprendentes, jugando con el falsete y la entonación escéptica, añadiendo además un sonido de guitarra cautivador. Sensacional.

El bueno de Edgar contó en el local de grabación con la inestimable ayuda de músicos tan prestigiosos como, Nick Movshon (bajista de Lee Fields, Dr. John, Antibalas y la malograda Amy Winehouse, entre muchos otros), Homer 'Funky foot' Steinweiss (conocido por sus colaboraciones con Amy Winehouse y Mark Ronson), Tommy Brenneck y Leon Michaels (multiinstrumentistas que un día lideraron el proyecto Bronx River Parkaway), Luke Riverside, Tobias Pazner, y Aaron Johnson (que coincidieron con todos los anteriormente citados en El Michaels Affair), Jeff Dynamite (ingeniero del disco que toca la batería en varios temas del álbum), Garrett De Voe (vocalista y guitarrista de la recomendable banda francesa de indie-rock Pure Horsehair), Garo Yellin (que ha trabajado con gente como David Thomas y The Wooden Birds), Qunicy Bright (muy interesantes sus dos discos en solitario, editados con su nombre y que ofecen una grata dosis de hip hop instrumental) y el violinista ruso Entcho Todorov (al que podemos encontrar en los créditos de gente tan dispar como Evanescence, Kelly Clarkson, Iron & Wine, Patti Smith, Esperanza Spalding o Sharon Jones And The Dap-Kings).

NORTHERN PORTRAIT

viernes, 17 de mayo de 2013
CRIMINAL ART LOVERS  (2010)

Tiene un efecto romántico el pop cristalino, tal vez ensoñador, revitalizante, optimista por mucho que a veces pretenda recurrir a la melancolía, de hecho muchas veces reside su encanto en esa virtud de hacernos sentir bien aún estando sumergidos en la nostalgia de un pensamiento que se aleja sigilosamente pero permanece en nuestro interior como un sentimiento balsámico, además es intemporal, se digiere bien en cualquier momento y limpia el alma de malas vibraciones, con lo que posiblemente, y a pesar de que tampoco se puede decir que le haya dado mucha cabida por estos lares, es una de las sonoridades que más aprecio escuchar. Es dar al play con cualquier disco de este tipo y disfrutar de un viaje mental por la ilusión, la esperanza de un futuro prometedor en el que gozo de las cosas y personas que más quiero, esos pequeños placeres de la vida que uno sueña conservar toda la eternidad. Es verdad que como digo, pasan muchas etapas por mi memoria referentes al pasado, pero realmente a donde me llevan estos ritmos es al mañana. Como se puede reconfortar uno en la fantasía si no es partiendo de unas vivencias pasadas, de un desarrollo vital que fundamenta cualquier acto venidero. Construimos una fortaleza imaginaria con cada paso que damos a lo largo de nuestra existencia y en ella residen todos aquellos que necesitamos tener alrededor para que la cosa funcione de manera que nuestro rostro dibuje una amplia sonrisa en los labios que indica felicidad completa. Cierto es que muchas veces supone una carrera de obstáculos cumplir todos esos deseos pero el esfuerzo  merece la pena si lo amenizamos con canciones tan bonitas como las que escribe esta formación de Copenhague (Dinamarca).

Llegué a ellos en la última semana del año de edición de este álbum de debut, de una manera muy grata, ya que Sergio, zaragozano de pro que bajo el seudónimo de Lars, dirigía el flamante blog dedicado casi en exclusiva al pop independiente de los países nórdicos, 'A Pleasant Dream' (desgraciadamente inactivo desde el 2011), publicó una entrada en la que animaba a sus lectores a descargar un álbum secreto con la intención de hacer algo especial para celebrar las Navidades, una especie de regalo global que escondía ese divertido juego de ocultar el nombre de los protagonistas, y atraído por la propuesta de hacernos valorar aquel disco bajándolo del enlace a ciegas me animé no solo a hacerlo sino a oírlo entero de primeras sin mirar el título. Me encantó, no puedo decir otra cosa, me atrapó al instante y gocé de su cancionero varias veces consecutivas. Aquella mezcla de elegancia, sofisticación, sencillez, transparencia y clase, me recordó a The Smiths y los The Cure más luminosos, pero también a Another Sunny Day, The Trash Can Sinatras y el gracejo informal de The Housemartins, sin embargo en ellos hay algo indescriptible, como una luz que brilla con propiedad, una condición que les hace muy interesantes: la naturalidad.

Northern Portrait, representan mejor que nadie en la actualidad la esencia de aquella vertiente pop británica que desde una cara más inteligente que la mostrada por el punk, manifestaba su inconformismo social en la era Tatcher y (aquí es donde se maneja mejor el cuarteto danés, obviamente por su distinta procedencia y generación ) su idea de hacer prevalecer el amor por encima de cualquier barrera que quisiera imponer un poder obsesionado con amargar el día a día al pueblo. No son de allí pero suenan a aquel pop inglés en cada rincón de este álbum, tampoco son suecos pero sus melodías tienen ese halo de tristeza resplandeciente que tienes las bandas escandinavas. Es difícil no pensar en Morrissey y los suyos cuando digerimos las diez canciones que completan este fino 'Criminal art lovers', pero eso no debe suponer un hándicap, sino al contrario, un añadido de lujo a su ya de por sí, cautivadora propuesta.

Piezas que conforman un precioso retrato de lo que se cuece en los paisajes del Norte de Europa, tal y como reza el nombre del grupo y que al mismo tiempo es un idilio con el arte indiscriminado como parafrasea el título del disco. Formados hace tan solo seis años, tras la publicación de dos brillantes Ep's, esta puesta de largo que tuvo su continuidad con un 7" llamado 'Life returns to normal' (de exquisita portada) y un reciente 10" que bendicieron como 'Pretty decent swimmers', fue un paso esencial para darse a conocer en sociedad la sutilidad de ese pop genérico heredero de los grandes añorados de la década de los 80's pasando por un filtro de actualidad su testamento. Una decena de joyas que van directas al corazón, empezando por la inicial "The münchausen in me", la primera en la frente, un caramelo pop almibarado de una hermosura inigualable, entre el lamento y la timidez, sugestiva, enorme dentro de su modestia, muy admirable conseguir reunir tantas emociones en un solo corte, aunque como no podía ser de otra manera, la cosa solo hace que empezar con esto y no solo no se detiene sino que va en aumento con la genial "When goodness falls", en mi humilde opinión la mejor creación del lote, una de esas maravillas que podrían dotar de color al mundo entero de tener una mayor distribución, un regalo celestial para caminar por verdes praderas en un día soleado contrastando a su sucesora, la magistral "Crazy", que veo ideal para observar desde una ventana caer la lluvia sobre el asfalto a bordo de un autobus que recorre pequeñas localidades desiertas al anochecer, la lánguida "The operation worked but the patient died", que recuerda ligeramente el lado suave de The Stone Roses, una pista relajada con nos acordes que son claridad en manos benditas, la idílica "Murder weapon", que a pesar de contar una historia de armas tomar (chiste fácil y malo, lo sé) y transcurrir a velocidad inédita, deja los mejores juegos vocales de su breve discografía, la sobria "What's happens next?", que tontea con las coordenadas del rock para hallar una coartada lustrosa y atrevida en tres minutos exactos de complacencia, la extensa "That's when my headache begin", lenta y glamourosa, pasional y desnuda, una gema turquesa que irradia creencia en cada una de sus notas, y "New favourite moment", muy cercana a lo que hacían Brian con tanta destreza y que pone punto final a un trabajo catedralicio.

Michael Sørensen, Stefan Larsen, Caspar Bock Sørensen y Jesper Bonde son los causantes de todo esto y mucho más que a buen seguro está por venir.

