EARLY MOON

martes, 19 de agosto de 2014
SONGS WITHOUT A VIOLINIST (2014)

Antes de partir rumbo a mi estimado pueblo para disfrutar de un par de semanas de vacaciones, quiero dejar por aquí un disco que me ha enardecido del primer al último minuto y que además ha caído en mis manos como agua de Mayo en un momento en el que estaba atravesando una pequeña crisis de aceptación musical. Salvo contadas excepciones, la mayoría de novedades que he ido escuchando durante este año, no me han calado muy hondo, no porque estén exentas de calidad, pues Dios me libre a mi, que soy un ignorante a la hora de apreciar la destreza, de poner en tela de juicio la valía de un contenido sonoro, si no porque no he dado con nada que me haya parecido innovador o genuino. Un alto porcentaje de esas buenas nuevas en formato de larga duración, caen en la pretenciosidad, engordando todo con artificios electrónicos que se pierden en el olvido, al menos desde mi humilde punto de vista, y otros se quedan en el umbral oscuro del revival o mas bien de la retrospectiva sin mejorar lo que se creó antaño, con lo cual, quitando unos cuantos grupos que siguen sin defraudar por contar con una dilatada carrera a sus espaldas que les hace incorruptibles, y unos escasos artistas noveles que sorprenden por el gesto espontáneo de ofrecer algo cercano, este está siendo un ejercicio con altibajos, y es precisamente por eso, que celebro que por circunstancias de primera mano, pueda toparme con trabajos que nacen desde la más profunda y auténtica vocación como es el caso de este formidable 'Songs without a violinist' de Early Moon.

Por gentileza de su propio autor, he tenido acceso a este proyecto y enseguida que me hice eco de su procedencia supe que me iba a gustar, porque anteriormente a aventurarse en esta historia personal, este artista estuvo inmerso en las filas de los geniales Kirlian. Aquel grupo de Buenos Aires (Argentina), a cuyo disco de debut tuve acceso también por obra y gracia de sus fundadores, hizo mella en mi con un tratado evocador, y atraído por saber por donde iría encaminado el imaginario de uno de sus miembros tras la triste disolución del quinteto, acudí a la bandcamp para saciar esa curiosidad, pero antes de alabar las virtudes de esta ópera prima quiero contar como empezó a fraguarse la idea.

Tras un impasse de cerca de tres años utilizado por nuestro protagonista para centrarse en sus estudios de arquitectura, una buena tarde a finales del año pasado, mientras su eléctrica y los pedales de efectos seguían acumulando polvo, entró a un local de venta de instrumentos con la intención de comprar un violín, pero se distrajo un largo rato probando guitarras criollas. Tal fue la experiencia con lo que allí gozó que finalmente optó por olvidar su primera intención y salió de la tienda con una preciosidad con cuerdas de nylon, que a la postre sería su mayor compañía, junto a un bouzouki, a la hora de crear esta joya de significativo título. Con esa nueva guitarra, una tarde empezó a tocar, y cantar (cosa que jamas había hecho antes), y salieron un par de canciones, sencillas, pues según cuenta, nunca fue de mejorar mucho lo que salía espontáneamente, amparado en la creencia de que pierde la naturalidad, que si la canción nació así es porque debía ser así, que si la construyes y luego la modificas deja un poco de ser lo que era, y yo como admirador de esta premisa no puedo estar más de acuerdo aún siendo un simple oyente. De esa manera sus composiciones se pueden describir como honestas, muy personales.

Volver a disfrutar de su hobby desde la más profunda humildad y con el reclamo que suponía activar parte de la esencia de su anterior banda, por la posibilidad de contar con la estrecha colaboración de esos compañeros de grupo que considera amigos por encima de todo, fue todo uno, y la magia que fluye de un acontecimiento tan sano como es compartir la pasión por un medio común, se percibe en cada nota de estas ocho magníficas piezas que se concibieron en idílicas jornadas de compadreo vividas en su casa y en la de su colega Adrián Torres (otrora componente de Kirlian), al cual recurrió para que le prestara un micrófono y acabó siendo parte implicada en la grabación. Plasmado queda en pistas tan íntimas como "Rain in the desert", que deja a las claras que estamos un discurso cargado de emotividad, sin necesidad de caer en cuentas pendientes, solo con una teclas y unas cuerdas, apoyando una voz dotada, cálida, con un resplandeciente tono de optimismo, un tema precioso que hace honor a su nombre, pues es tan refrescante como un chaparrón en pleno desierto, recordando un poco, solo por buscarle un símil, a lo que hacían The Flaming Lips en su primer etapa o a unos The Jesus And Mary Chain totalmente reconciliados con la luz, "Night in darkness", como si Bradford Cox, viera la luz al final de túnel cuando muta en su alter-ego Altlas Sound, quizás mi favorita del lote, aunque rayan todas a la misma altura sin bajar el nivel en ningún caso, una canción donde destacan las polifonías y esos acordes nostálgicos que a mi particularmente me suponen un halo de esperanza mental, "Maaneland", querencia lo-fi al más puro estilo del indie-rock noventero, rompiendo una lanza en favor de la melancolía, "Sellanraa", donde reluce sobremanera ese hipnótico instrumento de origen griego que cité antes y que cuenta con la participación de Nicolás Melmann (quien también colaboró repetidas veces con Kirlian en grabaciones y algunos conciertos), prestando su intimidante voz (la cual me trae a la memoria a Tom Waits, aunque no sean calcados) y le sumó a la canción con su pericia en la percusión y la melódica, aires mediterráneos y el espíritu de The Doors planeando en el ambiente distorsionadamente, sin hacer acopio de revelación, incluso me atrevería a decir que en sus dos minutos y pico de duración, se vislumbra más herencia del gothic-folk de The Denver Gentlemen o Michael J.Sheehy, "Meetings with an angel", dulce armonía entre lo bucólico y lo etéreo, exquisita en su exposición, con la nitidez de su voz cubriendo tejidos de fragilidad y dando fe a su mayor logro, que no es otro que sonar pulcro y bálsamico sin alarde, "The kids make me breathe", otra delicia que sumar a esta joya, una instrumental, un par de minutos exactos de libertad para que la esencia personal de cada uno dibuje letras en espacios abiertos, y con un claro sabor americano al igual que la formidable "Memories of a false temple", una sorpresa mayúscula porque pasa por ser una reunión de Kirlian en la que se reverdecen laureles sin acudir a su vieja identidad, pues tampoco es necesario cuando lo que importa de verdad es adaptarse a un deseo, en este caso el de , que tenía en su cabeza lo que quería y ellos, que son unos 'monstruos' como bien dice él, captaron todo de tal manera que no solo lo bordaron si no que ni tan siquiera necesitaron pulirla, la dejaron tal cual se fraguó y el resultado fue óptimo, y "Trompe l'oeil", broche de oro que juega con el mismo doble sentido que lo hace esa técnica pictórica que se basa en el intento de engañar la vista jugando con el entorno arquitectónico, la perspectiva, el sombreado y otros efectos ópticos, consiguiendo una realidad intensificada y que da nombre a una clausura musical perfecta.

Early Moon, tuvo la ayuda de Kirlian al completo, es decir, Mario, Lucho, Pájaro, Ardil y la presencia espiritual de Lion, y de Nicolás Melmann, en momentos puntuales, pero él solo se encargó del resto además de producir a medias con Adrián Torres. Próximante verá la luz una pequeña edición en cassette de este trabajo y entre sus proyectos a corto-medio plazo se encuentra la creación de un sello propio. Habrá que estar alerta. Dejo el disco en widget de Grooveshark, pero también enlazo su bandcamp, desde donde se puede descargar el disco de forma gratuita.

http://earlymoon.bandcamp.com/releases

EXITMUSIC

lunes, 11 de agosto de 2014
PASSAGE (2012)

Cambio de tercio estilístico aunque sin abandonar las voces femeninas con personalidad. Hoy toca brumosidad, atmósferas tejidas sobre celofán y terciopelo de color burdeos, dream-pop etéreo, construido en una superficie cubierta de tonalidades electrónicas intemporales, para dar un toque totalmente genuino a un proyecto proveniente de Brooklyn (New York), compuesto por un músico y una actriz, que tienen un ojo puesto en el imaginario de gente como Portishead, Radiohead, Sigur Rós o Beach House, y otro en el legado de Mazzy Star y Cocteau Twins. Un trabajo concreto, 'Passage', su debut para una discográfica tal como Secretly Canadian (caballo ganador en estas lides), tras un primer lanzamiento autoeditado, titulado 'Decline of the west', y un EP, ya bajo el amparo del sello, al que bautizaron como 'From silence', es el que me sirve como motivación para escribir estas líneas y animarme a buscar las palabras adecuadas para hacer que le apetezca escucharlo al ávido lector que todavía no haya disfrutado de su propuesta, la cual todavía no ha alcanzado una consolidación absoluta, pero que se presume creciente si sus autores dedican tiempo suficiente como para que se convierta en una prioridad por encima del resto de sus facetas artísticas.

