THE VALLEY OF THE SHADOW OF DEATH (2005)
No he estado muy católico estos último días y por eso he dejado un tanto abandonado el blog, pero hoy vuelvo con algo más de fuerza para apostar de nuevo por esos aires celtas que tan bien acogistéis algunos hace escasas semanas a razón del post que dediqué a los escoceses Wolfstone. Tal vez esta banda de Chicago (Illinois) no sea muy fiel a los parámetros clásicos de la música de raíz irlandesa, pero tampoco han hecho nunca alarde de ello, puesto que lo suyo va por otros derroteros, abiertos de miras con desenfado y velocidad, aplicando a la perfección ese espíritu festivo en el que tan bien se desenvuelven compañeros de generación como Dropkick Murphys o Flogging Molly, los cuales son casi con total probabilidad, junto a ellos, los que mejor han sabido mezclar el punk-rock con el irish-folk al otro lado del charco.The Tossers son ya unos veteranos de la escena con dieciocho años de actividad y con ocho álbumes de estudio, dos spilts y dos directos, un Ep y una recopilación en su haber. Para la que fue su quinta puesta de largo crearon un álbum dinámico que no cogió por sorpresa a los que sabían de sus habilidades pero si abrió una puerta más amplia a su consagración, siendo reclamados para actuar en el 'San Patrick's day' de New York City (New York) junto a su mayor influencia, The Pogues y llamando la atención del prestigioso sello especializado en hardcore ubicado en su ciudad de origen, Victory Records, que les reclutó para su filas. No es de extrañar que una discográfica tan ajena a su estilo preferente les ofreciera fichar, ya que se puede ser punk sin necesidad de recurrir a un lenguaje deslenguado ni a una imagen sucia de cresta puntiaguda y si bien la música de este septeto está concebida más para sentarse en un pub que para hacer mosh, la actitud es igualmente válida.
Flautas, violines, mandolinas y banjos suenan, la cerveza corre, el fantasma de Old John vuelve por unas horas y nosotros, los entregados oyentes, nos deshinibimos con un poco de juerga coreable en canciones como "Goodmornin' dad", donde irrumpen con toda la fuerza de su discurso en el primer golpe directo a la yugular, a velocidad de vértigo y acercándose al bluegrass por momentos, "A criminal of me", una apertura de miras puntual hacía sonidos de tinte arábigo y donde se erigen en expertos a la hora de contar historias modernas al modo de los trovadores de la Edad Media, "No loot, no booze, no fun", piel de gallina en una coralidad célebre que invita a cantar por encima mientras brindamos con seres queridos en la barra de cualquier bar decorado con madera de roble, "The crock of gold", emotiva, pasional y casi épica pieza en su inicio para después prgresar en una carrera veloz hacía el divertimento acelerando las pulsaciones, "Late", donde se ponen dócilmente folkies bajando el pistón para recobrar la ternura de su fidelidad compositiva con caricias sentimentales, "Out of the road", uno de los puntos fuertes del disco, en la que rockean cantando con rabia sobre unas flautas que son puro medievo, "I've pursed nothing", que da la razón a mis apreciados Antia y Joaquim cuando hace unas semanas me decían en la entrada de Wolfstone, que la música de raíz yankee no sea aleja mucho de la que se cuece en los países comprometidos con su propia cultura en las islas británicas, "Drinking of the day", con una intro de lujo, nada menos que la lectura (sobre guitarra acústica) de un extracto del poema "Clearing a space" de Brendan Kennelly, realizado por él mismo, además de que es una canción ya de por si bonita con ese dueto masculino-femenino en voz de la violinista y el cantante del grupo, pero que en realidad es una versión de un viejo tema de Ronnie Drew, ilustre vocalista de The Dublineers, que en su día la compuso junto a Bono de U2, "Go down witch down", políticamente explícita dejando claro que también hay mucha conciencia en su propuesta, y "Preab san ol", corte que les hace bien nacidos al rendir pleitesía a los legendarios The Chieftains. con un final descomunal que os hará sonreír mucho si os van este tipo de historias musicales. Un delicia salida de las mentes de los hermanos Tony y Aaron Duggins, Bones, Dan Shaw, Mike Pawula y Rebecca Manthe.