THE ORAL POETS

miércoles, 16 de abril de 2014
JIM KELLY (2014)

Casi me veía en la obligación de abandonar durante un largo periodo mi querida bitácora a causa de la enésima luxación de mi hombro izquierdo. Una inesperada lesión que traerá consigo un mes de recuperación y la posible retirada definitiva del baloncesto por parte del menda lerenda, me ha minado la moral durante unos días quedándome pocas ganas de escribir, al disponer sólo de una sola mano móvil e ir más lento que el caballo del malo haciéndolo, pero como tengo una señora que vale un imperio y siempre me da soluciones, me he plantado este rato para dictarle estas líneas sobre un proyecto del que tengo tantas ganas de compartir mis impresiones, que no he querido demorar ni un sólo día más esta entrada. La música de The Oral Poets ha sido una auténtica bocanada de aire fresco y liberador desde que tuve acceso a su bandcamp, de hecho podría decir incluso que junto al debut de La Hey, el cual publiqué por aquí hace una semana, han sido los dos discos que más he disfrutado de lo que llevamos de año y la paradoja es que ambos son delicias autoeditadas por personas que aprecio y que han sido parte de la historia de este blog como visitantes habituales. Con toda sinceridad, os digo que ese afecto no ha sido coacción alguna a la hora de admirar este trabajo y analizar sus encantos al igual que cuando reseñé el glorioso disco de mi colega toledano. Esta pequeña muestra de cinco canciones cautiva por sí sola y no necesita de palabras alabadoras por mi parte pero me ha gustado tanto que no me voy a privar, así que en los próximos párrafos voy a contaros un poquito sobre ellos y a animaros a que acompañéis la lectura con la magia de sus adorables melodías.

Hace ya unos cuantos días el bueno de Manu, cincuenta por ciento de estos 'poetas orales', pasó a saludar en una vieja entrada usando su ilustre sobrenombre blogosférico y de paso me enlazó la página que muestra las composiciones de su grupo con la naturalidad del que envía una receta de las torrijas que hace su madre al primo lejano del pueblo, con ese desenfado y gracejo único que le han caracterizado siempre como tertuliano de este espacio. Tanto es así que en un principio pensé que la dirección que me adjuntó llevaría a una web en la que se podría acceder directamente a chistes de Félix El Gato, trailers de películas de Pajares y Esteso o cualquier otra ida de pinza de las suyas, porque de verdad que he conocido poca gente que sea tan de la broma como este hombre, pero como también sé que es campechano y modesto como el que más, al abrirse pestaña nueva y ver la portada de este flamante 'Jim Kelly', supe que iba a escuchar algo grande surgido de su ingenio antes siquiera de llegar a reproducir los temas. Conocida su devoción por todo lo relacionado con Conor Oberst (especialmente Bright Eyes) y a sabiendas de su inclinación por el pop y el folk de gente como Frank & Walters, Mojave 3, Villagers o Fleet Foxes, Bon Iver, di por hecho que la cosa iría por esos derroteros, pero tras la escucha íntegra de las siete piezas expuestas, descubrí que no se limitaba a rendir pleitesía a un sólo género o estilo.

Un poco de pop barroco, leves tintes de indietrónica cristalina y un bello manto retro, quizá expuesto de manera inconsciente, son los baluartes estilísticos que podemos degustar en los escasos veinticinco minutos que dura su repertorio. Cuidadas polifonías, pegadizos acordes, atmósferas bucólicas, y un perfecto uso del inglés para comunicar su mensaje son otros ingredientes a destacar de una ópera prima realizada codo con codo, por un dúo que consigue que al escuchar sus temas te puedas imaginar tanto en una inmensidad gélida de yermo terreno, como sintiendo la brisa al pie de verdes colinas desde las que divisar océanos preciosos donde uno siente su alma surcando los mares a bordo de un ferry haciendo que las distancias de este mundo parezcan más cortas. Un discurso con el que empatizar, en el que hallar lugares comunes, de los que dejan un grato sabor de boca y que, al menos en mi caso, produce una sensación familiar que deriva en adicción.

Afincados en Burgos (Castilla-León), Manu autóctono de pro, había intentando en su juventud sacar adelante algún proyecto musical sin éxito, y Chrisy llegó a la banda con formación clásica en piano, aparte de una fructífera carrera en diferentes conjuntos municipales de su Irlanda natal. Hoy con dos años a sus espaldas, él aporta el gusto por la música independiente y la melodía sencilla, mientras que ella contribuye con su sensatez y técnica, complementándose a la perfección y cruzando los caminos idílicos de los ambientes rurales (o simplemente paisajísticos, según se mire) de sus respectivas tierras. Aunque de momento como dicen ellos su música todavía sea de habitación en habitación, considero que aquí hay mimbres suficientes como para afirmar que estamos ante una realidad absoluta que crecerá en mesura cuando encuentre una promoción digna de su calidad y eso es solo cuestión de tiempo si como carta de presentación ofrecen caramelos tan gustosos como "The golden flower", una preciosidad que de buenas a primeras destapa el as escondido de su manga para crear ofrenda de su fórmula, compuesta por una estupenda voz, una impecable ternura acústica, un ritmo accesible y una armonía jugosa de órgano que hace fácil el flechazo, al tiempo que trae a la cabeza a The Magnetic Fields, Seabear, 4 Bonjour's Parties y varios de los pesos pesados del catálogo de Sarah Records como The Orchids o The Field Mice, y es que esto podría ser perfectamente un hit potencial en la campaña de distribución de un sello especializado en estos sonidos, "Water creek", brava, con nervio, pero envuelta en una lona nostálgica abrumadora (en el buen sentido), adornada con una flauta que da una sutil caricia celta o quizá medieval a ese universo que une a los Low de 'The great destoyer' con el Bill Callahan más temperamental (época Smog), penetrando en nuestro interior la fuerza de su eléctrica distorsión para acto seguido aminorar los latidos de nuestro corazón con la dulce proximidad al ideario de The Postal Service que propone "Light tail star", que a causa del uso de las seis cuerdas sin enchufe nos evoca también a The Elected, pero que sin embargo no esconde en su perfil electrónico la verdadera atracción del corte, que no es otra que el dotado registro vocal de Manu, que entona con claridad y melancolía un letra coherente, "Jim Kelly", pista homónima que probablemente tenga el honor de ser la más inspirada del lote aunque en realidad todas rayan a un nivel altísimo, con ese piano algo western, y ese estribillo que me recuerda una barbaridad al "I can't see clear" de Espers, del mismo modo que su predecesora "For the love twenty-men", me recupera personalmente el deleite de sentir la misma satisfacción que cuando oí por primera vez los discos en solitario de Colin Meloy al margen de The Decemberists. Esas cinco brillantes gemas completan el álbum, y como uno se queda con ganas de más, busca y encuentra beneplácito en la generosa propina que suponen la exquisita "Grass an snow" (ambiental sensitiva), "Stargazer love glory", "Bold winter body" (cantada por ella sobre la más profunda belleza coral, entre Claudia Bonson de Future Bible Heroes y Elizabeth Mitchell de Ida), "Shorten life" (en deuda seguramente involuntaria con "Oración" de Héroes Del Silencio), y "Comets the earth" (que se coló en el documental sobre jóvenes artistas 'Transkripzion'  de la productora lacabranegra.com, aumentando un poco su difusión), repóker de singles embrionarios con sus respectivas portadas (todas sobresalientes), que ya mostraban la orientación del grupo.

Manuel Catalina, encargado de tocar todas las guitarras, el bajo, componer toda la base de las canciones y los arreglos, amén de poner su voz, y Christina Kelly, responsable del resto de matices de post-producción, flautas, órgano y coros, son The Oral Poets.

http://theoralpoets.bandcamp.com/

MÉLISSA LAVEAUX

martes, 18 de marzo de 2014
DYNG IS A WILD NIGHT (2013)

Añoraba el sol, necesitaba que volviera la luz natural que produce y su energía, los días fríos me gustan solo a medias, no me sientan del todo bien por dentro, es una sensación rara porque al contrario de lo que le pasa a la mayoría, gozo con el calor, de alguna manera me activa, y este fin de semana ha vuelto a invadirme esa sensación de bienestar con la subida de las temperaturas. Claro está que tiene muchos contras, como que vuelve a oler a tigre de bengala en el transporte público, que uno suda como un tocino si peca de precavido y se pone más ropa de abrigo de la necesaria, o que se pierden mas cosas por falta de bolsillos, algo que no pasa si cuentas con los de una chaqueta en días frescos, pero me quedo con los pros, al menos los emocionales que os contaba hace un momento y el hecho de que alarga el día, eso es principalmente lo que más agradezco de estas fechas, de la inminente llegada de la primavera, que por fin se ajusta la hora y la noche llega cuando le corresponde. Que mal llevo lo de que se retrase una hora el reloj en invierno, que estupidez más atroz, metida con calzador además, porque cada año nos tratan de vender la moto con la excusa de que es por ahorrar, pero bueno, por un tiempo eso se acabó, todo vuelve a la normalidad y en jornadas tan idílicas como esta uno puede disfrutar de cualquier buen disco con la ventana abierta un dedo para que entre una ligera y cálida brisa que se agradece un montón. Hoy he escogido para amenizar esa estampa y de paso comentar por estos lares, el último trabajo de la canadiense Mélissa Laveaux.