Y es que como comentaba antes, Exitmusic es el capricho musical de Aleksa Palladino, una interprete de reparto que en los últimos tiempos se ha hecho medianamente popular por su aparición en la serie 'Boardwalk empire' y su breve periplo como invitada en 'Los Soprano, en cuyo currículum vitae figuran pequeños papeles en películas como la cruda 'Cosas que no se olvidan', del siempre polémico y transgresor Todd Solondz, 'Antes que el diablo sepa que has muerto', del tristemente desaparecido Sidney Lumet, donde compartía escenas con el incomparable Phillip Seymour Hoffman, o 'Manny y Lo', en la que además de debutar, realizó su primer y único personaje protagonista hasta la fecha, además de compartir las secuencias principales con otra dama reconvertida a cantante a posterioridad, la afamada Scarlett Johansson. Y claro, como no podía ser de otra forma, las comparaciones surgen con la diva neoyorquina, porque sus carreras han progresado de un modo muy distinto incluso en lo musical, a pesar de que el talento de nuestra heroína del post que nos ocupa, sea bastante superior en este campo.

De hecho ella tuvo interés en desarrollar sus dotes para el canto y la instrumentación a temprana edad, incluso antes de comenzar a actuar profesionalmente y presentarse a castings para trabajar en filmes de bajo presupuesto. De casta le venía al galgo porque en la adolescencia escribía canciones con el deseo de que algún día llegaran a plasmarse en formato oficial, mientras su madre se ganaba la vida cantando ópera y sus abuelos eran pintores. Una familia de creadores inquietos, que evidentemente sirvieron de influencia para esta muchacha que rápido se animó a componer junto al que después sería su marido y compañero de viaje en esta exquisita aventura, Devon Church, quien también es otro trasero de mal asiento, un intrépido que antes de conocerla había vivido en la India y Taiwán, donde desarrollo sus conceptos y percepción sonora. Experimentaron con su grabadora de cuatro pistas, construyendo capas y arreglos celestes, evolucionaron en el entendimiento del software para echar mano de las nuevas tecnologías, y se lanzaron al ruedo del directo y la búsqueda de hogar discográfico al mudarse a Los Ángeles (California), con el objetivo prioritario de buscarse las abichuelas en la rama cinematográfica, pero con la sana ilusión de hacer progresar las miras de su plan armónico.

Fue un movimiento audaz, puesto que allí se les abrirían las puertas de par en par para que su mensaje llegara a oídos de la industria y entrara de lleno en el circuito de salas californiano. Unos años después, con la trayectoria de la vocalista y emergente estrella televisiva en su culmen gracias a su alter-ego, Angela Darmody, esposa en la ficción de Michael Pitt en el brillante drama mafioso ambientado en los años 20's y que ofrece la prestigiosa HBO, el dúo está centrado en su labor conjunta con la calma de los que no necesitan hacer cuentas a fin de mes con lo que le da su primordial afición. Eso se percibe en la líneas imaginarias que transcriben este fascinante tratado que fue grabado en pleno rodaje y emisión de su faceta más popular. El contenido es fabuloso, personal e intransferible, sin medias tintas, o te atrapa o te incomoda. Se apoya en melodías polifónicas transgénicas, una voz sin parangón, andrógina en cierto manera (cuesta diferenciar sin saberlo de antemano, si se trata de un registro masculino o femenino), algo que choca con la delicadeza del aspecto de su anatomía, y aparte de ese gancho que sin duda es el punto fuerte de esta propuesta, está la destreza instrumental, los horizontes que maneja el bueno de Devon a su antojo, dando muestras de una inteligencia ideal como complemento.

Todo se traduce en piezas tan herméticas como la homónima que abre el disco, repleta de sonidos ricos en elucubraciones, con un respirar que emula una emoción contenida, de significativa épica, como un boomerang de sensaciones que abre huecos para asomar la cabeza en espacios de desatada nostalgia, un inicio prosaico y furioso que pasa por ser solo la punta de lanza de unas pistas llenas de mal humor, versos susurrantes oscuros y coros al alza. Sin embargo a medida que avanzan sus minutos uno va disfrutando de una rara caricia de esperanza durante la escucha. Para comprobarlo es necesario oír "The night", con su ritmo reiterativo y el uso de las voces como un aparatejo más, antítesis de "The city", que es mucho más tristona y densa, pero cabe decir que son muy afines porque en boca de Palladino, se convierten en belleza íntima, algo que muy posiblemente solo Victoria Legrand, consigue dentro de estos géneros en los que se manejan ambas. A partir de ahí, superados los primeros compases del álbum, su gutural vibrato cubre todo, dejando en un segundo plano lo demás. La machacona y afligida "White noise", corrosiva en comedidos soplos de distorsión a colación de los numerosos pedales de efectos que utilizan, "Storms", cercana a los primeros M83 y es que sus pinceladas electrónicas tienen un embriagador aroma francés que no le hace ascos al shoegaze, "The wanting", que al son de las teclas de un piano cristalino, puede traer a la memoria a Broken Social Scene cuando los canadienses se recrean, y "The cold", mi indiscutible favorita, una proeza sonora que eriza el vello y es capaz de hacer volar al oyente (al menos conmigo lo consigue...en esencia, claro) y que fue con la que supe de su existencia, al aparecer en el último episodio de la recién acabada cuarta temporada de la versión estadounidense de la serie 'Shameless', durante una escena escalofriante por su carga emocional y que me es imposible desasociar de lo que representa este tema. Todo raya al mismo nivel y eso es de agradecer, con lo que solo me queda decir que este es una obra redonda.

El feliz matrimonio compuesto por Aleksa Palladino y Devon Church, tuvo la ayuda en el estudio de Dru Prentiss (ex-miembro de Zaza, proyecto que montó Jennifer Fraser tras su salida de los psicodélicos The Warlocks) y Nick Shelestak.

TARNATION

miércoles, 6 de agosto de 2014
MIRADOR (1997)

Mucho tiempo atrás, estuve echando una timba de póker casera con los amigotes del basket en el terrado de uno de ellos, pasando un frío desgarrador pero disfrutando de conversaciones amenas, buenas risas y mejor música. Era un sensación agridulce, pero pensé que sarna con gusto no pica y ni siquiera me arrepentí del dürüm que me metí entre pecho y espalda como cena, que me provocó un desenlace nocturno algo desagradable que afortunadamente se solventó pronto, al llegar a casa y relajarme en el sofá para hablar con mi pasión femenina hasta altas horas de la madrugada poniendo un grato broche a una velada idílica viendo un episodio de 'Oz'. Así nos tomábamos las concentraciones en mi equipo, con whisky, haciendo piña y desgastando suela en antros de mala muerte los más jóvenes y reposando en su hogar los veteranos, como mandan los cánones en una plantilla amateur. Lo bueno es que somos una piña dentro y fuera de la cancha y nos unen muchos gustos como las melodías que nos entran al oído en esas reuniones, como fue el caso ese día, enchufando nuestras selecciones del mp3 a una pequeña radio y gozando con la banda sonora de la jornada. De lo que llevé yo, que suele ser lo más raruno, todo hay que decirlo, les gustó a la mayoría esta olvidada banda de San Francisco (California), que muchos consideran de culto dentro del alt-country  menos complaciente con las masas.

