THE TRINITY SESSION (1988)
Vuelta a la actividad tras tomarme un mini-descanso en esta racha tan buena que llevaba, motivado por la idea de hacer accesible la escucha de los discos aquí publicados tras la obligada ausencia de enlaces. Si no me equívoco estrepitosamente, ahora está todo legal y con la ventanita esa de grooveshark podréis cuanto menos oír los grupos que pongo en el momento que leáis mis tontadas. Poco a poco iré poniendo todos los álbumes al final de cada post, incluidos por supuesto los ya reseñados antaño. Me llevará un poco de faena el tema, pero lo haré. De momento he puesto varios para ir abriendo boca, pero hay cinco o seis por ahora que no están disponibles en la base de datos de la empresa de Gainsville (Florida). Cuando me familiarice con el modo de subirlos allí, los pondré. En fin, ya me diréis como veis esta idea, muchachada. Desde aquí agradezco al bueno de Jotamaza que me descubriera esta herramienta y, claro está, a mi niña 'grananina' que me haya ayudado a utilizarla bien. Hala! al lío con un disco de los considerados 'grandes'.En esta luminosa mañana que anuncia la llegada del fin de semana, he cogido el testigo de la propuesta que me hizo ayer mi chica cuando al final de una de esas maravillosas conversaciones que cada noche me regala, apostó por que escribiera sobre algo de la decada de los 80's a razón de que lo encontraba recurrente siendo que había visto que entre Bboyz, Joaquim y yo hubo un pequeño debate (nadando los tres en la misma dirección) sobre los genios escondidos de la era más colorida (para bien y para mal) de la historia de la música.
Casualidades de la vida, ayer por la tarde estuve escuchando un viejo disco de esta gran banda canadiense y tras comprobar la fecha de edición esta mañana me ha parecido idóneo. Dudaba un poco entre ellos, Talking Heads u Orange Juice para darles cabida hoy, pero finalmente me he decantado por ellos por ese hecho. Dediqué la tarde a pintar el salón de mi casa, y si bien es cierto que comencé con ellos y al rato puse algo más animado (los que en su día fueron debuts de Dogs Die In Hot Cars y Claps Your Hands Say Yeah!) para acompañar la situación, volví a poner su fundamental 'The trinity session' para relajarme una vez acabada la labor casera, justo unos minutos antes de disfrutar como un enano con la exhibición de Athletic de Bilbao en Old Trafford. Como conclusión puedo decir esta mañana que es un trabajo imprescindible.
Llegue al cuarteto de Toronto (Ontario), imagino que como casi cualquier hijo de vecino que tenga una edad similar a la mía, a través de esa soberbia versión del 'Sweet Jane' de The Velvet Underground con la que participaron en la banda sonora de 'Natural born killers' (aquí traducida como 'Asesinos natos'). Aquella canción llamó mi atención con la primera nota, con ese ritmo propio de las bandas de slowcore, pero con esa tonalidad country tan melancolólica que la hacía única. Pronto indagué en su discografía para ver que de eso iba la cosa. Cowboy Junkies siempre han mantenido un equilibrio entre el alt-country, el folk, el indie-rock, la psicodelia sutil, el blues y todo lo que en su extensión natural abarca el término Americana. Puede que se les pueda calificar como adelantados a su tiempo o simplemente como pioneros, pues su propuesta entra dentro de esos ilustres escondidos que aquí descubrimos tarde, tapados por toda aquella amalgama de estilos que minimizaron la verdadera calidad de una década que se me antoja inagotable.
Por otras razones de peso aparte de la mentada, he escogido la que fue su segunda referencia en salir al mercado, una colección de piezas cuidadas al detalle que sientan de fábula saboreadas en global. Capitaneadas por la genialidad de talante celta de su apertura "Mining for gold", tributo a un tema tradicional (en realidad es un himno de los trabajadores canadienses de principios del siglo. xx) que en su poco más de minuto y medio sirve para engrandecer la voz de Margo Timmins y añadir un nombre más a la lista de genuinas voces femeninas que hicimos ayer la Sra.Esmiz y yo, las pistas de este trabajo son un lujo de variedad con el encanto añadido de que está compuesto de temas propios y revisiones de otras composiciones reconocidas de algunos de sus ídolos musicales, sin que eso suponga un hándicap, pues las llevan a su terreno y las transforman en propias. Todo el disco es disfrutable y partiendo de ese arrebatador comienzo, se acogen con gusto "Misguided angel", sensible, frágil, desnuda y tierna en su desarrollo, con la guitarra desbordando belleza en un tono muy leve y con las voces alzadas en un tímido canto optimista, "Blue moon revisited (song for Elvis)", mi favorita, uno de mis cortes predilectos de toda la vida, con ese bajo carnoso tan apacible y esa tendencia cincuentera reconfortante, rejuvenecedora en contradicción, sencillamente apoteósica sin recurrir a grandes artificios, como de verdad debe sonar la buena música, respetando la idea de Richard Rogers y Lorenz Hart, creadores de la melodía en los años 30, "I don't get it", blues añejo repleto de seducción, sugerente en su arraigado deambular, "I'm so lonsome i could cry", flirteando con el jazz desde la distancia que supone afrontar un éxito de un maestro del country y el honky-tonk como lo fue Hank Williams, una tonada lenta, apasionada y tristona, "To love is to bury", enorme con el acordeón y el violín, trayendo a la memoria esa preciosa banda sonora a cargo de Angelo Badalamenti para la película de David Lynch 'This straight story' (aquí traducida como 'Una historia verdadera'), pero con el aval de la excelente armonía vocal, "Working in a building", tradicional de autor desconocido que pone la nota oscura y mística en el minutaje, una pieza que encajaría en la mente de Julee Cruise o lo habría hecho al menos en cualquier capítulo e 'Twin Peaks', "Sweet Jane", que como antes os he dicho, fue la primera que oí de ellos, una elegante relectura del siempre inspirado Lou Reed de los tiempos en que creaba en compañía de su mítica banda, y la sensual clausura "Walkin' after midnight", que en su día hizo popular Patsy Cline, un puro blues de armas tomar.
Simplificando, un disco genial, aunque no apto para todos los gustos, pues quién no guste de ritmos lentos no comulgará con él. Quién esté al otro lado de esa hipotética balanza, que lo deguste ya mismo si no lo conoce aún, pero que lo haga con calma, que se deje llevar y que se sirva un whisky con hielo. La experiencia será balsámica. Los hermanos Margo, Michael y Peter Timmins junto a Alan Anton conseguirán que entre cálido en vuestro paladar. Para la grabación de este álbum doy por hecho que saborearían más de una botella de ese robusto licor e invitarían a probarlo a su otro hermano, John Timmins, Jeff Bird, Kim Deschamps, Jaro Czwewinec y Steve Shearer, mientras se prestaban a grabar con ellos durante la concepción de esta exquisitez.