Supe de la propuesta de esta joven artista nacida en Montreal (Quebec), pero criada en Ottawa (Ontario), con su apacible debut de hace ocho años, 'Camphor & copper' (en realidad lo que me llevé al oído fue una reedición pulida de esa ópera prima, publicada con una mayor distribución tres años después), aunque antes había leído una jugosa entrevista concedida a una famosa revista musical especializada de este país y me atrajo como la miel a las abejas porque en ella afirmaba con suma humildad sus influencias y se le veía una persona honesta de cabeza bien amueblada pese a su corta edad. A la primera escucha descubrí un universo que tenía como baluartes, una voz tostada de superficie un poco árida y una guitarra pulsada con instinto percusivo. Usaba en su primer disco esas dos herramientas para esbozar canciones de aspecto desnutrido, de vestimenta corta, fundiendo temperamento y simpatía por lo minimal, pero que a su vez causaban empatía y se intuían portadoras de sentimientos hondos. Música con destacado contenido narrativo, minuciosa pericia a las seis cuerdas y trasfondo rítmico tropical, porque sus raíces familiares provienen de Haití, dato fundamental para comprender la originalidad de su sonido. La mizik rasin o lo que es lo mismo, la música de raíz de la isla más grande de la Polinesia Francesa situada al sur del Pacífico, estuvo muy presente en su hogar desde bien temprano e inevitablemente eso marcó sus composiciones, además de darle condición de políglota pues el álbum se erigió como un notable producto de mestizaje que se manejaba en tres idiomas, el inglés, el francés y el créole o criollo haitiano, que integra palabras de lenguas de África occidental como el wolof, el fon y el yoruba. Fue una gran puesta en escena, pero quedó empequeñecida, a mi juicio, con su siguiente paso discográfico, este fulgurante 'Dying is a wild night', una total transformación para llegar a la madurez creativa sin olvidar el origen pero sumando en variedad estilística y sobretodo engordando la instrumentación, ganando enteros en emoción para llegar a un público más amplio, abandonando la pequeña linealidad de antaño y yendo directa al meollo.

Un paisaje mucho más apropiado entorno a su identidad, porque el nervio de las once piezas de este segundo asalto es el ideal para su imaginario lírico, reinado por las metáforas, cruzando reflexiones sentimentales con pensamientos de lectura cívica, en el ala del compromiso antirracista y feminista aunque en los textos prefiera enfocar esas cuestiones desde un encuadre cabal. Cuando defendía a través de la prensa sus inicios, comentaba que le gustaba pensar que su música tenía varias capas de sonido, que en ella se pudieran integrar muchos instrumentos y una gran gama cromática, al mismo tiempo que se disfrutara de un nivel íntimo y que conseguirlo en su siguiente entrega era su objetivo prioritario, y cuatro años después se hizo realidad su deseo. La fórmula no obstante siguió intacta, la idea de escribir desde un punto de vista concreto, siempre a través de un personaje y haciendo ademán de reivindicación sin necesidad de soltar grandes manifiestos contra los gobiernos, optando por sugerir, aunando consignas implicadas con bonitas melodías, al igual que hacen algunas de sus fuentes de inspiración, tales como Ani DiFranco, Greg Brown o Gillian Welch.

Importantes son esos nombres para aventurarnos en su mundo, como lo son también los de ídolos reconocidos como Elliott Smith (de quién versiona "Neddle in the hay", en su primer trabajo), Lura, Feist, Meshell Ndegeocello, Ane Brun, Nina Simone, Eartha Kitt, St. Vincent, Billie Holiday , Goldfrapp y Bessie Smith. Gustos variopintos que llevan a comprender el carácter ecléctico de sus obras. Folk, jazz, reggae, pop, rock, blues...un inagotable abanico de estilos asoma por las paredes de este larga duración que supuso su asentamiento en la industria. Inspirándose para el título en una cita de la poetisa Emily Dickinson, saca su lado salvaje (pero controlado y no desatado) en cortes tan excitantes y vitales como "Postman", mi favorita ya de primeras, una sensacional introducción a su desprejuiciado universo, que une tendencia post-punk con ritmos tribales, con ricas atmósferas como telón de fondo, alternando rasgueo y fingerpicking, y seduciendo con candor armónico y sabor a swing, "Hash pipe", relectura bailable y saltarina del ya de por si brillante pelotazo de los tremendos Weezer, que lleva con soltura a su campo de acción haciéndola suya, una sorpresa mayúscula que le da más crédito todavía, "Drew breaker", giro radical para acariciar las almas compulgidas con nocturnidad y belleza soul, una pista que sería encumbrada a los altares de haber sido firmada por cualquiera de las nuevas elegidas del género en su actual segunda juventud, "Pretty girls", otro salto hacía adelante, esta vez para buscar la velocidad de unas ESG o una Santigold (antes conocida como Santogold), "Move on", coqueteo con las formas modernizadas del hip-hop, poseedora de un estribillo ganador y un compás elástico, "Sweetwood", bajo punzante, mucho aroma 70's y enérgicas percusiones, "Generous bones", donde su peculiar voz se lleva todo el peso, y ese que ese tono raspado es cautivador, "Triggers", llegada de la electrónica en un tratado corrosivo algo altisonante, y "Pié bwa", suavidad acústica de pulso tranquilo, que supone la única concesión a una lengua que no sea el inglés, pues para la ocasión canta en criollo, una muestra más de lo presente que está la procedencia de la sangre que corre por sus venas.

Mélissa Michelle Marjolec Laveaux, tuvo como banda de apoyo al trío de productores The Jazz Basterds, compuesto por Ludovic Bruni, Vincente Taeger (miembros a su vez de Poni Hoax) y Vincent Taurelle (habitual teclista de Air tanto en directo como en estudio) y a la emergente vocalista Thea Hjelmeland, haciendo coros en un par de temas del álbum.


JASON COLLETT

jueves, 13 de marzo de 2014
IDOLS OF EXILE (2005)

Esta última semana la he dedicado a ver películas recientes en línea y he disfrutado del séptimo arte como antaño, cuando no sufría la meca del cine la crisis de ideas que le lastra en la actualidad. Ha sido como un resurgir de emociones ver largometrajes tan interesantes, emocionantes y distintos entre si como 'Nebraska', 'Alabama Monroe', 'Dallas Buyers Club' o la fascinante y conmovedora 'Her', la cual disfruté ayer mismo y que me dejó convencido de que todavía quedan historias sensacionales por contar partiendo de una idea ficticia y que tal vez los tiempos de recurrir a remakes, biopics, superhéroes y hechos reales, queden atrás, al menos en cuanto a protagonismo total en la gran pantalla porque también se cogen a menudo buenos conceptos de ahí, pero es necesario en mi opinión, seguir creando a partir del ingenio. La cosa es que la premiada película de Spike Jonze, me encantó porque aparte de disfrutarla con la mejor compañía del mundo mundial y acompañarla de una tertulia con esa misma persona que no es otra que la niña de mis ojos, me dejó una preciosa sensación de calma emocional, algo que continua en esta dulce mañana soleada en la que solo me apetece relajarme tras escuchar la banda sonora de dicho filme creada para la ocasión por Arcade Fire y su otrora colaborador Owen Pallett, con un poco de la música de otro ilustre canadiense, Jason Collett, miembro de los geniales Broken Social Scene, que en su faceta de artista en solitario, entrega autenticas gemas preciosistas de folk reposado en el que prevalece la sutilidad y fragilidad de un discurso que es pura honradez.

Natural de Bramalea (Ontario),comenzó a escribir canciones a una edad temprana como válvula de escape a su aburrida vida en el que es el mayor suburbio de la ciudad de Toronto. Cogió a Kris Kristofferson, Bob Dylan y Nick Lowe como influencias y se fue a buscar la vida al centro de la gran urbe para trabajar de ebanista, carpintero, y reformista (lo que se conoce vulgarmente como 'chapuzas, vamos) con la idea de sacarse un dinero con el que poder comprar instrumentos y aparatos con los que poder desarrollar su pericia musical. Pronto hizo amistad con Hawskley Workman (cantautor de notable reputación en el país de bandera con hoja de alce, por lo efectivo de su propuesta a caballo entre el glam-rock y el cabaret pop) y con Andrew Cash (que en la actualidad está inmerso en su carrera política y es miembro del parlamento para el área de Davenport, y que en su día destacó como músico en la banda punk L'Étranger), para fundar Bird, un grupo que tan solo editó un álbum llamado 'Chrome reflection', pero que le supuso el espaldarazo definitivo para animarse a tratar de vivir de la música construyendo material propio tras la disolución del efímero proyecto. Antes de lanzarse a la piscina tuvo también una breve incursión en otro grupo, Grievous Angels, donde volvió coincidir con un futuro político, Charlie Angels. En ambas bandas predominaba el alt-country como base estilística, y por ahí van los tiros en la práctica totalidad de su discografía. No obstante, el verdadero golpe de efecto en su vida fue su entrada en el colectivo liderado por Kevin Drew, pues a partir de ahí, dejó la madera para siempre y comenzó a vivir del medio que tanto disfrutaba.

Desde entonces su evolución ha sido sana y meditada, equilibrada en cuanto a iniciativa, sacando a relucir su garra en los álbumes de BSS y endulzando su mensaje en los siete trabajos de estudio firmados con su nombre completo. Unas canciones tranquilas, de suaves texturas con melodías accesibles y con notables colaboraciones que se prestan a ponerse al servicio de un imaginario de gran franqueza y factura intachable. De esa lustrosa colección me quedo personalmente con este acogedor 'Idols of exile', cuarto en su haber, que cuenta con una mejor elaboración que sus antecesores y raya al nivel de sus obras más recientes con la diferencia de que carece del compromiso reivindicativo que preside su mensaje en la actualidad (se le conoce también por su afiliación al partido demócrata canadiense). Aquí su ideario es conciliador y entra a la primera, dibujando un buen paisaje de fondo a nuestros pensamientos.