Os preguntaréis que a santo de que recuerdo todo esto ahora, a toro pasado, y la razón es que justo dos días después sufrí la lesión que me apartó de las canchas, y hoy ha venido a mi memoria aquello, al ver esta entrada en borradores, donde la tuve que aparcar de manera indefinida por la frustración de releer las líneas escritas y ver que luego vino un golpe duro. Ha pasado rápido el tiempo y me ha parecido bien conservar la introducción añadiendo unos puntuales cambios, porque después de todo, lo que interesa es comentar este magnifico disco y escuchándolo en esta soleada tarde me ha invadido un sentimiento optimista, de los que te hacen reflexionar sobre la magnitud de las cosas. Y es que a pesar de que su sonido se asocie al alt-country oscuro, para mi es balsámico cuando en él entra la luz. Además, haciendo un paralelismo con la cuestión de como vamos viviendo los acontecimientos, Tarnation, nunca tuvieron un reconocimiento desmedido y su esencia se evaporó tras un periplo tan discreto en fama como lustroso en calidad. Su idilio como banda duró bien poco, apenas cinco años, pero dejó como herencia tres álbumes es estudio preciosos.

Su trayectoria fue de menos a más, evolucionando de manera firme y dejando la corazonada de que de haber seguido, habrían sido muy grandes aunque posiblemente jamás habrían salido de ese segundo plano en el que actúan las formaciones de este tipo. No obstante el proyecto sufrió varios cambios de personal, manteniéndose su vocalista femenina como único componente fijo, algo natural si tenemos en cuenta su condición de imprescindible y que inició esta historia con la intención de desarrollar una carrera en solitario, algo que hace actualmente bajo su nombre y primer apellido reales (de hecho, el último trabajo de ella, va acompañado en su título, del nombre de grupo, aunque más como algo simbólico que como algo coherente, porque no figura ningún viejo miembro en los créditos). En la onda de los OP8 de Howe Gelb y Lisa Gerrard, His Name Is Alive, Willard Grant Conspiracy, Neko Case o las composiciones de Kristin Hersh al margen de Throwing Muses y 50 Foot Waves, practicaban un folk-rock gótico sedoso y elegante sustentado en la sensacional voz de su factótum. Fueron un referente en la década de los 90's con su frágil belleza y sus canciones de melancólica carga poética, cerrando aquel hermoso periplo con este deslumbrante 'Mirador', el cual en mi humilde opinión superó lo ofrecido en los también exquisitos 'Gentle creatures' y 'I'll you give something to cry about'. Casi con total certeza, diré que tengo más aprecio a su obra de despedida por ser una labor más accesible y abrazar otras formas de comunicación estilística, pero a la vez pienso que es porque aquí encontramos algunas de sus mejores composiciones individuales.

Renovados casi en su totalidad como dije al principio, los nuevos músicos trajeron viento fresco y el resultado fue óptimo, dejando una sensación de pesadumbre en sus seguidores al dar carpetazo a lo que prometía ser un progreso sin límites. Pero bueno, como se dice popularmente, que nos quiten lo bailao, ahí queda su gloria explícita en este redondo material y sus antecesores, para darnos un festín relajado cuando queramos, dando a reproducir diamantes sonoros tan íntimos como "An awful shade of blue", con ese punteo de raíz americana y ese modo de recitar tan espectral, mientras unos riffs afilados aunque sutiles, dan un colorido tenue sobre los gorgoritos vocales, "Wait", acordes prodigiosos y sabor western, una de sus creaciones más inspiradas, "I place where i know", una de mis predilectas del lote, por ser la que mejor rendimiento extrae de la garganta de Paula Frazer por
ese slide que refleja la densidad del desierto en notas distorsionadas, "Is she lonesome now?", dócil y melosa, traqueteo sutil de finalidad bluesgrass sin llegar a acelerar en ningún momento, como si Woody Guthrie resucitara para sumarse a la faena, "Your throughts", repleta de texturas fronterizas merced a su sección de viento, "Christine", en algún lugar entre Ry Cooder y Julee Cruise, hipnótica, chirriante, espeluznante si cabe en su grisáceo envoltorio, "There's someone", eléctrica, rockera, sin duda la más potente del repertorio, de sabor setentero y con un órgano llevando el peso instrumental junto a las seis cuerdas, "Like a ghost", mi favorita, una canción sublime que comienza con un violonchelo y un compás de batería tocado con escobillas, para dar paso a una melodía que por muy raro que suene, estoy convencido que inspiró a los zaragonzanos Amaral a la hora de componer su archiconocido "Sin ti no soy nada", porque la semejanza es notable, aunque claro, esta es una tonada muy superior en matices, arreglos y cambios de rumbo, "Idly", otra gema brillante, uno de sus cortes más emblemáticos, que destaca por su alma de blues mezclado con vals y esos instantes en los que la voz se escucha a capella, y "Little black egg", fulgurante y fiel versión de un viejo hit (de 1965, para ser exactos) de los excelentes The Nightcrawlers y que también abordaron en su día otros grandes como The Cars y The Lemonheads.

Tarnation eran en aquel momento final, Paula Frazer (que sigue en solitario), Alex Oropeza, Bill Cuevas, Joe Byrnes (que continuaron en activo tras la disolución de la banda, formando los muy recomendables Broken Horse) y Jamie Meagan.

THE BLACK ANGELS

sábado, 2 de agosto de 2014
PASSOVER (2006)

La defunción de mi viejo ordenador y las dos semanas de adaptación a las virtudes del nuevo portátil que he comprado, han demorado la publicación de esta entrada continuista del anterior post. Mi idea era dejar poco margen de tiempo para poner por aquí otro disco que siguiera la estela temática del anterior aunque fuera en las formas, vamos, que quería aprovechar que la entrada de The Handsome Family y la onda expansiva de las canciones que aparecen en 'True detective', se mantuviera fresca cuando recurriera a The Black Angels, porque un tema de ellos se incluye en una de las escenas de más impacto de la serie, pero bueno, no ha podido ser. Empezamos el mes de Agosto, en un par de horas me voy a la playa con una cuadrilla de amigos a hacer el ganso y tomar el sol, y quizás encajaría como hilo musical para esta mañana, algo más apropiado con lo que acompañar el deseo de que reluzca el sol, bronceé mi piel, se esté bien en el agua y al final del día haya valido la pena haber hecho algo distinto a lo habitual, pero que queréis que os diga, la piscodelia garagera y abrasiva de estos genios de la sonoramente impecable ciudad de Austin (Texas), entra de maravilla bajo cualquier estado anímico. Su potencia, su lisergia, y su guitarrero estilo, no entienden de tabúes climatológicos ni ambientes definidos, ni tan siquiera buscan una adaptación a las corrientes convencionales de los géneros en lo que se encuadra su mensaje, y oigan, ni falta que hace.

En diez años de vida, se han erigido como uno de los grandes buscavidas del panorama independiente, labrándose una reputación a costa de sus explosivos directos en todo festival puntero que se precie a ambos lados del charco, la grandeza popular de sus contactos, y su incesante lucha por llevar su propuesta a toda vía de promoción que consideraban eficaz. En esta década de trabajo constante, han compartido escenario y vivencias con gente como The Black Keys, Queens Of The Stone Age, Wolfmother, The Brian Jonestown Massacre o Black Rebel Motorcycle Club, con quienes comparten conceptos o cuanto menos, definición sonora, han participado en bandas sonoras de películas taquilleras como 'Death sentence' y las de la infumable saga 'Crepúsculo', la cual cabe decir que guste o no, cinematográficamente hablando ha sido una magna destilería en la parcela auditiva. También se han dejado ver en episodios de series de audiencia masiva en su país de origen, como 'Fringe', 'Californication' o la al principio mencionada, 'True detective', además de haber colaborado con Unkle y haber participado en un tributo a The Doors, destripando el clásico "Soul kitchen". Arrasar en eventos tan enormes como el SXSW, Primavera Sound o Lollapalooza, también fue factor clave para superar la barrera del underground y posicionarse en un lugar de privilegio que
les hace funcionar con calma, sin agobios, sabedores de que el asentamiento de su carrera ha llegado y que a cada entrega, el producto que ofrecen, funciona mejor.

