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miércoles, 27 de abril de 2016

BIG BIG LOVE

FRIENDSHIP (2016)

Sucede muchas veces que cuando alguien cercano nos habla sobre una película, un disco, una serie de televisión, etc. nos genera unas expectativas sobredimensionadas debido a su impresión, y en cierto modo es tan lógica su postura si le ha gustado el producto y quiere recomendarlo con fervor, como la coacción que sentimos a la hora de valorarlo ya sea en positivo o en negativo, y obviamente también pasa a la inversa, por eso creo que se le hace un flaco favor al autor o responsables de cualquier manifestación artística, si desde un punto de vista pasional elevamos a los altares lo que ha creado porque el que se deja guiar por nuestros impulsos favorables va a abordar la escucha o la visualización influenciado por la condescendencia ajena. Digo esto porque hoy voy a tener que tirar de objetividad a la hora de afrontar este escrito, ya que adoro a esta banda tal como os conté en su día a colación de la reseña que hice de su inolvidable concierto en el Lunario del Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Por ejemplo, si me dejo llevar por la devoción os diré que esta es la mejor formación actual entre todas las que he tenido la suerte de disfrutar (y ahí está el matiz). Estoy seguro de que este es mi disco favorito del año sin necesidad de ser prudente ante lo que está por llegar y que el contenido de su debut en formato de larga duración es perfecto, puesto que así lo creo, pero está claro que si quiero compartir mis emociones con los demás y transmitir su grandeza, debo basar mis argumentos desde la imparcialidad y analizarlo con coherencia. Cuando escuché 'Friendship' por primera vez, recuperé la sensación de aquella mágica e inolvidable noche en la que la BBL tocó en la mentada sala de la capital azteca y llegué a esta conclusión, así en caliente, pero pasada la emoción compulsiva mantengo intacta la impresión, es más, ha ido en aumento porque crece a cada escucha y tiene la virtud de abrir nuevas vías auditivas a cada nueva degustación. Este debut en formato largo que revela al excelente Ep homónimo que lanzaron en el 2012, es el más tremendo álbum que he oído en años, un trabajo que marca una evolución incontestable y que irradia energía, calidad y belleza de principio a fin.

Tres años ha durado una espera que han sabido gestionar de manera convincente, manteniendo la curiosidad de sus adeptos con su habitual cortesía y compartiendo adelantos y pequeños extractos del proceso de grabación, amén de ofrecer un buen número de actuaciones en directo donde iban dando a conocer con cuentagotas, algunos temas recién salidos del horno. Atrás queda lo ofrecido en su ópera prima, una obra magistral que tengo en un pedestal entre mis favoritas de siempre, pero que ahora vista en perspectiva pide una remasterización con el paso del tiempo que la deje en buen lugar, porque una de las virtudes de este nuevo paso es la producción, una faceta de la que ellos mismos se han hecho cargo y que brilla sobremanera. En este largo hiato, he ejercido de curioso y me he ido enterando de su progresión por mediación de lo que han compartido en la red y viendo numerosas entrevistas, iba comprobando que su madurez cogía forma a pasos agigantados al tiempo que su personalidad seguía siendo fiel a lo que representan cuatro melómanos cuya noble pretensión es comerse el mundo haciendo lo que les gusta pero siempre con los pies en el suelo. Cabe destacar que en base a esa sencillez que les caracteriza han sido la cabeza visible de una éspecie de escena o colectivo formado por Joaquín García & The Local Universe, Gloom, Los Blenders, Hawaiian Gremlins (cuarteto que cuenta también con Santiago Mijares, aunque aquí se hace cargo de la batería), Judas El Desgraciado, Minor Shadows, Little Ethiopia y O Tortuga, jóvenes bandas de la capital mexicana que se apoyan mutuamente y que incluso en su mayoría se unieron para ofrecer un recital benéfico para recaudar fondos para sufragar los gastos médicos de una amiga en común, aquejada de una enfermedad.