Lo consigue con piezas tan adorables como "Fire", en la que comparte protagonismo vocal con Amy Millan, cantante de los magníficos Stars, cantando al unísono un estribillo que destila un familiar aroma a café, un corte sensacional que se acerca por momentos a lo que hacen The Sea And Cake cuando deciden reducir la marcha, ideal para abrir boca y ponernos en situación para afrontar el global del disco, "Hangover days", con la participación de Emily Haines, líder de Metric, una pista de melosidad pop que recuerda mucho a She & Him, aunque quizá se debería decir que lo que hace el proyecto de Matt Ward y Zooey Deschanel tiene connotaciones con esto y no al revés, pues su fundación es posterior a la fecha de concepción de esta rica tonada, "Brownie Hawkeye", próxima a Richard Swift incluso en las maneras, probablemente también a la parte nostálgica de Sufjan Stevens, exquisita con esos vientos y ese vibráfono, sin duda uno de los baluartes del lote, "We all lose one another", precioso pop soleado con unas estrofas que son pura gloria y un violín que es pura oda a la melancolía, mi favorita del repertorio por su carga emocional y su condición de hit estelar, "I'll bring the sun", que con velocidad de crucero cambia el rumbo para hacernos pensar que tal vez no se aleje tanto de lo que toca en su banda madre como cabría esperar, "Tinsel and sawdust", muy afín a lo mostrado por los últimos Wilco pero en una onda más atmosférica como harían Tired Pony, por ejemplo, "Feral republic", para que entre el sol por la ventana y brille el metal de los instrumentos de viento con su reflejo, "Pavement puddle stars", que no sé si explícitamente debido a su título, pero guarda similitudes con la faceta apegada al sonido americano de los de Stephen Malkmus, "Almost summer", que perfectamente podría entrar en la cualquier referencia de Ron Sexmith, tierna, simpática, de las que te pasan el brazo por el hombre en señal fraternal, "Pink night", donde juega a ser el Neil Young de 'Comes a time', y "These are the days", fin de fiesta y nunca mejor dicho porque esta clausura sabe a miel y llena de optimismo cada poro de nuestra piel. Excelente faena.

Jason Collett se rodeó de músicos amigos para dar un tono celestial al álbum, y así podemos encontrar en sus créditos a los anteriormente mencionados Kevin Drew, Emily Haines, Amy Millan y Andrew Cash (los tres primeros son compañeros suyos en Broken Social Scene, que aparecen por aquí al completo), Brendan Canning (otro miembro de BSS que aparte lidera Valley Of The Giants entre otras formaciones de nivel), Ravenna Barker, Howie Beck, Chris Brown ( fundador de los extintos Bourbon Tabernacle Choir), Julian Brown, Evan Cranley (que compagina su arte al servicio de Stars, Metric y Broken Social Scene...todo queda en casa), Bob Egan, Leslie Feist (que decir de esta mujer de notable carrera en solitario e inmersa también en el requetenombrado colectivo), Gabrielle Hrynkiw, Alfie Jurvanen (más conocido como Bahamas en su labor artística), Kersti Mcleod, Liam O'Neil, Julie Penner (violinista de Do Make Say Think y The Weakerthans), Justin Peroff (batería de Broken Social Scene), Tony Scheer (reputado músico asociado al jazz), James Shaw (cerebro de Metric), Jason Tait (batería de The Weakerthans), Paul Taylor (respetado saxofonista de jazz estadounidense), Andrew Whiteman (voz de Apostle Of Hustle y como no! también en Broken Social Scene) y Charles Spearin (alma mater de Do Make Say Think y...adivináis? si! otro más de BSS).

ALABAMA SHAKES

martes, 4 de marzo de 2014
BOYS & GIRLS (2012)

De un tiempo a esta parte han aparecido un buen puñado de bandas con vocalista femenina carismática al frente, dentro del indie-rock y la música alternativa en general. La mayoría de ellas son muy interesantes y tienen como punto en común el hecho de que impregnan su discurso de un cierto aire a revival, pero con la diferencia de que algunas se orientan más hacía el baile que otras. Alabama Shakes son un exponente más de esa nueva corriente que recoge el testigo de bandas como The Bellrays, profundizando en la música de raíz americana, en el soul, el blues y el rock añejo, a un par de marchas menos de como lo hacen Gossip, por ejemplo, y a la par que gente como Valerie June, pero sin embargo resulta más fácil asociar su sonido a esa onda expansiva que ha provocado en los últimos tiempos la eclosión de The Black Keys y el resurgir modernizado de esos géneros. Hoy quiero presentar su debut y único disco largo editado hasta la fecha 'Boys & girls', un trabajo muy ecléctico que les puso directamente en la cresta de la ola, gracias a una buena promoción y, evidentemente, a la calidad de sus canciones. Con tan solo un lustro de actividad ya se puede tildar de autentica realidad a este cuarteto de Athens (Alabama), ciudad que no tiene nada que ver con la que vio nacer la gran escena del colectivo Elephant 6 y otros héroes del rock alternativo de finales de los 80's, salvo el nombre, puesto que como digo no pertenece al estado de Georgia, si no al que hace frontera con el mismo en ese punto del Sur de los Estados Unidos de América.

Corría el último año de la pasada década cuando empezaron como dúo (cantante y bajista) a quedar para ensayar después de cada clase en su etapa de estudiantes de secundaria, poco después añadieron a un batería que conocían por ser el dependiente de la tienda de discos de su barrio, y de su rock progresivo amateur pasaron a desarrollar un rock de raíces de notable factura, asentando las bases del proyecto que en su primera concepción se llamó The Shakes. Por aquel entonces nada estaba más lejos de su pretensión que llegar a saborear las mieles del éxito, simplemente querían disfrutar tocando y pasando rato juntos y es por eso que dedicaban aquellas horas a versiones de AC/DC, Led Zeppelin, James Brown y Otis Redding, de hecho tenían material propio pero la cosa no daba para un set que superara los cuarenta y cinco minutos, así que con eso fueron dando pequeños conciertos en su área vecinal. Había mucho talento en el seno del grupo así que rápido se entendió que había que dar un paso más allá y se fueron a grabar todo lo compuesto. Tras escucharlos el resultado plasmado en una demo, el actual guitarrista de la banda se incorporó atraído por su ideario. Así pues ya estaba todo cerrado y la cosa solo podía ir viento en popa a toda vela, cambiaron el nombre para dar una pista sobre su tendencia sonora y diferenciarse del resto de formaciones que usaban el término Shake y a los pocos meses ya estaba en circulación su primera referencia oficial, un Ep de título homónimo.

Cuatro canciones que les abrieron las puertas de la industria de par en par, llamando la atención de los medios con la NPR (lo que se conoce en su páis de origen como Radio Pública Nacional) a la cabeza, y siendo reclutados para la CMJ Music Marathon, un circuito de directos efectuados alrededor de la Gran Manzana, que suelen ser sinónimo de algo grande, como demuestra el hecho de que a raíz de su participación en ellos, un crítico de The New York Times, los puso por las nubes alabando su energía y maestría, ensalzando la voz de su cantante hasta el punto de describirla como la resurrección de Janis Joplin. La comparación es bastante razonable, pues su timbre vocal es muy similar, pero también podemos emparentarla con otras damas del pasado, así como la sonoridad de su banda se puede describir como una renovación de los parámetros de leyendas como Creedence Clearwater Revival o Lynyrd Skynyrd, y el una vuelta de tuerca al sonido de los primeros The Black Crowes. Por algo han llamado la atención de Jack White, líder de The White Stripes, confeso devoto y de una amplia legión de seguidores, logrando alcanzar más de medio millón de ventas de este álbum.

Un disco que a mi personalmente me llevó en las primeras escuchas a recordar la magnifica banda sonora de la película 'Jackie Brown', tal vez la más maltratada de cuantas ha dirigido Quentin Tarantino, pero que sin embargo cuenta con un acompañamiento musical del que nadie tuvo queja, siendo un referente de exploración del underground y la flor y nata de la música negra estadounidense de los 70's. Quizá sea mera percepción mía, pero creo que de haber existido este plástico en el momento que el cineasta de Knoxville (Tennesse), seleccionó los temas para la adaptación a la gran pantalla de la novela de Elmore Leonard, algún que otro corte habría entrado en el proceso final. Independientemente de donde encajaría o no, lo que cuenta es que puede que este sea de los mejores lanzamientos noveles de un tiempo a esta parte y lo es gracias a piezas como la enorme "Hold on", estandarte del grupo por ser el primer single de presentación en sociedad y muy posiblemente su mejor corte, una canción con mucho gancho, de estribillo resultón, ritmo vacilón y tendencia retrospectiva que bien podría haber compuesto Steve Crooper para que la llevara a cabo Wilson Pickett y que marca una línea cercana a las primeras muestras de Kings Of Leon como también se erige en respuesta eléctrica a Graffiti6, su equivalente bailable si nos da por comparar odiosamente, "I found you", algo más luminosa y garagera, una joya de sabor sixtie que habría adoptado como propia Aretha Franklin en sus años mozos, "Hang loose", un amago de bluegrass controlado por la cordura, donde la voz ruge con fuerza trayendo a la memoria al Rod Stewart era Faces, "Rise to the sun", robusta y emocional a partes equitativas, tierna y preciosista con una línea instrumental que juguetea con el reggae, "You ain't alone", fabulosa proeza de genuino soul que remite directamente al gran Sam Cooke, un mirada al ayer de las que encogen el corazón, "Goin' to the party", cuyo texto y melodía bluesera atrapan al instante en todo un ejercicio minimalista bien entendido, pues con escasos elementos les quedó una composición francamente atractiva de menos de dos minutos, "Heartbreaker", percusión y piano dando paso a al sentimiento, sobresaliente tonada en la que la voz rota de la señorita Howard brilla con soltura, quebrando el dolor con temperamento, "I ain't the shame", que aunque suene extraño y posiblemente no sea el símil más convincente, a mi me lleva a The Jackson 5, y "Heavy chevy", afín al hillbilly más animado con la que cierra una obra excitante de la que se espera con ilusión una continuación. 