Para llegar hasta ese punto de estabilidad, hubo antes una recogida de cosecha, fructífera por las buenas semillas que echaron en sus inicios, perfilando bien sus ideas y no variando en exceso lo mostrado. Han seguido siempre una línea bien marcada, pero desde aquellos tiempos en los que MySpace era su vehículo promocional embrionario con sorprendente fortuna, han crecido no tanto en matices como en calidad y madurez. En estos momentos, 'los ángeles negros', son un bastión del revival psicodélico de tintes oscuros y riffs poderosos, pero echando la vista atrás, 'Passover', que fuera su debut y hoy se cuenta como el primero de sus cuatro álbumes de estudio, sigue siendo el más atronador y fresco de su discografía. Posiblemente sea así por su espontaneidad o tal vez por su espíritu rompe normas, una obra que alguien definió muy acertada mente como un tratado que camina en las sombras de Spacemen 3 y Spiritualized, al tiempo que fue comparado con The Warlocks y Black Mountains, con reminiscencias de lo que antaño hicieron The Velvet Underground (banda de la que por cierto extrajeron el nombre del grupo, concretamente de su canción "The black angel's death song") y 13th Floor Elevators.

Cosas que se reflejan en este robusto y eléctrico disco compuesto por diez efusivas piezas de alto contenido lírico y atmósfera sofocante que hacen las delicias del cualquier aficionado al buen rock americano de presencia espectral. La paleta enérgica se abre con la formidable "Young men dead", que ofrece de inicio una fulgurante declaración de intenciones, inequívoca muestra de por donde va a ir encaminado el repertorio, con esos riffs que encajarían a las mil maravilla en la primera etapa de Black Sabbath y ese nervio vocal reverberado que trae a la memoria  últimos discos de Woven Hand, además de ser la pista que me ha animado a crear este escrito por ser la que se puede oír en la secuencia de la serie que nombro en los primeros párrafos, "The first vietnamite war", con unas guitarras furiosas, un compás accesible y una melodía setentera, que sin embargo me recuerda en esencia al modo de hacer de los mas cercanos en el tiempo, The Ponys, "The snaper at the gates of heaven", un ritmo de batería señalando el camino, una maraña de notas en colisión con un estribillo descarnado que a mi personalmente me hace pensar en Pixies, quizá porque la línea instrumental y las estrofas están próximas "Vamos", aunque también me lleva a las creaciones pantanosas de El Columpio Asesino, "The prodigal sun", punzante como un cuchillo recién manejado por el afilador, envolvente, cruda, pero con algo de luz sobre su consigna pseudo-gótica, "Black grease", un pelín más resplandeciente que el resto, con un aire a rock clásico que se digiere la mar de bien, una pista que muchos aficionados a los videojuegos reconocerán del enorme 'Grand theft auto V', "Better of alone", toque soul, pincelada blues, y corte redondo sin necesidad de descarga marca de la casa, "Bloodhounds of my trail", recuperación de la pauta a seguir y acercamiento progresivo al raíz ecléctica británica de Kasabian y Clinic (banda, esta última, con la que les encuentro una notable semejanza) y "Call to arms", ese artefacto de más de diechiocho minutos (con tres de parón entre el diez y el trece), con el que finiquitan el álbum, basada en "Vietnam" del gurú del reggae, Jimmy Cliff, y cuya letra modernizan para hacer referencia a la guerra de Irak.

Una ópera prima portentosa que se ha ido valorando a medida que ha crecido su aura, y que llevaron a cabo Christian Bland, Stephanie Bailey, Alex Mass, Nate Ryan y Jennifer Raines (esto dos últimos, abandonaron la nave poco después, siendo sustituidos por Kyle Hunt y Jake García, que completan junto a los otros tres componentes nombrados, la actual formación de The Black Angels). El logotipo de la banda, está inspirado también, al igual que su nombre, por The Velvet Underground, ya que incorpora una imagen de alto contraste en negativo de su vocalista, Nico.


THE HANDSOME FAMILY

jueves, 17 de julio de 2014
SINGING BONES (2003)

Me viene al pelo escribir hoy sobre este dúo cumpliendo lo que dije en el anterior post, sobre que el próximo lo protagonizaría una banda cuya música aparece en la genial 'True detective', porque así puedo enlazar una entrada aún fresca referente a esa serie, publicada por mi colega Sulo Resmes en su flamante blog 'Tres cagallons baix d'un piano', en la que hace análisis de esa maravilla protagonizada por los enormes Matthew McConaughey y Woody Harrelson, y de paso me ahorra soltar un rollo menos loable (a buen seguro) que el suyo. En contraprestación y aprovechando la coyuntura, me centraré en su música, principalmente en la que aparece en la apertura de cada uno de los ocho capítulos que la componen, dejando una puerta abierta a dar continuidad a los cortes asociados a este thriller policíaco que tanto me gustó, con futuros ladrillos sobre alguno de los grupos que cedieron temas para la banda sonora del mismo. De momento especifíco en esa magnifica tonada que abre episodio, interpretada por The Handsome Family, y que pertenece a este lustroso 'Singing bones', un trabajo precioso, entre la calma alt-country más fiel a la tradición y el sabor fronterizo, ideal para engatusar de primeras al que está dispuesto a dejarse atrapar por la fotografía grisácea y melancólica que impregna cada fotograma de esa historia dramática de oscuridad sureña. Es asombroso el poder magnético del cine y la televisión, que pueden hacer que una canción en la que no habías reparado a pesar de habértela llevado a los oídos con mucha antelación, pueda parecerte lo máximo al escucharla de nuevo como fondo de un buen hilo argumental o una suculenta escena.

Eso me pasó a mi, pues por alguna extraña razón, tenía este disco, pero no había reparado en esta genial pieza. Craso error, porque además el repertorio completo del que fuera el séptimo de los diez largos editados por esta pareja de Chicago (Illinois), afincada en Albuquerque (New Mexico), aunque originarios de Texas (él) y Long Island (ella), es exquisito en su percepción reposada, y excitante cuando sube un pelín el ritmo. Elegidos por el ilustre T-Bone Burnett para la ocasión, no son unos principiantes en esto y la inclusión de esa composición en la teleserie antes citada, no ha hecho mas que darles la oportunidad de ampliar su radio de acción en cuanto a captación de nuevos adeptos a su discurso, puesto que ya contaban con una mas que digna legión de seguidores. Digamos que han llegado al gran público sin vender su alma al diablo, ya que por ser la suya una propuesta muy concreta, su eclosión ha sido razonable para los que aman los géneros por los que se mueven este hombre y esta mujer.

Como esos extravagantes brillos góticos de Jim White o The Creekdippers, ese bucólico proyecto del matrimonio compuesto por Victoria Williams y Mark Olson (el hijo pródigo que volvió a The Jayhawks), que propone un cauteloso aunque algo alucinógeno folk, este par, unen su destreza para crear unas canciones sobrias, conmovedoras, dulces y sin embargo repletas de mística opaca en sus textos, recurriendo a ese subgénero músico-lírico que son las murder ballads. El Sr. y la Sra. Sparks (los miembros de The Handsome Family son marido y mujer, por si no lo había dicho antes) destilan la elegancia de un Howe Gelb en sus distintas aventuras, The Band Of Blacky Ranchette, OP8, y por supuesto, Giant Sand, la fijación por la tradición americana de unos Lambchop, la sofisticada seducción de Tarnation y el humor negro de los, por desgracia, efímeros LD & The New Criticism. Letras narradas competentemente y que cuentan historias macabras sobre homicidios, fantasmas y suicidios en un choque directo con la suavidad de sus texturas instrumentales.

Trece canciones sublimes, pulcras, de deliciosos arreglos y una calidad impresionante, que llevan a caminos antes explorados por leyendas como Willie Nelson, Merle Haggard, Hank Williams, Johnny Cash o The Carter Family, pero con un punto de emotividad contemporánea que tal vez no sea tan tangible en los recién nombrados. Lo demuestran en cada respiración entrecortada que produce oír diamantes como "The forgotten lake", comienzo que envuelve el pensamiento y hace viajar a una escenario que hemos anhelado musicalizar en nuestros sueños, una preciosa canción que reluce en su sencillez y que encandila, "Gail with the golden hair", belleza sutil en la línea de los medios tiempos de The Mavericks o Los Lobos, con ese sabor tex-mex que te lleva a una velada romántica en el desierto vista mil veces en películas que ensalzan a fugitivos vulnerables que vislumbran libertad en la ternura de un baile agarrado que les devuelve a la paz de su adolescencia, "The bottomless hole", imponente y poderosa en voz de su estelar temperamento, la mejor pista del lote en mi opinión en cuanto a letra se refiere, una brutal historia sobre la caída a los infiernos de un hombre familiar al que el destino despedaza, "Far from any road", la indiscutible insignia de esta 'familia' y evidente emblema actual del grupo por lo que cuento al principio de todo este tostón que estoy escribiendo, esa maravilla que sirve de abrelatas a la espléndida serie de la que me he declaro acérrimo, un corte soberbio que puede traer a la memoria a Calexico por ese deje mestizo y ese ritmo de su base, "A shadow underneath", una mirada al fondo de una botella de cerveza tras poner una moneda en la jukebox de un solitario bar de carretera, un momento de flaqueza en el corazón maltrecho de un tipo duro que se antoja tan necesario como reconfortante, "Dry bones", su deuda con el bluegrass, un tema que está inspirado en una vieja grabación de Bascom Lamar Lunsford, que dista de 1928, "Whitehaven", donde sus gargantas se unen a la perfección para concebir la que posiblemente sea la más bonita composición del disco, y "The song of a hundred toads", un boggie boggie trotón y animado que cubre de esplendor el ambiente.