El mismo día que anunciaron en las redes sociales que ya se podía tener acceso al nuevo álbum, acordé con mi chica (tan fan o más que yo), resistir la tentación de escucharlo en streaming en solitario, para poder hacerlo juntos llegada la noche y así poder compartir nuestra opinión al momento de forma fresca e impetuosa. Metidos en harina y tras hallar ese hueco confortable para disfrutarlo al máximo, dimos play al reproductor de Spotify, la primera plataforma que ofreció la posibilidad de conocer las canciones íntegramente. El corte de apertura, "Silver", era uno de los que más ansiaba oír porque una semana antes había sabido por boca del propio Santiago (voz del grupo), en una entrevista visual concedida a la revista Rolling Stone, que era su favorito del lote, y la verdad es que debo confesar que en un principio pensé que por su corto minutaje y su condición de intro no me iba a marcar mucho, pero ahora puedo decir que le comprendo y que es magnífica porque desde entonces tengo su melodía metida en la cabeza a todas horas, y es que esa atmósfera con ese texto recitado en modo reprise son realmente hipnóticos y me parece un genial punto de partida con el que abrir no solo el disco si no también sus directos, tal como pude comprobar el pasado sábado vía cibernética en su concierto del Vive Latino, después viene "Boxer", primer arrebato enérgico, ejecutado entre sonidos de carácter electrónico y percusiones ensoñadoras haciendo del ritmo arte hasta la llegada de esa revitalizadora guitarra de línea optimista y esa armonía vocal exquisita, modulando la reverberación a las teclas y emergiendo una luminosidad que se interrumpe con un riff intenso a mitad para apostar por una variedad estilística admirable, y mientras se apaga su llama poco a poco, un suspiro leve de silencio y llega la tintineante algarabía de "Tibias", ya familiar para nuestros sentidos, porque fue la pieza escogida como adelanto hace unos meses y la habíamos consumido hasta la extenuación, pero no por ese motivo la íbamos a acoger con menos ganas, una delicia en la que priman los cambios de rumbo sin brusquedad y en la que la suma de elementos genera el triunfo, por su atrevimiento, su belleza coral, su crudeza, su maraña de distorsión sutil y su magno uso de los ambientes que personalmente tanto me recuerda a Editors, The Killers y Arcade Fire, pero solo por tener ligeras afinidades con algún pasaje sonoro en una composición de los mismos, no como influencia porque si por un motivo me gusta este proyecto es porque suena honesto, auténtico, identificable y dotado de personalidad propia, a continuación llega otro tema estelar, "Eurydice", que no hace mucho fue elegido como segundo sencillo del álbum y el primero en ser presentado con un vídeo (aquí podéis visualizar la labor que hizo Rodrigo Bonilla tanto en la dirección y la fotografía), una de mis predilectas debido a que la función de cada miembro alcanza un punto de inflexión, comenzando por esos compases iniciales tan épicos en su conjunto como los que podemos hallar en el nuevo material de Sigur Rós, adornado con un aroma a banda sonora o barroquismo clásico en onda Wagner e individualizando un poco, por ese rendimiento que le saca a su instrumento el gran Patsi, emulando la depurada y mística técnica de Carlos Dengler de Interpol, introduciendo en la mente del oyente una dócil pero carnosa tonalidad que lleva el peso de ser el gancho magnético de la canción, la impresionante voz de su hermano que cada vez suena más dotada y segura, a la altura de Eddie Vedder y el Jeremy Enigk de los primeros Sunny Day Real Estate en cuanto a empaque, pero no en registro, pues en ese aspecto me parece genuino, las