IDLEWILD

martes, 14 de mayo de 2013
MAKE ANOTHER WORLD (2007)

Cuando hace unos diez años (caray como pasa de rápido el tiempo), Coldplay vinieron a presentar su segundo disco a Barcelona ajenos aún a su inminente eclosión mediática y comercial, trajeron de teloneros a estos cinco muchachos de Edimburgo (Escocia), por aquel entonces totalmente desconocidos para mi. Busqué material con su firma porque en un principio tenía claro que iba a poder asistir a aquel directo, craso error de confianza porque el salto de popularidad de los británicos estaba a punto de materializarse y finalmente no pude asistir al evento, resarciéndome meses más tarde con su siguiente visita con sus paisanos de Feeder como teloneros y un par de años después con Goldfrapp ejerciendo el mismo papel. Tenía muchas ganas de ver a Idlewild en vivo y me supo bastante mal quedarme sin entrada en esa ocasión, más teniendo en cuenta que a la postre supondría la última oportunidad que tendría de verles en ese formato, pero me conforme con haber tenido la suerte de llegar de alguna manera a su discurso, ya que sus cuatro primeros álbumes, que eran los que tenían editados hasta entonces, me encantaron, bueno, más bien el tercero y el cuarto, puesto que sus dos primero fueron, tal como ellos mismos reconocen, una mancha en su historial alejada de lo que luego significaría su sonoridad distintiva. Durante un largo tiempo les seguí la pista y los tuve en un pedestal, pero su siguiente álbum 'Warning/Promises', pasó algo desapercibido para mis oídos sin saber muy bien la razón debido a que su contenido seguía la estela marcada en sus comienzos, y no fue hasta la aparición de este 'Make another world' que volví a cogerle el gustillo a su música.

Mucho más bailable y accesible, incluso diría que actual al desaparecer gran parte del rastro ochentero que había en sus antecesores, este trabajo se presentaba como canalizador de un golpe de efecto a sus propios parámetros sin grandes pretensiones. '100 broken windows' y 'The remote part', el cual posteé por aquí hace unos cuantos años, me parecieron discos majestuosos, autenticas maravillas que sin embargo no acabaron de cuajar entre la oleada indie de aquel periodo, a pesar de que no hubiese sido nada extraño que habiendo sido elegidos para acompañar a los de Chris Martin, su prestigio creciera de forma considerable. El impasse que supuso su siguiente paso, tal vez provocara que después cogiera con tantas ganas este álbum, pero ahora, transcurrido un largo tiempo, lo miro en perspectiva y veo que la razón fue que aquí dieron la vuelta de tuerca necesaria para que la maquinaria volviera a funcionar como un tiro, con energía, melodías adictivas, buenas líneas de guitarra y esa magnifica voz asumiendo el liderazgo como nunca antes lo había hecho. Hoy que me he enterado que la banda se encuentra en un hiato, me ha gustado recuperarlos para la causa auditiva y disfrutar con canciones tan magnas como las diez que componen esta obra. No obstante, antes de comentar la sensación que me da cada una de ellas, sigo la costumbre y cuento un poco como empezó su carrera.

La cosa se concibió a mediados de los noventa, cuando unos jóvenes que en su mayoría no habían alcanzado la veintena de edad, emprendieron la marcha atrapados por las mil y una escuchas que le daban al post-hardcore de Fugazi. En sus primeros pinitos se manifestaban bajo el  influjo de dicho género, alejados de la accesibilidad, hasta que optaron por dar cabida en su mensaje a las otras influencias y gustos de adolescencia, con Sonic Youth, Bob Dylan, Pixies y R.E.M como principales referentes. Si bien no era algo notable en cuanto a orientar su futuro, porque siempre sonaron a ellos mismos y era difícil darles una ubicación clara acorde a estilos, si que fue fundamental para aclarar su idea de afianzarse en un terreno genuino que les hiciera distintos a los demás. Una evolución sincera, puesto que no se resintió para nada su esencia y que fue bien entendida también por su principal avalador, Steve Lamacq, ilustre locutor de la emisora de radio BBC, que era un enamorado del grupo en sus comienzos, acudiendo a ellos siempre para pincharlos en su famoso programa 'Evening session', y que continuó dando cabida a sus nuevos singles para promocionar la que él consideraba una de las mejores formaciones de directo de las Islas. Con semejante adjetivo y el apoyo de revistas especializadas como New Musical Express, Melody Maker y Kerrang!, pronto llovieron las ofertas discográficas, firmando con Food Records, que recientemente había fichado a Blur, una de las bandas favoritas de estos chicos, a pesar de que en sus propuestas hay pocos puntos en común. Giras con Ash, Manic Street Preachers y Placebo fueron el colofón necesario para que su nombre se escribiera en letras grandes. Ya todo el buen aficionado al rock alternativo, sabía de su existencia. Buena muestra de ello es el hecho de que fueron invitados a la ceremonia de apertura del parlamento escocés, ubicado en su ciudad natal, un hecho histórico para su país de origen.

Y así llegó la consagración con ese par de magistrales trabajos antes citados, que sacaron entre finales de los 90's e inicios del nuevo milenio, en los que invadía su atmósfera el espíritu de The Smith y Echo And The Bunnymen. Con ellos su cotización subió como la espuma, se hicieron un hueco en su recorrido por las Américas y entablaron una gran amistad con Pearl Jam, que exigieron su presencia en el escenario para tocar juntos el último tema de la gira mundial de 'Riot act', finalizada en Chicago (Illinois). Ya metidos en harina, decidieron sacar nuevo material a la luz al tiempo que rompían su relación con el sello Parlophone tras ocho años de actividad común. Esa fue su última faena para una multinacional y se notó en la paredes que retenían la furia rockera de la misma. Se unieron al catálogo del reactivado Sequel Records que tuvo mucha fama en los 60's pero que estaba en el dique seco desde hacía varias décadas y su piel fue renovada con este largo (aunque curiosamente fue una mala apuesta, ya que esa discográfica cerró poco después de publicarlo). El cambio les vino bien para recuperar el pulso y ya de vuelta a la humildad nos llegó este álbum.

Llamaron al productor de sus dos mejores elepés y esa fue la piedra angular para que el regreso a la buena senda fuera triunfal. En el espacio de tiempo que separa el quinto álbum de este sexto, su vocalista Roddy Woomble, editó su debut en solitario, desmarcado totalmente del sonido de su banda madre y enfocado al folk con ligeras reminiscencias celtas. Puede que esa fuera la clave para que la vuelta de Idlewild sonara más fresca y desacomplejada o como dijo su líder 'el grupo tomó la decisión consciente de hacer un disco de rock fuerte, fuerte'. Esta virtud se nota cuando escuchamos canciones como "In competition for the worst time", eléctrica, potente, con corazón de himno, una apertura arrebatadora con cierto deje a My Vitriol, haciendo sonar los instrumentos con empaque, y un solo de guitarra que trae a la memoria inevitablemente a Dinosaur Jr muestra de que también hay mucha deuda noventera a lo largo y ancho del minutaje, "Everything (as it moves)", recurriendo a ese hardcore melódico que también manejaban en su adolescencia, una pieza con un estribillo eficaz que cabalga a lomos de una fabulosa base rítmica, "No emotion", segundo sencillo extraído del lote y que probablemente sea el que mayor gancho comercial poseía, un tema trepidante, bailable y coreable, radiante y emocionante, a la altura de sus éxitos de antaño, "Make another world", homónima pista que ejecutan con un misticismo formidable, como si fuera un pelotazo pop de aires progresivos de los 80's, con cierta similitud con lo que hacen Snow Patrol pero con una velocidad más afín a James, Maxïmo Park o a los Yo La Tengo más hipnóticos y poderosos, "If it takes you home", guantazo punk-rock de incalculable valor, vitamínica, salvaje sin llegar al extremo y dando motivos para que entre en un par de ocasiones un parón mágico de fragilidad que baje las pulsaciones, "Future works", quizás el corte más experimental de su carrera, ni que sea porque incluye una sección de vientos y porque se evade en su ambiente alucinógeno, "You and i are both away", mezcla de calma y tempestad surcando los mares de estilos tan adversos como la música de raíz irlandesa y el rock sinfónico, y ese par de diamantes que son "Once in your life" y "Finished it remains", uniendo fuerzas junto con ese asombroso bonus que supone la sorprendente relectura en onda power-pop del 'Lookin' for a love' de Neil Young, todo un broche de oro para despedir un trabajo excelente.

