miércoles, 6 de agosto de 2014

TARNATION

MIRADOR (1997)

Mucho tiempo atrás, estuve echando una timba de póker casera con los amigotes del basket en el terrado de uno de ellos, pasando un frío desgarrador pero disfrutando de conversaciones amenas, buenas risas y mejor música. Era un sensación agridulce, pero pensé que sarna con gusto no pica y ni siquiera me arrepentí del dürüm que me metí entre pecho y espalda como cena, que me provocó un desenlace nocturno algo desagradable que afortunadamente se solventó pronto, al llegar a casa y relajarme en el sofá para hablar con mi pasión femenina hasta altas horas de la madrugada poniendo un grato broche a una velada idílica viendo un episodio de 'Oz'. Así nos tomábamos las concentraciones en mi equipo, con whisky, haciendo piña y desgastando suela en antros de mala muerte los más jóvenes y reposando en su hogar los veteranos, como mandan los cánones en una plantilla amateur. Lo bueno es que somos una piña dentro y fuera de la cancha y nos unen muchos gustos como las melodías que nos entran al oído en esas reuniones, como fue el caso ese día, enchufando nuestras selecciones del mp3 a una pequeña radio y gozando con la banda sonora de la jornada. De lo que llevé yo, que suele ser lo más raruno, todo hay que decirlo, les gustó a la mayoría esta olvidada banda de San Francisco (California), que muchos consideran de culto dentro del alt-country  menos complaciente con las masas.

Os preguntaréis que a santo de que recuerdo todo esto ahora, a toro pasado, y la razón es que justo dos días después sufrí la lesión que me apartó de las canchas, y hoy ha venido a mi memoria aquello, al ver esta entrada en borradores, donde la tuve que aparcar de manera indefinida por la frustración de releer las líneas escritas y ver que luego vino un golpe duro. Ha pasado rápido el tiempo y me ha parecido bien conservar la introducción añadiendo unos puntuales cambios, porque después de todo, lo que interesa es comentar este magnifico disco y escuchándolo en esta soleada tarde me ha invadido un sentimiento optimista, de los que te hacen reflexionar sobre la magnitud de las cosas. Y es que a pesar de que su sonido se asocie al alt-country oscuro, para mi es balsámico cuando en él entra la luz. Además, haciendo un paralelismo con la cuestión de como vamos viviendo los acontecimientos, Tarnation, nunca tuvieron un reconocimiento desmedido y su esencia se evaporó tras un periplo tan discreto en fama como lustroso en calidad. Su idilio como banda duró bien poco, apenas cinco años, pero dejó como herencia tres álbumes es estudio preciosos.

Su trayectoria fue de menos a más, evolucionando de manera firme y dejando la corazonada de que de haber seguido, habrían sido muy grandes aunque posiblemente jamás habrían salido de ese segundo plano en el que actúan las formaciones de este tipo. No obstante el proyecto sufrió varios cambios de personal, manteniéndose su vocalista femenina como único componente fijo, algo natural si tenemos en cuenta su condición de imprescindible y que inició esta historia con la intención de desarrollar una carrera en solitario, algo que hace actualmente bajo su nombre y primer apellido reales (de hecho, el último trabajo de ella, va acompañado en su título, del nombre de grupo, aunque más como algo simbólico que como algo coherente, porque no figura ningún viejo miembro en los créditos). En la onda de los OP8 de Howe Gelb y Lisa Gerrard, His Name Is Alive, Willard Grant Conspiracy, Neko Case o las composiciones de Kristin Hersh al margen de Throwing Muses y 50 Foot Waves, practicaban un folk-rock gótico sedoso y elegante sustentado en la sensacional voz de su factótum. Fueron un referente en la década de los 90's con su frágil belleza y sus canciones de melancólica carga poética, cerrando aquel hermoso periplo con este deslumbrante 'Mirador', el cual en mi humilde opinión superó lo ofrecido en los también exquisitos 'Gentle creatures' y 'I'll you give something to cry about'. Casi con total certeza, diré que tengo más aprecio a su obra de despedida por ser una labor más accesible y abrazar otras formas de comunicación estilística, pero a la vez pienso que es porque aquí encontramos algunas de sus mejores composiciones individuales.

Renovados casi en su totalidad como dije al principio, los nuevos músicos trajeron viento fresco y el resultado fue óptimo, dejando una sensación de pesadumbre en sus seguidores al dar carpetazo a lo que prometía ser un progreso sin límites. Pero bueno, como se dice popularmente, que nos quiten lo bailao, ahí queda su gloria explícita en este redondo material y sus antecesores, para darnos un festín relajado cuando queramos, dando a reproducir diamantes sonoros tan íntimos como "An awful shade of blue", con ese punteo de raíz americana y ese modo de recitar tan espectral, mientras unos riffs afilados aunque sutiles, dan un colorido tenue sobre los gorgoritos vocales, "Wait", acordes prodigiosos y sabor western, una de sus creaciones más inspiradas, "I place where i know", una de mis predilectas del lote, por ser la que mejor rendimiento extrae de la garganta de Paula Frazer por
ese slide que refleja la densidad del desierto en notas distorsionadas, "Is she lonesome now?", dócil y melosa, traqueteo sutil de finalidad bluesgrass sin llegar a acelerar en ningún momento, como si Woody Guthrie resucitara para sumarse a la faena, "Your throughts", repleta de texturas fronterizas merced a su sección de viento, "Christine", en algún lugar entre Ry Cooder y Julee Cruise, hipnótica, chirriante, espeluznante si cabe en su grisáceo envoltorio, "There's someone", eléctrica, rockera, sin duda la más potente del repertorio, de sabor setentero y con un órgano llevando el peso instrumental junto a las seis cuerdas, "Like a ghost", mi favorita, una canción sublime que comienza con un violonchelo y un compás de batería tocado con escobillas, para dar paso a una melodía que por muy raro que suene, estoy convencido que inspiró a los zaragonzanos Amaral a la hora de componer su archiconocido "Sin ti no soy nada", porque la semejanza es notable, aunque claro, esta es una tonada muy superior en matices, arreglos y cambios de rumbo, "Idly", otra gema brillante, uno de sus cortes más emblemáticos, que destaca por su alma de blues mezclado con vals y esos instantes en los que la voz se escucha a capella, y "Little black egg", fulgurante y fiel versión de un viejo hit (de 1965, para ser exactos) de los excelentes The Nightcrawlers y que también abordaron en su día otros grandes como The Cars y The Lemonheads.

Tarnation eran en aquel momento final, Paula Frazer (que sigue en solitario), Alex Oropeza, Bill Cuevas, Joe Byrnes (que continuaron en activo tras la disolución de la banda, formando los muy recomendables Broken Horse) y Jamie Meagan.

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