jueves, 21 de julio de 2011

A ROOM WITH A VIEW

ADDICTION OF DUPLICITIES (1999)

Ya han pasado siete años desde que los madrileños A Room With A View decidieron poner punto y final a su trayectoria, y lo cierto es que su recuerdo sigue flotando en el ambiente como una lágrima nostálgica. Ante la que para mí ha sido una de las mejores bandas nacionales de todos los tiempos por innovadora, valiente y personal, solo se puede quitar uno el sombrero por cada acto que tuvo durante su actividad, desde la maestría de sus discos como su propia separación cuando empezaban a abrirse paso entre la maraña de formaciones que pedían un puesto de honor en el circuito independiente de este país desde la sombra. Nunca tuvieron un reconocimiento masivo pero si un público fiel que todavía tiene muy presente los momentos proporcionados por el cuarteto con esa genuina mezcla de estilos que abarcaba desde el post-hardcore, al pop, el funk, el indie-rock e incluso el jazz, una coctelera de licores refrescantes combinados a la perfección y servidos en un sugerente tratado musical que alcanzó la cima de la virtud en dos maravillosos álbumes de estudio.

Ya hace mucho tiempo escribí sobre el segundo de ellos 'Jupiter and beyond', a mi modo de entender su carrera, el más inspirado por la evolución marcada que en él reflejaban, pero era de justicia que también dedicara una entrada a aquel formidable debut adelantado a su tiempo, que cerraba el siglo xx con la mirada puesta en un futuro no muy lejano. Estructuras complejas, ritmos genuinos, y esa peculiar inseguridad con retazos de poderío que tienen las óperas primas, hicieron de este 'Addiction of duplicities', una obra sin parangón que ganó más valor con el paso del tiempo, cuando nos echamos a los oídos su siguiente álbum, adalid de la madurez y de la pericia técnica sin aplicar marchas forzosas. Aquí se ven inmersos en un abanico referencial en el que confluye una misiva autoimpuesta que por certera merece la pena recordarla, y es que ellos mismos decían que 'Intentamos hacer cosas diferentes con lo que tomamos de las bandas que escuchamos.

Yo siempre he dicho que nuestras influencias son muy conceptuales, no es de escuchar un grupo y vamos a hacer esto, sino que es como pillar el concepto de canción', amén! ese era su principal reclamo, el hecho de no renegar de sus gustos pero llevarlos a su terreno, algo que por complicado tiene un mérito enorme, y así podemos notar el eco de Slint, The Police, Fugazi, Aina (aquí está la relación de la que hablaba ayer, ya que a pesar de que su sonido no tenga tanto que ver, si que lo tiene su posición en las dos ciudades que marcan el 'puente aéreo'), Hüsker Dü, Rites Of Spring, Codeine o The Ex, un soberano brote de disparidad que ellos supieron mezclar a las mil maravillas.

Ocho canciones soberbias que aún con todo permanecen al amparo de aquella obra maestra posterior, quizás por ser un trabajo más lineal, robusto y metálico, pero que entra directo al gaznate por temas tan lustrosos como "Fives only live one day", que comienza con unas guitarras punzantes que se ven acompañadas por una percusión prodigiosa (siempre he considerado a David Fernández el mejor batería del Estado) y un tono vocal que recueda un poco al de Geoff Farina de los imprescindibles Karate, "Grey", mi favorita del lote por la belleza de su melodía y su enfoque tristón interceptado por la furia estilística impuesta en los parones, en unas coordenadas en que las que podrían haber ahondado los mismísimos Faith No More, "Curtains", esos aires ragga y esos ritmos abismales que la hacen aproximarse a lo expuesto por Incubus en aquel ilustre segundo largo llamado 'S.C.I.E.N.C.E.', pero sin llegar a la contundencia de los de Calabassas en la mayor parte de aquel disco, sino más bien al reposo enérgico de su corte "Summer romance", "Drowning spaces", otra joya que añadir a esta fábula sonora, con una potencia sufrida que da un receso placentero a mitad para dejar la voz como valor estelar en el arranque instrumental, "Cero" poco menos de minuto y medio de armonía abierta al mundo con Shellac como punto de partida de la inspiración, "Four nights for a dreamer", aperitivo servido a fuego lento y manjar bocato di cardinale en un último minuto machacón que te hace levantar de un brinco, "Hold these hands", una canción que supera los siete minutos y que deja entrever hacía donde iban a ir a partir de entonces además de señalarme como embustero por haber dicho hace unos minutos que mi predilecta era otra, así que por tal infidelidad solo puede indicar que esta perla es grandiosa y que no os la debéis perder bajo ningún concepto, y "The minute before", la emoción de los sueños cumplidos, la celebración de la faena bien hecha, una preciosidad que arranca un suspiro de sensibilidad y que me vuelve a hacer dudar en lo dicho con eso de la elección de una sola pista para ponerla en cabeza, ya que este disco es genial de arriba a abajo y es difícil decantarse por una, aunque insisto una vez más, no alcanza la gloria de su monumental 'Jupiter and beyond'.

Me arrepiento de haber publicado aquel disco con un texto tan pobre (fue en los tiempos en los que todavía no era tan palizas), pero me alegra haberme resarcido hablando de ellos un poquito más en esta ocasión. A Room With A View eran José María De Miguel, Conrado Isasa, David Fernández y David Jiménez (en este álbum colaboraron haciendo coros Artur Estrada y Pau Santesmasses, ambos de Aina), que han continuado inmersos en otros proyectos que obviaré citar porque de este modo os puedo animar a leer el otro post que dediqué a esta añorada banda.

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