La formación de Idlewild estaba compuesta en ese momento por Roddy Woomble, Colin Newton, Rod Jones (también miembro de The Birtday Suit, donde ejerce de vocalista y guitarrista), Gareth Russell (ex-bajista de Atrid y The Reindeer Section) y Allan Stewart (que compaginaba además su labor como bajista de DeSalvo y Holy Mountain). Les ayudaron en la grabación, Inara George (voz de The Bird And The Bee), Mick Cooke (trompetista de Belle & Sebastian) y Tom Smith.


SMOKE FAIRIES

viernes, 10 de mayo de 2013
THROUGH LOW LIGHT AND TREES (2011)

Cuando el viento sopla a favor todo va rodado y es bueno aprovechar el momento para subirse al tren de los deseos cumplidos. Que el folk vive una segunda juventud tras varias décadas ejerciendo un papel secundario en el panorama musical, con bandas excelentes pero que no tuvieron la fortuna de conseguir el beneplácito general de prensa y público, es un hecho tan revelador como que en la actualidad somos testigos de una oleada de formaciones y artistas vínculados al género, copando portadas de revistas, colando singles en radiofórmulas o incluso encabezando algunos de los festivales más importantes del mundo, algo que puede parecer hasta cierto punto, exagerado. Se percibe una proliferación descomunal que hace que demos una patada a una piedra y de debajo surjan un puñado de grupos que practican este estilo con mayor o menos destreza, al igual que pasó hace un lustro, más o menos, con el revival post-punk. En cualquier rincón del planeta y en múltiples variantes, la música de raíz tiene un lugar privilegiado, y si bien impera sobremanera la que se asocia a la tradición americana, también podemos encontrar mucho encanto en la que se produce en el exterior de las fronteras estadounidenses, la que opta por coger lo mejor de su tierra de origen para mezclarlo con lo que nos ha llegado desde el otro lado del charco en el último siglo.

Es evidente que la que cuenta con una mayor fama es la que sale del país de las barras y estrellas, pero lo que se cuece en las Islas Británicas es un buen ejemplo para confirmar que si bien la onda expansiva es grande y gracias al reconocimiento alcanzado por lo que exportan los yanquis hay una mayor accesibilidad a otro tipo de discursos asociados a la calidez acústica que no se ciñen solo a una influencia,  no es menos cierto que también hubo un pasado en el viejo continente que tuvo su valor adquisitivo. Estados Unidos, ha abierto, tal vez sin pretenderlo, una amplia veda, y es motivo de celebración para los amantes de estas sonoridades, que haya sido así, porque ahora podemos acceder a una inagotable colección de músicos que quieren mostrar su lado íntimo con la ternura de un mensaje que tiene mucho de conciliador. Botón de muestra puede ser uno de los grupos más interesantes que he oído últimamente, porque precisamente proviene del Reino Unido.

Recogiendo el testigo de lo ofrecido por gente como Pentangle, Sandy Denny o los más recientes Espers, tenemos a este par de chicas de Londres (Inglaterra), dotando a su propuesta de una delicadeza y sensibilidad francamente agradable. Ya mostraron su calidad en su ópera prima 'Strange the things', y con aquella recopilación de sencillos y caras b's recogidos en un disco de larga duración titulado 'Ghosts',  pero poco después confirmaron definitivamente su valía con este genial debut oficial al que dieron continuidad el pasado año con el exquisito 'Blood speaks'. Entre medias colaboraron el gran Richard Hawley ejerciendo de coristas de lujo en el Ep 'False lights' (el otrora guitarrista de Pulp, siempre dice que Smoke Fairies es una de las mejores bandas que ha oído en los últimos años). Se conocieron cursando estudios en la ciudad de Essex (Inglaterra), convirtiéndose en amigas inseparables, tras lo cual se fueron a vivir juntas a la melómana New Orleans (Louisiana), donde se empaparon del blues de la zona, algo que adaptarían con maestría en su proyecto, luego volvieron a instalarse una corta temporada en su país para reunir fondos con trabajos temporales para sacar adelante sus canciones y fue dando el cayo los aparcamientos adyacentes al festival Sidmouth Folk Week, donde descubrieron la magia de la música de raíz británica, dando con la tecla apropiada para hacer de su ideario algo genuino. Volvieron a emigrar, esta vez a Canadá, concretamente a Vancouver (British Columbia), y tras un período de doce meses fijaron su residencia finalmente en su localidad natal, donde por fin iniciaron esta estimulante aventura. En sus inicios llamaron la atención del ilustre líder de los míticos Roxy Music, Bryan Ferry, y grabaron varias canciones para editarlas a trompicones como maniobra comercial. Una de ellas fue lanzada por el sello de Jack White, mitad de The White Stripes que también declaró su aprecio al dúo. Él mismo se encargó de la producción de la canción.

Su inclusión en festivales de prestigio como el Primavera Sound de Barcelona o el South By Southwest de Austin (Texas), una gira con la emergente Laura Marling, y su presencia en el tributo a Neil Young hecho por la revista Mojo para conmemorar el cuadragésimo aniversario de 'Harvest', ese maravilloso disco del canadiense (cedieron una preciosa relectura de 'Alabama'), hicieron el resto para que su nombre empezara a sonar con fuerza y la estabilidad vino con este sobresaliente 'Through light and trees', un álbum que funciona mejor cuando se sale del guión y da al sonido del grupo una mayor complejidad, alejándolo del mero papel de escribas del estilo. No quiero decir con esto que el minutaje global se resienta en las partes más dóciles, al contrario, lo trato de aclarar es que las once piezas que componen este disco, brillan en conjunto por su virtud de arriesgar y añadir pizcas de vértigo a su concepto embrionario. Quizás se les pueda achacar que su pulida técnica vocal acabe cansando al final de la escucha entre tanta armonía y gorgorito, pero a mi personalmente me parece un atractivo más ese elemento que les emparenta directamente con CocoRosie, pero que huye de la comparación odiosa, pues su percepción es inagotable y tan pronto nos puede venir el nombre de la banda de las hermanas Casady, como el de Seasick Steve o el de Rykarda Parasol. La prueba viene de la mano de cortes tan excelsos como "Summer fades", que podría pasar por una adenda celta, desatacando sus angelicales voces como si tratara de una versión femenina de Fleet Foxes,  un tema atmosférico y fantasioso que destapa el tarro de las esencias, "Devil in my mind", que parece salido del corazón de cualquier bosque ubicado en la América profunda, con ese halo de oscuridad que les acerca al southern gothic country de Woven Hand, "Hotel room", con cierto olor a pop o al menos siguiendo el renglón de dicho movimiento, una pieza alegre (dentro de lo que cabe) con un acorde repetitivo que penetra el alma y la fortalece, al igual que ese órgano siempre presente que oímos funcionando a todo gas tanto en el momento que ha de cubrir un limpio solo de guitarra como cuando tiene que envolver el enérgico compás de batería, "Dragon", ese hálito del Tom Waits más romántico, que interpretan en una desnudez emocional cautivadora, cediendo el poder al piano y las voces, "Erie Lickawanna", suciedad de tendencia medieval, sentimiento interior brotando en brisas bucólicas, "Strange moon rising", a mi juicio, el mejor corte del álbum con ese slide rebosante de espíritu blues fronterizo, recordando a la Pj Harvey de los comienzos, "Storm song", preciosa fragilidad acústica que en su registro recuerda a la gran artista celta Loreena McKennitt, al menos hasta que entran esa distorsión eléctrica y ese violín melancólico que les asocian a Willard Grant Conspiracy, "Feeling is turning blue", con unas capas lo-fi que juegan al despiste, pues dan otro color a su exposición pero en realidad no da un paso más allá en su atrevimiento, y "After the rain", despedida minimal en la que la voz coge el timón para iluminar el camino con un texto y una melodía que parece extraída de otros tiempos.

Smoke Fairies son Katherine Blamire y Jessica Davies. En el estudio contaron con la ayuda inestimable de músicos tan capaces como Neil Walsh, Kristofer Harris (bajista de los efímeros Polka Party y Touriste) y Neil Walsh (que toca la viola como miembro fijo en la interesante banda post-rock inglesa Her Name Is Calla), además de la hermana de Katherine, Jenny Blamire.