elásticas mutaciones eléctricas de Marco, que encajarían en el ideario intrépido de su admirado John Frusciante o del nunca lo suficientemente reconocido Mike Eizinger de Incubus, y como no, la magia de Gerardo a los parches, que aquí acaricia los platos con la fuerza de un luchador de brega pero con elegancia al estilo de Logan Kroeber en The Dodos. Tras ese póker maestro, llegaba el turno de las que no teníamos rodadas, con lo que la curiosidad invadía nuestra humilde morada y "Pellinore", abría la lata como Messi en las mejores ocasiones, con ese toque sinfónico-progresivo más cercano al space-rock de Pink Floyd de la época de "Astronomy domine" pero pasado por un flitro contemporáneo que les acerca a los Radiohead de 'Kid A', una estupenda tonada que inmediatamente recordé haber oído en aquel concierto antes mentado en una versión embrionaria, "Golden", que coquetea con la indietrónica proponiendo un cruce vocal estimulante entre las voces del mayor de los Mijares (aquí más inspirado que nunca anteponiendo la calidez) y la emergente artista madrileña Lucía Scansetti, para acabar con un fin de fiesta que rompe una lanza a favor de la jovialidad en una montaña rusa de incitación al baile, idónea para aumentar la euforia de los espectadores que tengan la suerte de acudir a sus presentaciones sobre los escenarios, "New youth", que en su concepción inicial se titulaba "Eva", y que muy de acuerdo con el análisis que me hizo en el momento mi querida Sra. Esmiz, tiene toda la lógica en su nueva denominación porque representa la evolución no solo de su sonido sino de la música en general, del gusto por ampliar horizontes e ir un paso más allá, y es que por algo ellos la definen como la más complicada de tocar, y no por haber utilizado dos baterías para el cometido, si no por el carrusel constante de matices que la encumbran. Nos aventuramos a decir incluso que va a ser una imprescindible en su discografía de aquí en adelante, un himno al nivel de "Inmortality", buque insignia de su Ep. En resumidas cuentas, una de esas gemas que en su elaboración no requieren de trucos de artificio, simple y llanamente de una inmediatez arrolladora. La verdad es que podría decir que es mi indiscutible fijación entre las once joyas que componen el disco, tal vez porque me recuerda a esas estructuras de ingeniería que hicieron The Smashing Pumpkins en el glorioso 'Siamese dream' (uno de mis discos de cabecera), si no fuera porque existe "Winning (Hirst)", el Santo Grial de su cancionero para este humilde servidor que escribe, una de esas proezas de marcado acento experimental tipo "This is hardcore" de Pulp o "I'm not human at all" de Sleep Party People, pero moviéndose en los mismos terrenos de Lotus Plaza y Panda Bear, precedida por un preámbulo instrumental que le hace de cicerone "BER-CDG", esta pista sube la marea y encauza las aguas gradualmente penetrando en el corazón y es que desde que topé con ella hace un tiempo gracias a este fascinante audiovisual, mantengo un idilio indestructible con ella, la efímera "The day of David die", que cobra un mayor sentido cuando se escucha el disco de un sola tacada, y "Friendship", esa rotunda clausura que nos deja ávidos de más madera futura, una gran despedida que resume con su denominación el sentir que tuve en su día, que Big Big Love es una gran familia, desde los cuatro fieras que se encargan de poner chicha a la máquina hasta su mánager Héctor Vázquez, pasando por esos tres benditos coristas que dan color y diversión a sus conciertos y toda la legión de seguidores que llevan detrás y que a buen seguro se han sentido tan felices como yo al ver que su propuesta crece como la espuma.