Rennie y Brett Sparks, contaron con la ayuda de Darrell Sparks (hermano y cuñado, respectivamente, si no estoy en un error), Greg Hansen, David Gutiérrez, David McChensey, Jimmy Pontzer y Tony Watkins. Asentados en una posición cómoda, con el aplauso de la crítica, siguen al pie del cañón tras veintiún años de existencia, y superados de largo los problemas de salud mental que en los inicios sufrió Brett, el cual cayó en una profunda crisis emocional tras la grabación del segundo álbum de la banda y que derivó en un trastorno bipolar y su posterior ingreso en un hospital psiquiátrico (suceso que dio pie a un disco conceptual grabado en el estudio de Jeff Tweedy de Wilco, en el que se hacía repaso a sus vivencias en el sanatorio, dicho sea de paso), firmaron el genial 'Wilderness' el año pasado para seguir demostrando que están en la cúspide.

CATFISH HAVEN

viernes, 11 de julio de 2014
TELL ME (2006)

Once días en el pueblo, de pastoral, bucólica y rural limpieza interior, me han venido de fábula para volver a la ciudad con distinta energía, con aires renovados y con una calma que necesitaba. Llevo tan solo dos días aquí, pero me siento como mas, no sé, uhmn... despejado, esa sería la palabra adecuada. Hacía tantos meses que no pisaba mis añorados terrenos que me ha sentado de maravilla ese corto período de vuelta a los orígenes, y aunque fui en una fecha que coincidía con las vacaciones de gran parte de mis amigos de allí, no me supo mal en absoluto porque así aproveché el tiempo para dedicar tiempo a visitar el monte, los campos y los bosques de alrededor, hacer algunas tareas en el jardín de la casa familiar y arreglar algunas cosas que estaban estropeadas, aunque como no, también para echar el rato con algunos de mis pasatiempos favoritos habituales, que muchos de los que seguís este blog, ya conocéis de sobra... cine y música, claro. Por las noches veía un episodio de una serie que está en boca de todos estos días y de la que hablaré en un próximo post ya que su canción de cabecera la interpreta un grupo de mi agrado, y por las tardes me iba a pasear para abrir pulmones, con el olor a tierra mojada en los días de tempestad. Con ello conseguía trasladarme a ese ambiente silvestre que también reinaba en los escenarios de esa 'True detective' de la que os hablo. Y es que tal vez los parajes de Lousiana no sean tan lejanos en imagen a los que descubre uno perdiéndose a orillas del río Jalón y si además se va escuchando sonidos de raíz americana, pues la estampa se hace todavía más vivaz.

Eso me pasaba a mi cuando seleccionaba a conciencia discos para echar a andar por esos caminos perdidos de la mano de Dios. En una de estas incursiones por la frondosidad del paisaje, llevaba puesto este formidable debut de la banda de Chicago (Illinois), Catfish Haven, a los cuales el periodista de Onion Av, Kyle Ryan describió muy acertadamente como una mezcla de Creedence Clearwater Revival y Nirvana. Su mezcla de rock, distorsión, soul, punk-rock pulido y country-folk, resultó idónea para caminar plácidamente y de paso hacerme recordar la grandeza de la humildad en los artistas, puesto que considero que estos tres majetes, podrían haber sido tan grandes como The Black Keys, por ejemplo, pero como siempre se han movido por el underground sin apenas interés en mostrar al mundo su propuesta, pues ahí están en ese impasse en el que debido a la poca información que existe sobre ellos, uno no sabe ni si siguen en activo (su último plástico, 'Devastator', se publicó hace seis años ya), todo porque no buscaron éxito, solo disfrutar del Don de crear simples y bonitas canciones.

Esta primer paso en formato de larga duración, fue defendido por ellos en esa misma línea de honestidad y discreción sin alarde como un Ep con algunas piezas extra, restando importancia al ansía que había por escuchar material extenso con su firma, ya que se generó un gran entusiasmo alrededor debido a la buena aceptación que tuvo su primera referencia, el extended play 'Please come back', que dejaba buenas sensaciones para su progreso y que ya contenía alguna de las pistas que podemos encontrar en este magnifico 'Tell me'. Un trabajo sobrio, contundente, que recicla sabiamente parámetros musicales en los que abunda el soul y el blues de las décadas de los 40's y 50's, pero dotándolo de un sonido crudo y áspero, aunque no por ello menos adictivo, algo que es cierto sentido es lógico por ser una marca implícita en el catálogo de su sello discográfico, el estupendo Secretly Canadian, auténtica garantía de calidad. Un álbum corto de diez temas con una inmediatez y una frescura que las desmarca por completo del adocenado modus operandi actual de la música independiente que parte de la añeja tradición estadounidense, pero sin huir de los claroscuros de un estilo nocturno como el suyo, que hace que el repertorio conjugue por igual melodía e intensidad, calor y hielo, pegando por alto y por bajo, como los púgiles más dotados.

Muy disfrutable es cada una de las pequeñas delicias que alumbran esta obra, coreable en clave lo-fi con un ligero sabor vintage, empezando por esa verdadera gominola llamada "I don't worry", con cuyo título parece querer adquirir condición de premonitoria porque parece que invite a dejarse llevar por su ritmo y alma guerrera que incita al desmelene y el traqueteo desenfrenado, reuniendo coros gamberros, la voz desgarrada de su cantante rindiendo a todo lo que da, y un certero compás de batería que se acelera en su parte final para emular el despiporre de unos The Blues Brothers de concierto universitario. Luego llega el turno de la homónima "Tell me", muy probablemente su mejor composición hasta la fecha, y encarrilan la faena ganándose al oyente. Un corte que enamora, goloso, animado, con sentimiento, con mucho gancho, de esos que atrapan de primeras, haciendo ágape de todos sus ingredientes bien aliñados, y a partir de ahí toda va viento en popa a toda vela, venciendo y convenciendo con perlas como "Crazy for leaving", seductora en su timidez, festiva en su exposición, muy Motown en esencia, fácil de imaginar en un escenario fílmico animando una secuencia de ternura cómica protagonizada por un antihéroe cotidiano, "All i need is you", excitante, muy próxima a las intenciones de los Kings Of Leon de los comienzos, "Down by your fire", un blues melancólico en instrumentación y un soul en su faceta vocal, reluciendo sobremanera la garganta de su alma mater al micrófono, con un minimal sección de viento y un coro de apoyo, francamente exquisito, "Another light night", cambio de tercio para sonar garageros sin llegar a la demencia ni perder el norte, rápido y fugaz como unos The Jon Spencer Blues Explosion bajados de revoluciones y rabia, "If i was right", una de mis predilectas del lote, con un inicio que envidiarían The Strokes actuales, dulce y conmovedora, una preciosidad, "Let it go (go to grow)", que saca toda su pericia rockera con una producción robusta enlatada con la presencia, una vez más, de los metales, y "This time", despedida comatosa que se agradece aguantar en el paladar a la hora de la reflexión final que haremos tras la escucha general. Rico y con fundamento como diría el cocinero televisivo de los chistes malos.

Catfish Haven, que deben su nombre al parque de caravanas donde residió su vocalista George Hunter durante su infancia en el estado de Missouri, son además del susodicho, Miguel Castillo y Ryan Farnham.