SLIM LORIS

miércoles, 8 de mayo de 2013
FUTURE ECHOES AND PAST REPLAYS (2013)

Siguiendo con la frescura que aportan las novedades y abierta la veda con el post anterior, hoy traigo un disco muy distinto al que protagonizó la entrada del fin de semana, pero igual de atractivo. Slim Loris, es un dúo de Estocolmo (Suecia), que practica una suerte de Americana con tintes indie-rock e influencias clásicas y modernas por su ligera similitud con formaciones de antaño y actuales como The Band, Arcade Fire, Mumford & Sons o The Avett Brothers. Un viaje melancólico de composición añeja y producción pulcra, es lo que nos proponen este par de jóvenes muchachos en su segundo álbum de larga duración 'Future echoes and past replays', título significativo donde los haya, puesto que este plácido trayecto de doce canciones es como una regresión, un idílico aire veraniego con sus dosis de nostalgia escandinava y su genuino sabor americano atraído por la magia de lo contemporáneo. No hace mucho que por mis oídos entró su bella propuesta, pero enseguida quedé prendado de esa sonoridad tan cálida como atractiva. Lo primero que pensé es en porque una banda tan dotada no tiene un campo de acción ilimitado. Su mensaje es accesible y no tiene nada que envidiar al de otros grupos similares que sin embargo son mundialmente conocidos, pero en fin, poco importa eso para el que los disfruta, puesto que sus composiciones son un deleite para los oídos y carece de importancia su fama o discreción comercial.

Me vienen a la memoria de manera personal, los nombres de The Rural Alberta Advantage, The Builders And The Butchers y The Decemberists, cada vez que reproduzco las pistas de este álbum, el cual cuenta con una colección de demos recopiladas bajo el título de 'Amateur night at the asylum' y un debut llamado 'Down to earth'. En aquellas primeras muestras se manifestaban sobremanera sus gustos por el folk estadounidense y por la invasión británica de los 60's, algo que se diluye un pelín en este segundo asalto pero que sigue presente de todos modos. Sus inicios fueron alabados y se incluyeron dos temas de cosecha propia en la banda sonora del cortometraje sueco 'Varifrån kommer mjölken' (pendiente de proyección en nuestro país), con lo que su siguiente paso era esperado con incertidumbre por parte de público y crítica. Pasada la criba de la presión, impuesta por la obligación de superar lo mostrado anteriormente, el disco evoluciona con creces en una madurez abrumadora. 

Una melodías contagiosas junto a unas estructuras sólidas, sirven de aval para este trabajo que no verá la luz oficialmente hasta dentro de un par de semanas. Mientras tanto podemos gozarlo en su bandcamp atraídos por su calidad y la belleza de la portada que nos animan a una favorable futura adquisición. Valdrá la pena invertir en ello, sobretodo por tener la fortuna de poder abrigarse con piezas tan apacibles como "Fear of flying", una maravilla que ya de primeras quiero declarar como mi favorita del lote, una canción que mezcla pop, con folk-rock y se apoya en contagiosas líneas de teclado, recordando a sus compatriotas de Sambassadeur en la cara amable de la armonía, y a los primeros Shout Out Louds en su cadencia, aunque no es justo caer en la obviedad que significa compararles con grupos de su zona, así que añado que brilla con luz propia y bebe igualmente de otra gente alejada de territorio nórdico como pueden ser Cosmic Rough Riders, The Frank & Walters o Butcher Boy, un inicio esclarecedor y excitante que enseguida cambia el rumbo para flotar en las tranquilas aguas del alt-country en la preciosa "Head on the floor", llena de sentimiento y energía polifónica, una tonada portentosa que añade una pizca de redención al discurso, "Domestic", blues con sabor a western que encajaría a la perfección dentro de la finiquitada serie 'Deadwood', dando profundidad a una escena de duelo, que además cuenta con la ayuda vocal de cantante femenina cuyo nombre desconozco pero que resulta idónea para la ocasión, y un violín que desprende un evocador aroma a vieja resina, "In silence", bajadas y subidas en épica contenida, fragilidad con carga emocional, "Visions of tomorrow", una pista que bien podrían haber creado los geniales Delta Spirit, ideal para acompañar un trayecto por carretera en espacio paisajístico y despreocuparse de todo salvo de saborear el momento, "Clean is a whistle", un retroceso voraz a la edad dorada del folk, un corte dulce llevado en volandas por esa flauta que guía la melodía (que bonita rima me ha salido, oiga), "Norah" o la canción que querría uno oír en ese bar de las afueras para sonorizar la última copa entre gentes de buena fe, "Awakening", pasional y asequible, con unos primeros compases que traen a la memoria a Coldplay, aunque la cosa realmente no va por ahí, y un desarrollo iluminado por la sobria voz de su cantante, una pieza redonda que une, desnudez interior con una base semicruda y unos acordes nítidos, mezcla notable, muy posiblemente la mejor del repertorio, y "October in white", que despide con ternura una obra altamente recomendable. 

Formados hace tan solo cuatro años, tras abandonar unas titubeantes carreras en solitario, tienen a Robert Barrefelt y Mattias Cederstam como miembros, aunque en directo la formación se amplia a cuarteto con la presencia de Jonas Ellenberg y Leon Lindström.

http://slimloris.bandcamp.com/

ENDAND

lunes, 6 de mayo de 2013

MECHANICS & ENERGETICS OF STILTRUNNING (2013)

Llegado el Sábado a uno lo único que le apetece es disfrutar de la jornada sintiéndose descansado y renovado por dentro, pudiendo salir a dar un rodeo por ahí sin rumbo fijo o quedar con la cuadrilla para echarse unas risas en alguna terraza, aprovechando el buen clima reinante, pero ante la ausencia de tales placeres en compañía, este menda está disfrutando del día de forma casera, ideando un plan alternativo y dosificándose para el partido de baloncesto que inicia la Copa de la liga aficionada que juega mañana a primera hora. Para llegar en buena forma al partido, debería hacer algo de ejercicio, pero soy demasiado perezoso como para ponerme ahora a hacer pesas o irme a correr a la calle, además sería algo estúpido porque ya empiezo a estar decadente en mi juego y tampoco es que aporte mucho más que griterío de banquillo, así que lo más coherente, antes de estirarme en el sofá y empezar a degustar una de las dos películas que me pasó ayer el bueno de Sulo Resmes vía dropbox, es que mueva un poco el esqueleto y suelte la melena escuchando este contundente tratado punk rockero, garagero, noise y grunge de la banda de Brooklyn (New York), EndAnd. El abrasivo contenido de este 'Mechanics & energetics of stiltrunning', que significa su debut en formato larga duración proporciona la suficiente robustez musical como para derrotar al más pintado y como necesito estirar los músculos con la fortuna de que luego los voy a poder relajar un buen rato pero eso me servirá para estar en forma para el encuentro, pues ya llevo un rato con ellos de fondo haciendo choque contra pared.

En este momento inicio un paréntesis para coger aire antes de volver a brincar como un poseso, para escribir unas líneas sobre esta formación de la que ya hablé hace unos meses a razón de su primer Ep, el fantástico 'Adventures on fi in space'. Aquel breve mini-album (valga la redundancia), ya ponía todas sus cartas sobre la mesa y de paso presentaba en sociedad a un power trío con un futuro infinito, pero al a su vez mostraba una banda más espontánea, previsible y directa, con el atractivo que tienen las primeras obras, que no miran más que de puertas adentro tratando de resumir en un buen puñado de canciones todo lo acumulado en años de aprendizaje. Era impactante, pero ahora queda empequeñecido con este abrasivo plástico que apenas sobrepasa los veinte minutos de duración, un claro indicativo de que nos enfrentamos un disco adrenalítico, vertiginoso y vitaminado. Once piezas que pasan como un huracán arrastrando para sus adentros todo lo que encuentran a su paso, quedando el oyente desprotegido y derrotado por semejante eclosión potencial tras verse expuesto a una explosión de decibelios.