Y bueno, es posible que finalmente no haya podido evitar dejarme arrastrar por mi reconocida admiración por los hermanos Santiago y Patricio Mijares y los impagables Gerardo Beltrán y Marco Carrión, pero es lo que hay, cuando un disco es tan brillante solo se puede alabar sin tapujos. Espero que su éxito traspase fronteras y que los organizadores de grandes festivales como Primavera Sound, FIB, FIZ o Sonorama recurran más temprano que tarde a ellos y nos los traigan por estas tierras, aunque me conformaría con verlos en eventos idílicos como el precioso Petit Format. Ahí lo dejo como aviso a navegantes...

https://play.spotify.com/album/3PRMdCzUdj3LmnyLVU1cLr

domingo, 18 de enero de 2015

BIG BIG LOVE + THE RISIN' SUN - LUNARIO DEL AUDITORIO NACIONAL (MEXICO D.F.) 16/01/15

BIG BIG LOVE (2012)

Monumental, no tengo palabras, de verdad, que pedazo de concierto dieron anoche los mexicanos Big Big Love en el coqueto Lunario de la capital azteca, no os podéis imaginar lo contento que salí de allí, tanto como un niño con zapatos nuevos, y es que creo que estando en plena resaca del éxtasis vivido ayer, puedo decir abiertamente que tengo nuevos ídolos musicales, es más, me aventuro a afirmar que soy fan absoluto de esta banda desde ya, y que recomendaré ver su directo hasta la saciedad sin tener remordimiento de conciencia por ser una apuesta segura. De pequeño tuve esa sensación de devoción por figuras que supe que probablemente nunca vería de cerca, tales como el dúo de actores Bud Spencer y Terence Hill o los baloncestistas 'Magic' Johnson y Drazen Petrovic (aunque a éste si le ví e incluso pude darle la mano), y ya de mayor, adoré a Matt Groening por crear 'Los Simpsons' y a Robert De Niro y Clint Eastwood por su aura y por hacerme pasar tan buenos ratos a través de la pantalla del cine o la de mi televisor, pero nunca, ni de crío ni de mayor, sentí eso con un músico o una banda musical, quizá porque el forofismo asociado a esta afición, nunca lo sentí sano, a pesar de que suene extraño que lo diga. Por muchos grupos he sentido admiración, ya sabéis por ejemplo que cada dos por tres aprovecho para poner por la nubes a The Shins, Sunny Day Real Estate, Sixteen Horsepower, Arcade Fire, Broken Social Scene o The Decemberists, sin ir más lejos, pero siempre soy reacio a usar el término anglosajón de fanático para referirme a mi sentimiento hacía ellos, sin embargo, eso se acabó, porque a partir de ahora, cada vez que cite a esta formación chilanga, que si no recuerdo mal por lo que leí son de la delegación Magdalena Contreras, cambiaré el chip y usaré sin rubor dicha muletilla. Os explico porque, pero vamos por partes.

Hace unos días llegué a esta imponente pero acogedora urbe norteamericana, en la que reside mi chica y una de las primeras cosas que hice fue, una vez instalado, mirar la agenda de conciertos  para ver si encontraba algo interesante, como hice en mi anterior visita con Grizzly Bear. No había una oferta muy estimulante, mas allá de Conor Oberst a finales de mes, Klaxons el próximo lunes, Little Jesus a mediados de Febrero y Dinosaur Jr. para una fecha que ya me queda bastante lejos, así que busqué un enlace alternativo al de mi primera búsqueda con la esperanza de que pudiera hallar algo de mi agrado en la letra pequeña, y para mi regocijo observé de refilón que por la noche de ese mismo día se había programado un evento bajo el original nombre de 'Con-cierta independencia', con la presencia de dos bandas locales, y una de ellas la tenía en buena consideración (Big Big Love), de modo que le propuse a mi socia ir a ver que se cocía por ahí. Gran decisión.

Cogimos metro y taxi porque aquí todo queda donde Cristo perdió la zapatilla, y llegamos a la céntrica zona de Reforma, donde un aluvión de gente aguardaba para entrar en el Auditorio Nacional y ver a La Arrolladora Banda Limón (no es un adjetivo lo que puse delante, es que se llaman así completamente), pero tras sortear al personal y preguntar a una agente de policía, encontramos pronto el lugar, compramos la entrada en taquilla a un asequible precio, y esperamos conversando unos minutos en la calle, amparados por el buen clima e impactados (al menos yo) por la belleza de un restaurante que estaba enfrente y una gigantesca bandera nacional ondeando en lo alto.