LAST DINOSAURS

lunes, 23 de junio de 2014
IN A MILLION YEARS  (2012)

La decepción que reina estos días en el seno de los hinchas de la selección española de fútbol, entre los que por supuesto me incluyo, me ha dado la excusa perfecta para escribir unas líneas en mi inconstante blog, porque algún medio tengo que utilizar para desahogar mi asombro por la imagen dada por el combinado nacional y consolarlo a su vez con música. Bien pensado, lo primero no da para mucho más, pues tenía que pasar y suceder de manera abrupta, porque los ciclos o acaban de manera tajante o se eternizan en el acomodo. Don Pantuflo (dícese del padre de Zipi Zape que guarda un gran parecido físico con el marqués de Del Bosque) hizo lo que tenía que hacer y llevó, mas o menos, a quien tenía que llevar, para si la cosa salía mal, tener la coartada perfecta para no volver a llamarlos, y lo demás ha sido un cúmulo de factores, entre los que se encuentran los hechos de que tocó un grupo muy complicado en comparación con lo que le cayó en suerte a otros, que el sistema está agotado y más si no se chuta a portería, etc, etc. La cosa es que el campeonato sigue vivo y a estas viejas glorias les queda un partido que se antoja como despedida de una generación dorada, que tocó el cielo y nos dio un resultado inmejorable, motivo por el cual, siempre estarán en un pedestal si olvidamos este triste final. El rival, esta misma tarde, será Australia, que estando también eliminada ha dado buena imagen, plantando cara a los tulipanes que días antes nos habían pasado por encima como un tren de mercancías, y de ese país oceánico he elegido un grupete para lo que nos ocupa de verdad en esta bitácora, por mucho que yo me empeñe en meter con calzador otros temas de mi gusto personal.

Last Dinosaurs, joven formación de Brisbane (Queensland), que cuenta con tan solo cinco años de historia y un único Lp en su cuenta particular, proponen un sonido fresco que se maneja entre el inide-rock y el power-pop, en una onda similar a lo que vienen haciendo casi desde el mismo espacio de tiempo, los norteamericanos Smith Westerns y Surfer Blood, que a mi parecer son las dos bandas con las que resulta más fácil compararles. Con tres miembros de ascendencia japonesa y un autóctono en sus filas, el cuarteto se formó en su etapa escolar atraídos por su gusto por los sonidos lo-fi noventeros que completaban su discoteca casera. A la velocidad del rayo, su nombre empezó a ir de boca en boca hasta que se les contrató para entrar en el cartel de varios festivales locales y abrir fuego para bandas como Foals, Matt & Kim, Lost Valentinos o Foster The People y con esa presencia creciente en el circuito musical de su país, se dio la posibilidad de llamar la atención de alguna que otra discográfica que les tentó con suculentas ofertas, llevándose el gato al agua la más importante de todas ellas, la vecina Dew Process, afiliada a la ilustre multinacional Universal y que contaba bajo su amparo con consagrados como Mumford & Sons, The Hives, Tokyo Police Club, Dropkick Murphys o Ben Lee, entre otros. Con ello conseguían que todo quedara en casa al fichar por un sello de su ciudad y al tiempo ganar en promoción y distribución.

Sacaron a la luz un Ep, llamado 'Back from the dead', antesala de su puesta de largo con este brillante 'In a  million years', que obtuvo excelentes críticas, se introdujo de lleno en los puestos mas altos de las listas australianas y les abrió de para en par las puertas de mercados a los que no imaginaban acceder. Reino Unido, Sudáfrica, Singapur, Tailandia, Filipinas y Japón, fueron espectadores de sus directos con tremenda acogida, a veces acompañando a Veronica Falls y Wild Nothing, pero por lo general, defendiendo su repertorio como protagonistas absolutos de la velada. Sonaron en sus conciertos, deliciosas versiones del "Just like heaven" de The Cure, "Lady" de Modjo, "What ever happened" de The Strokes y "Sing it back" de Moloko, dando buena cuenta de su variado gusto y sus influencias más inmediatas. Y como en Asia hay cierta devoción por la mitomanía, esas relecturas de nuevos clásicos, unido al gancho de sus composiciones, fueron un triunfo total de cara la conquista de nuevos horizontes.

Mimbres mas que suficientes para todo ese cúmulo de parabienes, podemos encontrar en su ópera prima empezando por ese eléctrico "Zoom", que abre la veda de riffs refrescantes y melodías contagiosas que inundan el disco, un tema jugoso, muy directo, con un ritmo de batería trotón y una finalidad pop de parón-arranque, sencillamente sensacional que encuentra su punto álgido en el estribillo, "I can't help you", donde las guitarras juegan un papel relevante, rozando la inmediatez del funk alternativo de los franceses Phoenix, ahogando acordes en calumnias atmosféricas de luz opaca, "Sunday night", rendija de apertura al exterior, con aires brit y cierto tropicalismo, a lo mejor no tan afín a Vampire Weekend como lo es a The Very Best, "Time & place", que no sé muy bien porque me trae a la memoria a The Wave Pictures, quizá por su algarabía desenfrenada a conciencia y su excitante jovialidad, "Andy", más próxima a Bombay Bicycle Club, estirando la nota y creando un ambiente de esos que llenan los espacios de fantasía exterior, pero con la virtud de saber darle un compás relajado encontrando el equilibrio perfecto, "I can't decide", en la que se rasgan las vestiduras y abrazan las coordenadas del punk-rock en los primeros segundos, para derivar luego en un eficaz trallazo de pop acelerado en la onda de lo que hacían los primeros Idlewild, y "Honolulu", posiblemente su mejor creación o al menos la más celebrada, una canción dulce y agradable que deja un sabor de boca inmejorable. Lo mejor de volver a escuchar este dignísimo debut, es que muy pronto tendrá continuación con la que saciar las ganas de más con las que dejan estas granadas pistas.

Last Dinosaurs eran entonces los hermanos Lachlan y Sean Caskey, Dan Koyama y Sam Gethin-Jones, formación que se mantiene a día de hoy a excepción del último, que fue sustituido a los parches por Michael Sloane. 

SUICIDAL TENDENCIES

lunes, 9 de junio de 2014
THE ART OF REBELLION  (1992)

Es necesario de vez en cuando echar la vista atrás para que la memoria se conecte con los cinco sentidos y convivan en armonía, recordar donde empezó cada afición nuestra y cuestionarse porque vamos definiendo el gusto con el paso del tiempo, en distintos aspectos de la vida. También es fundamental recurrir al pensamiento para sacar conclusiones y observar que aunque pretendamos evolucionar en la búsqueda, muchas de las cosas que nos hacían vibrar antaño, nos siguen activando cuando las recuperamos, a pesar de que muy posiblemente las escondemos o renegamos de ellas alevosamente. En mi caso particular tengo que confesar que en lo que respecta a eso y especificando en el tema música, he sido algo sacrílego en ocasiones olvidando mencionar muchas de las bandas que durante mi infancia y adolescencia me quitaban el sueño partiendo de una corriente estilística que si bien hoy en día tengo olvidada, en el pasado me proporcionó maravillosas e incontables horas de entretenimiento. Siento como si les hubiera faltado al respeto al no ponerlos por aquí en los años que llevo escribiendo en este espacio, porque hay diversos discos que deben estar en este rincón impreso de mi memoria, a pesar de que ahora los deguste con un oído nostálgico que prevalece por encima de cualquier satisfacción sensitiva. Tengo marcados con un asterisco de imprescindibles a formaciones como Therapy, Faith No More, Stone Temple Pilots, Alice In Chains, Korn, Black Sabbath...veteranos del rock alternativo y alrededores que me gustaría postear alguna vez, pero los voy posponiendo por la tonta idea de que ya no me motivan como lo hacían en mis tiempos mozos y porque los trabajos que tengo de ellos acumulan polvo en la estantería.