Se percibe cierta madurez en esta nueva referencia, pero sin embargo no ha decaído nada ese espíritu transgresor de saltarse normas establecidas y apostando por una frescura atrevida que no entiende de limites. Un trabajo inmensamente personal, rabioso, y esquizofrénico, sin abandonar en ningún momento ese carácter comprometido con las causas nobles, puesto que la mayoría de temas hablan sobre los problemas de los inmigrantes que buscan el sueño americano y luego encuentran múltiples barreras, así como también narran en otros cortes historias cotidianas, ya sea sobre el afán de superación de las personas que viven con enfermedades musculares crónicas, trastornos estomacales o la lucha de un personaje anónimo contra el cáncer, lo duro que es afrontar la pérdida de un ser querido, las relaciones, la desconfianza...todas esas cosas con las que cualquiera se puede sentir identificado en general. En resumen, una colección de pistas que destacan, al margen su potencia, por su humanidad.

Con un notable crecimiento en popularidad desde la edición de su primera muestra, debido a su presencia en numerosos festivales celebrados en su estado de residencia, EndAnd, facturan en esta ocasión un bravo álbum en el que orienta su sonar en una dirección más visceral y agresiva. La descarga comienza con "At fault's end", con unas primeras notas que nos llevan a la inmediatez del emocore noventero para luego derivar en un retazo recio de rock polifónico ejecutado a golpe de baqueta, con las voz férrea dando un empaque lisérgico y las guitarras perdidas en los pantanosos bosques el riff al más puro estilo Black Sabbath, "Pulse", en algún lugar entre Mudhoney y los primeros Girls Against Boys, con un gamberrismo punk que puede recordar al Iggy Pop de los Stogges más anárquicos, "The detach", ligeros ecos a Nirvana, nervio despiadado y el bajo penetrando a degüello con al concesión que da el distinto registro de su otro cantante (bajista y guitarrista se alternan durante el minutaje), "I'm one of the three", bofetón que rememora la vitalidad e ira del mejor hardcore neoyorquino de finales de los 80's, "Snow song", como si The Vines cambiaran de continente y fijaran su centro de operaciones en los States, "I love you soon", un caprichito melódico que no recurre al abuso, puesto que no llega ni a cincuenta segundos,"Vessel", con un sonido afín al legado de Primus, una proeza que se apoya en furiosos acelerones, "The hypocrite mourns", tal vez la más accesible del lote, un canción que navega en las complicadas aguas del math-rock, y flota en el pulido aire de las experimentaciones del rock sinfónico, "It's a miracle gone" y "Weapon", que juntas apenas sobrepasan los dos minutos dejando durante su transcurso a bandas como Japandroids y No Age como unas hermanitas del la caridad ruidista, dando carpetazo a este excitante viaje con la salvaje "Strong", una tormenta de fuego en toda regla.

Daniel Fern, Bill Fitzgerald y Mike Morales, son los causantes de este artefacto sonoro.

MATTHEW SWEET

jueves, 2 de mayo de 2013
IN REVERSE (1999)

Cielo despejado por fin, sensación veraniega, ánimo por las nubes, el frío y la lluvia se han ido con viento fresco, las chaquetas de abrigo están colgadas de nuevo en sus perchas dentro del armario, se puede salir a dar un paseo ligero con una camiseta de manga corta y unos vaqueros finos...en fin, que la vida cuando hace buen tiempo, mejora ostensiblemente y el sol proporciona una energía renovadora que a mi personalmente me incita a escuchar cosas alegres, optimistas, revitalizantes, pero a su vez no sé porque también me despierta en días como hoy, que anuncian  esa ansiada aparición del clima satisfactorio, el gusto por las guitarras dotadas de presencia. Ante ese capricho que me da de vez en cuando, que mejor que recurrir a este glorioso artista de Lincoln (Nebraska), que lleva tantos años en la brecha regalándonos preciosos pildorazos power-pop a los que aplica un refinado gusto por los solos pegadizos, como solo saben hacer otros genios tales como J.Mascis de Dinosaur Jr. o la plana mayor de Sonic Youth compuesta por Lee Ranaldo y Thurstoon Moore, sobre un manto de genuino rock 'n' roll americano. Un ilustre que siempre viene bien como recurso plancentero, un fuera de serie que aunque no sea un fenómeno de masas, cuenta con una fiel legión de seguidores y un nombre escrito en mayúsculas dentro del escaparate alternativo.

Creo que una de las razones principales por las que me gusta la discografía de este orondo caballero, es por que muchas veces me trae a la memoria los legados de Sugar y R.E.M. pero a una velocidad mayor, una melosidad más amable y una destreza más loable. Aunque tal vez no vayan por ahí los tiros, a mi personalmente me evocan la esencia de esas dos grandísimas bandas, pero también esas otras que el propio Matthew Sweet señala como inagotables fuentes de inspiración, The Velvet Underground y Big Star. La primera, por la que siente una mayor devoción dicho sea de paso, puede que asome tímidante su espíritu en su obra, pero la segunda, abanderada de ese género en el que tan a gusto se maneja, lo hace con fuerza. Sus canciones caminan solas con mucha personalidad, como decir lo contrario a estas alturas sobre un músico reputado con un currículum vitae que consta de quince álbumes de estudio editados a lo largo y ancho de sus treinta y tres años de trayectoria, su carisma está fuera de toda duda, su vitalidad también, su reputación siempre al alza y su número de amistades populares elevadísimo. Con semejante historial solo se puede describir al 'dulce Mateo' como un grande entre los grandes.

Incluído en el clan de formaciones y artistas surgidos de la escena de Athens (Georgia) a pesar de ser originario de otro punto de la geografía estadounidense, hizo buenas migas de joven con varios de los músicos asociados al circuito independiente de esa ciudad, tales como Michael Stipe, con quien formó en sus tiempos mozos el dúo Community Trolls, y la hermana de éste, Lynda Stipe, que le reclutó en su banda Oh-Ok. Con mucho poder de convicción, nuestro héroe del día se labró un espacio y alistó para sus primeras obras a músicos excepcionales por los que además sentía una especial predilección. Gente como Fred Maher, que en su día fue batería de Lou Reed en gira y estudio o Lloyd Cole, fueron antesala nominada de la enorme lista de celebridades con las que se ha juntado este hombre, donde podemos encontrar a Brian Wilson de The Beach Boys, Susanna Hoffs, una de las voces de Bangles, con la que ha editado tres discos de versiones (uno de ellos pendiente de publicación), Darius Rucker, cantante de los otrora populares Hootie & The Blowfish, y los cantautores Shawn Mullins y Pete Droge, con los que formó el supergrupo The Thorns.

Siempre se señalan 'Girlfriend' y '100% fun', como sus obras maestras, y bien es verdad que son dos trabajos imprescindibles para iniciarse en su discurso, pero yo tengo un especial cariño a este viaje psicodélico bien aplicado a su característico y entrañable power pop, ese tratado de auténtico rock nervioso que tan grato sabor deja durante y después de la escucha, por momentos atronador, a ratos divertidamente estridente, y en general apacible, gustoso y mágico. Se abre esta exquisitez con una sección de vientos que recuerdan a los Neutral Milk Hotel más neuróticos, y que sirven para dar entrada a "Milleniun blues", un tema que me recuerda mucho a los Teenage Fanclub más eléctricos, pero también a los maravillosos Sugar, aunque la voz tiene momentos en los que me trae a la memoria a Ozzy Osbourne (sé que suena extraño, pero le veo una cierta similitud, al menos aquí), un inicio rompedor que ya muestra su mejor carta, ese as que no necesita esconder en la manga, su Don para crear estribillos magnéticos, y sin tiempo para paladear ese grato sabor de boca que deja enlaza sin dejar un segundo para asimilar tal gema, nos llega la reposada belleza de "If time permits", en la que ejecuta uno de esos solos marca de la casa, un corte precioso que flota en un colorido optimista y un deje 50's en un ritmo algo cercano a Elvis Costello, y de nuevo, y como hace con casi todas las pistas, otro enlace como si hubiese querido mostrar esta colección de canciones con un sentido conceptual, para que suenen las notas de "Beware my love", un poco de pócima The Beatles, unas gotas de claridad indie-rock y un sentimentalismo barroco al que acaba añadiendo unos arreglos esplendorosos para acabar de dorar la escultura, y efímero parón para la irrupción de "Faith in you", fabulosa pieza enérgica que guarda puntos en común con los The Lemonheads de la primera etapa, "Hide", deliciosa e intimista historia defendida a pulmón y teclas, "Future shock", en la que recurre a la electrónica esporádicamente, algo que notamos en los primeros compases, para luego derivar en otro rico hit melódico, "Split personality", musculosa y guitarrera, muy en la onda de lo que hacen hoy en día Spoon, "Trade places", uno de esos medio tiempos, delicados y sabrosos que tan bien sabe crear desde el ingenio de la ternura, "What matters", una de las mejores canciones del disco, con un slide que la hace deudora del mejor alt-country a pesar de que esté orientada a otras vertientes, "Write your own song", otra perla vitaminada, con todo el arsenal instrumentando irradiando destreza, como si arrancara el séptimo de caballería a la conquista del pop desde un punto de encuentro rock, y "Thunderstorm", un regalo para sus seguidores compuesto de diez minutos en los que empalma tres cortes extraídos de viejas demos.