Brittany Howard, Heath Fogg, Steve Johnson y Zac Crockell, son los componentes de Alabama Shakes, que por lo que cuentan los que han tenido ocasión de verles en directo, son una verdaderas fieras sobre el escenario.

LA HEY

viernes, 21 de febrero de 2014
VAMTCAÄNP (2014)

Muy pocas veces había afrontado una entrada con tantas ganas como en esta ocasión. Creo que de todos los discos que he hablado a lo largo de la historia de este blog, este es sin duda el que más me apetece recomendar, en el que más ahínco quiero poner a la hora de alabar porque al margen de que vaya por delante que se trata del debut de un tipo al que considero amigo, es un material fabuloso. Confieso que llevo varios días tratando de encontrar las palabras adecuadas para conseguir que os apetezca descubrir el discurso de este talento surgido de Toledo (Castilla-La Mancha), incluso pensé en saltarme por completo el protocolo que acostumbro a seguir a la hora de escribir, para usar tacos y un poco de jerga emocional, pero ni falta que hace, pues la música de Diego Rodríguez, ilustre ex-bloguero que llevaba la inolvidable bitácora 'Mi paraguas sandinista', y hombre tras el cual se esconde el emergente proyecto La Hey, no necesita de trucos de artificio, porque nace del corazón y transmite mucho más de lo que venerados del panorama estatal lo hacen, y lo mejor de todo es que crea desde la humildad, la soledad del corredor de fondo que solo ansía disfrutar tocando a sabiendas de que el lucro es utópico y a la postre solo un placebo para los que quieren engordar el ego, la pasión del que, disfrutando de las escuchas de sus viejos ídolos, decidió aprender a tocar para llevar a su terreno las sonoridades que acompañaron su infancia. Todo eso queda plasmado en una brillante colección de canciones que podemos oír en su nueva bandcamp, pero antes de pasar por ahí quiero contar lo que me inspiran y, ya que puedo gracias a su propia gentileza, de como se concibieron.
 
Acordes y notas que se pegan como lapas, melodías encantadoras y estrofas cargadas de honestidad  forman los mayores exponentes de un trabajo que, sin dejar de lado en ningún momento el sentido del humor, trota al compás de la melancolía, la nostalgia y la esperanza a partes iguales. Desde que hace cosa de un año y medio cuando este buen hombre tuvo el detalle de darme a conocer su música con la simple intención de compartirla en un momento en el que andaba inmerso por primera vez en evolucionar en solitario tras haber formado parte de grupos de la escena toledana como Postmeridians, me he convertido en un verdadero adicto a estas piezas, incluso no me da rubor afirmar (y digo eso porque no quiero parecer dora píldoras) que posiblemente sean sus composiciones, las que mas veces han entrado por mis oídos desde aquel entonces. Me encantan, me las sé al dedillo y estoy prendado de ese inconsciente (o no) sonido lo-fi, que tal vez haya quedado así por su finalidad noventera o por ese modus operandi de grabar en casa con pocos medios pero infinita voluntad, haciendo de eso una virtud en vez de una carencia.
 
Pavement, Broken Social Scene, Swell, Pinback o Built To Spill, son algunos de los referentes que impregnan su discurso de buenas intenciones, aunque a mi me vienen a la cabeza otros nombres (The Helio Sequence y The New Year, entre otros), quizá no tan importantes para él pero con los que encuentro atractivas conexiones, pero como le dije tiempo atrás, una de las muchas cosas que me seducen de La Hey, alter-ego que deriva del embrionario Lahey (nombre inspirado en uno de los personajes fuertes de la magistral serie canadiense Trailer Park Boys) es la innata capacidad de llevarte a lugares comunes y a la vez hacerte llegar a la conclusión de que en el fondo se trata de un imaginario cien por cien personal. Mucha honestidad envuelve este sugerente viaje a través de las partículas del indie-rock y su onda expansiva, con espacio para desarrollos afines al post-rock, reminiscencias slowcore, y un deje al emocore de Sunny Day Real Estate, Rival Schools, Seam o Samiam que a mi particularmente me pone la piel de gallina en el mejor de los sentidos. Tengo la inmensa fortuna de decir que he tenido acceso a todo o casi todo su material, del cual ha extraído una leve muestra para su página, y doy fe de que no tiene ni una sola pieza que no sepa a gloria, que no te traslade a innumerables emociones vividas y que no te haga sentir en perfecta armonía. Sé que quien siga más o menos los textos de esta bitácora pensará que tengo un paladar muy condescendiente, porque suelo alabar todo lo que pongo por aquí, y es posible también que recordando otras reseñas que he dedicado a álbumes de viejos colegas como The Quiet Man, se pueda deducir que exagero, pero palabra de honor...estas pistas son la hostia, tanto es así que uso esa palabra para dar credibilidad, pues es la primera vez que uso una palabrota para expresar mi opinión sobre un disco.

Os animo entonces a entrar en el enlace de abajo y degustar con calma, mimo y detalle, cortes tan exquisitos como "Corre", instrumental cortita que me recuerda, a un viejo tema de Yo La Tengo, de su 'I can hear the heart beating as one', cuyo título concreto no me acuerdo así a bote pronto, con unos efectos de guitarra hipnóticos que sin embargo traen a mi memoria a los que usaban Radial Spangle, pero luego te puedes desprender de ese esencia atrapadora para sentirte libre como oyente y cambiar de ideas ante esa magia que desborda en "Cienfuegos", una de mis favoritas del lote, una deliciosa conjunción entre ritmo, calidez y  rasgueo juguetón, con  inocentes teclas de fondo y un sentimiento entre afligido y desenfadado, bautizada en sus inicios como "Huir hacía adelante", basándose en la idea conceptual de su letra, que habla sobre de huir sin retroceder, más como un acto valiente que como lo que se suele entender, por miedo y cobardía; "1%", donde destacan sobremanera esa distorsión brumosa que engorda de músculo el interior, usando un sample del  "Us" de Stephen Malkmus, un majestuoso paseo por el rock alternativo de hace dos décadas en el que podríamos pensar que se le hace un bonito tributo a gente como Sonic Youth, pero también a los juegos vocales de nuestros Nueva Vulcano, añadiendo un filtro pop adorable, y ahí radica parte de su valor, en la destreza para unir destinos sonoros y pasar de la tempestad a la calma en un solo movimiento; "Nadir", en la que distinguimos otro sample, esta vez de "Mujeres bellas y fuertes", perteneciente a los argentinos Él Mató A Un Policía Motorizado, un tema magistral, logrando que no echemos de menos su voz, para mi magnífica, genuina, cercana, imprescindible para comprender mejor su mensaje, con lo que el hecho de que las piezas en las que está ausente nos suenen gigantescas igualmente es otro punto a favor para hablar de esto como algo redondo; "Las Minas", con un comienzo tierno y tristón, un homenaje encubierto a "Ruderless", mi tema predilecto de The Lemonheads (partiendo de la escucha de otro guiño a los de Evan Dando por parte de The New Raemon), como una especie de deuda ralentizada con el mismo y una letra cavilada a la sombra de un manzano en un monte de un pueblo de Galicia; "La típica", mi favorita, fabulosa en toda la extensión de la palabra, vestida por esa tendencia taciturna al más puro estilo Idaho o Codeine y con una lírica prodigiosa que pondría a la altura de "Si está bien" de Los Planetas, porque en su declaración de intenciones comunica y transmite más verdad que cualquier otra misiva enrevesada, además contiene un extracto de "The mighty midshipman", obra de Centro-Matic;  "No me cuentes tu vida", que cierra la trilogía instrumental con chispeantes ruiditos y evocando a los grandes Manta Ray, y "Monte y codeína", un final sublime que crece sin cesar al son del latir de un corazón (el del oyente...al menos el mío) conquistado de por vida. 

Solo me queda decir que Diego se curró todo esto sin ayudas externas, tirando de recursos e ilusión y que solo espero que llegue a muchos oídos para que pueda tener una promoción que, si bien no busca, para este admirador sería más que justa, pues considero que se necesitan más pequeñas obras de alma incansable como esta. Bravo, copón!

http://soylahey.bandcamp.com/album/vamtca-np

SLAM DUNK

martes, 11 de febrero de 2014
THE SHIVERS (2011)

Se acerca el fin de semana de las estrellas que es como se conoce en lengua hispana al 'All Star Weekend', el evento más popular de la mejor liga de baloncesto del mundo (la NBA), y uno de los mayores atractivos de ese acontecimiento que se celebrará en New Orleans (Louisiana) será una vez más el 'Slam Dunk', traducido aquí como 'concurso de mates', por lo tanto me viene al pelo el haber descubierto la propuesta de estos canadienses de Victoria (British Columbia) la semana pasada para, manteniendo frescas las sensaciones del hallazgo, compartirlo por estos lares. Tranquilos que no voy a dar una de mis habituales chapas sobre el trepidante deporte de la canasta, solo voy a usar como pretexto el hecho de que este cuarteto de carpetovetónicos utiliza el nombre de ese espectacular duelo de saltarines (venido a menos en el último lustro, todo sea dicho) para su proyecto musical, y aunque podría haber esperado a tener más rodados sus discos, lo cierto es que veo bien hacerlo en este momento debido a que varios de los que entráis habitualmente a leer sobro lo que pongo, me dijisteis que os había gustado cuando publiqué un tema suyo en la red social del logotipo de letra blanca sobre fondo azul. Aprovechando la coyuntura del momento voy a contar un poco de la historia de este grupo del que tuve conocimiento de su existencia a raíz de un cuestionario que se le hacía a Doug Martsch (líder de Built To Spill) sobre los cinco discos que cambiaron su vida, en las páginas de un viejo número de Mondosonoro que leí hace poco tras rebuscar en un baúl donde guardo publicaciones ya degustadas de revistas varias.