Nunca es mal momento para empezar y aunque mi disciplina es cuanto menos dudosa, porque siempre que me propongo hacer algo temático en este espacio, se va al traste la consigna inevitablemente, quiero recuperar cosas que como digo, me ponían eufórico en mi añorada década de los 90's. Muchos géneros musicales que ahora tengo en el olvido me vienen esporádicamente a la cabeza y uno que recuerdo con cariño es el mal llamado (o no?) crossover, donde igual podías encontrar grupos asociados al hardcore, como al thrash metal, el funk-rock, el punk o el skate (etiqueta gratuita donde las haya porque supuestamente la engrosaban artistas que escuchaban los aficionados al deporte del monopatín, sin que importara el estilo real al que pertenecían sus trabajos). 7 Seconds, Fishbone, Living Colour, System Of A Dawn, Jane's Addiction, Sick Of It All, Dog Eat Dog, Bad Brains, Biohazard, Agnostic Front, Dirty Rotten Imbeciles (más conocidos como D.R.I.), Black Flag o Primus desde Estados Unidos, y otros desde otros puntos lejanos como los brasileños Ratos De Porão o los holandeses Urban Dance Squad, fueron referentes de toda una generación, pero si bien no todos me quitaban el sueño, la mayoría de discos de Suicidal Tendencies, quizás los más constantes de todos los citados porque todavía siguen al pie del cañón con treinta y tres años de dilatada experiencia a sus espaldas, eran sin duda mis favoritos.

Era una época en la que comenzaban a surgir vertientes del emergente underground metálico, con denominaciones tales como speed, thrash o death, un tiempo en el que Anthrax, Exodus, Kreator y Overkill, partían el bacalao, y de repente se inició una alternativa sonora con estos tipos del barrio residencial de Venice en Los Angeles (California), como líderes merced a unas composiciones que no solo eran reflejo de sus inquietudes políticas, sino de un nuevo universo que no le hacía ascos al mundo del patín y la serie b.Su ya lejano debut homónimo del 84' está considerado uno de los discos más influyentes del hardcore facturado en tierras californianas, donde de alguna manera nació esta escena de ímpetu urbano. Abrieron la veda a un nuevo concepto y antes de ir evolucionando hasta lograr ser una grupo de reconocido éxito masivo, sus canciones fueron la banda sonora ideal para las mil y una piruetas de los patinadores de todo el mundo, además de ser los responsables de que las calaveras, las bermudas y las gorras de béisbol fueran adoptadas como señas de identidad de toda una oleada de adolescentes inconformistas. Unos años más tarde su álbum 'Join the army' que incluía su emblemática pista "Possesed to skate", les puso en lo más alto, y aquello marcó un antes y un después en su historia. Mejoraron su calidad de sonido y sus creaciones, subiendo un peldaño en destreza instrumental a cada nueva entrega y añadiendo nuevos sabores a su ideario. En la actualidad, tras doce largos, no desmerece ninguno, pero hay dos que en mi opinión recogen todo lo que ha supuesto la existencia de estos tipos, el rocoso 'Lights...camera...revolution!' y sobre todo y ante todo, este magistral 'The art of rebellion'.

Estábamos viviendo de lleno la psicosis infundada por el hecho de que en mi ciudad se iban a celebrar los Juegos Olímpicos y en mi barrio, humilde donde los haya y más en aquella época, se veía policía por todos lados, se hacía lavado de imagen a cualquier fachada o establecimiento comercial e incluso se trataba de limpiar la periferia de ruralismo estrambótico, ejemplo de ello es que al hermano de un amigo mío le pidieron unos agentes de la ley que escondiera su ciclomotor un tiempo para que no estropeara la idílica reconversión de nuestras calles (palabras textuales. El chaval, que era un punkie redomado tenía una Vespino pintada con topos negros sobre color amarillo y el asiento era de imitación pelo de leopardo), pero bueno, esa es otra batalla que tampoco vale la pena comentar en profundidad. La cosa es que yo todavía no había cumplido los trece años, y no tenia el gusto musical muy definido. Probaba con una gran cantidad de bandas sin importarme estilo ni procedencia, y de estos individuos tenía sus dos primeros discos que me parecían muy ruidosos sin pies ni revés, pero al ver la cinta de cassette de esta obra que nos ocupa en un cajón de ofertas, estando aún relativamente fresca su salida al mercado, decidí adquirirla.Sin duda una de las mejores compras de mi vida. Menudo cambio. Suicidal Tendencies habían grabado el disco que con esa edad me iba hacer apreciar la potencia, muy por encima del 'Black album' de Metallica que andaba machacando esos días por recomendación de un amigo.

Sucidal Tendencies eran entonces Mike Muir (prolífico vocalista que ha liderado otros proyectos como No Mercy, Infectous Grooves y Los Cycos), Robert Trujillo (actual bajista de Metallica, colaborador habitual de Ozzy Osbourne y Jerry Cantrell de Alice In Chains, además de componente Black Lebel Society, Mass Mental? y de los antes mentados Infectous Grooves), Rocky George (que después pasó por los míticos Cro-Mags y Fishbone), Josh Freese (legendario batería de estudio que ha trabajado para gente como The Vandals, Ween, Devo, A Perfect Circle, Sting, Weezer u Offspring, solo por citar unos pocos de los cientos que han requerido de sus servicios), Mike Clark (también miembro de Great Gods Of Greed), contando con la ayuda de Dennis Karmazyn y  John Webster, para la concepción de este álbum. Con el paso del tiempo supe que el que fuera su sexto trabajo de estudio, variaba radicalmente su discurso, en virtud de la búsqueda de melodías, con influencias del rock progresivo, sobre un manto funk y un nervio metálico que lo hacía sumamente excitante. Se puede hablar de esta colección de canciones como su acercamiento a lo experimental. Se abría con la atronadora "Can't stop", mi favorita del lote y de la banda en general, una autentico ciclón de cambios de ritmo, energía desbocada y vitalidad coral, que pondría la mano en el fuego a que fue la pieza que más veces escuche en mi pre-adolescencia, luego venían "Accept my sacrifice", que no aminoraba la marcha ni lo más mínimo, desarrollándose a velocidad terminal y apoyándose en un estribillo ladrón de almas, y "Nobody hears", quizás el corte más popular de esta camada y que sin hacer decrecer el robusto inicio dejaba un recoveco para respirar. Tras este fulgurante trío de ases, el nivel se mantenía con "Tap into the power", donde las voces en falsete recuerdan al Lemmy Kilminster más condescendiente, "Monopoly on sorrow", en la que las guitarras llevan el peso con un compás constante y un corazón que late con temple sin llegar a la taquicardia en ningún momento, "We call this mutha revenge", poderosa desde las primeras notas, pues empieza con un solo que abruma hasta la entrada de esos impactos descarnados sobre los parches y esa rabia acumulada que estalla en interpretación vocal, "Gotta kill captain stupid", adrenalina corriendo por encima de los límites hasta sacar la última gota de sangre de las venas, un trallazo que abraza las leyes del metal acelerado, "I'll hate you better", calma necesaria, con un sonido nítido que les acerca al pop en su armonía, aunque pongan tierra de por medio con arrebatos eléctricos a mitad, "It's going down", en la que recuperan la esencia del punk-rock angelino en el que se mueven como pez en el agua, flotando sobre el ambiente el fantasma de unos The Gun Club pulidos, y "Where's the truth", fin de fiesta accesible para despedir una faena excelente.

ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO + TEMPLES - JORNADA INAUGURAL PRIMAVERA SOUND (FÓRUM DE BARCELONA) 28/05/14

martes, 3 de junio de 2014

Este año por un tema meramente preferencial en cuanto a inversión económica, he preferido no ir al Fòrum de Barcelona para disfrutar de ese festival cada vez más mastodóntico llamado Primavera Sound. La programación tenía buena pinta, pero analizándolo bien, tampoco compensaba el pago porque muchas de las bandas incluidas eran totalmente desconocidas para mi, otras tantas las había visto en alguna otra ocasión y las que no estaban en un grupo u otro, sencillamente no eran de mi agrado. Sin embargo sigo siendo un defensor de este concepto musical y creo que es un evento que hay que vivir, a pesar de que desde mi humilde punto de vista, haya ido perdiendo el encanto conforme ha ido creciendo. Nombres muy importantes han copado la lista de atracciones, con Arcade Fire, Nine Inch Nails, Neutral Milk Hotel, Pixies, Queens Of The Stone Age, Slowdive y The National, como teóricos cabezas de cartel, y claro, con eso se logra un incremento de beneficios sensacional para los organizadores, pero para los nostálgicos que nos gustan las cosas en pequeños tarros de esencias y sin aglomeraciones que nos quiten el oxígeno, pues es un poco estresante. Escenarios a rebosar, apariencia modernista, coincidencias de horarios entre formaciones similares que rompen el alma, y la pereza de la vuelta a casa a horas intespectivas desde la otra punta de la ciudad con irregular combinación de transportes, son otros factores que me han echado para atrás.

