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martes, 25 de enero de 2011

MOTORPSYCHO

IT'S A LOVE CULT (2002)

Hete aquí un grupo que se puede definir como completo, sin carencias afectivas en sus textos, sin complicaciones compositivas, de esos que no les falta de nada y que pueden satisfacer las ansías musicales de cualquier tipo de oyente. Rock en todas sus nomenclaturas, ya sea alternativo, progresivo, psicodélico, indie, y con otras tendencias tales como jazz, funk, grunge, blues, pop o incluso metal (aunque bastante ligero) y todas esas virtudes en una carrera amparada por la friolera de catorce discos de estudio y una fama inusitada en gran parte del continente europeo. Motorpsycho, que extrajeron su nombre de la película del mismo título que dirigió el inclasificable Russ Meyer a mediados de los 60's, es una veterana y consagrada formación de Trondheim (Noruega), que nunca defrauda a sus seguidores, acude fiel a la cita editando álbumes casi anualmente y mezcla a la perfección diversos estilos sin dejar de experimentar sobre una base fija. 'It's a love cult', fue su décimo trabajo y para mí gusto el más atractivo de toda su discografía, sin desmerecer el resto. Buena prueba de ello son piezas como la inicial "Überwagner or a billion bubbles in my mind", que guarda cierta similitud con la esencia de aquel magnifico debut de los británicos Black Rebel Motorcycle Club, principalmente por su acierto a la hora de elaborar melodías sobre capas robustas de distorsión adrenalítica, la frágil "Circles", con unos primeros compases cercanos a la bossanova y un brillo acústico acompañando la voz en fasete de su cantante en un medio tiempo adornado con flautas que puede recordar tanto a Pink Floyd y The Moody Blues como a Jeff Buckley (los acordes del principio parecen cogidos de 'Grace'), la apoteósica "Neverland", que nos enreda con su ritmo triunfal y su estribillo portentoso, recordando a mil y un clásico setenteros como una especie de tributo a los grandes dinosaurios del rock haciendo imposible que nos sintamos de maravilla al escucharla y sintiendo como los referentes del pasado vuelven a nuestra memoria, en definitiva, la mejor canción del disco por su conciliadora nostalgia y su chantaje emocional, la seductora "This otherness", entre la improvisación jazzística interpretada al ralentí y el blues pulcro de Gary Moore, la lustrosa "Carousel", que comienza como un destello folk envuelto en sensibilidad orquestada para explotar todo su potencial épico en los dos últimos minutos, destacando sobremanera esos violines de corte arábigo contrarrestando las álgidas percusiones, la festiva "What if", bailable y tarareable, muy adecuada para un guateque vintage, por ese irresistible órgano y esa sección de viento animada, que de manera sorprendente deja asomar unas notas próximas al country a mitad y que en conjunto encajaría bien en las últimas obras de Blitzen Trapper, la más actual "Serpentine", mi predilecta del lote, otra maravilla que engancha a la primera escucha y que estaría mas cerca del indie-rock americano de los 90's o de los últimos Belle & Sebastian que de cualquiera de sus influencias obvias, la fabulosa "Custer's last stand (one more daemon), que se permite el lujo de mostrar a las claras su excitante cara garagera y fundirla en un abrazo con el stoner primerizo, y la animada "Composite head", con un lujo de guitarras herederas de Thin Lizzy, para despedir este genial álbum. Una colección de canciones que si sois capaces de resistir sin tener en cuenta semejante popurrí de estilos, diréis 'vaya pedazo de disco'. A esta locura nórdica le dieron cuerpo Bent Sæther, Helge Sten, Hans Magnus Ryan, Håkon Gebhardt y Baard Slagsvold, contando con la ayuda como sección de cuerda y viento de Øyvind Fossheim, Vegard Johnsen, André Orvik, Hans Morten Stensland, Jon W. Sønstebø, Anne Britt Søvig Årdal, Ketil Vestrum Einarsen, Lars Horntveth, Anne-Grethe Orvik, Øyvind Brække y Mathias Eick.