Sidney Matthew Sweet, contó con la ayuda en el estudio de (agarraros que vienen curvas) Rick Cunha, Bruce y Walt Fowler (veteranos músicos que han tocado para Frank Zappa y Captain Beffheart, además de ser los dos miembros de Fowler Brothers Band) Victor Bisetti, Don Heffington, Tony Marsico, los hermanos Greg y Pamela Kurstin, Rick Menck, John Ginty, Paul Chastain, Brian Kehew, Jim Keltner (septuagenario batería en cuya hoja de servicios figuran trabajos para Bob Dylan, John Lennon, Neil Young, Joe Cocker o Elvis Pressley), Carol Kaye (otra magna señora del estudio que ha colaborado en álbumes de Love, The Beach Boys, Randy Newman, Simon & Garfunkel, The Crystals o Ike & Tina Turner, solo por citar algunos), el antes citado Fred Maher, Greg Leisz (multiinstrumentista de lujo que ha prestado su pericia a gente tan dispar como Bon Iver, Eagles, Eric Clapton, The Smashing Pumpkins, Robert Plant o Bad Religion)  y Jamie Mohuberac (reputado teclista que podemos escuchar aportando su granito en obras de Mike Oldfield, Pet Shop Boys, Paradise Lost, Rod Stewart, Phil Collns, The Rolling Stones o Backstreet Boys...menudo popurrí, verdad?).

AWOLNATION

domingo, 28 de abril de 2013
MEGALITHIC SYMPHONY (2011)

Ha tardado excesivo tiempo pero la vida por fin ha sido justa con un muchacho que a lo largo de los años y a través de infinidad de proyectos ha tratado de llegar a un público masivo para conseguir un reconocimiento más que merecido. Aaron Bruno, ya trabajó duro para que bandas como Under The Influence Of Giants, Home Town Hero e Insurgence (las dos últimas, forman parte en realidad del mismo concepto, solo que usó distintos nombres para diferenciar las dos etapas de las que constó el grupo), llegaran al estrellato dentro del rock alternativo, ya fuera recurriendo al dance-punk bailongo o el post-grunge, géneros que practicaban bandas, respectivamente, y a punto estuvo de conseguirlo, pero sus intentos fallaron por el camino, desistiendo de cada uno de ellos y formando nuevas aventuras con las que también, dicho sea de paso, saciaba su aptitudes creativas. No fue hasta que sentó las bases de estos AWOLNATION y creó una serie de hits efectivos para la pista de baile que logró su propósito, tampoco de una manera abrumadora pero si con la suficiente relevancia como para colar un par de sencillos en las cadenas musicales estadounidenses y en las fm's más populares del país. Lo curioso del caso, es que gran parte del éxito que ha tenido el debut de su recién nacida banda, se lo deben a un par de norteamericanas, Shawna Howson y Tessa Violet, que hicieron un vídeo (dando la alternativa cómica al original) para uno de esos cortes y lo colgaron en YouTube consiguiendo mas de cuarenta y siete millones de visitas, un reclamo fundamental para que su grito haya sido escuchado a nivel mundial.

Gracias a ese divertido encuadre audiovisual escuché uno de sus temas por primera vez, y la verdad es que aunque lo que se veía ahí era gracioso, estaba muy bien hecho y, porque no decirlo, las chavalas eran bastante guapetonas (no se me ofenda usted, señora Esmiz, que ni a la altura del betún le llegan acorde a mi gusto), lo que me caló fue la canción. Mi viejo amigo Oscar me la dio a conocer, y con ella descubrí una nueva manera de abordar la electrónica desde un punto de vista accesible. Me recordó en un principio a lo que hace el francés Vitalic, pero al entrar la voz pensé en otras cosas como Electric Six, y luego al acabar me vinieron a la cabeza gente como Grouplove, Naked & Famous o Walk The Moon, que haciendo algo similar en concepto, pueden servir para que citándolos podáis haceros una idea de por donde van los tiros si todavía habéis oído nada de ellos. Nada queda de la inconformidad estilística de antaño en el cerebro del Sr. Bruno, aquí ejecuta un mensaje directo que apenas tiene que ver con aquellos devaneos grunge de sus inicios, aunque en las filas del grupo se hallaba en los créditos del disco que nos ocupa, al guitarrista de Blind Melon, Christopher Thorn, toda una institución del panorama alternativo que aquí impone su criterio para dar a las canciones de esta ópera prima un toque personal que permita al oyente no caer en el recurso fácil a la hora de catalogar su sonido como altamente comercial. La música del quinteto mantiene el equilibrio sobre una delgada línea que separa la originalidad del artificio, y es probable que ahí precisamente resida su encanto.

Esta puesta de largo, que pronto tendrá su continuación según dicen, vino precedida de dos Ep's que ya les pusieron en un lugar de privilegio, o mejor dicho, en buena posición para afrontar la carrera de obstáculos que preveían en vistas de lo que había sido su anterior evolución, pero no fue así, pues la apuesta de su nuevo sello discográfico (el novato Red Bull Records, que cuenta con tan solo siente grupos en su catálogo) fue firme y promocionó bien su obra cediendo temas a multitud de entidades publicitarias que a su vez las prestaron para diversas bandas sonoras, spots y series de televisión. En un corto período de tiempo se podían escuchar piezas suyas en un anuncio de cierta multinacional de ropa y calzado deportivo (concretamente en el que presentaba las nuevas zapatillas del prometedor jugador de Minnesota Timberwolves, Derrick Williams), en otro de teléfonos móviles, en las películas 'The Playback' y 'Iron Man 3: Heroes Fall', y en episodios de 'House', 'Sons of anarchy', 'The good wife', 'Rookie blue' y 'Vampire diaries'. Era casi imposible no toparse con un tema suyo en la programación televisiva norteamericana, con lo que era difícil que la cosa no fraguara y más cuando la vendedora Macy Gray incluyó una de sus composiciones en su disco de versiones.

'Megalithic symphony', primer largo de los de Los Angeles (California), no pasará a los anales de la historia, pero entretiene y mucho, además de que es ideal para echarse unos bailes caseros y callejeros. Buena parte de la culpa la tienen pistas tan enervantes como "Soul wars", enrabietada y furtiva, con esa voz rabiosa que emula del vocalista de los extremos Disturbed y ese compás trotón que se acerca al universo de los belgas Soulwax, "People", con un inicio que perfectamente podría haber ideado Kanye West, aunque musicalmente puede recordar un poco más a The Avalanches (aunque mucho más accesible que lo que hacen los australianos), "Jump on my shoulders", en algún lugar entre Savage Garden e Infadels, una pieza de clara orientación pop con una melodía y estribillo alegres, "Burn it down", rozando el despiporre eléctrico de Eagles Of Death Metal, con una distorsión abrasiva y un ritmo trepidante, "Guilty filthy soul", en la que entonan unas estrofas de alma soul sobre una base que puede traer a la memoria a los N.E.R.D más clásicos, los que con sus falsetes y escarceos funky bordan su tratado, "Kill your heroes", un hit efectivo amparado por una melodía golosa, una pieza que llevaría el peso de estrella del lote de nos ser por la que le precede, "Sail", sin duda el emblema de esta banda, su mayor logro, una de esas maravillas que sirven de aval para una trayectoria, la misma que como os comentaba antes, cuenta con una versión en vídeo de esas dos zagálas y con la reelctura de la afamada cantante afroamericana, un brutal rompesuelas de emoción contenida y sonoridad rebosante, "Not your falt", más cercana a la nueva ola post-punk, en algún punto intermedio entre Every Move A Picture y Maxïmo Park, pero con una armonía que contrasta por su empalagosa tendencia emo.