No es mucha la información que se puede encontrar en la red sobre ellos, pero suficiente como para que dé de si para un trocito de esta entrada. Tres hombres y una mujer que se declaran tan devotos de la literatura de Jean-Jacques Rousseau como de las películas que protagonizaba Doug McClure, y que mezclan sorna con seriedad al declarar que musicalmente sus influencias son Aqua (aquel grupo danés que destacó en el Eurodance de finales de los 90's con su hit "Barbie girl") y Jim O'Rourke (célebre músico y productor estadounidense asociado a la escena experimental de Chicago (Illinois) y que amén de contar con una brillante carrera en solitario, formó parte de Sonic Youth y Gastr Del Sol). Un cuarteto que se toma todo a guasa con unas letras y una sonoridad festivas, que parten de la música de raíz americana distorsionando todo a su paso con furia rockera y actitud punk. Estos días he dado buena cuenta de sus dos únicos trabajos de estudio, el más reciente 'Welcome to Miami' y este flamante debut titulado 'The shivers', que es el que he elegido para la ocasión, porque sin desmerecer para nada la exaltación que produce la escucha del segundo, me parece un poco más inspirado y accesible.

Es un álbum brutalmente monolítico, tan físico que puede parecer descerebrado, pero en realidad es completamente sensacional, deja el pulso acelerado y lleno de endorfinas. Contagia vida, alegría, jovialidad, pasa en un suspiro. Huyendo de cualquier convencionalismo sonoro, pueden recordar a una suerte de Modest Mouse ebrios y exaltados o a unos The Rural Alberta Advantage con más nervio de lo habitual, y al segundo dejar esa sensación en agua de borrajas para acercarse al universo garagero de The Sonics o emparentarse con el despiporre cavernícola de los australianos Black Lips. Un auténtico viaje a la alteración de los sentidos con breves espacios para la cordura. No sorprende que el líder de la banda de Boise (Ohio), les cité como un grupo imprescindible si se quiere conocer algo espontáneo que atrape al instante, de hecho él quedó prendado de ellos en un directo que ofrecieron en la ciudad natal de Slam Dunk, con estos díscolos individuos ejerciendo de abrelatas.El afable Douglas comentaba en aquel ejemplar de la conocida revista gratuita de tirada nacional, que desde que les oyó por primera vez con motivo de la ocasión, se levanta cada día con una canción suya en la cabeza, y que al principio le gustaban por sus extrañas baterías punk y todas esas voces a gritos, pero que después de infinidad de escuchas, encontró muchos caminos distintos y diferentes matices en su mensaje, esenciales para empatizar con su ideario (sic). Y esa es la clave de estas diez canciones, que crecen con el tiempo.

Por eso os animo a disfrutar de esta aventura a todo los que no lo habéis hecho ya. Os sorprenderá por lo difícil que es de encasillar en un solo estilo y por la facilidad que tiene para contagiar su energía a través de piezas tan salvajes como "Only fun", que se abre con un chirrido de retroalimentación y un solo acorde de guitarra, función que se prologan durante tan solo trece segundos, como un aviso en forma de receso que anuncia que a continuación todo el infierno se va a desatar, en un brote ruidoso demoníaco, con un desgarrado lagrimeo de garganta que hiela la sangre de otros diez, mientras y con un pisotón garage-punk., los dos minutos restantes son una mezcla de adrenalina expuesta a gritos alegremente descuidados, solos de guitarra feroces y ganchos al mentón, "Bleacher lovin", con un ritmo cabaretero que puede traer a la memoria a los oscuros The Denver Gentlemen pero con una marcha mayor, y un registro vocal menos denso, rozando el bluegrass en espiritu, "Slowdance", trallazo rockero, agresivo desde su inicio para llevar la contraria a su título, con unos versos afilados y un estribillo tan básico como pegadizo, "Feral child", con ese deje sixtie tan afín al legado de los grandes héroes del sonido Detroit, "Bearcub", un corte que se alarga hasta pasados los cinco minutos y medio, rompiendo la tónica general de excederse en el desarrollo y que supone una deliciosa incursión en el indie-pop melódico, cargado de densas armonías vocales y un conmovedor texto sombrío, que sin embargo desemboca en su su desenlace en una muestra más de desenfreno adolescente desbocado más próximo a la banda sonora de la añorada serie infantil 'Fraggel rock' que de cualquier otro referente moderno, "Viva slam dunkus", hipervitaminada pista de altos vuelos y que abraza la aterradora ferocidad de los holandeses The Beavers, "Ratcatcher", mi favorita del lote, una tonada suave que empapa sus voces en twee-pop y el tintineo del piano en una reverberación cavernosa que nos lleva a imaginar una escena de película del Oeste, y es que excursiones estilísticas como esta hacen que su material optimista parezca ardiente y demostrativo de que hay un lado sutil dentro de la misma cara anárquica del grupo, "The beach", que incita a formar parte de un pogo desmadrado, "Do the slam dunk", con un comienzo post-punk que guarda conexiones con Joy Division y The Gun Club a partes iguales pero que posiblemente sea más acorde al imaginario del gran Jello Biafra y sus célebres Dead Kennedys, y "The shivers", cierre extraño y divertido a un trabajo original e inimitable que podéis escuchar integro, al igual que el resto de su discografía, en el enlace a su bandcamp que pondré a la finalización de estas líneas.

Convertidos en la actualidad en quinteto con la incorporación de un miembro mas que ya ha aportado su granito de arena en el nuevo disco, Slam Dunk son Kain Bryson, Caitlin Gallupe, Duncan MacConnell, Jordan Minkoff y Luke Postl. La hermana de este último, Emma Postl y Georgia Love, colaboran en 'Welcome to Miami' aportando saxo y trompeta, y voz, respectivamente.

http://slamdunk.bandcamp.com/

RICHARD SWIFT

martes, 4 de febrero de 2014
THE ATLANTIC OCEAN (2009)

A duras penas a causa de una lesión en los dedos anular y meñique de la mano izquierda que me hace ardua la tarea de escribir con normalidad, afronto esta entrada con ganas de entretenerme un rato con este hobby que tanto me estimula. Arrastro esta dolencia, que se ha extendido a toda la mano zurda, desde el pasado Domingo y llevo ocho días tecleando como una tortuga cada vez que me pongo delante de mi viejo portátil, ya que me recomendaron usar solo la derecha y además llevo una aparatosa férula, pero me pueden más las ganas de continuar dando la murga por aquí que de hacer bondad y reposar tragando tele, total tampoco es para tanto y un balón de baloncesto no me pudo dejar tan fastidiado como para no poder hacer algo tan básico como publicar algo en el blog, contando alguna anécdota y compartiendo lo que me inspira un disco concreto. A paso lento pero firme, con el brazo en cabestrillo para evitar tentaciones impacientes y con música de fondo, voy a echar un rato largo para empezar la semana con buen pie y darle vidilla a esta (ya sea por una cosa o por otra) inconstante bitácora, con la relajación y buen ánimo que despierta la propuesta de este artista del que es difícil saber su procedencia exacta puesto que le gusta decir que no pertenece a ninguna parte concreta pero nació en el sur de California, llevando después una vida nómada junto a su familia que le llevó a recorrer y residir en gran parte de la geografía estadounidense.

Polifacético donde los haya, el bueno de Richard Swift emplea su tiempo en componer, producir a bandas y músicos como Damien Jurado, Foxygen, Gardens & Villa, The Maynards, Laetitia Sadier (voz de Stereolab), Guster y Jessie Baylin, dirigir cortometrajes, supervisar su estudio de grabación y participar como miembro a tiempo parcial en The Shins, pero por encima de todo eso, su principal fuente de actividad la encontramos en su carrera en solitario, avalada por nueve álbumes de larga duración y un buen puñado de Ep's. Del que fuera su último trabajo de estudio me viene de gusto hablar hoy, pero antes me apetece también contar un poco la manera en que me interesé por su discografía porque es tan boba que no puedo evitar soltarla para que os echéis unas risas sabiendo como ha funcionado siempre mi cerebro. La cosa fue tal que así...empecé a consumir su música a partir de un recuerdo de infancia o mejor dicho de adolescencia, que implicaba coches y baloncesto (oh, que novedad), dos de mis mayores intereses. Cuando era crío, había una pescadería al lado de mi casa, tocando puerta con puerta en mi calle, y la dueña tenia un coche pequeño con pinta de deportivo que me fascinaba, con lo que al preguntarle a mi hermano la marca y el modelo se me quedó grabado el nombre para siempre. Era un Suzuki Swift, que visto ahora no parece tan deslumbrante, pero en su época y tal y como lo tenia de cuidado aquella mujer, destacaba bastante aparcado en la acera junto a los viejos turismos de chapa chichinabesca que poblaban mi barrio. Esa fue la primera toma de contacto con el apellido del protagonista del post de hoy, pero unos cuantos años después lo volví a oír con fuerza, cuando seguía la histórica temporada rookie de nuestro Pau Gasol enrolado en las filas de Memphis Grizzlies, porque junto a él, jugaba Stromile Swift, un ala-pivot con una capacidad de salto asombrosa que aparecía cada dos por tres en el ranking de mejores mates de la semana. Como no podía ser de otra manera en base a mi incipiente fijación por la música, en cuanto me enteré de que existía un tipo llamado Richard Swift, lo interpreté como una señal de que debía cerrar la triangulación y me iba a encantar esa última elección. 