En un santiamén entramos dentro, aún con cuatro gatos recién llegados y me cautivó la sala al instante, de dimensiones no muy espaciosas pero muy elegante, además de contar con una amplia barra y un suelo ascendente en cuanto a superficie escalonada, lo cual permite que si estás atrás del todo, muy posiblemente obtengas una buena visibilidad, aunque tampoco pude comprobarlo, porque al ser madrugadores, nos aposentamos en primera fila a escasos centímetros del escenario apoyados en una valla separatoria. Me dio la corazonada instantánea de que iba a ser una gran noche y que el sonido del local iba a ser de notable alto, tal vez porque unos días antes, en el aeropuerto conocí a un artista llamado Carlos Izaga (barcelonés, afincado aquí y músico fijo de Miguel Bosé, aparte de contar con una buena carrera en solitario y ser un tipo encantador) y me comentó que el Auditorio de esta ciudad dispone de la mejor acústica del mundo, y por consiguiente su sala anexa debía recoger el testigo, en mi opinión, y así fue. Sonó todo a las mil maravillas, y verificamos nuestra premonición con la primera nota de The Risin' Sun, encargados de abrir fuego.

Un trío todo actitud, pura presencia setentera, con carisma, empaque, fuerza y honestidad, justo lo mínimo que se debe pedir a un combo de estas características, pero es que encima eran agradables y se entregaron a la causa, alabando la buena conexión con los asistentes, a la organización y al grupo con el que compartían cartel de los que por lo que comentaron, consideraban amigos. Ni un pero a su actuación, todo fue sobre ruedas, compaginando ruidismo rockero, con enérgica psicodelia, revival progresivo, garage añejo y reivindicación de la época del ácido lisérgico, de aquellos tiempos en los que México latía en la discreción al son del movimiento Avandaro, al que dediqué en su día una serie de posts, con Toncho Pilatos, Spiders y La Revolución De Emiliano Zapata como protagonistas, pero también con la influencia latente de gente del pasado como MC5, Grand Funk Railroad, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, The Yardirds, los primeros The Black Crowes, The Animals o la Creedence Clearwater Revival. Bajo, batería y guitarra, en perfecta armonía, alternando voces, con especial mención a su frontman, de estética impecable y canalizador de una pasión incomparable, lástima que a veces su desgarrada voz quedara tapada por la crudeza de la distorsión usada por el bajista, que por otro lado me pareció el punto fuerte de su directo.

Interpretaron casi íntegro su primer y único álbum editado hasta el momento, 'It's all about you in think' (producido por el ilustre Gordon Raphael, conocido por sus trabajos con The Strokes y Regina Spektor), mezcla de todo lo comentado antes, pero con tintes de soul, r'n'b y un poquito de blues. Un coctel sabroso en el que destacaron sobremanera la potencial "It's all about you", la trotona "Melting walls", la animada y deliciosamente sureña "Live that way", la espectral "I love you", la hipnótica "Bullets", la sugerente "Cow horned woman", "She want away", donde planeó la sombra de los hermanos Robinson pero también la del lado más clásico de Blind Melon, "Jam", que brilló por su magna base rítmica, cerrando con una fiel versión del "Ramblin' rose" de los antes mencionados MC5 (por algo el mismísimo Wayne Kramer les apadrina), cantada en idéntico falsete por el batería, un tipo gracioso que en diversas ocasiones se dirigió al respetable diciendo 'que bonitas caras'. Genio y figura. Y por la puerta grande se marcharon tras un bis exigido, Dessentis, Jerry Capone y Alexx Webber, saboreando unas chelas con las que les habían obsequiado un par de gentiles téstigos de tan grato recital. En resumidas cuentas, excelente show el de estos muchachos cuya música no tiene nada que envidiar a la de cualquier banda estadounidense que se ha subido al carro de la retrospectiva rockera en los últimos tiempos.