Bueno, a pesar de todo lo que digo, no quise desaprovechar la oportunidad de ir a ver a alguna de las bandas que la organización del festival había programado de forma gratuita a modo de presentación y piedra de toque de lo que estaba por venir en este fin de semana largo que hemos dejado atrás, así que me puse en contacto con mi buen amigo y compañero de equipo, Nico, a sabiendas de nuestro gusto compartido respecto a sus paisanos de Él Mató a un Policía Motorizado y le propuse acercarnos al Fòrum con la sana idea de disfrutar de la oferta que incluía aparte de la banda de La Plata  (Argentina), a los británicos Temples, el belga Stromae, la estadounidense Sky Ferreira y sus compatriotas Holy Ghost!. Una propuesta variada que atrajo a un numeroso público que llenó el que tenía que ser el escenario principal de esta edición, el ATP, donde han actuado durante el fin de semana, varias de las perlas citadas unas líneas arriba.

Con lo que no contábamos era con que caería el gran diluvio universal y que el agobio haría mella en nosotros lo suficiente como para plantearnos pasar olímpicamente de los tres últimos y volvernos a casa, no obstante, saciados por haber gozado de la maña de los dos primeros, que nos brindaron sendos shows la mar de correctos y con puntuales momentos de emoción al ritmo de las gota de lluvia. Llegamos casi con el tiempo justo tras completar el largo trayecto en metro que separa nuestro hogar de la ubicación del PS, y nos colocamos en buen sitio para presenciar el recital de los platenses, que dieron un repaso exhaustivo al que todavía se conoce como su último trabajo de estudio, 'La dinastía scorpio' (con algo de espacio para cortes sueltos de su trilogía de Ep's), editado hace un par de años y que les ha dado una reputación progresiva suficiente como para ser reclutados para este prestigioso festival casi de forma fija, algo que solo pasa con Shellac. Ecos de The Strokes, Ramones, Sonic Youth, The Velvet Underground, Pixies y Weezer, asoman por el discurso de este cuarteto que sin embargo suena enérgico y accesible por si mismo, tirando de estribillos tan pegadizos como reiterativos, que ofreció un directo estupendo.

No faltaron sus canciones más celebradas y demostraron estar en plena forma sin prestar demasiada atención a la inclemencias de tiempo. Refugiados en los paraguas, los presentes bailamos a su ritmo coreando sus letras y aunque nosotros no fuimos dos de ellos, estoy completamente convencido que muchos de los asistentes repitieron experiencia los dos días venideros, ya que los muchachos se quedaron en la ciudad para repetir actuaciones en dos puntos distintos, en petit comité, quizá donde más a gusto se sienten, a pesar de que ante las masas se mueven como pez en el agua, principalmente por el carisma desenfadado de su vocalista, Santiago 'Motorizado' Barrionuevo, que si bien interpreta el repertorio con fuerza, a la hora de comunicarse con el público es manso y reposado como ese buen colega que te aconseja frente a la barra en tus días de reflexión filosófica. Sin grandes florituras Él Mató A Un Policía Motorizado, ofrecieron durante cerca de sesenta minutos, un asado jugoso.

Abrieron la lata con "Nuevos discos", con esa distorsión rasgada y esa condición de himno grande, ideal para un marco como el que nos ocupaba. Pronto la voz se apoderó del ambiente y se borró de nuestra mente que hacía un día asqueroso que nos iba a romper la armonía. Enseguida vino a mi cabeza el "Tom Courtenay" de Yo La Tengo, quizás por la breve similitud que tiene esta pieza con la de los de Hoboken (New Jersey), en su núcleo, y antes de que pudiera asimilar ese perfecto inicio ya sonaba "Más o menos bien", que podría encajar en cualquier obra de Black Francis en solitario. A partir de ahí, desplegados ya los primeros acordes, una audiencia conectada entonó los estribillos de "Chica de Oro", temas que dieron paso a "Mujeres Bellas y fuertes", momento en el que el guitarrista Gustavo 'Niño Elefante' Monsalvo, se lució con sus punteos. Los espíritu del indie-rock de los 90's planeaba sobre el cielo agitando las nubes y caía un fuerte chaparrón de nostalgia que a ratos daba una tregua para que el menda pudiera sacar alguna foto o grabar algún vídeo con su pulso de octogenario, y mientras me ponía a la faena llegaba "Mi próximo movimiento", el primer guiño a su pasado, una delicia rítmica que guarda similitudes con los primeros Los Planetas (de hecho J, líder de los granadinos, se declaró fan de la banda hace unos años), y que posee un texto muy mordaz, y tras una dosis elevada de 'pa-pa-pa-ra-bas', llegó la recta final, cerrando con "Yoni B",fin de fiesta apoteósico y preludio para Temples, dando un pequeño margen para refrigerarse con una cerveza.

Poco hubo que esperar a la puesta de escena de estos bravo psicodélicos de Kettering (Inglaterra), que se presentaron sin mediar palabra con "Colours to life", séptimo corte de su reciente y único álbum editado hasta la fecha, 'Sun structures', en el que como era de preveer, basaron su bolo. La música de estos veinteañeros con ganas de comerse el mundo y que vienen a ser la última sensación surgidas de las Islas, navega entre el rock sesentero y el setentero, desde la armonía a la distorsión controlada y prosiguieron su actuación con unas breves palabras de James Edwards, su alma mater, que muy gafe él, dijo que con esa llovizna se sentía como en casa (yo creo que más bien nosotros nos sentíamos como en su casa, porque no estamos acostumbrados a hacer honor a eso de 'hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo') mirando de reojo el color gris metálico que cubría el cielo para pasados unos pocos minutos tener que acelerar para terminar con lo previsto debido al panorama brutal chubasco que obligó al personal a cobijarse bajo la gran pérgola del recinto que tapa el supuesto merendero, mientras los canalones del enorme parapeto se convertían en amenazantes cascadas. Pero antes de ese triste desenlace que nos quitó las ganas de seguir disfrutando de la velada, se esmeraron en repasar sus canciones con brillantez.

No faltó nada, ni la electrizidad chispeante de "Shelter song", ni la sobriedad épìca de la homónima "sun structures", la belleza de "The golden throne", esos devaneos glam a lo T-Rex de "Keep in the dark", la sutilidad de "Move in the season", la potenica de "Mesmerise", o ese sabor floclórico de "A question isn't answered", que a mi personalmente me evoca la mística del "Innuendo" de Queen, por rara que suene la comparación. Una verdadera lástima no haber podido presenciar su solvente trabajo sobre las tablas por culpa de la gracieta divina. Inevitable fue acabar mojados como pollos, porque la intensidad con la que caía hacía inútil el uso de protecciones (chubasqueros, paraguas...ya me entendéis), pero cuando paró aún tuve ganas de acercarme a ver el inicio de Stromae, del cual no sabía absolutamente nada y que en vistas de lo que he leído por ahí, gustó y mucho, aunque hay que decir que el ochenta por ciento de los presentes eran paisanos suyos y doy por hecho que allí es un fenómeno mediático porque la gente se volvió loca cuando apareció. A mi la verdad es que no me cautivó lo más mínimo, cuestión de gustos, supongo, pero me recordó más a cualquier artista de Eurovisión que a nada que me pueda llevar al oído sin prejuicios. Y eso fue todo, amigos. Me queda la afilada espina de que por culpa de la cobertura y mi nula habilidad para buscar gente entre la multitud no pude ver al gran Miguel Arribas, habitual lector de este blog, con el que había quedado, pero no importa, porque seguro surgen mejores ocasiones. Por él, previa conversación telefónica, supe que Sky Ferreira estuvo floja merced a un sonido pésimo y que Holy Ghost! valieron mucho la pena. Respecto al resto de lo que se dio en esta edición del Primavera Sound, pues solo decir que una vez más ha dado beneficios económicos a los jerifaltes del mismo y emocionales a los que acudieron, así que todos contentos.


cobijarse bajo la gran pérgola del recinto, mientras los canalones del enorme parapeto se convertían en amenazantes cascadas.

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La propuesta de estos veinteañeros bebe de esos sonidos que cruzaron las décadas de los sesenta y los setenta, desde la armonía a la distorsión controlada

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La propuesta de estos veinteañeros bebe de esos sonidos que cruzaron las décadas de los sesenta y los setenta, desde la armonía a la distorsión controlada

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