No acaba ahí la unión de circunstancias porque a raíz de una conversación reciente con bboyz y Sulo, se me pasó por la cabeza que del mismo modo que aquel bólido japonés y el atlético baloncestista desaparecieron del mapa y nadie se acuerda de ellos, la carrera estadounidense parece sufrir un hiato interminable en su faceta en solitario. Hace cinco años que no edita material en individual (tres si contamos su proyecto paralelo bajo el nombre de Instruments Of Science & Technology y cuatro si tenemos en cuenta su Ep, 'Walt Wolfman') y eso desconcierta a sabiendas de que siempre había hecho honor al significado de su apellido, sinónimo de rápido en lengua inglesa, publicando álbumes sin cesar. Sin embargo ante esa incógnita que produce la respuesta de cuando proseguirá su carrera, podemos consolarnos con discos tan eclécticos como este 'The Atlantic Ocean'.

En su juventud, se mudó a menudo con sus progenitores y hermanos pasando largo tiempo en zonas rurales en el norte de Minnesota y el sureste de Utah, comenzó a actuar y cantar en diversas iglesias cuando solo contaba con catorce años de edad y en su adolescencia, era conocido en los diferentes institutos donde se formó académicamente, por hacer películas con una cámara de vídeo portátil, para pronto pasar a experimentar con una grabadora de cuatro pistas creando un universo musical propio, que iba grabando en su casa y guardando como oro en paño para sacarle provecho en el futuro. No es de extrañar que con esa prematura pasión acabara siendo un auténtico talento, pero antes de lanzarse de lleno a mostrar su imaginario, estuvo un tiempo tocando los teclados en Starflyer 59, una banda cristiana que tenía a Catherine Wheel como principal fijación. Fue por un corto periodo y al salir de la formación se puso las pilas para autopromocionarse.

Vendió una serie de copias de su primera referencia, 'The novelist', en multitud de ferias en los alrededores de Los Angeles (California), con buenos augurios, luego sacó a la luz un segundo asalto compuesto por versiones de algunas de sus mas claras influencias, firmó por Polydor e inició una buena relación de amistad con Jeff  Tweddy, vocalista de Wilco, que le prestó su loft para grabar su cuarto trabajo y le reclutó para la gira de 'Sky blue sky'. A partir de ahí fue un no parar hasta llegar a este plástico y tocar techo compositivo. Una obra muy accesible, variada y cercana que podemos situar en algún lugar entre The New Pornographers, el Frank Zappa más digerible, Rox Sexmith, la primera etapa de Andrew Bird, Spencer Davis Group o Bobby Darin, con las melodías de The Beatles y el soft-rock de Todd Rundgren haciendo mella en cada pista. Un popurrí laureado que hace fácil la degustación del disco abrazando piezas tan deliciosas como "The Atlantic Ocean", de ritmo trotón marcado por un piano, adornada con teclados, sintetizadores y ligeros vientos, donde destaca su peculiar timbre de voz, junto a esos devaneos soul de su manual de estilo, mucho más perceptibles en la genial "The original though", que perfectamente podría haber creado junto a Danger Mousse o cantando a dúo con Cee-Lo Green, ambas mitades de Gnarls Barkley, "Balld of old what's his name", de corte clásico, muy afín a lo que hacen Dr. Dog en su glorioso 'Fate', una canción fascinante por sus preciosos arreglos y su estribillo travieso, "R.I.P.", melancólica, con una letra que es pura reflexión, arrimando su mensaje al que antaño ofrecía Harry Nilsson, "Already gone", donde vuelve a lucirse con los versos y canta dulcemente sobre un compás de vals, "Hallelujah, goodnight", curiosa y simpática brevedad sonora que arranca una sonrisa del rostro del oyente, y que da una clara señal del porque James Mercer le fichó para su banda, "The first time", que se abre con una pequeña máquina de tambor y un banjo reposado para evolucionar hacia una sabrosa gema pop que posiblemente se hace con el papel de tema estelar del lote, "The end of an age", que aboga por la sensibilidad otoñal y en cuyo ambiente planea la sombra de Burt Bacharach, "A song for Milton Helter", festiva y agradable para alzar los cascos de cerveza en compañía y brindar en desbocados cantos de felicidad, y "Lady luck", lo mejor para el final, una de sus más inspiradas composiciones si no la que más, una brillante tonada que abarca toda la magia del catálogo de la Motown Records, en el que posiblemente sea uno de los más logrados cortes de despedida de la historia.

Ricardo Sigilfredo Olivarez Swift-Ochoa (no es ninguna broma...ese es su nombre completo), tuvo la ayuda en el estudio de instrumentistas tan capacitados como Ryan Adams (ilustre líder de Whiskeytown con una aclamada trayectoria en solitario), Sean Lennon (hijo del mítico John Lennon y Yoko Ono), el popular productor y músico británico Mark Ronson (responsable del sonido de la gran mayoría de multiventas de este milenio), Casey Faubert (colaborador habitual de Sufjan Stevens, ex-guitarrista de Pedro The Lion y que ha participado en discos de Bob Dylan, Ester Drang, Rosie Thomas, Throw Me The Statue y Rocky Votolato, entre otros) y Steve Moore (componente de los siempre reivindicables Earth, los imponentes Sunn O))) y los progresivos Zombi, que además ha estado presente en todo el material de Laura Veirs).

GARDENS & VILLA

sábado, 25 de enero de 2014

GARDENS & VILLA  (2011)

Hay músicas que parecen diseñadas o más bien creadas, que lo primero que he dicho suena feo y puede llevar al equívoco, para según que momentos. Creo que en la actualidad tenemos la fortuna de poder recurrir a cualquier disco desde la sana intención de querer disfrutar de él, pensando en que puede ser la banda sonora apropiada para la acción que estemos desarrollando o el instante que estemos viviendo. No sale uno de su asombro al pensar en la cantidad de propuestas de distintos tipos que existen y la verdad es que por mucho que digan los puristas, esta manera de comunicarse artísticamente está en constante evolución aunque sea partiendo de ideas inventadas mucho más atrás en el tiempo, crece a pasos agigantados brindando tanto las mismas emociones que antaño como nuevas vías de transmisión sensitiva y proporciona un interés que hace que muchos lo tomemos como nuestra mayor afición. Desde mi humilde punto de vista, a pesar de que cada vez resulta más difícil abarcar todo porque no paran de surgir cosas nuevas, hay una enorme cantidad de grupos que aportan muchísimo y no necesariamente desde la popularidad, incluso diría que al contrario, lo hacen desde un discreto segundo plano revitalizante gracias a la beneficiosa virtud de crear sin presión alguna. Miles de formaciones de una punta a otra del mundo, exploran infinitos terrenos en sus propuestas para beneplácito del consumidor y todo ello permite que tengas un campo de elección majestuoso a la hora de escoger que queremos tener de fondo en cada experiencia vivida.

Buena muestra de ello la dan estos muchachos de Santa Barbara (California), que a mi personalmente me inspiran nocturnidad en el sentido más seductor de la palabra. Siempre me apetece apreciar su discurso cuando ha caído la noche y si puede ser me gusta que suenen sus canciones mientras camino por las calles desiertas de mi barrio o viajando en coche hacía algún lugar lejano, de hecho es así como recuerdo cada una de las audiciones que he dedicado a este fabuloso debut titulado de forma homónima que dentro de muy poco tendrá su correspondiente continuación, la cual ya tengo en mis dominios y puedo garantizar que sigue con fidelidad la estela marcada desde estos recientes inicios. Sin embargo, la segunda toma de contacto con sus deberes contractuales a cumplir con el excelente sello Secretly Canadian, se estiró durante un mes de trabajo tenaz en un almacén convertido en estudio de grabación, aguantando el crudo invierno del Medio Oeste, un paisaje exterior disociativo para Gardens & Villa, cuyos miembros están más acostumbrados a las cálidas brisas y las olas de su tierra natal.

El entorno ayudó a superar problemas en el seno de la banda, aliviarles el estrés, la tristeza y la ansiedad que arrastraban en esos días, emociones negativas que se evaporaron con el aire frío de los frondosos bosques de Michigan donde se concibió finalmente el álbum. Pero nada más lejos de mi pretensión, destripar su nuevo álbum, solo quiero explicar esto porque de algún modo, en base a lo que cuento respecto al oyente, es bueno saber que para los artistas también influye como se encuentren interiormente a la hora afrontar la entrega de nuevo material. Si en su nuevo plástico la situación en sí no podría haber sido más ideal para la creatividad desenfrenada, puesto que el hecho de encontrarse en casa  ajena les llevó a concentrarse en lograr una obra más depurada, recurriendo al dotado productor Tim Goldsworthy, conocido por sacar máximo rendimiento a gente como Hercules & Love Affair (proyecto en el que anduvo metido Antony Hegarty de Antony & The Johnsons) y los australianos Cut Copy, y que en esta ocasión tuvo vía libre para encauzar el mensaje de estos chicos en la dirección apropiada, en su primer asalto la cosa fue por un trayecto alterno.