Y bueno, tras la descarga de adrenalina, el plato fuerte estaba por llegar, y es que yo pensé que disfrutaría, pero no tanto, es más, me habría quedado saciado con el buen hacer de The Risin' Sun y un bolo correcto de Big Big Love, porque estaba satisfecho al finalizar los primeros, pero sarna con gusto no pica y el regalo en forma de entrega que nos brindaron los segundos no se me olvidará jamás. Fue uno de esos derroches de júbilo sobre las tablas, que por mucho que te esperes te sorprenden, que te llevan a ser partícipe, más bien a sentirte parte implicada de ello solo por ser mero espectador, y a permanecer observando sin que tus pies estén quietos y tus labios no dejen de dibujar una sonrisa en ningún momento. Con la maquinaria engrasada de principio a fin, in crescendo, de la calma a la fiesta y de ahí al desmadre, el trío reconvertido para la ocasión en cuarteto y agrandándose sobre el escenario hasta llegar por momentos a la cifra de diez miembros,  demostró que lo suyo fue un triunfo en toda regla tanto para los que conocían su exposición en vivo como para los que no. Se hicieron un poquito de rogar, eso si, y tuve que lidiar un poco con una rezagada que quería un hueco imaginario justo en el milimétrico espacio que había entre otro individuo y yo, al tiempo que flipé un poco viendo que los 'pipas' decoraban los atriles del teclado y los amplificadores con sendas banderas de Euskadi, Israel y Australia (¿¡!?), aunque supongo que tendrá algún significado para ellos, o a lo mejor son lugares significativos para ellos, quien sabe (el vocalista llevaba una camiseta de Turquía, también). Con ese entretenimiento simplón, fueron pasando los minutos hasta que por fin aparecieron los hermanos Patricio y Santiago Mijares, junto a Marco Carrión, componentes de pleno derecho, aunque acompañados de un buen batería, y más tarde de un trío de coristas (que sentimiento le ponían! no habría sido lo mismo sin ellos, especialmente sin el que ocupaba el lugar central, todo un personaje), un flautista, un saxofonista y un trompetista, más el apoyo puntual de Joaquín García, un buen cantante que cuenta con un interesante disco en el mercado bajo su propio nombre.
                                                                                                                                                                 
La parroquia los recibió en loor de multitudes, especialmente las féminas que por un momento, debido al griterío desenfrenado, me hicieron pensar que eran una banda indie para adolescentes desatadas, pero nada mas lejos de la realidad. Enseguida reconocí la primera pieza que tocaron, puesto que le había dado varias escuchas a su Ep homónimo a través de su bandcamp, pero noté que ganaba en formato directo. Sonido sin fisuras, buena puesta en escena y enseguida se llenó su campo de acción para interpretar la segunda pieza y el ambiente se caldeó al instante. Fueron cayendo una tras otra las pistas de su ópera prima y aquello cada vez aumentaba en euforia. Me agencié la hoja de la play-list por cortesía de un buen chaval que tenía dos copias y le regaló una a mi bella acompañante, y según leo, comenzaron con un tema desconocido para mi, que tal vez pertenezca a un nuevo plástico en construcción, con lo que rectifico lo dicho hace un instante, pero vaya, el caso es que me sonaba mucho ese convincente "Hirst", con el que inauguraron la faena. La cuestión es que desde el principio se creó una atmósfera más allá de lo que sugiere su propuesta.

Muchos hablan de ellos citando a Foals y The Rapture como sus principales referentes, de hecho, puede ser razonable si tenemos en cuenta que presumiblemente su nombre proviene del título de una canción de los de Oxford (Inglaterra), pero yo personalmente les veo muchísimo más cercanos a bandas como Yeasayer, Local Natives, Grouplove, Naked & Famous, Cymbals Eat Guitars y las bandas del colectivo Art & Crafts (apuesto a que si Kevin Drew llega a poner sus ojos en ellos, los adorará tanto o más de lo que adoró en su día a sus compatriotas de Chikita Violenta), como también a los grupos más granados del emocore de los 90's, aunque cuando se atreven con una versión eligen cortes a priori ajenos a su filtro novedoso, como el "This charming man" de The Smiths, por ejemplo.