En resumen un trabajo que puede provocar muchas discrepancias entre la legión de adeptos a la música independiente o alternativa, a mi se me hace muy ameno. Entiendo que haya división de opiniones pero esto se trata de que te haga pasar un buen rato sin más cera que la que arde, así que ahí lo dejo a ver si alguien opina como yo. Aaron Bruno, Devin Hoffman, Hayden Scott, Christopher Thorn (poco después le sustituyó Drew Stewart) y Kenny Carkeet era la formación de AWOLNATION (nombre que procede del mote que tenía su vocalista en el instituto) en el estudio contando además con la ayuda de David Amezcua, Billy Mohler, Jimmy Messer, Brian West, la Watts Choir, Arielle Verinis, Cameron Duddy, Curtain$, Tarrah Toland y Tony Royster Jr.


LITTLE DRAGON

miércoles, 24 de abril de 2013
MACHINE DREAMS (2009)

En Capadocia (región que cambia de nombre según el lugar donde se explique), había un dragón que la tenía tomada con el reino, así que pasado un tiempo, asustados y desesperados, los lugareños decidieron entregarle cada día dos corderos al gigantesco bicho para satisfacer su hambre y que no atacase nunca más la villa. Pero cuando los animales empezaron a escasear se decidió enviar a una persona escogida por sorteo. Aquella familia que veía cómo uno de los suyos era devorado por aquella temida figura, recibía a cambio, todo tipo de riquezas como compensación, porque era pan de cada día el ver como el plan fracasaba. Tras un largo período en el que las muertes de la gente de a pie se sucedían, el pueblo se cansó de que ningún miembro de la realeza fuera enviado y por tanto presionó para hacer ver que debía ser alguien de sangre azul quien fuera devorado. Causó efecto el clamor popular y se mandó a la princesa hasta la cueva del dragón, cayó al llegar en las redes del mito y fue secuestrada, pero allí se encontró al caballero Jorge, que acabó con la amenaza clavándole su espada, y cumpliendo su cometido de galán al rescatarla. De la sangre que brotó del cuerpo sin vida del monstruo nació una rosa roja que el caballero le entregó a la noble muchacha. Luego imagino que aprovechando la intimidad del lugar se dejaron llevar por la pasión del momento y completaron una jornada lujuriosa jugando a los médicos. Vale, puede que la última parte, la física, me la haya inventado (o no?), pero así se conoce la historia del patrón de Aragón, que también lo es de Cataluña, Inglaterra, Georgia, Portugal, Etiopía, Bulgaria, Cáceres, Alcoy, la ciudad argentina de Pichanal y Tumbuctú, como también lo es (aunque suene a broma) de los Boy Scouts.

Comento esto, porque ayer se celebró el 'Día de San Jorge', y no pude hacer una entrada relacionando el tema con música debido a un problema de espacio y logística, ya que pasé casi todo el día fuera de casa y al volver, tras una tarde de andar de arriba a abajo recorriendo el paseo de gracia barcelonés con una pareja de amigos del pueblo que había venido a que les firmara ejemplares una escritora, solo tenía ganas de sentarme frente al televisor para ver el Bayern-Barça y tras finalizar el encuentro de lo único que tenía ganas era de hacerme el hara-kiri (que descalabro azulgrana, por Dios), así que como nunca es tarde si la dicha es buena, traslado la idea a hoy, porque además hace una estupenda mañana y me apetece bailar hasta que caiga la noche, más que nada porque desde hace un rato tengo puestos de fondo los revitalizantes temas que componen el segundo disco de Little Dragon, banda cuyo nombre me viene al pelo para introducir este post. Una banda de Göteborg (Suecia), que al igual que Asobi Seksu, Deerhoof y Blonde Readhead, cuenta con una vocalista de descendencia japonesa al frente.

El cuarteto se distingue por practicar una suerte de electrónica ramificada en estilos como el dream-pop, el trip-hop, el neo soul, el downtempo y el synthpop, en la que todo cabalga a un ritmo movido, seductor, provocador y, porque no decirlo, ciertamente afrodisíaco. Su música incita a un movimiento de caderas que sube la libido, despierta las emociones y rechaza tanto la vertiente chicletera del electropop de los 80's como la crudeza artificial y elemental de lo que se cuece en esa acuarela de géneros que acarician con un fino pincel, para quedarse a cavilar en tierra de nadie apostando por ejecutar una labor muy personal que no entiende de comparaciones obvias. Mas en la onda de lo que hacen sus paisanos The Knife, que de la gran mayoría de formaciones que parten la lana dentro del electroclash de melodías accesibles, se fundaron a mediados de los 90's, empezando su andadura desde la amistad que les unía por compartir aula en el instituto, y casi una década después, tras muchas horas echadas en el local de ensayo, por fin su esfuerzo se tradujo en material oficial con la de un par de 7" que fueron la antesala de lo que significaría su debut en larga duración con título homónimo.

En la actualidad, con una fama discreta pero destacable al fin y al cabo, ya cuentan con tres álbumes de estudio y han colaborado individual o colectivamente con gente como Gorillaz (gran parte de su éxito se lo deben a la banda virtual de Damon Albarn), su paisano José González (dos de sus miembros estuvieron en la grabación de su flamante 'In our nature'), Maximum Ballroom (proyecto paralelo del guitarrista de Tv On The Radio), Raphael Saadiq, Dj Shadow y SBTRKT (que han tenido la voz de Nagano como invitada de lujo en alguno de sus álbumes). Se puede decir que con su presencia en todos esos recovecos sonoros se han ganado un lugar de privilegio en el panorama independiente a nivel mundial, así como por canciones tan extraordinarias como las once que componen este genial 'Machine dreams'. Cundan como ejemplos dignos, "A new", repleta de drones digitales inundados en elipses como un pensamiento inacabado, un corte delicioso, que recuerda a la inditrónica de Populous y Au Revoir Simone, pero que encajaría en cosas más nocturnas como la banda sonora de 'Drive' o sin ir más lejos, en el ideario de Chromatics, una de las bandas que participaban en dicho score, un inicio embriagador que nos pone en situación para afrontar el resto del minutaje con la esperanza de estar ante una obra compleja llena de sorpresas, "Looking glass", gancho eficaz para atrapar a un público amplio porque puede deleitar tanto a los adeptos de los primeros hits de Madonna, como a los que se dejaban llevar en aquella era por el desliz seductor de los olvidados Miami Sound Machine o la energía adolescente de la alemana Nena, referencias no muy habituales dentro de lo que se suele nombrar a la hora de describir el espejo en el que se miran los coetáneos de nuestros protagonistas de hoy, y claramente orientadas a la ofrenda de algo distinto dentro de las deudas ochenteras de la mayoría, "My step", soberbia pieza que crece constantemente, empezando con un compás próximo a Chicks On Speed, pero en clave oscura, y añadiendo sobre la marcha una base que emula el "The invisible man" de Queen, un tema descomunal que no sé si decir que es mi favorito del lote, porque cada uno brilla a su manera y cuesta mucho tener predilección, "Feather", enorme, intrépida, atmosférica, a mi juicio, algo cercano a lo que hacía Stone Gossard con sus Brad, a pesar de sus estilos estén muy alejados en su concepto, mucho más sobrio y afín al trip-hop que cualquiera de sus antecesoras, "Never never", con una batería robusta marcando el ritmo con la delicada, sugerente, sensual, seductora y frágil voz de la nipona llevando la batuta, una pista que une los imaginarios de Air, Two Lone Sordsmen y el Laurent Garnier más ambiental, "Runabout", espectacular en su incitación a la animosidad desacomplejada, luminosa, bailonga y festiva, enésima genialidad surgida del talento de este fabuloso grupo, "Swimming", que al escucharla lo único que me viene a la cabeza es pensar que Foster The People conocen bien a esta banda, una canción alegre y pizpireta que vuelve a trasladarnos a la edad prolífica del pop, "Blinking pigs", o lo que harían Beach House con un poco más de nervio aplicado a su cerebro, una marca retrofuturista con un envoltorio de técnica preciosista adornada con un estribillo sabroso, y "Fortune", coqueteando con el jazz electrónico como tan bien hacían en sus inicios los británicos Lamb. En definitiva una obra magnifica que sobrevive de lujo en la independencia aún asomando mucho la cabeza en el bulevar del mainstream poniendo al servicio del consumidor unas coordenadas R&B, que entran a la perfección.