Su debut tenía la frescura adecuada, mezcla un cierto tono oscuro muy atractivo que por momentos recuerda a los olvidados Boedekka con unos leves destellos funk, (muy distorsionados y encubiertos), soul (resaltados en la faceta vocal, donde destacan falsetes de mucha calidad), y devaneos tropicales (solo en contadas ocasiones se quitan los trajes de etiqueta para darse un baño en playas soleadas), que hacen justicia a su origen californiana, prolífico y variado. Estas diez canciones suponen una exploración juvenil, cruda, opulenta, lánguida y cristalina respecto al pop, pero todo en pequeñas dosis sin desperdiciar ni un ápice de nervio eléctrico, acudiendo a menudo al manual de estilo del shoegaze y el indie rock en todas sus variantes. The Subways, los Local Natives de 'Gorilla manor', sus compañeros de escudería Yeasayer o Lansing-Dreiden, pueden ser perfectamente los grupos actuales con los que se podría asociar esta propuesta musicalmente hablando, aunque también podemos mirar atrás y decir que lo que aquí podemos degustar toma unos sorbos del brit-pop de Blur (les tomo como referencia ante todo por su común interés sixtie) a través de un filtro sintetizado ancaldo en los 80's innegablemente costero y moderno. Al tiempo pueden tirar simultáneamente de Gary Numan, de The Kinks y del rock progresivo más extraño dentro de cualquiera de los temas de su repertorio.Y como un té bien dulce, que está hecho con las cucharadas correctas de azúcar, cada pequeña joya exuberante explora el maravilloso misterio entre intuición y dominio, entre tensión y reposo. La unión de todas estas fuerzas de la naturaleza sonora la comprobamos en cortes tan bellos como "Black hills", que bien podría justificar por si sola la adquisición de este disco, con esos punteos efervescentes de bajo y guitarra y ese recitado pasional que se aproxima a Glasvegas pero con algo más de empaque orgánico, "Cruise ship", como si Kasabian decidieran desempeñar un papel más accesible dentro de su condición de genios de la melodía accesible con instrumentación carnosa, una pieza que no huye del ritmo y escarba en las reminiscencias de lo bailable, "Thorn castles", que aún va mas allá que su predecesora, con un estribillo extrovertido en algún lugar entre Dexy's Midnight Runners y Dogs Die In Hot Cars, en clara fusión de pasado y presente, "Orange blossom", donde tiran de recursos electrónicos y una flauta travesera, estrambótica pero eficaz idea, "Spacetime", veloz y rica canción que de contar con una voz femenina al frente bien podría formar parte de cualquiera de los discos de bandas ajenas como CSS y Le Tigre, "Chemtrails", un diamante en bruto, slowcore de muchos quilates sobre el que planea la alargada sombra de los sensacionales Low, "Sunday morning", inmersa en la piscodelia amansada, volviendo a hacer uso de esa flauta que tan buena dinámica les brinda, y ese par de caprichos folk con los que cierran la misión, "Carrizo plain" y "Neon dove", verdaderas maravillas transmitidas desde la sencillez y la fragilidad.

El quinteto californiano formado por Chris Lynch, Adam Rasmussen, Levi Hayden, Shane McKillop y Dusty Ineman, viajó hasta el estado de Oregon para grabar esta puesta de largo contando para la ocasión con su colega y compañero de sello, Richard Swift (hoy miembro fijo de mis idolatrados The Shins), tras los mandos.


JUANA MOLINA

martes, 21 de enero de 2014
UN DÍA (2008)

Ha llovido bastante desde que el bueno de Fran Fourcade, mitad de la genial banda bonaerense Uma Totoro, me pusiera tras la pista de esta genial compatriota suya, pero desde entonces no he dejado de indagar en su discurso, de sumergirme en su enigmática sonoridad y asombrarme al comprobar que a cada escucha se descubren nuevos matices en su música, haciendo que te atrapen sus canciones de una manera arrolladora. El día que este hombre tuvo el buen hacer de dármela a conocer, me envió un mensaje diciendo 'no sé si conoces a esta mujer, si nunca la escuchaste te recomiendo prestarle un oído. Para mi es lo mejor que hay por estos lados, creo que a David Byrne le ha gustado mucho y hace un par de años hicieron alguna gira. Tiene algo de Björk, aunque es mas folk, cuesta encontrarle un parecido es muy interesante como usa los loops y se va grabando cosas encima, hace un tiempo fue telonera de Air, tocaron un montón de bandas horribles de aquí a las que nadie les prestó atención. Juana tocó momentos antes de los galos y fue increíble'. Ante esas fervientes palabras y viniendo de un tipo con tan buen gusto (doy fe), no pude mas que aprovechar el enlace que me adjuntó y disfrutar de este magistral 'Un día', penúltimo álbum editado hasta la fecha por parte de esta compositora de Buenos Aires (Argentina). Además tiempo atrás leí un reportaje en el que se entrevistaba a John Frusciante, guitarrista de Red Hot Chilli Peppers y reconocido melómano, en la que afirmaba llevar años enganchado a los discos de este mujer, lo que sumado a la devoción del ex-líder de Talking Heads, hacía presagiar que lo suyo era algo grande.

La manera de explorar sobre su propia identidad y su impecable mezcla de estilos abordada desde una constante evolución, hacen de su obra, algo fresco y original. Me preguntaba hace unas semanas mi apreciado colega Sulo Resmes, que para cuando un poco de espacio en este blog para artistas lationamericanos que interpretan en el idioma de Cervantes, al tiempo que me recomendaba oír a Pascuala Ilabaca, un auténtico hallazgo desde tierras chilenas, y con Juana Molina me animo a desempañar esa ausencia. Me viene al pelo aunque se aleje de la tradición, porque estoy muy enganchado a sus conceptos y además ya tengo máxima motivación por gozar de su nuevo álbum, que casualidades de la vida me ha avisado el mismo Fran esta tarde de que circula desde finales del año pasado. A la espera de renovarme y enredarme totalmente en ese nuevo trabajo (estoy seguro de que así será), quiero compartir mis sensaciones sobre la que fue su quinta ofrenda y comentar un poco de su trayectoria, rara y curiosa como todo su universo personal.

Hija del cantante del famoso cantante Horacio Molina (una de las voces mas representativas del tango a nivel internacional) y de la modelo, arquitecta y actriz Chunchuna Villafañe (a la que hemos podido ver en la co-producción hispano-argentina 'Vidas privadas), de tal palo tal astilla y de casta le viene al galgo porque aparte de sus facultades musicales también ha hecho sus pinitos en el mundo de la interpretación, en concreto en dos productos muy marcianos, los cortometrajes 'Pescados' y 'Barbie también puede estar triste' (este último animado, participando solo en el doblaje, labor que repitió haciendo lo propio con el personaje femenino de 'Los increíbles'), y tuvo su propio programa de televisión 'Juana y sus hermanas' (claro guiño a la película de Woody Allen), tras haber debutado como artista cómica a finales de los 80's en 'La noticia rebelde' un espacio humorístico de notable éxito. Tras triunfar en esa faceta, alzándose con premios y nominaciones a la 'Mejor labor cómica', se quedó embarazada y eso le llevo a reflexionar sobre hacía donde estaba guiando su carrera. Su rápido ascenso al estrellato la estaba apartando de su música, así que decidió cancelar sus proyectos en el medio de la comunicación visual, a pesar de que estaba en la cúspide de su popularidad, algo que muchos críticos mantienen en su contra desde hace años. Se centró en su verdadera vocación y publicó 'Rara' su debut en formato de larga duración, una colección de canciones que se desarrollaba al ritmo de unos teclados y una guitarra acústica generando una atmósfera folk. Había vivido su adolescencia en París (Francia) adonde se trasladó su familia huyendo de la dictadura, y en ese periplo estuvo absorbiendo sonidos de todo el mundo a través de la radio, cosa que le abrió una vía inagotable de inspiración para crear su propio proyecto. Grabó infinidad de cintas con esas canciones que provenían de otros continentes y culturas, pero un día tuvo la desgracia de perderlas (más bien se las robaron), con lo que el aprendizaje quedó cortado de cuajo, aunque como no hay mal que por bien no venga, a partir de ahí nació una nueva canalización en su interior y le brindó la posibilidad de idear una identidad genuina para sus composiciones.

Todos esos pasos se pueden percibir en aquella lejana ópera prima y las venideras, aunque le golpe de efecto que asentó las bases de todo esto fue su decisión de fijar su residencia en Los Angeles (California), antes de aventurarse a grabar una continuación a su primer asalto. Allí aprovechó el tirón de aceptación que había tenido 'Rara' en las radios universitarias. Durante su estancia allí, se familiarizó con los teclados, sintetizadores y efectos de distorsión. Estas herramientas le proporcionaron la posibilidad de tratar de aproximar esos sonidos misteriosos y encantadores que ya rondaban en su cabeza desde que se afincó en la capital francesa y al aplicarlo a 'Segundo', su segundo (valga la redundancia) álbum, la cosa comenzó a ir viento en popa y se hizo conocida a nivel mundial. Sus recursos electrónicos de manto bucólico usados para innovar dentro de los sonidos digitales llamaron la atención de lo medios y compañeros de profesión como los arriba mentados, y a su vez el anuncio de que esa semilla sería exprimida para hacer del resto de su carrera algo que no se alejaría de esas coordenadas, motivó a los adeptos para prestar atención a sus siguientes entregas. Regresó a sus tierras para conducir un programa de radio y tomarse una temporadita de relax. Brian Eno, Nick Drake, Matahari y Bunder, eran los grupos y artistas de su agrado que pinchaba en las ondas y para su beneficio creativo también le ayudó esa experiencia.