Tuvo su punto álgido con "Tender man", una rola de las que producen un efecto sanador, que tiene cierto sabor tropical y que cambia de rumbo constantemente, una proeza compositiva que cubre cualquier hueco para la tregua de épica coral, pero cuando parecía que ese segundo artefacto conectado a la corriente iba a quedar como punta de lanza difícil de superar, llegó "Graveyard", ritmo enredado en un bajo grave y un registro vocal inclasificable, o mejor dicho, complicado de encasillar en un estilo, unas guitarras que encandilarían a Dan Hoerner si se dignara a salir de su granja y volver a mimar el mástil (me tenéis contento SDRE), y una electricidad global muy magnética, para dar paso a "Family man", uno de sus buques insignia, editado como single y que seduce desde la intimidad y el deje oscurantista, finiquitado con un brote de locura, "Pellinore". que si no estoy en un error, era el nombre de un tema inédito que tuvieron el detalle de presentar en sociedad.

Se nota un ligero progreso hacía un loable misticismo en esa nueva composición, agradó a los presentes, creo yo, luego vino "Blood", el más optimista de su repertorio, un caramelo que encajaría en el discurso de The Dodos, ya con todos los que asistimos al concierto en plena efervescencia tocando palmas y gritando con ellos su estribillo, un par de joyas que no reconocí, pero que si no abreviaron a la hora de anotarlas en la play-list, se llamaban "Eva" y "Euridice", una estupenda relectura del "Everybody's got something to hide except for me and my monkey" de The Beatles, que interpretaron a la perfección con jovialidad y estela, una maravilla que nos enamoró todavía más de su labor, y un idílico cierre que merece mención aparte por que resume lo vivido.

"Inmortality", como inmortal será el recuerdo de un servidor de esta fantástica formación, porque esta clausura fue única respecto a otros conciertos que he presenciado, algunos de ellos reseñados aquí, que viví con fervor, como el de Sufjan Stevens en el Primavera Sound de hace cuatro o cinco años, o el de Megafaun en Apolo, o tantos otros que me parecieron enormes pero que han quedado eclipsados por una cosa tan sencilla como la espontaneidad y la diversión de una pandilla de muchachos que contagian su personalidad, que se nota que se llevan bien y disfrutan con lo que hacen, con humildad, sin estridencias, solo dejándose llevar.

Quedó reflejado esto que digo, en la mirada de un niño, que estuvo cantando las canciones al dedillo en una esquina (tal vez era familiar de alguno de ellos), y que acabó en las primeras filas, subido a hombros y comiendo protagonismo a los héroes de la noche. Se le veía disfrutar tanto de la música, que estoy seguro que las notas recorrían sus venas, y si esto puede llegar a conseguir tal emoción en una persona es que es algo grande, muy grande. Nadie quería que terminara y menos cuando el escenario se llenó de amigos y comenzaron a hacer el gamberro, destrozar todo, lanzar confetti y sin embargo no perder el hilo. Glorioso.

Y así se fundió todo, y quedó la sensación a perpetuidad, un placentero seísmo sonoro. Al terminar fuimos a comprar material de ellos en un pequeño stand que habían montado en el interior de Lunario, en la planta baja, pero no vendían su Ep, así que me pillé una camiseta bien chula, que por desgracia me queda más justa de lo que le quedaba la del Flamengo a Ronaldo Nazario en su declive futbolístico. Salimos de allí sonrientes, y comentando que debe ser muy agradable ser amigo de esta gente, porque la presunción que nos quedó al ver esa juerga improvisada fue que nada hay en esta vida que se pueda gozar sin la compañía de la gente que aprecias, y ellos tienen un amplio entorno alrededor que parece centrado en el disfrute y la camaradería. Quizás no sea la mejor banda del planeta, pude que para muchos tampoco sea la mejor de este país en el que me encuentro, pero eso no importa, durante la hora y media que les presencié no había duda de que podían serlo. Larga vida a Big Big Love, viva México y por favor, que alguien ponga a esta cuadrilla en el lugar que les corresponde.


https://soundcloud.com/the-risin-sun

http://bigbiglove.bandcamp.com/album/big-big-love