miércoles, 9 de enero de 2019

10º ANIVERSARIO DE MUSIC IS MY GIRLFRIEND CON MI DISCO FAVORITO DEL MOMENTO

ARROZ NEGRO (2018)

Pues si, diez añazos ya, que manera de envejecer a salud maltrecha, pero recobrando vida recientemente entra este espacio en su cumple y alcanza una década. Dando tumbos, cayendo casi en el olvido, pero ahí sigue, y lo cierto es que lejos de querer prometer que seguirá al pie del cañón, lo que me apetece es disfrutar su presente y por un día dedicarle todo mi aprecio al pobrete, que tiene la desgracia de tener un responsable indigno de tal denominación, pero vaya, que estoy contento de haber llegado a esta mágica cifra y de tener esto como diario personal musicalizado y emocional. Más de mil entradas, rozando el millón y medio de visitas, más de tres mil comentarios y...  basta ya, hombre, que manera de sacar pecho tan triste, que ando anclado en el ostracismo y eso es vivir de rentas, amigos. La cosa es que como digo, me viene de gusto celebrar y la manera más sencilla de hacerlo es dedicando unas líneas al disco que más he escuchado este año y por ende mi favorito, y quizá no tenga mucho glamour y lo fácil sería poner uno que se ajuste a las preferencias generales, pero es que quiero ser honesto y además halagar esta maravilla que ha publicado digitalmente el artista toledano Diego Rodríguez a través de Descrito Ediciones. Si, lo sé, he dado bastante la murga con este tío, es amigo mío y bla bla bla, pero es que me toca la fibra con cada trabajo que saca a la luz y esta vez lo ha hecho todavía un poco más que con sus antecesores.

Con 'Arroz negro' y con el resto de su discografía, toca teclas que beben compositivamente de las mismas fuentes sonoras que me han abastecido a mi como simple oyente a lo largo de mi vida, y ante eso es imposible no conectar. Recuerdo mi primera toma de contacto con este hombre y fue por aquí, a raíz de intercambiar comentarios en nuestros blogs, y años después, generada una confianza tuvo el buen gesto de compartirme algo de lo que estaba montando en solitario, ya que si no estoy en un error, días atrás había manifestado en su casa cibernética lo que me había agradado Postmeridians, uno de los diversos proyectos en los que anduvo involucrado en su años mozos. Con discreción y sin pretensión alguna, me pasó unas cuantas canciones en una carpeta comprimida y me animó a escucharlas para ver que me parecían, y debo confesar que no tenía idea de que me iba a encontrar aunque las acogí con buena predisposición porque otras veces me había pasado con visitantes de esta página mía como Uma Totoro (a los que por cierto, salvo sorpresa, dedicaré la próxima reseña), Un Día Perfecto Para el Pez Banana o EVeden, pero la cosa es que superó todas mis expectativas. Aquellas pistas eran exquisitas, con un discurso personal, unas letras bien elaboradas, con sentido del humor y muy directas, sin grandes alardes, tirando del yo me lo guiso yo me lo como, geniales sin excepción, y claro, no pude más que dedicarles una entrada ipso facto en cuanto las subió pulidas a bandcamp. Lo que fue sacando después me siguió encantando y varios de esos lanzamientos los fui posteando por aquí, pero hoy toca centrarse y defender su obra más reciente.

Para esta ocasión el músico anteriormente conocido como Lahey hasta que un mentecato escribió mal su nombre a causa de su dislexia anglo-alpargatera, se tomó su tiempo para dar forma a una colección de piezas cuidadas al detalle que están cubiertas por un manto de nostalgia noventera, aunque sin llegar al exceso e inmersas en la búsqueda de su propia voz. Doce cortes que unidos forman un conjunto excepcional pero que relucen cada uno a su forma en individual, lo cuál da un crédito aún mayor a la que es su décima referencia. Elegir cual de sus creaciones es mi predilecta es como poner en la encrucijada a un padre de familia numerosa pidiéndole que elija favorito entre sus vástagos, pero aquí todo luce más compacto, comenzando por la instrumental "Mejor que en brazos", donde los instrumentos viven en armonía, con un bajo pronunciado, y una guitarra de melodía preciosista al amparo de un compás de batería impetuoso, dando paso a "Chiclana", con esa acústica y esa manera de cantar más convincente que nunca, y es que esa característica voz que tiene ansiaba que se le sacara más partido, aunque a decir verdad hasta entonces había brillado como un componente triunfal a su manera igualmente, "Trae la tarta (que voy a estamparla contra la pared)", una estupenda pieza con cambios de ritmo, reposada pero con su dosis de nervio bien entendido y una letra excelente, aunque debo decir que me irrita un poco escuchar este tema debido a que su estribillo me recuerda una barbaridad a algo que tengo por el disco duro o el ordenador, pero por más que la oigo no caigo, y no sabéis el quebradero que me da eso, pero vaya, cosas mías, la cosa evoluciona al alza con "Un fado al azar", con alma más de nana que de folclore portugués, sacando a referentes viejunos como 'Narciso's show', que te hacen esbozar una sonrisa cómplice, "Sangre de horchata", una semi-instrumental enorme, de mis preferidas de toda su discografía, en algún lugar entre Kc Accidental y Ratatar, una poderosa exquisitez, preámbulo idílico para la homónima y estelar "Arroz negro", una oda a la lucha interior (o al menos así la veo yo) que me emocionó hasta el nudo en la garganta la primera vez que la oí, y que me acompaña muy a menudo en momentos donde necesito canturrear, bueno, yo que sé, me fascina esta rola oigan, por su belleza lánguida, por la voz de Ángeles Vargas, que colabora aquí y que madre mía, que bien lo hace, como se adapta al tono, o tal vez por como se digiere, o bien mirado por ser realmente perfecta, eso es! por ser una canción redonda, "Seis cosas", con unos coros y un ritmo adorable, breve pero tan natural que desprende aroma a lujo, "Nadie sufre", tristona pero con un leve destello humorístico que se agradece, y es que la ironía es la mejor compañera y un final apoteósico del que no quiero hacer spoiler, pero que encaja de forma idónea con "Sindrome de Lou", sin voces, pero con extractos de una entrevista a Lou Reed que no tiene desperdicio y que casa a las mil maravillas con esa sonoridad que le acerca a los Yo La Tengo más nocturnos, "Yuncoslavija", la más eléctrica del lote, imponente, elegante, aguerrida, una furiosa proclamación sarcástica en la que unas trompetas locas ponen un toque ecléctico tan extraño como efectivo, "Croacia", la enésima delicia, tierna, melancólica, una de sus mejores composiciones hasta la fecha, y "Ostracisma", broche de oro con la presencia de nuevo de la genial cantante jalisqueña recién 'llegada' de hacer coros en la anterior y que aquí envuelve con su registro vocal unas polifonías de categoría.

El verdadero Diego de la gente, compuso, grabó, produjo y mezcló este fabuloso 'Arroz negro', cuya imagen de cubierta también lleva su firma a pachas con Alfredo Copeiro. Al final de estas líneas dejo la bandcamp de Descrito Ediciones para acceder a la escucha y adquisición de este trabajo por un módico precio, y enlazo la suya propia para picotear en sus anteriores movimientos, amén de compartir las chapas que dediqué a "Skull & Comb", "Vamtcaänp" y "Vojvodina". Y nada más, por mi parte decir que sigue siendo un placer compartir mis gustos musicales por aquí aunque sea de ciento a viento. Ojalá pueda retomarlo a menudo.

https://descritoedicionesmusic.bandcamp.com/album/arroz-negro

https://soylahey.bandcamp.com/

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