Lo demás es historia hasta la llegada del que para mi, y a la espera de devorar su más reciente plástico, es su techo compositivo. Entre medias, fichaje por Domino Records (hogar de centenares de ilustres de la música independiente del hoy y el ayer, entre los que en la actualidad destacan Franz Ferdinand, Arctic Monkeys y The Kills, como mayores exponentes), declaraciones de Byrne diciendo que 'Segundo' se había convertido en uno de sus discos favoritos de todos los tiempos, la inclusión de 'Tres cosas' (su tercera referencia) en la lista de los diez mejores del 2004 publicada en The New York Times, una más que notable acogida en el mercado asiático y giras junto a su colega Feist, con la que incluso sube a menudo al escenario para tocar al unísono una versión del 'Whole lotta love' de Led Zeppelin, comparaciones con Beth Orton y Lisa Germano y colaboración con The Chemical Brothers, prestando su voz en el tema de los británicos "Seal". La proeza definitiva llegó de la mano de canciones tan espléndidas como la titular "Un día", pieza que no elude su compromiso con la música de raíz al ser recitada de inicio como si de un himno del folclore se tratara, al ritmo de una hipnótica línea instrumental que va cobrando fuerza a medida que avanza, con una letra que es toda una declaración de principios e intenciones, un corte que por momentos recuerda a un cruce sorprendente entre la inmediatez de Ramona Córdova y la lisergia de unos Animal Collective en fase arqueológica, "Vive solo", canción de encubierta querencia brianwilsoniana, y es que su deuda con The Beach Boys a pesar de que quizás sea mínima, está de alguna manera presente en varios pasajes del disco, aunque siendo justos tal vez en esta ocasión la cosa guarda mas similitudes con el legado reciente de Björk o incluso los Radiohead más reposados, con sus tintes de bossanova a mitad y su voz doblada hasta la extenuación, "Lo dejamos", elementos hererados del trip-hop de Tricky o Portishead (según el cristal con que se mire), atmósferas penetrantes y espejos de reflejo emocional en ligeros posos de calma, "Los hongos de Marosa", algo más de nervio para una pista construida sobre armonías asimétricas, teclados envolventes y texturas del Medio Oriente, que sirve de homenaje a su admirada poetisa uruguaya Marosa Di Giorgio, "¿Quién? (suite)", preciosa tonada en la que la guitarra copa todo el protagonismo con unos acordes repetitivos pero muy fáciles de digerir junto a la magia coral que los acompaña, "El vestido", rítmica y pizpireta, hasta se puede decir que bailable y tarareable, "No llama", que bebe de la música de cámara y seduce con ese grato sabor lo-fi que parece pretender ser observado desde la distancia, y "Dar (que difícil)" punto y aparte que no hacía presagiar que vendrían cinco años de silencio, pero que con su compás progresivo y excitante deja saciado de bondades sonoras. Un trabajo exquisito que no admite parangón.

Juana Rosario Molina Villafañe, se guisó y comió esta faena en solitario, sin ayudas externas, pariendo como antaño hacían otros osados como Kevin Shields (alma mater de My Bloody Valentine) y el antes citado Brian Wilson, un material muy arriesgado con melodías casi tan accesibles como las del pop convencional.

GAYNGS

sábado, 18 de enero de 2014
RELAYTED (2010)

La música evoluciona a pasos agigantados y hoy en día cualquier fusión de sonidos es posible. Buena muestra de ello la da Gayngs,  multitudinario proyecto formado entre Eau Claire (Wisconsin) y Minneapolis (Minnesota) con ilustres artistas en sus filas. Hasta veintidós instrumentistas pasaron por el estudio de grabación para crear este formidable debut llamado 'Relayted' en el que abarcan infinidad de géneros sin rubor ni carencias. Encasillados por la prensa especializada dentro del soft-rock y el movimiento indie, desde mi humilde punto de vista, meter en un saco concreto a una banda tan fresca y variada como esta es casi un delito, pues por sus paredes pasa casi cualquier estilo, ya sea electrónica, trip-hop, ambient, dubstep, jazz, blues,soul, rock sinfónico-progresivo, folk, dream-pop, hip-hop, R&B o chill-out, en el que es uno de los discos más innovadores de los últimos años. Un bofetón a los puristas en el que se nota la implicación de sus miembros, entre los cuales podemos encontrar gente de mucho calibre que desvelaré al final de la entrada, pues no quiero que con ello se quite protagonismo a lo que de verdad importa que es su propuesta. Se percibe en cada nota que cada uno de ellos aprovechó para darse un festín desprejuiciado, abrazando géneros ajenos para la ocasión y haciendo que el resultado final sea óptimo con el granito de arena de cada cual.

Sintetizadores, teclados de todo tipo, órgano, saxo, trompeta, piano, guitarras acústicas, eléctricas y con slide, percusiones digitales y naturales, un bajo de seductora sonoridad y voces usadas como un aparatejo más, predominan en esta sublime obra que necesita ser estudiada, más bien degustada, en momentos puntuales de calma y relajación, puesto que lo piden sus canciones. Hay tantos matices y arreglos que si uno lo escucha de fondo no tiene ni la mitad de efecto que si le presta la máxima atención y se deja acariciar por sus melodías y destellos luminosos de melancólica belleza. Si se implican los cinco sentidos en cada nota, se descubre un portento que a pesar de no recibir mucha atención mediática en su día, se puede catalogar como una de las mejores referencias de la magnifica Jagjaguwar (discográfica con sede en Bloomington (Indiana), que acoge a bandas como Volcano Choir, Foxygen, Julie Doiron, Black Mountain, The Besnard Lakes, Angel Olsen y Dinosaur Jr.), en lo que llevamos de década.

Un álbum de sonido retro pero contemporáneo, descrito como un caminar sobre la línea de la sensiblería y la sinceridad, entre la parodia y la seriedad, siempre manteniendo un equilibrio entre el desenfado y la destreza. Tan pronto puede recordar a 10 CC, como a Procol Harum, Telefon Tel Aviv, Pink Floyd, las bandas sonoras de Ennio Morricone, Cocteau Twins o Tangerine Dream, bandas con las que me es más fácil asociarlos que con cualquier otro referente actual. Por algo el prestigioso periódico británico The Guardian, lo eligió como el mejor disco del año, porque es apto para todo tipo de paladares.

Se abre con la apaciguada y elegante "The gaudy side of town", un corte que tira del modus operandi de los franceses Air y progresa al ritmo de unos Archive nocturnos, dibujando preciosos surcos corales, y continua con la pasional "The walker", atmosférica, reposada pero intensa en algún lugar entre el Mark Lanegan más oscuro (el que deslumbró junto a Soulsavers) y la experimentación del gran Six Organs Of Admitance, "Cry", posiblemente la mejor canción del disco, una delicia de medio tiempo en la que destaca la labor vocal sobremanera, con la fantasmagoría de Alan Parsons Project por bandera pero un cierto aire a world music que penetra al instante para hacernos esbozar múltiples sonrisas de placer, "No sweat", que comienza en plan minimal con la sola presencia de un piano y un recitado a medio camino del soul y la música negra actual, pero que poco a poco va cogiendo forma envuelta en una base que parece prestada por Massive Attack, una pista de tono comercial que busca el cruce de caminos, pues van incorporando en ella diversos elementos que le dan un barniz multicolor, "False bottom", locura psicodélica que mira directamente a los ojos de Hawkwind con líneas de teclado alucinógenas y alaridos tribales, "The beatdown", sin dejar un respiro enlazada a su breve antecesora para encarar la misión hacia otros derroteros entrando la batería a golpe seco, y apoyándose en un estribillo armónico y orgánico que le da el brillo necesario, "Crystal rope", que fácilmente se puede uno imaginar como una más de las colaboraciones de Little Dragon en el debut de SBTRKT, "Spanish platinum", esplendorosa fusión entre jazz, blues, country y downtempo, próxima a lo que hacía Ludivic Navarre como St.Germain, y haciendo acopio del fabuloso timbre de voz del componente estelar del proyecto, al que reconoceréis enseguida, "Faded high", quizá la más bonita y simpática del repertorio, renovadores reminiscencias 50's con focos electrónicos en onda Cults, "Ride", otro caramelo rítmico que tira de recursos de artificio para emocionar, sujeta por una instrumentación digitalizada que incluso se puede asociar puntualmente a unos My Bloody Valentine bajados de revoluciones, y "The last prom on earth", limpia, magnética, atractiva y frágil despedida que de alguna manera refleja su fijación ochentera, una soberbia clausura que invade de tristeza al pensar que es más que probable que la historia de Gayngs haya sido efímera, pues han insinuado varias veces en entrevistas que esta sensacional ópera prima no tendrá continuación.

A uno se le alegra la cara al ver la gente implicada en esta aventura, la verdad. Todos los músicos que pasan por aquí tienen un currículo impecable empezando por el ideólogo Ray Olsen, líder de Marijuana Deathsquads y Poliça, Justin Vernon y Mike Noyce de Bon Iver, el inclasificable Har Mar Superstar, Joe Westerlund y los hermanos Brad y Phil Cook de Megafaun, Ivan Howard de The Rosebuds, Channy Leaneagh de Roma Di Luna, Zack Coulter, Adam Hurlburt y Shön Troth de Solid Gold, Maggie Morrison de Digitata, Jake Luck y Nick Ryan de Leisure Birds, James Buckley de Mystery Palace y Ponch And The Vandals, Dessa y P.O.S. de Doomtree, Grant Cutler de Lookbook, Michael Lewis de Redstart y Happy Apple, además de ser casi un fijo en la discografía de Dosh y Fog y colaborador habitual de Andrew Bird, y Katy Morley, Danny Krzykowski, Xander y Amish Kids, que se estrenaron como artistas en esta obra.