Little Dragon son Erik Bodin, Fredrik Källgren Wallin, Arild Werling y Håkan Wirenstrand. En este penúltimo trabajo de su discografía (hace un par de años nos llegó 'Ritual union') participaron también, Dimman, que pone voces en la cuarta pista del álbum y La Scrocka, seudónimo bajo el que se esconde la cantante danesa Kira Skov (líder de la banda indie-rock Kira & The Kindred Spirits), y que aquí participó tocando los timbales en la séptima.

IMA ROBOT

martes, 23 de abril de 2013
ANOTHER MAN'S TREASURE (2010)

Ya estamos todos! me faltaba completar la trilogía aventurera del gran Alex Ebert y con Ima Robot cierro esta pirámide creada para que el talento de este hombre se manifieste musicalmente. Si con Edward Sharpe And The Magnetic Zeros, su proyecto más reconocido, ofrece una dosis de folk coral obsesionado en los estribillos accesibles, las melodías libertarias y una actitud hippie, y en Alexander, su divertimento en solitario, ofrece un indie-rock de ligeros aires africanos con tendencia a abrirse a otras sonoridades alejadas de su procedencia, amén de volver a sacar su lado más informal, aquí se viste de etiqueta, recurre a elementos electrónicos y muta en un ser diametralmente opuesto, cercano a la elegancia y la reivindicación del legado de viejas glorias de otras épocas como Lou Reed y David Bowie, pero con un filtro de modernidad estilística que hace de su propuesta algo muy atractivo. Apuesta Ebert (nada que ver con el centrocampista alemán del Real Valladolid, pues sus apellido son mera coincidencia) por un discurso que navega sobre una amplia paleta de estilos, tales como el synth-pop, la psicodelia, el dance-rock y la new wave ochentera e incluso varía un poco su registro vocal adaptándolo al tipo de instrumentación, refinando el tono y sacando a la luz toda su capacidad. No obstante aunque nos parezca mucho más sobrio y sofisticado en un principio, finalmente si analizamos bien lo que podemos escuchar en los discos de este sexteto de Los Ángeles (California), tampoco vemos una diferencia tan abismal, e incluso alguno de sus cortes encajaría en cualquiera de sus otros dos pasatiempos sonoros.

Fue este su primer vehículo y al que más tiempo ha dedicado desde entonces a pesar de que sus otras historias le roben suficiente tiempo como para que la cosa no sea tan constante como debería. La muestra está en el hecho de que en su quince años de trayectoria tan solo han publicado tres álbumes de estudio (aunque en su defensa hay que decir que por medio existen seis Ep's que han cubierto un poco la ausencia de material en las esperas). Comenzaron fuerte su andadura con un joven Alexander asumiendo el liderazgo como creador de la banda, aunque en sus filas estaban por aquel entonces dos músicos que venían de tocar en la banda de Beck, el bajista Justin Meldal-Johnsen, que antes de entrar en Ima Robot había sido también parte implicada en discos de Moby, Manowar y Tori Amos, y que luego se le vio en giras de Nine Inch Nails y en obras de Goldfrapp, Jamiroquai, Macy Gray, The Might Be Giants, M83 y un etcétera interminable, y Joey Waronker, dotado batería que ha trabajado como fijo en formaciones tan grandes como R.E.M., y los recientemente fundados Atom For Peace (con Thom Yorke de Radiohead y Flea de Red Hot Chilli Peppers al frente), además de ser reclutado en varias ocasiones por celebridades del cálibre de Paul McCartney, Leonard Cohen, Johnny Cash, Daniel Johnston, Tracy Chapman o Cat Stevens (el currículum de este es todavía más abismal que el de su antiguo compañero).

De aquellos inicios se recuerda que fueron muy duros económicamente hablando y que incluso corrió peligro su continuidad, hasta que de golpe y porrazo firmaron con una multinacional (Virgin). En el camino perdieron a los dos músicos citados y a Oliver 'Oligee' Goldstein, quedando la formación en trío y editando su primer plástico de nombre homónimo. Unas cuantas giras abriendo para Hot Hot Heat, Hoobastank, The Von Bondies y The Sounds ayudaron a que creciera su popularidad y de ahí a la consolidación con la salida de 'Monument to the masses', tras una temporada de parón debido a la progresión del grupo paralelo de su líder. Este disco sonó bastante en las fm's independientes de su país, especialmente "Creeps me out", uno de los dos sencillos extraídos del álbum que como había sucedido con el que sirvió de presentación de su debut, el fabuloso "Dynomite", generó mucha atención. Un par de trabajos espléndidos pero en lo que se notaba un pelín que estaban bajo el amparo de una 'major'. La diferencia entre grabar para una discográfica grande y hacerlo para una pequeña se nota en la atmósfera, en lo pulido que suene el resultado para bien y en lo encorsetado que puede estar un mensaje para mal, por eso hay que decir que el cambio que supuso volver a los orígenes y firmar por Werewolf Heart Records fue muy positivo.

'Another man's treasure', fue la primera referencia editada tras despojarse de las cadenas de la industria comercial y por ello, su cumbre. Aquí todo luce desde un escaparate abierto a sus inquietudes, distanciándose de su lado más bailable para navegar en aguas oscuras y experimentales, mucho más personales y profundos sin dejarse llevar por la corriente post-punk, haciendo constantes guiños a la edad dorada del pop, pero sin recurrir al cliché barato. Comienza con una intro de cincuenta segundos llamada "One man's trash", que parece querer anunciar a bombo y platillo la nueva cara de Ima Robot destapada del todo en "Ruthless", una pieza de vientos nómadas para afincarse en un universo que vocalmente recuerda al Perry Farrell más relajado, el que vimos en solitario tras la ruptura temporal de Jane's Addiction y la desaparición definitiva de Porno For Pyros, aunque también trae a la memoria a Gruff Rhys de Super Furry Animals en algún momento, con un bajo ensoñador que tanto se acerca al pop electrónico sinfónico de Air como al sintetizado de Monaco, una maravillosa apertura que sobrepasa los seis minutos y medio de duración y que muy posiblemente sea el mejor corte de su carrera, "Sail with me", ampulosa pieza que  recupera la esencia de The Velvet Underground, lisérgica, alucinógena e hipnóticamente espacial, "Rough night", mucho más encaminada a lo que hace Alex Ebert en solitario, juguetona y divertida como las que componen los últimos discos de Peter Björn And John o (y no quiero ser pesado, porque siempre digo lo mismo de algunas de sus composiciones) las bandas sonoras de las pelis del binomio Terence Hill-Bud Spencer, con esos toques africanos que también podrían pasar por un italo disco al ralentí, "Life is short", que se podría definir como una especie de cruce entre Ween y Animal Collective, colaborando de mutuo acuerdo con Bowie, una pista que combina reggae con synth-pop de modo que con ese contraste excepcional uno se quite el sombrero ante su destreza para hermanar estilos tan ajenos, "Pass it on", festiva y divertida dentro de su fondo instrumental preciosista, pues en su letra e interpretación hay mucho desenfado y alma de himno tribal, redondeando con un final desnudo en el que solo se oye caer la lluvia, "Shine shine", intimista hermosura acústica, que roza el folk extrovertido, aunque los teclados le dar un tapiz melancólico, una tonadilla bien bonita que rematan con sutiles vientos y unos juegos vocales altivos en la parte final, y "Swell", ritmo reggeton para captar la atención de manera brusca, buscando la insistencia en el compás
y desarrollándose de forma instrumental en su práctica totalidad.

Ima Robot son Alex Ebert, Timmy 'The Terror' Anderson, Filip 'Turbotito' Nikolic, Jason "Computer Jay" Taylor, Jonas Petri Megyessi y Orpheo McCord, que contaron en este álbum con la colaboración de Scott Devours, el famoso actor Lukas Haas, Audrae Mae, Lars Vognstrup y William "Smitty" Smith.